jueves, 14 de noviembre de 2019

EXTRACTO NÚMERO UNO:


#MiPrimeraNovela

La acompaño. Vamos a la feria del libro. Recorro cada stand, cada centímetro con un placer excitante. Miro, reviso. Mira, pregunta. Pienso. 'Demasiado cerca y tan lejos a la vez'. Suspiro. 'Un bonito regalo sería un libro, siempre que lo abra pensará en mí, pero... ¿cuál? "Las Mil y Una Noches", "Los Hermanos Karamazov", "El Amor en los Tiempos del Cólera", "Madame Bovary", o ese clásico de Jane Austen: "Orgullo y Prejuicio", 'costo: 70 soles, tapa dura'.

Los lunares en su mejilla derecha, rosada, blanca y suave, forman una constelación de cuatro estrellas a la que los astrónomos la llaman con el nombre de Cruz del Sur. ‘Es pecosa y se ve bien’. Su nariz respingada y pequeña parecía olfatear los buenos libros que nos gustaban, la buena literatura, como la llamábamos ese entonces. ‘Su voz’, suave, delicada, me hacía imaginar el destino cruel de los amoríos en luna llena, de las noches de placer desmedido, de los faroles que se prenden y apagan cuando te olvidas que aún estás vivo.

–Quisiera leer esta de Balzac, "Papá Goriot", sí. –Dijo con una hermosa sonrisa seductora, que formaban dos hoyuelos en sus mejillas, mirándome, a la vez que alzaba un librito en tapa dura y formato de bolsillo. '¿Cómo decirle que no?' –¿Qué opinas? ¿Qué te parece? El gran Balzac, retrato de toda la sociedad francesa de su época. La que nos gusta.

‘Sí, nos gustaba’. Me gustaba París desde que empecé a leer a Sartre. Creo que la vez que abrí "La Náusea" me sentí más... vivo y menos vivo a la vez. La cultura francesa que siempre imaginamos y que nunca conocimos más que solo en los libros que devorábamos. Ella hablaba. Parecía perfecta, ‘lo es’. Le gustaban las novelas, pero más que ellas, amaba leer. Sus gustos no eran cerrados a los grandes escritores de todos los tiempos. Leía toda la literatura existente, obviamente de la buena. 'Me acercaría, la abrazaría y quién sabe, iría un poco más'. No lo aparentaba, pero era muy sensual, al menos así la veía. Creo que cada uno ve lo que quiere ver. No era tan alta, medía 1:72 centímetros, solo le llevaba por media cabeza. Le gustaba usar taco alto porque se sentía orgullosa de ser como era y tenía porqué.

Sus ojos, tras esos cristales circulares y transparentes, se veían pardos, blancos y resplandecientes, eran grandes y redondos, con sus pestañas dobladas hacia el cielo de forma natural; me hacían preguntar sobre cuán perfecto podían ser algunas personas, pero todo cae en una imperfección: nadie es perfecto.

Sus cabellos, siempre sueltos, un poco más por debajo de los hombros, la hacían notar más bella que de costumbre. Era color negro. 'Sí', aunque una vez me preguntó sobre qué pasaría si se lo pintara de otro color y yo le dije que estaba bien, pero tal cual también le quedaba estupendo. Creo que una mala respuesta, 'sí'. Siempre he sido inseguro y se notaba tan clarito como lo es el agua cuando cae del cielo.

Yo siempre caminaba detrás de ella por dos razones. Una, era para no molestar a las demás personas que circulaban cuando íbamos a algún evento o ese en el que estábamos ahora, la feria de libros del parque Manuel Pino. 'Excusas, simplemente excusas'. Lo real, era que me gustaba verla por detrás, apreciar su silueta delgada no en un sentido sexual o 'tal vez sí', sino más bien porque era una forma de hacerla sentir que había alguien importante detrás de ella, cuidándola. Quería sentirme importante. En ese tiempo, tal vez lo era.

#MiPrimeraNovela

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