Mostrando las entradas con la etiqueta soledad. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta soledad. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de noviembre de 2021

VUELVO OTRA VEZ:


¡Hola! Bonjour!


Ha pasado tanto tiempo desde aquella vez. Ha pasado mucho tiempo desde ese último post, y hoy comienzo otra vez. Un día simplemente dejé de subir los posts. A lo largo de este tiempo miraba el último post y tenía mucho miedo de volver a publicar algo. No me sentía seguro, dudaba de mí. Tal vez porque me daba miedo, yo qué sé. Ahora que comienzo a escribir esto lo único que pienso es: no está tan mal volver a hacerlo.


Miro una ciudad que me da
todo lo que nunca pedí.


No recuerdo la última vez que escribí. Mucho de lo que hay aquí fue programado para que apareciese en una fecha, en cualquier fecha, indistintamente. Por eso, no recuerdo la última vez que escribí algo concreto. La memoria es frágil, débil.


Qué más da. Ahora vuelvo a escribir en este lugar que para ser sincero aguanta todo, como un hermoso bar donde con un buen vaso de una bebida alcoholizada se va perdiendo todo. Esta es mi habitación, mi cubículo, este es un diario donde los sueños nunca mueren y siguen vivos sin importar lo que me pase. Este es mi pequeño cuaderno de preguntas y respuestas. Este es mi Slam.


Este es mi pequeño Slam de sueños y promesas que todavía tengo por cumplir...


domingo, 18 de octubre de 2020

PEQUEÑO:


 FOTO: DESFILE | 2002 | SONRISA


"Algún día volveré a ser feliz como el niño de la foto,
y nadie podrá detenerme".

sábado, 17 de octubre de 2020

EL ACNÉ:


No soy guapo, lo sé, me conozco muy bien como para creer que no es así. Sin embargo, el lunes, cuando subí a un auto, una mujer me dijo: sube guapo. Me sentí feliz y recordé muchas cosas de cuando era pequeño, también lloré durante todo el viaje. Pero... ¿por qué?


Las cicatrices en mi rostro son todo lo que el acné ha dejado en mí, cada agujero, cada punto, cada arruga. A partir de los 13 comenzaron a salir granos en mi cara, esos bultos rosados y enormes, y no había cómo pararlos. Lo peor era cuando reventaban y salían como pus. Ese entonces perdí mi autoestima, mi seguridad y mis ganas, creo que lo perdí todo ahí.


Antes de mis 13 años me veía bien. Mi rostro era suave, terso, no brillaba, y mi piel mantenía la juventud acorde a mi edad. Luego todo fue una pesadilla de la que poco a poco me voy recuperando.


Mis compa's se burlaban llamándome granuja, granos, chinchón. Yo no sabía qué decir, y lo que hacía era pasar más tiempo en casa. Las salidas siempre eran una tortura. ¿Por qué no sales? ¿Qué pasó? Y de mí solo salía silencio. ¿Cómo decirle a mamá que el acné estaba malogrando la mejor etapa de mi vida? Sí, yo creo que la adolescencia es la mejor si se lleva bonito, no sé por qué dicen lo contrario.


Una vez le dije a mi madre que necesitaba tratamiento y me dijo que no se podía, eso ocultaba algo más en el fondo: no teníamos dinero suficiente; en las familias el problema principal siempre es la economía, allí lo aprendí todo porque es más fácil cuando tienes monedas en el bolso. Así nació esa frase: mi religión es el dinero; en fin, ese es para otro post. La verdad es que aguanté todo en silencio, tal vez eso es lo que más me gusta de mí, porque por fuera siempre tengo una sonrisa sin importar si por dentro estoy muriendo.


Luego de la primera oleada del acné mi rostro quedó hecho pedazos, había envejecido más y tenía muchos agujeros, arrugas, pústulas. Me hubiera gustado tener dinero para seguir un tratamiento con un dermatólogo, pero no hubo nada, eso me duele porque si lo hubiera solucionado, todo sería diferente ahora, todo.


En la segunda oleada, a mis 15, llegó a mi vida la literatura, lo que me ayudó a sobrevivir y a conformarme con mi soledad y con mis sueños y fantasías. Soporté en silencio el miedo a hablar con personas de mi misma edad hasta el quinto de media, cuando conocí personas que no les importaba mi aspecto (unos compañeros que valían oro, pero me decepcionaron tiempo después), culminando mi etapa de colegial satisfactoriamente. 


De la tercera oleada no hablaré ahora porque fue la más dura de todas. Fue allí cuando estaba más solo que nunca, teniendo solo en los libros una única razón para querer seguir viviendo, diciéndome que algún día todo iba a ser diferente. Esa actitud me llevó años después a lo que mencioné en algunos posts: el problema de mi ansiedad, el TOC, mi falta de seguridad, el no querer hablar con personas y todos mis miedos.


Ahora, es muy curioso que lo que más amo de esta pandemia sea el uso del barbijo porque me cubre buena parte del rostro y eso me hace muy feliz, me da mucha seguridad, incluso, con la mascarilla encima, no tengo miedo a tomarme fotos, me agrada mucho. Usaría toda mi vida esa 'tela' y me sentiría más vivo. "Nunca dejes de perder tu luz por las cosas que te pasan, tarde o temprano sabrás por qué suceden", siempre me digo eso, pero siempre lo olvido.


miércoles, 14 de octubre de 2020

POR ESO VUELVO A ESCRIBIR:


Cuando dejé de escribir en este mi diario-blog no pensé que lo haría por bastante tiempo. Es verdad, solo ha pasado un mes, pero para mí es como si fuera una eternidad ya que lo hacía con dedicación, intensidad, y otros tantos bonitos adjetivos, y ahora siento que no hay nada de eso. Estaba entre el 'quiero escribir' y el 'ya no lo hagas más porque te hace mal', pero creo que escribir me hace bien, siempre me hace bien. 


Los Recuerdos de Solitude es un lugar que me escucha, no me critica, no me adula, no me hiere, no me juzga, solo está allí aguantando todo sin decir ni una palabra, es como los 'amigos', y yo que no creo en esas cosas... ¿Por qué ya no escribes? ¿qué pasó? ¿estás bien?, esas preguntas de quienes no esperaba nada y de los que sí, ni siquiera un suspiro. Cuando alguien te dice palabras bonitas te sientes feliz, eso es lindo, siempre lo es. Me lo habrán dicho unas cuantas veces a lo largo de mi vida y me sentí en las nubes, como si me provocaran un orgasmo.


Ahora, bueno, hace un mes, dije que volvería a escribir solo cuando yo sería feliz, pero la felicidad parece algo subjetiva, tal vez no existe. Quizás ahora estoy feliz y no me doy cuenta, y por eso estoy escribiendo desde mi celular. Quizás soy muy feliz, pero estoy lo suficientemente triste como para no darme cuenta. Por eso vuelvo a escribir, porque si voy a morir al menos que sea haciendo lo que más me gusta, aunque todavía no quiero morir, pero eso ya no depende de mí.


Ahora estoy aquí, otra vez, un mes después, todo ha pasado rápido. Sigo con mi soledad, y creo que más solo que nunca, cometo errores como todos, intento leer, escucho música, la otra vez tomé vino tinto y muy fuerte y hablaba sandeces; como frutas sin ganas, amanezco mojado (no es producto de la excitación, sino el calor de estar lejos de casa), me duele la cabeza, me duele el alma, tengo más problemas psicológicos, depresión, ansiedad, estrés, ¡ah!, y el TOC ha regresado otra vez, estoy al borde del suicidio (lo intenté dos veces en este tiempo) y se han dado cuenta (siempre están cuidándome), y quiero que el mundo deje de girar por un instante, necesito que se detenga un momento porque estoy muy cansado y no sé cómo empezar otra vez.


¡Ah!, sigo midiendo 1.85 cm. de estatura, ya peso 90 kilos, como de todo menos lo que quisiera comer, jajajaja, ah caray, me desconozco. No estoy triste, pero no sé cómo me siento.


lunes, 7 de septiembre de 2020

DÍA 373:


**"Solo quiero a alguien que me ame

y que todo sea recíproco.

Alguien que me enseñe que el amor no es complicado.

Alguien que se arriesgue por mí,

así como yo lo haría por ella,

incluso sabiendo que no podría funcionar,

pero haciendo que funcione.

Alguien a quien amar,

alguien por quien luchar,

alguien que me demuestre que me quiere en su vida.

No quiero a nadie más"**

Por favor :)


Gorky Maquera.


NADA MÁS CIERTO:


**"Arruiné tantas cosas que podrían haber sido increíbles sólo porque estaba triste"**

Billie Eilish.


:(


martes, 1 de septiembre de 2020

MELANCOLÍA:


Soledad en silencio he vivido yo, si no me equivoco son las letras de una canción. Las canciones solo tienen sentido cuando nos 'tocan'. Algunas con el tiempo dejan de tener significado.


Bueno, de canciones no trata este post, mejor se lo dejo a los expertos. No podría hablar de algo que no sé o solo porque lo leí y tengo buena base, las cosas como son. Por eso no hablo de literatura, solo me gusta expresar con palabras sencillas lo que siento. No voy a usar palabras rebuscadas para ser más culto, eso no es lo mío.


En realidad, este post me sale del corazón (es un decir, obvio) y con mucho dolor. Nunca había pensado de esta manera, siempre creí que podía hacer algo más, pero me pongo a pensar y digo, y, si estas son mis últimas letras ¿qué tendría que escribir?


Hace mucho que no escribo. Han pasado muchas cosas, pero no les contaré nada hoy. No puedo, simplemente no puedo. Tampoco quiero ser dramático ni pesimista ni negativo, solo quiero expresar lo que siento ahora, como siempre. Y ahora no estoy bien.


Siempre me acusan de ser pesimista, negativo, pero no lo soy. Soy realista y vivo bajo esa perspectiva. Lo de leer va más bien, alguna vez lo escribí, como una forma de desapegarme del mundo real, olvidarme de vivir, ¿acaso no sirven para eso los libros?


No me siento bien. Es fácil decir estoy bien, pero por dentro todo es un suplicio, no lo estoy. Duele todo, tanto dolor físico y psicológico. Me siento cansado, agotado, desmotivado, sin ganas. Me dicen que debo moverme, pero no puedo.


Cuando estás a punto de "irte" lo primero que piensas es en todo, en ese todo literal. Ni siquiera puedes despedirte de las personas que quieres, uno o dos, ni hacer una llamada, ni siquiera llorar. Todo es niebla. De repente ni siquiera ya importan tus sueños, sino aferrarte a la vida. De repente solo piensas en cómo sería la vida sin uno. Y ese uno eres tú, soy yo. De repente solo dices, no quiero morir, o tal vez sí quiero, pero no debo. ¿Cuántas veces he pensado en suicidarme? Los dedos de las manos no son suficientes. Esta vez el suicidio no tiene nada que ver.


Soy muy débil emocionalmente, el estrés me ataca rápido, la depresión me hunde, la angustia me mata, la soledad me ahoga. Lo que vivo por dentro muchas veces no se manifiesta por fuera. Pero estoy, estoy aquí, no creo que sea para sufrir.


No sé qué me pasa. Solo quiero llorar y estoy... no sé cómo. Salen lágrimas, gota a gota caen, se pierden en los cachetes, siguen las líneas del rostro y desaparecen. No estoy bien. No estoy nada bien. Y si me aferro a la vida es porque tengo sueños que no he cumplido todavía y que es la razón por la que todavía sigo luchando.


UNA REALIDAD DE LA QUE ME GUSTARÍA ESCAPAR:


Alguna vez lo dije, me dije a mi mismo, el virus se está llevando a la mejor generación que conozco, la de nuestros padres y abuelos, los que para tenerlo todo tuvieron que sufrir, hacer grandes esfuerzos y así conseguirlo, los que tuvieron -al menos para mí- la mejor educación, la del respeto hacia los mayores, la del cuando es no es no, la del si no haces tu tarea te toca palo, la de que la educación entra con golpes.


Se está yendo esa generación, con miles de defectos, pero con muchas más virtudes. Y se está quedando -me da pena decirlo- los que ni siquiera debieron nacer. Es verdad, tal vez no fueron planificados, tal vez solo fueron un error en la cuenta del mes, una canita al aire, un se me escapó, el ¡uy! lo hice adentro, la calentura de una noche, y a pesar que bien podrían ser un error no deberían no merecen estar aquí.


Solo vean las noticias, esto yo no lo he inventado, la pólvora siempre ha existido. Jóvenes borrachos que viven por vivir, que no tienen sangre en la cara, que son verdaderos hijitos de mamá o papá, que no saben lo que les costó a sus padres llegar donde están.


Una sarta de babosos que lo único que hacen es gastar a diestra y siniestra lo que no es de ellos. Que entendieron mal, cual si fueran salvajes, el sentido de libertad. Los que dicen que solo viven en el presente y por ninguna razón piensan en un futuro y mucho menos en un pasado en el que no estuvieron, pero que son parte de él. Los que tienen un trabajo y todo lo que ganan lo van destruyendo, derrochando. Los que no entienden nada cuando se les dice algo... Los que...


No estoy en contra de nadie, no apunto con el dedo a un nombre propio. Solo estoy en contra de una generación que no sabe lo que es sufrir para tener lo que tienen, que lo único que sabe es gastar y derrochar vida. Estoy en contra de una generación de la que, lamentablemente, soy parte, pero con la que no me identifico para nada, y no porque me crea un ser superior, sino, simplemente, porque sé de dónde vengo, sé cuánto sufrí, sé qué es no tener nada, y de lo que me costó estudiar en una universidad que no me dio nada más que solo un cartón. Los libros, la literatura, me lo dieron todo, esa es la diferencia.


Se está yendo una generación que no tenía nada, pero que se lo ganó todo a base de esfuerzo. Se está yendo la generación de nuestros padres y abuelos, la generación que ya pasó la base 5, pero que la juventud la lleva por dentro.


Esta generación, mi generación, no merece la vida que tiene. Si he inventado algo, pido disculpas. Si estoy equivocado pueden encender el televisor, ver el noticiero. Hasta los medios y los que son parte de ello no merecen existir.


Ellos son los que deberían morir. Esa generación debería desaparecer. Pero como lo dije alguna vez: Las personas malas, que lo tienen todo fácil, siempre viven, y los que son buenos, los que no tienen nada, sufren, esa también es una realidad. Eso no es ser pesimista.


lunes, 31 de agosto de 2020

DÍA: ... (olvidé la cuenta):

  

Hace tiempo que no escribo nada, no puedo. A veces quisiera dejar de escribir. Quisiera dejar de soñar. Quisiera dejar de llorar. Quisiera dejar todo y empezar otra vez. Pero lo que quiero lo deseo tanto, con una fuerza que supera mi límite, porque me dijeron que no lo conseguiría, y quiero demostrar (me) que sí pude.


**"Hay personas que no saben lo que quieren y se roban los sueños de otros"**


Ojalá existiera en el mundo alguien que me entienda, alguien con quien ser yo, ojalá. Ya no quiero en mi vida personas que me roben, ya no; no quiero personas que me busquen solo cuando necesitan algo de mí.


lunes, 17 de agosto de 2020

AGAIN:

 

Escribo desde un lugar sin nombre, al sur de la región Puno, al sur de Perú, y por ende al sur del continente americano. Mi nombre es igual al seudónimo de un gran escritor ruso y no puedo ser menos que él, siempre he creído eso.


Ahora, desde donde salen estas letras, solo tengo memoria hasta los doce años. Todo lo que vino después son solo recuerdos y nada más. Justamente por eso el nombre de este blog: "Los Recuerdos de Solitude", como un diario en línea. Es verdad, hay muchas razones, pero todas se juntan con mi soledad.


El blog también estaba en Facebook e Instagram, pero cuando eliminé mi cuenta en la red social más grande se eliminó mi cuenta de Instagram porque estaba enlazado. Ni siquiera pude guardar el contenido que había allí, pero está bien, me da cierta paz, y eso es lo que he buscado últimamente.


Cuando estaba en el colegio solía decir: prefiero estar solo que mal acompañado. Ese aire de superioridad para con otros me aislaba y era feliz así. El niñito bien que con un libro en mano era feliz.


A veces me extraño y lloro porque quisiera seguir siendo aquel que no le importaba nada más que solo cumplir sus sueños, no me hubiera gustado crecer. Dicen que es bueno soñar y volar tan lejos como se pueda, pero nunca me dijeron que caer de muy alto dolía mucho más. Solo mido 1.85 cm. y aún así le tengo miedo a las alturas.


Catarsis, dejar huella, amar, ser feliz. Ese es el sentido de Solitude y lo que he venido haciendo durante los últimos 7 años: corregir mi vida, y no solo vida, corregir errores, malas decisiones, mi sentido erróneo de libertad, mi feminismo porque sigo esa línea, mi machismo porque lo he sido mucho; no debería estar donde estoy, no era mi plan, pero qué más da, he intentado retroceder y no se puede; sin embargo, como siempre me digo cada vez que puedo: siempre hay una manera para redimirse y yo encontré la mía.


¿Por qué Solitude? Solitude porque es una palabra que mejor me describe, además que su uso se hace extensivo en mis idiomas favoritos: el francés, italiano, inglés, y de alguna forma, el latín.


domingo, 16 de agosto de 2020

NOVELAS SUBLIMES II - "El Coronel no Tiene Quien le Escriba":


Antes de empezar, quisiera citar a Gabo: "Yo lo he dicho alguna vez y lo sigo pensando: yo escribo para que me quieran más. Esa es una de las razones fundamentales por las que un escritor escribe".


Bajo esta premisa es por la que me gusta y quiero escribir porque en verdad me gustaría ser admirado por todos. Habrá quienes me odien o me amen por querer escribir, y eso está bien en la medida que suceda.


Sin embargo, cuando me topo con la realidad me doy cuenta de cuán solo me encuentro, que todo el mundo está solo y todo el mundo tiene miedo, algo que también me enseñó Gabriel García Márquez.


*******


En ese viaje del 2007 también leí una bonita novela del colombiano y la que según él y contra todo pronóstico es su mejor novela, ya que sin esta no habría escrito su más grande libro: "Cien Años de Soledad".


"-La ilusión no se come -dijo ella.

-No se come, pero alimenta -replicó el coronel.

"El Coronel no Tiene Quien le Escriba",

Gabriel García Márquez,1961.



Muchas veces en mi vida me siento como el coronel, sin tener quien me escriba, lleno de soledad, esperando algo sabiendo que no va a llegar, pero con mucha esperanza. Tanto la soledad y la esperanza son temas muy abordados en la literatura de Gabriel García Márquez, y en esta novela lo hace magistralmente.


"El Coronel no Tiene Quien le Escriba" es un libro con una estructura simple, lineal, fácil de leer, pero ya se aprecia algunos rasgos de lo que Gabo sería después como el gran escritor que es. Pese a esa simpleza, el libro tiene una intensidad sobrecogedora.


El relato está plagado de simbolismos y usando esto hace una dura crítica social, política y cultural, tanto a la desidia del gobierno y la pobreza. Toca temas muy vigentes hoy en día como la injusticia y la corrupción política.


"-Nada para el coronel -dijo.

El coronel se sintió avergonzado.

-No esperaba nada -mintió. Volvió hacia el médico una mirada enteramente infantil.

-Yo no tengo quien me escriba."

"El Coronel no Tiene Quien le Escriba",

Gabriel García Márquez,1961.


EL PUEBLO:


El lugar donde ocurre la historia es un pueblo sin nombre como todo lo que hay en el libro. Un pueblo en el que hay una gallera, un consultorio médico, una plaza, un puerto, una sastrería, un cementerio, una iglesia católica y una escuela. Un pueblo con calles de arena, sucio, alejado, con gente humilde, fanáticos a las peleas de gallos, donde los pueblerinos guardan el dinero bajo el colchón y tienen prohibido ver ciertas películas y leer la prensa.


MACONDO:


Entre idas y venidas del coronel, también encontramos ese ambiente imaginario y ficticio que creó Gabriel García Márquez para su obra cumbre, como cuando el coronel sueña que está en la batalla de Macondo y dice ver al Duque de Marlborough, o cuando recuerda la reunión con Aureliano Buendía, un personaje muy recordado. Estos sucesos son en cierta medida parte de su gran novela: "Cien Años de Soledad".


"-¿Con quién hablas?

-Con nadie -dijo el coronel-. Estaba pensando que en la reunión de Macondo tuvimos razón cuando le dijimos al coronel Aureliano Buendía que no se rindiera. Eso fue lo que echó a perder el mundo."

"El Coronel no Tiene Quien le Escriba",

Gabriel García Márquez,1961.


¿CÓMO NACIÓ LA HISTORIA DEL CORONEL?:


Dejemos que Gabriel García Márquez sea quien nos cuente cómo fue su proceso creativo al construir a este personaje: el Coronel.


“Yo me senté a escribir, "El Coronel no Tiene Quién le Escriba" (porque esta es una historia que se muerde la cola). Yo conocía la historia de mi abuelo que estuvo toda la vida esperando que le mandaran su pensión de veterano de la guerra civil. Cuando mi abuelo se murió, mi abuela me dijo, "tu abuelo se murió esperando su pensión de veterano, pero yo no me preocupo porque a ustedes les llegará. Y si no te llega a ti les llegará a tus hijos"... Este era un séptimo piso sin ascensor, y yo bajaba, veía que no había carta y entonces subía y agregaba una página más de la historia que estaba escribiendo. Pero lo que es increíble es que a medida que iba escribiendo la historia me iba dando cuenta que nunca me llegaría la carta y que nunca me contestarían los amigos a los cuales había acudido. Entonces había un momento en que lo que estaba escribiendo correspondía exactamente con la realidad."


En esa entrevista realizada por Germán Castro Caicedo por RTI TV en el año 1976, Gabo considera a su libro "El Coronel no Tiene Quien le Escriba" como su obra maestra. A la vez que habla de todo, también menciona sobre cómo surgió su obra cumbre: "Cien Años de Soledad".


"Y por eso yo creo, contra el criterio de todos los críticos, que el mejor libro que he escrito yo: es decir, que si yo he escrito una obra maestra, esa obra maestra es "El Coronel no Tiene Quién le Escriba", porque yo duré escribiendo la realidad de cada día a medida que iba sucediendo...".


*******


El libro me enseñó que pese a que nos digan miles de veces que es bonito vivir, muchas veces la vida no tiene finales felices. A no esperar nada de nadie y cuando lo hagamos también sepamos que es probable que choquemos contra un muro difícil de tumbar, pero desde donde estemos seamos conscientes que muchas veces con intentarlo ya es suficiente.


sábado, 8 de agosto de 2020

EXTRACTO NÚMERO QUINCE:

#miprimeranovela


-Gracias.


-¿Por qué?


-Por existir.


La brisa proveniente del lago la hizo estremecer. Era un día caluroso. El mediodía siempre era una hora difícil, el sol golpea fuerte de manera vertical y mucho más en verano. Alguna que otra nube se dispersaba por el cielo azul añil.


El amor no dura para siempre y no creo que sea eterno, debe tener un tiempo de caducidad, una fecha de vencimiento. En los libros, bueno, en el cine siempre nos han mostrado que el amor tiene 'un final feliz' o un 'es para toda la vida'. Podría ser cierto, pero químicamente, este sentimiento que uno siente, desaparece al cabo de dos o tres años, no depende de la intensidad con que se vive, simplemente se acaba, se termina.


-No sé qué decirte. Es difícil para mí. Lo que siempre te he dicho, no estoy preparada para tenerte, nunca he cambiado eso, desde un inicio te lo dije, cuando hablamos por primera vez en la riel. Me caes bien, pero de seguro encontrarás a alguien que te quiera como tú quieres, o quizás en algún momento... Eres un chico bueno a quien le han pasado cosas malas.


-¿Sabes? En tan poco tiempo me conociste mejor que nadie. Eres increíble. -Arrastró las últimas palabras.


-No voy a cerrar nada, si quieres alejarte no te detendré. Tal vez algún día pase algo, pero ahora no. Estoy bien así. Tener pareja es mucha responsabilidad, te llena de muchos problemas. Yo no puedo con eso, soy muy celosa, y así sola estoy mejor, más tranquila.


El amor es un subidón efímero de dopamina, noradrenalina, prolactina, luluberina y oxitocina. Existe una pequeña molécula, la feniletilamina, la que provoca sensaciones de alegría, euforia, exaltación; lo que se ha probado es que al cabo de unos mil días estas hormonas dejan de estar activas, como si se dejara de producir. Ahí termina todo.


-Siempre me hablabas de elecciones, quererte fue mi elección.


-No quise hacerte daño, nunca fue mi intención. Por todo eso lo siento.


-No puedo odiarte ni mucho menos vengarme, no lo haría, simplemente no sé qué hacer. Siempre he sabido cómo reaccionar, pero esta vez no puedo. Es como si se habría creado un vacío aquí dentro y no sé por qué. -Ambos miraban el horizonte. A lo lejos una lanchita se acercaba.


No recuerdo el año, pero un equipo de investigadores de la Universidad de Pisa en Italia aseguraba que todas las parejas que completen dos años de relación donde haya manifestación de felicidad, dolor y tristeza, verán, porque es inevitable, que su pasión sexual comienza a enfriarse, apagarse, sin ninguna explicación ni solución, como si de repente el palito de fósforo ya se habría terminado de consumir por el fuego.


-¿Te puedo abrazar? -La miró a los ojos.


-Tú puedes hacer todo lo que tú quieras. -Respondió.


Hay abrazos que nunca se olvidan, promesas que nunca se cumplen, sueños que nunca se realizan, palabras que se las lleva el viento.


-Me siento bien cuando estoy contigo.


Su olor. En algún lugar del mundo, otros mencionan que el proceso de enamoramiento inicia cuando conoces a una persona que te gusta físicamente, todo ingresa por afuera.


-Creer que podía gustarte cuando sabía muy bien que físicamente no soy atractivo. Eso es autoegañarse y decirse que todo está bien y que a las personas no les importa el físico cuando en realidad no es así, nunca lo es. Todo el mundo mira lo exterior porque la belleza radica allí. Mírame a mí.


-¡Cállate! Lo único que generas diciendo eso es autocompasión y lástima. Existen personas a quienes no les importa eso. Tal vez son pocas, pero sí las hay. Siempre miras muy cerca de tu nariz cuando el mundo es inmenso.


Me gustaría mencionar a la antropóloga Helen Fisher porque ella explica que las parejas repiten un ciclo: enamoramiento, cariño, crianza de hijos y/o separación. Todo es cíclico en nuestras vidas: nacemos, crecemos y morimos, los meses tienen un inicio y un final, las estaciones, los años, todo. Cuando pasa cierto tiempo, como máximo tres años, las personas comienzan a buscar esa sensación de placer, a veces carnal, que se genera cuando inicia una relación. Esto sucede con personas que no saben lo que quieren, los que terminan cayendo en ese famoso círculo vicioso.


Cuando era adolescente leí que Cindy Hazan, de la Universidad de Cornell en Nueva York en los Estados Unidos de norteamérica, entrevistó y estudió las reacciones químicas sexuales de unas 5 mil personas de unas 37 culturas distintas. El estudio reveló que el amor sí tiene un tiempo de vida tan duradero como para que dos personas se conozcan, se enamoren, copulen y tengan un hijo.


-A mí también me gusta estar contigo.


-Es bonito cuando sucede esa coincidencia. -Pensó, aunque ella lo escuchó.


Los seres humanos están biológicamente programados para sentir pasión mutua intensa entre los 18 y 30 meses luego de haber iniciado una relación. Sin embargo, para muchos, el amor va mucho más allá de una simple reacción química. En los dos años la pasión crece día a día. Y eso con el paso de los años va en aumento.


-No quiero perderte.


-Yo tampoco.


-Solo te tengo a tí.


#miprimeranovela


jueves, 30 de julio de 2020

SIEMPRE HAY UNA MANERA PARA REDIMIRSE:


Regresas a Puno ciudad después de mucho tiempo. El malecón, las calles, la ciudad, todo sigue igual, menos tú...


Hace meses atrás te fuiste por dos motivos edificantes; lo primero por salud, lo segundo te lo guardas para ti, y tal vez haya una tercera, pero esa queda para otro post.


Ha cambiado todo por aquí, pero no ha cambiado nada. No te gustan los cambios porque no te hacen bien, ¿por qué?, de eso hablarás en el siguiente post.


Ya nada es lo mismo. Viajar es una especie de vía crucis, más que todo por el miedo, pero sigue siendo divertido. El paisaje te da calma, quietud, soledad. La vida no es nada sin un poco de riesgo, eso lo dicen todos, eso también lo dices tú.


El pasaje cuesta el doble. Subir a un carro, llevar mascarilla que cubre la boca y nariz, y para los ojos un protector de plástico que parece de película de ciencia ficción. Nunca imaginé vestir así, pero me deja un bonito recuerdo. Alguien te dijo una vez en estos meses, podrías escribir algo sobre la pandemia. Le respondiste que no querías porque todos lo iban a hacer, que ese no era tu estilo, quieres algo diferente, original, y sobre todo, que merezca un premio Nobel, tú y tus locuras.


Ya nadie habla, todo es silencio, hay bulla, pero no es como la de antes. Llegas y no sabes a dónde ir, todo es inseguro, no saludas a nadie y vas de frente a casa. Te desnudas, te duchas, te pones otra ropa, y escribes estas líneas. Al menos algo no cambió, sigues siendo el mismo, el mismo soñador de siempre. El malecón, las calles, la ciudad, todo sigue igual, también tú... Duermes.


domingo, 26 de julio de 2020

ME DUELE ESCRIBIR ESTO, ME DUELE EN EL ALMA:


Hoy, quise escribir un texto largo... Estoy aquí, eso es lo que importa, después de tanto caos de tanta rabia que no sé cómo sacarlo... Me duele escribir esto, me duele en el alma... La soledad mata, nunca te quedes solo durante mucho tiempo, eso es muy cruel para ti... Todo duele querido blog... ¿Por qué nunca llega alguien que sea un soporte para mí y yo para ella? ¿Por qué nunca llega alguien que se quede, que me sonría, que me diga bajito qué lindo eres y me haga olvidar de todo? ¿Por qué nunca sucede nada? ¿Por qué todo lo que pido nunca se cumple? ¿Por quė?


Lo que sé es que tengo a la literatura como refugio, aunque no es igual. Ya no quiero en mi vida a nadie porque sin quererlo o queriéndolo todos te hacen daño de una manera u otra. Me duele escribir esto, me duele en el alma, pero solo quiero una persona que me haga feliz sin pedírselo, y hacer lo mismo yo.


Me duele escribir esto, me duele en el alma porque siento que cada vez me estoy destruyendo solo por esperar mucho de las personas cuando sé muy bien que nadie piensa igual que yo ni creo que exista alguien que sea ese apoyo que tanto he buscado en estos años de vida... Me duele escribir esto, me duele en el alma...


*******


Tuve un buen tiempo Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Sin duda lo fue y es lo más cruel, duro y difícil por lo que pasé. No me considero un héroe de guerra o intento victimizarme. En estas líneas describiré el tormento que es vivir con esa enfermedad, y es probable, y está bien, que me tilden de loco, pero no le deseo a nadie por lo que pasé, ni siquiera a mi peor enemigo.


Hay muchas personas que padecen el trastorno, y sé bien por lo que viven día a día. Felizmente, tuve la suerte de salir airoso, aunque no niego que aún hay rezagos de ese mal, ya que no tiene cura, solo queda convencerse que lo que se hace está mal porque está mal.


En palabras simples y comunes, el TOC son actos repetitivos compulsivos que realiza una persona y para ellas es muy normal porque así se sienten bien, afecta las actividades diarias y generan mucha angustia. Es posible eliminar estos pensamientos, pero vuelven una y otra vez hasta que se convierten en rituales que la mente obliga a cumplir para no sentirse mal. En un inicio parece bonito, pero a medida que la convulsión avanza se convierte en irritante, tanto para el que lo tiene como para los que lo rodean.


Nada de lo que está contado aquí es falso, me pasó, y creo que aún sigo con esto, pero ha bajado en intensidad. Al año se presenta una sola vez, cuando la soledad y el estrés tocan mi puerta. La razón de no querer estar solo es eso justamente, la compañía siempre hace bien.


ACTO REPETITIVO NÚMERO UNO:

Regresar por el mismo lugar:


No recuerdo cuando empezó, solo una vez comencé a regresar por el mismo camino por el que iba hacia un lugar. Cuando iba a clases, tenía que volver por el mismo sitio. Si pasaba por el lado derecho de un poste o de una piedra o de algún objeto, debía regresar por ese mismo lugar.


Si no lo hacía se apoderaba de mí la angustia y la ansiedad, empezaba a sudar y a culparme por no recordar por dónde debía regresar. Era traumático quedarse un buen tiempo para tomar una decisión. Ese instante recordaba por dónde había pasado horas antes hasta que me convencía que lo había hecho por ese lugar, y una vez realizado ello, seguía mi camino con tranquilidad, como si hubiera hecho algo bueno, por lo que no me pasaría nada malo durante el regreso.


Lo malo era cuando no recordaba por dónde había ido hacia un lugar. Era decidir pasar por uno u otro lado de un poste o piedra. Esa decisión me hacía sudar, renegar, desesperar, incluso llorar. Ya sea cualquier elección el resultado era el mismo: en mi cabeza estaba la pregunta: ¿era correcto pasar por ese lado? Lo que generaba angustia, ansiedad y desesperación.


Hasta ahora tengo este problema, pero lo que cambió es que cuando estoy acompañado me es más fácil sortear los caminos y no siempre regresar por el mismo lugar. En un principio solía irme solo para no dar explicaciones de mis actos. Es que cómo decirle a alguien que tenía que regresar por el lugar por el que anduve porque si no lo hacía me iba a sentir mal y luego iba a estar lleno de angustia, me tildarían de loco, pero en algún momento dejé de sentirme así. Incluso ya no me preocupo por dónde voy, simplemente me dejo llevar, a ratos aparece la angustia, y no le digo nada al otro. El problema es cuando estoy solo, pero he logrado sobrellevarlo. Digamos que durante un mes se presenta solo una vez y eso es bueno. 


ACTO REPETITIVO NÚMERO DOS:

Lavarse las manos:


Está es la más común en casi todos los que presentan TOC. Es normal lavarse las manos, ya sea cuando regresas del baño o después de desayunar o antes de dormir; es normal cuando las manos están realmente sucias. Lo preocupante es cuando lo haces para sentirte bien, para relajarte, para no estar angustiado, ansioso o culpable porque tu mente siente o cree que tus manos tienen gérmenes.


Solo sabía que debía lavarme las manos para sentirme bien. Tocaba cualquier objeto, cualquiera, desde una moneda hasta mi propia ropa y luego me lavaba las manos. Esa sensación de sentir sucia las manos era horrible. Debo haberme lavado las manos unas 300 veces durante un día, usando agua y jabón, en el apogeo de esta obsesión compulsiva.


Lo que pasaba por mi mente era una sensación de vacío, de insatisfacción, de ansiedad porque si no lo hacía solo estaba pensando en mis manos, lo que no me dejaba vivir una vida normal porque sentía desazón conmigo mismo, y una vez que me las lavaba sentía una paz interior. Incluso no me gustaba saludar a las personas, darles la mano quiero decir; muchos se molestaban por esto, pero para mí era normal no estrechar manos ajenas porque así me sentía bien.


Me di cuenta que era ridículo lo que hacía ya que sabía que los demás no lo hacían. Solo tuve que convencerme a mí mismo, por lo que pasé por varios momentos realmente tormentosos en mi vida. Siempre intentaba dejarlo, pero no podía vivir tranquilo. Era un tormento creado solo por mi mente.


Sin embargo pude paliar esto con una solución que también se volvió un acto repetitivo y necesario para mi: cubrir las manos con la manga de mi chompa y coger objetos de esa manera.


ACTO REPETITIVO NÚMERO TRES:

No ser tocado ni tocar:


Esta vino como consecuencia de la anterior. Para no lavarme las manos surgió una idea: usar las mangas de mi ropa para no ensuciarme las manos. Funcionó, pero ocasionó otros problemas: no quería que las personas me tocaran a mí en cualquier lugar del cuerpo, con ropa o sin ella.


Al usar las mangas hizo que la ropa empezara a desgastarse por ese lugar, siempre tenía mangas perforadas, nunca nadie me preguntó el por qué. Era la solución más que confortable ya que no tenía que lavarme las manos porque así las conservaba limpias. Obviamente me lavaba, como unas 10 veces al día y lo sigo haciendo.


Recuerdo que cuando iba a la universidad o a clases siempre me preguntaban que por qué cogía las cosas con mis mangas, yo solo atinaba a sonreír porque si les explicaba no me creerían.


Luego, en un momento dado me di cuenta que no quería que las personas me tocaran, si lo hacía sentía culpa y no sabía por qué. Fue ese momento en que surgió ese otro mal. Ya sea caminando en la calle, en el mercado, en la universidad, me alejaba de las personas para que no me chocaran. Llegó un punto en que evitaba lugares con bastante aglomeración ya que si alguien me rozaba, mi humor y mis ganas de hacer algo desaparecían y solo quería regresar a casa para lavarme las manos.


Nunca entendí porque sucedía. Lo que sé es que ahora eso ya no pasa. No voy a negar que a veces surge ese sentimiento de culpa, pero ya no es tan incesante. Aunque siempre evito que alguien me toque o roce, eso es lo que quedó de ese acto. Los que pueden tocarme son personas a quienes considero mucho y han pasado por lo que yo llamo mi burbuja de distancia.


ACTO REPETITIVO NÚMERO CUATRO:

Llamar a mi alma:


Tal vez esta fue la más difícil y dura por la que he pasado. Todo comenzó con la idea de que los objetos tenían alma, y obviamente yo también. He llegado a pensar que esto rompe la línea del TOC y se encuentra en la orilla de la esquizofrenia. Salí de esto gracias a que me di cuenta que todo era una locura porque nadie más lo hacía, a partir de allí comenzó un nuevo inicio. Duró más de cuatro o cinco años, y como dije líneas arriba, no se lo deseo a nadie, ni siquiera a mi peor enemigo.


Tampoco hay un inicio, solo sucedió. Cuando de repente sentía que mi alma se quedaba en los objetos y para que eso no sucediera tenía que 'llamar a mi alma' para que no se quedara en dicho objeto. ¿Cómo es esto? Cuando agarraba cualquier objeto con mis manos creía que yo me quedaría allí y por eso aplicaba eso de llamar.


Decía: "ven Gorki, sal de ese objeto". Si no lo hacía me daba un ataque de pánico, miedo, ansiedad, depresión, por lo que tenía que cumplir ese procedimiento.


Eso fue en un inicio, durante el primer año. Luego comenzó lo más duro ya que mi mente pensaba que ese llamado no era suficiente por lo que inventó otra repetición: cumplir siete veces una llamada. Eso de que el número siete era perfecto. Con eso se complicó mucho más.


Para no tener esa crisis mi cabeza inventó una manera de frenarlo: no tocar objetos con mis manos, sino con las manos cubiertas con mi ropa. Eso impedía a que yo llamara a mi alma porque mis manos no tocaban los objetos en forma directa.


Hasta ahí todo estaría bien, pero las repeticiones continuaron siendo más fuertes. El hecho de que esa alma se quedara en objetos pasó a un plano mucho mayor ya que mi mente inventó otro problema: que mi alma se quedaba en cualquier lugar sin tocarlo. Es decir, que salía a la calle y al regresar a casa tenía que hacer ese llamado. Hubo un buen tiempo en que mi mente me impedía salir hacia cualquier lugar y me quedaba encerrado en casa.


El simple hecho de moverse al baño ya implicaba un sufrimiento atroz. Me decían vamos a un lugar y no podía porque si lo hacía implicaba un dolor dentro de mí, un dolor que me carcomía las entrañas, pero cómo explicarlo, cómo decirle a alguien me pasa esto y no sé por qué. Si les decía me habrían tachado de loco.


Todo sucedía en mi mente, y como dije todavía hay rezagos de ese mal dentro de mí, pero ahora no es muy fuerte y eso está bien. Llevo una vida normal. El problema aparece cuando estoy solo en casa o no estoy haciendo nada. Si comienza algo parecido busco rápidamente un ruido que me ayude a paliar mejor esa ansiedad y angustia.


Me duele escribir esto, me duele en el alma...