Quedan entre tanto y tanto, solo
estos recuerdos de soledad porque nunca pensamos vivir una vida sin ella. Ayer
es como si fuera anteayer, pero todo es hace un año atrás. Ese fatídico 11 de
noviembre quedará en nuestras memorias en la que aunque no quisimos supimos
darle una bonita despedida.
El cáncer no mata, nunca lo ha
hecho, aunque solo cuando te toca nos damos cuenta que sí se puede hacer algo o
mucho (en realidad quieres hacerlo y no hay la manera de lograrlo), y que
muchas veces el silencio vale más que decir a tus seres queridos que mamá
padece de cáncer terminal. Las mentiras nunca duelen como las verdades.
Ya es un año y sin darnos cuenta
aún mantenemos a la familia unida, algo que ella siempre quería. Y las cuatro
'luces' de mi vida, mis hermanas, aunque no lo saben, son lo más importante
para mí. Y luego están las que no y junto a mí, tenemos algo de luz en nuestras
vidas.
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