sábado, 27 de noviembre de 2021

EL AMOR Y SU SIGNIFICADO:


La literatura me cambió la vida, siempre lo he dicho. Llegó sin pensarlo y removió los cimientos de mi existencia. Me trajo felicidad, amor y es la mejor compañía cuando la soledad visita mis entrañas. Todo tiene un inicio y se remonta a mis años de estudiante de pantalón corto, cuando estaba en tercero o cuarto de media, a mis 14 o 15 años de edad, cuando todo era color de rosa y no me daba cuenta. La edad en que por fin abrí los ojos y supe dónde estaba parado. La historia nunca ha cambiado porque es imposible, ya forma parte de mi existencia.


Todo comenzó porque me dijeron que yo le gustaba a una compañera de mi salón. Era alta, cabellos ondulados y largos, mirada inquisidora. Y era verdad, porque cada que exponía o hacía preguntas o salía al frente me buscaba con la mirada, sus ojos resplandecían, me ponía nervioso. Se sentaba en la segunda fila del lado izquierdo de la primera columna, al lado de la puerta. Cada vez que entraba al salón sentía su mirada sobre mí, ya que yo ocupaba la misma columna solo en la parte de atrás, en la penúltima fila. Era inevitable.


Así pasaron seis meses, nunca le hablé durante ese tiempo, ni di indicios de nada, y tampoco me di cuenta desde cuándo me empezó a gustar, solo pasó y ya, como todo en la vida. Dejé pasar el tiempo. Cada vez nuestras miradas se cruzaban más, se decían palabras incomprensibles y yo nunca tuve el valor de hablarle, y ella tampoco. Luego poco a poco me di cuenta que ella ya no hacía eso de mirarme o en palabras simples: de coquetear. Fue allí cuando pensé que si no se lo decía tal vez nunca sucediera nada.


Un día sin más me armé de valor y decidí que era tiempo de decirle lo que sentía en ese momento, que me gustaba; le di mil vueltas al asunto y fijé una fecha. No recuerdo exactamente cuándo, solo sé que estaba nublado y es probable que haya sido por el mes de octubre o noviembre. Ese día fui al colegio decidido. Esperé y esperé hasta encontrar una oportunidad y nunca la hubo durante las clases. Esperé la salida y sea como sea iba a hablarle, así estuviera con sus amigas. 


Vi que recogía sus cosas, sus cuadernos, alzaba su mochila y salía del salón. Esperé un momento y salí también. Digamos que la perdí porque el turno de salida era a las 6:40 de la noche ya que yo estudiaba en el turno tarde. No había, se había esfumado rápidamente. Pregunté a un compañero y me dijo que habían ingresado al baño. Esperé. Salieron. Siempre andaban en grupo. Fui detrás del grupo, como a 20 metros de distancia de ellos. Hasta que doblaron una esquina para salir por la puerta principal y tomar la avenida floral. Cuando yo doblé esa esquina ví a una pareja besándose, y ella era la chica de la que estaba enamorado. Se me cayó el mundo a mis pies.


Todavía siento esa sensación extraña de frío en el estómago, como cierta rabia y un poco de desazón. Seguí de frente, en dirección oeste, sin mirar a los costados. Doblé una esquina más y enrumbé camino por la avenida floral. No pensaba en nada, solo seguía un camino como masticando lo que había visto. Empezó a llover y fue allí cuando me derrumbé. La lluvia golpeaba mi rostro, empapaba los cristales de mis gafas y tras ellos por mis ojos descendían lágrimas.


En ese entonces yo vivía en la primera cuadra de la avenida floral, o mejor dicho, la última cuadra, a dos cuadras de mi colegio, en un cuarto alquilado. Seguí mi camino por la parte central de la avenida, sin mirar a los costados. No había mucha gente por la calle porque llovía con intensidad. Vi el bonito espectáculo del monumento que asemeja a una zampoña enorme, de siete metros de altura, y por la parte donde se debía soplar salían chorros de agua. Llegué a la intersección con la avenida Simón Bolívar y descendí por esa calle hacia el sur. No tenía un destino fijo. La lluvia amainó y nadie se dió cuenta de que había llorado porque el agua sobre mi cara lo disimulaba.


Caminaba como pensativo sobre la calle, hasta que me detuve en seco a la altura del estadio Enrique Torres Belón, donde había un triciclo que vendía discos "pirata" de películas a solo un sol. Busqué sin intención de comprar hasta que me topé con ese disco que cambiaría mi vida. Eran las ocho de la noche. Lo recuerdo clarísimo todo. La bolsita tenía un nombre en letras grandes que decía: "Harry Potter" y más abajo en letras pequeñas: "y el prisionero de Azkaban". Lo alcé y acerqué a mí rostro para tener buena vista y en la portada, debajo de esas letras aparecía la imagen de un chico con el pelo alborotado y con una cicatriz en su frente, y a su costado, a ambos lados, un varón y una mujer. También leí la sinopsis que había en el reverso.


Recordé. Hace dos años atrás había visto en el televisor a blanco y negro que teníamos una película de esas solo que los jóvenes que aparecían en la foto, en ese entonces todavía eran niños. Aquella película me pareció bonita, como todas, pero nada especial.


Le dije al vendedor que iba a llevar ese disco, lo hice probar, aunque era evidente que no iba a estar bien ya que solo era un disco "pirata". La imagen en su televisor a blanco y negro parecía verse bien. Le pagué un sol y me retiré de ese triciclo. Regresé a casa. Lo hice rápido porque hacía frío y como estaba empapado me era insoportable.


¿Qué tiene que ver una película con mi gusto por la literatura? ¿Qué sentido tiene todo lo que conté? Me enamoré de la actriz que interpretaba el papel de Hermione, fue como un flechazo, era consciente y aún lo soy de que eso no tenía sentido. Incluso la vida misma muchas veces no tiene sentido. Así empezó todo. Así llegó la literatura a mi vida. A mis 14 o 15 años. Mi amor a la buena literatura sigue hasta ahora. Nunca me imaginé que llegado a casa mi vida cambiaría de una manera increíble. Nunca. Para bien o para mal.


jueves, 18 de noviembre de 2021

ALFABETIZAÇÃO DIGITAL:


Se me hizo fácil, lo terminé en cuatro horas y en la evaluación me dijo que no necesita corrección, solo las citas. No me siento orgulloso, le falta mucho, pero me encanta, es una hermosa melodía, es arte, es poesía en su forma más básica. Me quedo con eso, por el momento.


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ALFABETIZAÇÃO DIGITAL:

UMA VOZ PARA QUEM FALA NO "SILÊNCIO"


«Ninguém ignora tudo. Ninguém sabe tudo. Todos nós sabemos alguma coisa. Todos nós ignoramos alguma coisa. Por isso aprendemos sempre».

Paulo Freire.


Autor: um estudante de educação


“Não pude ajudar minha filha de 9 anos porque ela não sabia lidar bem com o smartphone que comprei recentemente; eu tive que aprender à força”, disse-me uma mãe solteira, vizinha minha, a quem chamarei de Rosa, de 42 anos; ele mora na zona sul da região de Puno, perto do lago, na província de El Collao-Ilave. Para mim, ela é aquela voz silenciosa que inicialmente pediu ajuda porque não sabia lidar com os aplicativos do celular quando a professora mandava um trabalho para sua filha, mas ela aprendeu, e isso porque é muito difícil para nós nos adaptarmos às mudanças.


"Ninguém educa ninguém, como tão pouco ninguém se educa a si mesmo: os homens se educam em comunhão, mediatizados pelo mundo", disse Paulo Freire (1983), o mais influente educador brasileiro, e tem razão; dar sentido a tudo o que fazemos, e com isso conquistar a liberdade e não depender de ninguém. Portanto, todos devem caminhar em direção aos mesmos objetivos, sem perder os sonhos de quando eram crianças; ser um professor trabalhador, responsável, empático e um aluno mais crítico de sua realidade; uma educação para todos e por todos. Mas estes últimos anos mostraram-nos que nem todos estamos preparados para a mudança para a educação virtual, parece que cada um anda sozinho; é difícil nos adaptarmos e não porque não é possível, mas que existe uma lacuna enorme no acesso à Internet, analfabetismo digital e a situação econômica de algumas famílias, especialmente na zona rural do Peru. Essa distância entre quem pode acessar essa educação em tempos de pandemia de COVID-19 e quem não pode, gera, no século XXI, vozes que falam em silêncio.


É verdade, um enorme progresso foi feito para que todos os peruanos fossem alfabetizados. Segundo a UNESCO, nosso país tem uma taxa de alfabetização de 94,41%; nos homens chega a 97,12%, enquanto nas mulheres chega a 91,7% (isso também mostra uma grande lacuna de desigualdade entre homens e mulheres, mas isso é assunto para outro artigo), estando o Peru na 74ª posição mundial, isto com dados até 2018 (Datosmacro). Estamos indo bem, mas estamos muito atrás no que diz respeito à alfabetização digital, que em sua definição mais prática é o treinamento de habilidades para o Uso de Tecnologias de Informação e Comunicação (TICs). Para Paulo Freire, a alfabetização é muito importante porque com ela se consegue uma transformação social, sua visão de alfabetização vai além de ba, be, bi, bo, bu, porque implica uma compreensão crítica da realidade social, política e econômica em que o letrado é, portanto a educação em Paulo Freire é um processo de humanização; além disso, a educação é uma prática de liberdade, onde o homem se torna consciente e ativo na mudança para sempre se construir (Freire, 1983). Um pensamento muito atual hoje.


Segundo a pedagogia freireana, a educação tem necessidade de abrir a sociedade, de transformá-la, de criar espaços de conhecimento. Hoje em dia, ser analfabeto digital é não conhecer a realidade. As pessoas, nessa educação virtual, estão dispostas a se educar, mas é preciso o trabalho do Estado: a sociedade está em mudança e isso exige outro processo de alfabetização, mas nas novas tecnologias, traga essas informações em linguagem simples para que todos possam aprender, incluindo mulheres, pessoas da zona rural ou de cidades periféricas, idosos, famílias de baixa renda, entre outros.  Não é uma comunidade que não quer aprender, mas sim que foi educada em outros tempos e precisa se manter atualizada com os avanços. E o outro, também para combater aquela enorme lacuna no acesso à Internet em áreas remotas.


Somos seres em constante mudança, devemos trabalhar juntos porque “a educação é um ato de amor, por isso um ato de coragem. Não pode temer o debate" (Freire, 1983); onde a liberdade do homem se exerce além do simples fato de saber ler e escrever, e é que “a educação é uma resposta da finitude da infinitude. A educação é possível para o homem, porque este é inacabado e sabe-se inacabado. Isto leva-o à sua perfeição" (Freire, 1985).


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BIBLIOGRAFÍA CITADA:


Datosmacro, E. (15 de noviembre de 2021). Expansión. Obtenido de 

https://datosmacro.expansion.com/demografia/tasa-alfabetizacion/peru

Freire, P. (1983). Educação como prática da Liberdade. 14 ed. Rio de Janeiro: Paz e Terra, 1983.

Freire, P. (1983). Pedagogia do Oprimido. 13 ed. Rio de Janeiro: Paz e Terra, 1983.

Freire, P. (1985). Educação e mudança. Rio de Janeiro: Paz e Terra, 1985.


domingo, 14 de noviembre de 2021

CAPÍTULO UNO: MI NOMBRE ES:


Te miro y sonríes. Caminamos por la avenida Titicaca en dirección al muelle, directo al sol. Llegamos a la intersección con la avenida Costanera. Nos detenemos para esperar que el semáforo cambie a rojo y poder cruzar. Hace calor. Un bus azul y enorme apenas puede ganar al cambio de luz. Cruzamos la avenida Costanera. El asfalto no es uniforme. Cada vez que puedo te miro. Tu sonrisa es la luz que ilumina mi vida. Siempre lo tuve claro.


Compartimos un audífono, está conectado a tu celular que llevas en el bolso. Yo tengo un altavoz de goma en la oreja derecha y el tuyo en la izquierda. Acaba de terminar Trouble y se comienza a escuchar una intro hermosa, el inicio de Yellow de Coldplay, nuestra banda favorita.


Al cruzar la Costanera, todavía estamos en la avenida Titicaca, esta se extiende hasta la plaza del Faro, como a una cuadra y media todavía, pero ya estamos por el Lago Titicaca, ya que aquí termina la ciudad y comienza la inmensidad del lago. Look at the stars. Lo que debería ser agua limpia está verde, y tiene un olor a desagüe. Hay algunas instituciones sin fines de lucro que realizan campañas de limpieza, pero no sé consigue nada. And everything you do. El municipio de vez en cuando realiza limpieza, pero las lentejas verdes siguen sin desaparecer. Tal vez el hombre debería alejarse de la naturaleza.


Toda la parte izquierda ocupa una porción del lago que lo divide el malecón ecoturístico. I wrote a song for you. Ese trozo de lago es un área extensa que ocupa hasta media cuadra de la avenida Floral, detrás de las casas. Allí hay pequeñas balsitas tipo patito para pedalear que los jóvenes alquilan a 3 soles la media hora. And it was called yellow. A nuestra derecha la feria artesanal del puerto de la ciudad, comienza a tener vida. Las artesanas empiezan a dar vida a sus kioskos.


Your skin, oh yeah, your skin and bones. Tienes el cabello largo, desde la coronilla debe medir más de 50 centímetros, es lacio y suave, no es negro, más bien marrón oscuro, lo llevas suelto como la canción de Gloria Trevi. Tus ojos son redondos como las canicas que los niños suelen usar en los recreos para jugar, blancos como la leche y en el centro un círculo negro con transparencia, pareciera notarse desde afuera la inmensidad del universo, el espacio-tiempo, la vía Láctea. You know I love you so. Ambos luceros están protegidos por unos anteojos grandes y ovalados y una montura gruesa de color marrón con rayones en fucsia y azul. Te quedan bien. Se te ve preciosa. I swam across.


Tu nariz es pequeña y recta. Tus labios son algo gruesos y transparentes. Brillan cuando el sol cae y nunca están resecos. Tú frente es grande y tus cejas no son pobladas. Because you were all yellow. Tus cabellos no cubren tu rostro ni nada. Los tienes siempre libres, sueltos. Tú rostro redondo y radiante es de otra dimensión. En tu frente tampoco ocupa ningún flequillo. Cuando te pregunté el por qué, me dijiste que no hacía falta y no supe qué responder. Supongo que no te gusta. O más bien 'es muy molesto cuando te cubre los ojos'.


Mides un metro con 60 centímetros de estatura, y con tacos te elevas un poco más, pero te sobrepaso algo más de 20 centímetros. Cuando me abrazas tu cabeza siempre reposa sobre mi pecho y mi mentón se apoya sobre tu coronilla, el olor a flores que se desprende de tu cabello me hace perder la noción del tiempo. Eres música para mí. Eres arte. Eres poesía.


Ahora vistes un overol falda de color negro. En la parte superior, debajo del overol solo llevas un polo color verde azulado. En la muñeca de la mano izquierda tienes una pulsera artesanal roja con diseño de flores. Al centro, como siempre, a la altura de tu ombligo, llevas un cinturón que define muy bien tu cuerpo. Tampoco es que tengas una cintura de avispa, pero te queda bien. En la parte baja no llevas panties, es que no te gustan, sientes que no eres libre cuando los usas. Tus piernas se ven tersas y suaves, blancas como porcelana. Es verdad, en este lado del país es complicado usar ropa corta porque el sol te quema la piel, pero en tu caso debe haber alguna excepción, no se te quema, tu piel siempre está blanca. Your skin, oh yeah, your skin and bones. Por otro lado, lo curioso es que llevas zapatillas blancas de esas que usan los jugadores de baloncesto. Te ves genial. Estás hermosa. De tu hombro cuelga una cartera negra del tamaño de un cuaderno pequeño. Se te ve preciosa, parece un sueño, pero no lo es porque acabo de pellizcarme. Eres real como la brisa del lago a las tres de la tarde. Eres un sueño vivo.


La banda termina esa hermosa canción y te quitas el audífono. Ya es suficiente por hoy. Me lo quitas de mi oreja y te lo guardas en tu bolso. Tu mano es suave y tienes las uñas pintadas de color azul. Ya estamos, a escasos metros del Faro y por donde sale el sol durante las mañanas se aprecia la majestuosidad de un barco enorme que me hace recordar a la película Titanic; aunque a decir verdad exagero, no es tan grande, pero se ve imponente.


—Se me ocurre que esta semana leamos a Flaubert —Me dices con una sonrisa en la cara—. "Madame Bovary".


—Pensaba en una de las hermanas Brontë, pero está bien. Los franceses nunca fallan.


En realidad no quiero que leamos esa novela porque tal vez y aprendes las actitudes de Emma. Siempre estoy inseguro yo, aunque no lo manifiesto demasiado. A veces tú no te das cuenta, o si te das cuenta no me lo dices.


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Eran las diez y media. La mañana estaba soleada, el cielo despejado, el primer lunes del mes de abril, brotaba una brisa caliente del lago, pese a la época. Los patitos al lado izquierdo de la calle, sobre el agua, se movían al son de las pequeñas olas que provenían del lago. En la vereda de la calle un par de turistas de estilo rasta vendían pulseritas de todo tamaño y variedad. También había un señor de edad sentado en un banquito que tocaba el charango cada vez que las personas pasaban frente a él. En el suelo, frente a sus pies había un envase de plástico con monedas de todos los tamaños. Las personas que deseaban podían dejar algo de dinero. La pareja siguió camino de frente. Al lado derecho, los kioscos de las artesanas todavía estaban cerrados, aunque una que otra empezaba a abrir. La pareja llegó al pie del faro, es una enorme torre circular pintada de roja de unos diez metros de alto, conecta en forma de óvalo el muelle y el malecón, por el lado oeste hay un camino circular que conecta la calle con el malecón. Debajo del faro, al pie, hay unos banquitos que miran en dirección a la ciudad, es bonito ver el atardecer, aunque a esta hora apenas el sol daba su calor. Esos banquitos todavía estaban en la sombra, pero no hacía frío. Ambos se sentaron al mismo tiempo. El chico al lado izquierdo de la chica.


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—¿Recuerdas? Hace un año que nos conocimos aquí, —empiezas; en tu voz se siente un leve suspiro—. Te dije: "este faro, a partir de este momento, es parte de nosotros", ni siquiera soy consciente de lo que digo. ¿Te acuerdas cómo empezó? Ni siquiera nos conocíamos. Éramos completos desconocidos y, pum, y ahora no creo que pueda estar sin tí un solo minuto...


Y yo tampoco. ¿Cómo podría olvidarlo? Hace un año que nos conocimos en este lugar, el faro, nuestro faro. Estabas vestida de la misma manera como lo estás hoy, no se te escapa nada, nada lo haces así porque sí. Llegaste y no supe qué hacer y solo atiné a decir un 'hola' como para bajar la tensión. Fue la primera vez que nos conocimos en persona. Y tú dijiste 'vayamos allá, sentémonos al pie del faro'. También era el primer lunes de abril. El cielo estaba nublado. Eran las dos de la tarde. Lo recuerdo bien porque ese día tenía examen de fonología. Nos sentamos en el banquillo y no supimos de qué hablar. Y luego tú me dijiste '¿querías decirme algo?' y es que yo no sabía cómo empezar y te lo dije sin rodeos todo lo que pasaba en mi cabeza por ese entonces. Respiré profundamente y comencé:


—No creo en el amor, pero creo en lo que siento en este momento. No te digo que lo vaya a sentir toda mi vida, en algún momento de seguro será solo un recuerdo nada más, pero como te digo, quiero que lo sepas ahora a llevar toda una vida diciendo '¿por qué no se lo dije?'. Eres especial para mí, pienso en ti hasta en la sopa, tengo miedo a todo, pero no tengo miedo a confesarlo, eres la que ronda en mis sueños y a la que hago el amor en mis madrugadas de insomnio. Eres música para mí... Después de tanto pensarlo he llegado a la conclusión de que me gustas y no puedo reprimirlo más. Te pareces mucho a mí.


Solo me escuchabas en silencio hasta que dijiste 'quiero un helado'. ¿Qué cosas no? Llamamos a la señora que vende helados en la calle y nos trajo dos de un sol. 


—También siento algo parecido, pero no quiero malograrlo. Lo que pasa es que cuando te metes, o bueno, cuando eres parte de una relación, las cosas siempre fallan, no funcionan como te lo imaginas. No necesitamos ser 'algo' para serlo todo —giraste tu mirada hacia mí—. Odio tu cara cuando me miras así.


—También me gustas.


Nuestras miradas se cruzaron como si buscáramos algo del interior. Nos acercamos poco a poco, pero no sé quién empezó, solo que fue incontenible. Hubo silencio y reímos a carcajadas. También fue la primera vez que te oí reír. Tu sonrisa era aguda y parecía una melodía natural, como cuando las aves cantan en el amanecer.


Mientras comíamos los helados, estábamos en silencio. Es que a ti no te gusta hablar cuando tienes comida en la boca, aunque de repente me preguntas:


—¿Por qué comenzamos a hablar? No lo recuerdo. ¿Cuándo comenzó todo esto Levy?


Todo comenzó con una historia de facebook, yo respondí a la foto que subiste en tu historia, lo hice con una carita sonriendo y el fueguito, ja, ja, ja, 'tu atrevimiento no tiene límites' y tú respondiste de la misma manera y decidí que lo mejor era empezar de nuevo, otra vez. Y te saludé.


—Si no te hubiera respondido, nada habría pasado —lo dices pensativa—. No creo en el destino, pero no sé, a veces...


Un rato te quedas con la mirada perdida en el horizonte, pero no dices nada más. Si no hubieras respondido, no te habría conocido. Se me hace nudo la garganta, solo de imaginarlo. Te miro, miro al cielo, miro la ciudad iluminada por el sol de las 11 de la mañana. Pienso. ¿Dónde estaríamos los dos si ninguno hubiera hecho algo para interactuar? ¿Dónde? No tengo respuesta. Creéme, la vida tiene muchos caminos por los que decidimos transitar. Nosotros los elegimos, no es que alguien tenga un plan y sigamos al pie de la letra. Está bien equivocarnos, una y otra vez, de eso trata, de salir adelante a pesar de los baches que haya en ese camino. De las miles de posibilidades que existen, tuve la suerte de coincidir contigo en tiempo y espacio. Es increíble.


—Hola, mi nombre es Levessy, —comencé. Era innecesario porque en Messenger ya aparece nuestro nombre, no completo, pero va, la idea es esa—. ¿Cómo estás?


Pulsé enviar. Un par de minutos después sonó mi celular, ese característico sonido predeterminado que tiene esa aplicación. Y desde el panel de notificaciones se podía leer todo el mensaje. Ahí empezó todo.


—Hola. Bien, atareada con los trabajos. ¿Y tú? Mi nombre es Jhosbenia Marett.


domingo, 7 de noviembre de 2021

VUELVO OTRA VEZ:


¡Hola! Bonjour!


Ha pasado tanto tiempo desde aquella vez. Ha pasado mucho tiempo desde ese último post, y hoy comienzo otra vez. Un día simplemente dejé de subir los posts. A lo largo de este tiempo miraba el último post y tenía mucho miedo de volver a publicar algo. No me sentía seguro, dudaba de mí. Tal vez porque me daba miedo, yo qué sé. Ahora que comienzo a escribir esto lo único que pienso es: no está tan mal volver a hacerlo.


Miro una ciudad que me da
todo lo que nunca pedí.


No recuerdo la última vez que escribí. Mucho de lo que hay aquí fue programado para que apareciese en una fecha, en cualquier fecha, indistintamente. Por eso, no recuerdo la última vez que escribí algo concreto. La memoria es frágil, débil.


Qué más da. Ahora vuelvo a escribir en este lugar que para ser sincero aguanta todo, como un hermoso bar donde con un buen vaso de una bebida alcoholizada se va perdiendo todo. Esta es mi habitación, mi cubículo, este es un diario donde los sueños nunca mueren y siguen vivos sin importar lo que me pase. Este es mi pequeño cuaderno de preguntas y respuestas. Este es mi Slam.


Este es mi pequeño Slam de sueños y promesas que todavía tengo por cumplir...