sábado, 17 de octubre de 2020

EL ACNÉ:


No soy guapo, lo sé, me conozco muy bien como para creer que no es así. Sin embargo, el lunes, cuando subí a un auto, una mujer me dijo: sube guapo. Me sentí feliz y recordé muchas cosas de cuando era pequeño, también lloré durante todo el viaje. Pero... ¿por qué?


Las cicatrices en mi rostro son todo lo que el acné ha dejado en mí, cada agujero, cada punto, cada arruga. A partir de los 13 comenzaron a salir granos en mi cara, esos bultos rosados y enormes, y no había cómo pararlos. Lo peor era cuando reventaban y salían como pus. Ese entonces perdí mi autoestima, mi seguridad y mis ganas, creo que lo perdí todo ahí.


Antes de mis 13 años me veía bien. Mi rostro era suave, terso, no brillaba, y mi piel mantenía la juventud acorde a mi edad. Luego todo fue una pesadilla de la que poco a poco me voy recuperando.


Mis compa's se burlaban llamándome granuja, granos, chinchón. Yo no sabía qué decir, y lo que hacía era pasar más tiempo en casa. Las salidas siempre eran una tortura. ¿Por qué no sales? ¿Qué pasó? Y de mí solo salía silencio. ¿Cómo decirle a mamá que el acné estaba malogrando la mejor etapa de mi vida? Sí, yo creo que la adolescencia es la mejor si se lleva bonito, no sé por qué dicen lo contrario.


Una vez le dije a mi madre que necesitaba tratamiento y me dijo que no se podía, eso ocultaba algo más en el fondo: no teníamos dinero suficiente; en las familias el problema principal siempre es la economía, allí lo aprendí todo porque es más fácil cuando tienes monedas en el bolso. Así nació esa frase: mi religión es el dinero; en fin, ese es para otro post. La verdad es que aguanté todo en silencio, tal vez eso es lo que más me gusta de mí, porque por fuera siempre tengo una sonrisa sin importar si por dentro estoy muriendo.


Luego de la primera oleada del acné mi rostro quedó hecho pedazos, había envejecido más y tenía muchos agujeros, arrugas, pústulas. Me hubiera gustado tener dinero para seguir un tratamiento con un dermatólogo, pero no hubo nada, eso me duele porque si lo hubiera solucionado, todo sería diferente ahora, todo.


En la segunda oleada, a mis 15, llegó a mi vida la literatura, lo que me ayudó a sobrevivir y a conformarme con mi soledad y con mis sueños y fantasías. Soporté en silencio el miedo a hablar con personas de mi misma edad hasta el quinto de media, cuando conocí personas que no les importaba mi aspecto (unos compañeros que valían oro, pero me decepcionaron tiempo después), culminando mi etapa de colegial satisfactoriamente. 


De la tercera oleada no hablaré ahora porque fue la más dura de todas. Fue allí cuando estaba más solo que nunca, teniendo solo en los libros una única razón para querer seguir viviendo, diciéndome que algún día todo iba a ser diferente. Esa actitud me llevó años después a lo que mencioné en algunos posts: el problema de mi ansiedad, el TOC, mi falta de seguridad, el no querer hablar con personas y todos mis miedos.


Ahora, es muy curioso que lo que más amo de esta pandemia sea el uso del barbijo porque me cubre buena parte del rostro y eso me hace muy feliz, me da mucha seguridad, incluso, con la mascarilla encima, no tengo miedo a tomarme fotos, me agrada mucho. Usaría toda mi vida esa 'tela' y me sentiría más vivo. "Nunca dejes de perder tu luz por las cosas que te pasan, tarde o temprano sabrás por qué suceden", siempre me digo eso, pero siempre lo olvido.


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