#miprimeranovela
Nunca va a olvidar ese último día que hablaron porque hay
personas que se conservan hasta la eternidad y hay momentos que también lo son. Él supone que así será hasta el infinito, cabe decir hasta siempre. Para
ella, también es algo similar, solo que recuerda ese día de distinta manera, no
con nostalgia, sino con gratitud. Él creía que nadie puede llevarse mal con la persona
que quiere, nadie. Siempre ha sido de esa manera.
Esa vez, Jhosbenia lo esperó luego de salir de clases en esa
avenida larga que se encuentra de este a oeste, al norte del centro de la
ciudad. Hablaron, como dije, charlaron si a eso se puede decir hablar. 'Hola',
'Que tal', '¿Cómo estás?'. 'Ese abrazo que corta cualquier sin sabor del
tiempo. Y ese beso en la frente que no quiere olvidar'. Él le parecía un chico
agradable para conversar, le gustaba leer así como a ella, y sobre todo le
gustaba como escribía. 'Me gusta cómo escribes', solía decirle. 'Ya nada es
igual'.
Siempre había conversado con él por el WhatsApp y era un momento
único, pero él era muy obsesivo. Eso era fatal. Solo dos veces habían hablado
en persona antes de aquella noche. Solo dos, una cuando se declaró en persona y
la otra no lo recuerda bien, pero parecía que hubiesen conversado toda una
eternidad, toda una vida, como si fuera mil años, como nunca antes lo fue para
él.
Él era alto, cabello alborotado como si nunca se hubiera pasado
un peine, esponjoso y 'supongo que negro'. No era físicamente atractivo. 'Sí,
inteligente, medio tonto' porque parecía creerse el centro de atención de su
entorno, 'como si fuera la gran cosa'. Eso también era fatal. Nadie debería
creerse nada en esta vida, ni siquiera en la otra. Era orgulloso, insoportable,
pero de alguna manera era agradable, 'tal vez muy en el fondo'.
Se le había declarado un sábado a medianoche vía WhatsApp. A
ella le pareció algo tonto, pero lo había hecho de una manera bonita, con
palabras bonitas. Ella se sorprendió, y lo que le dijo fue que tenían que
hablar, pero tiempo después se dio cuenta que era imposible. 'Cuando dices a
alguien que te gusta, de alguna manera dependes emocionalmente de la otra
persona'. Eso no debería ser así, pero a veces lo es. No hay nada que se pueda
hacer cuando un corazón está enamorado.
Hasta ese entonces, por medio del WhatsApp, habían tenido
conversaciones interesantes, largas y sin final. Conversaban de libros, de lo
que les gustaba, de sus sueños, de sus miedos. 'Tengo miedo a morir', 'quiero
escribir'. Las palabras surgían como cuando es inevitable que la lluvia caiga
sin cesar mojando todo a su alrededor. 'El tiempo y el sueño' eran los únicos
que agotaban las conversaciones que siempre culminaban pasadas la medianoche.
Fluía como nunca antes había ocurrido en él y no podía evitarlo. Lo que ella
sentía era imposible de saber, menos conocer. Era cambiante, 'tal vez todos lo
somos'.
A veces, las conversaciones eran preguntas vagas, que no llevaban
a nada, pero que los hacía conocerse como personas, sobre todo cómo pensaban,
qué querían, qué soñaban. '¿Cuál es tu animal favorito?', '¿Tu color favorito?',
'¿Y qué harás luego de terminar la universidad?', y el siempre '¿Cómo estás?'.
Y todo fluía como una catarata cae hacia el abismo, si tener algo que lo pueda
detener. Simplemente se daba.
Luego de su declaración, las conversaciones ya no surgían de
manera natural. Parecía forzarse debido a las inseguridades que tenía él. Ella parecía
cansarse de leer todos sus mensajes a tempranas horas donde él le decía todo lo
que sentía de todas las formas posibles. Ese 'te quiero' a ratos ya sonaba
falso de tanto repetirlo. A veces inventaba, creaba versos bonitos; otras veces
copiaba y los adaptaba para el momento. Todo era así. Dicen que el que da todo
de sí también pierde todo sin darse cuenta, nadie es dueño de la verdad.
Al principio, para ella, cuando despertaba, el leer los primeros
mensajes fueron bonitos, pero a medida que aumentaban en intensidad le llegó a
cansar y solo los leía por compromiso más que por interés. 'El interés se nota,
siempre se nota'.
Y ahora, habían concertado en hablar. Ella tenía una decisión o
parecía tenerlo. Él solo pensaba en ella como cuando uno piensa en el helado: 'lo
quiero y ya'. A veces sucede así. Nadie debería juzgar nada.
Esa noche fue la primera vez que él la besó en la frente. La
abrazó con fuerza pese a la resistencia notoria que ella imponía. Ese
sentimiento no era correspondido de la misma manera ni con la misma intensidad.
Tal vez nunca debió de ser así, pero él se dio cuenta de la manera tan extraña
como ella le afectaba a todos sus sentidos. Temblaba, no respiraba bien, no
podía hablar, se comportaba torpe, sin tino. Era raro y el amor no era así, al
menos no para ella, pero él no se daba cuenta. Se estaba convirtiendo en
obsesivo y eso no llevaba a nada, a ningún lugar. No se daba cuenta. Otra vez
el rechazo. Era lo que más detestaba y sufría por dentro, pero por fuera
siempre mantenía una sonrisa. Socialmente estaba bien.
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