En la secundaria, cuando todavía
estaba en tercer grado, mi profesora de lenguaje nos pidió que escogiéramos una
novela para leer durante todo el año, para luego realizar una exposición sobre
el texto. Mi primera elección fue “Madame Bovary” de Gustave Flaubert, pero
desistí. Luego escogí “Cien Años de Soledad”, no logré terminar el texto,
porque era muy complejo para un adolescente que todo lo quería rápido. Creo que
quería que todo pasara rápido.
Junto a Mario Vargas Llosa, Gabriel
García Márquez es uno de mis autores favoritos de la generación conocida como el
“boom” latinoamericano, escritores que lograron abrirse paso por el mundo y lo
consiguieron. Escritores que tomaron como ejemplo a los grandes novelistas
norteamericanos, los que en esas épocas realizaban una literatura experimental
y algunos de ellos son parte de lo que se conoce como la “generación perdida”. Pero
al que copiaron el estilo, sin lugar a dudas fue a William Faulkner, uno de los
mejores de esos años.
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“Muchos años después, frente al
pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella
tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.
Estoy seguro que nadie que haya
leído la novela ha olvidado estas líneas que es considerado como uno de los
mejores inicios de la literatura universal. Lo recuerdo tan bien porque las
veces que lo intenté leer nunca pasé del primer capítulo de la novela ya que al
ser un libro cuyos párrafos son inmensos de solo verlos ya me daba flojera continuar
leyendo.
Desde que inicié mi aventura con la
literatura, busqué los libros que tenía para seguir leyendo y llenar mi soledad
porque era lo único que tenía: leer; por esta razón, buscando entre mis cosas
encontré mi ejemplar de “Gabo” y lo leí.
Creo que era primavera y estaba en
Puno, poco antes de terminar el cuarto de secundaria. Cuando uno es adolescente
existe el tiempo suficiente para todo lo que uno quiere hacer, pero no nos
damos cuenta. También recuerdo el viaje de cuarto año, fue bonito mientras
duró, pero esa es otra historia.
Fue el primer libro grande que me
compraron en la secundaria, pero eso sí, si mucho antes de intentar leer ese
libro me habrían dicho que terminara de leer el primer episodio de la obra y
continuara la segunda, tal vez hubiera leído desde los 12 años, no hubo nadie.
La segunda vez que lo leí, fue dos
años después de mi fallido intento. Empecé con ganas de conquistar el mundo,
con placer y miedo, luego de terminar el primer capítulo seguí sin importarme
nada porque no había una secuencia entre lo narrado anteriormente y lo que
seguía en el segundo capítulo. Quedé atrapado: realmente ahí es donde para mí
comienza la novela, pero no por ello habría que dejar de leer el primer
capítulo porque luego todo se enlaza, como un ciclo, algo que luego me dejó
pensando durante mucho tiempo. Es que la vida siempre es como un círculo, como
un ciclo, como un ir y venir.
Esos giros en el tiempo que tiene
la estructura narrativa de los escritores del “boom” y la complejidad de su
elaboración, fueron uno de los mejores descubrimientos que me han pasado en la
vida porque luego del Harry Potter pensaba que los libros tenían esa estructura
lineal, simple, recta, fácil de digerir, pero no siempre es así, hay obras maestras
en la literatura, y no todo es como uno tiende a imaginar. Siempre mirando cerca de mi nariz, nunca más allá.
Lo que más recuerdo del libro son
las escenas eróticas descritas detalladamente (de ahí tal vez mi perversión),
así como la sublevación de los Aureliano Buendía o la huelga que se realiza
contra una compañía bananera. Siempre hay una pisca de humor en medio, siempre
hay algo que te hace perder la noción del tiempo.
La novela narra las muchas
generaciones de la familia Buendía desde la fundación de Macondo, personaje
central de la novela de Gabriel García Márquez, un pueblito inventado a la que lo
explota al máximo, haciéndolo suyo.
Macondo va creciendo junto a
nosotros, lo vemos surgir desde nada y de a pocos se va convirtiendo en
moderno. Solía decir que yo tenía una mente abierta para todo, pero me
sorprendió el libro ya que hay incesto, relaciones con niñas y son contadas sin
ningún inconveniente.
Se espera que por esas razones
habrá un castigo contra quienes lo hacen y ese castigo que generación tras
generación es esperado, se veía venir, tal vez lo esperábamos y llega, sin
darnos cuenta. La novela ronda en ciclos que se repiten continuamente desde los
nombres de los personajes que a veces nos confunden, de la misma forma, el
tiempo no es lineal, sino que se va enredando entre los párrafos y capítulos.
Los nombres se repiten por
generaciones por lo que hay que tener un árbol genealógico para no perderse
entre tantos nombre iguales y luego no entender bien el contenido del texto.
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Si algo me dejó esta novela y luego
se acrecentó con otras más, fue que en ese entonces quise hacer lo que hasta
ahora intento hacer: escribir. A partir de esta novela se hizo mucho más fuerte
ese sueño que hasta ahora lo tengo: algún día, en el futuro, llegar a ser un
escritor... Lo seré sin duda porque confío en mi.
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