miércoles, 25 de marzo de 2020

INSTANTES:


Hace más de un mes, me atropelló un auto. Bueno, me empujó. Yo estaba caminando, escribiendo en mi celular uno de muchos post que hay aquí y de repente sucedió. Pum, un golpe y ya estaba en el suelo. Todo pasó rápido. Antes que la gente se juntara, me levanté y salí huyendo. Me dolía todo el cuerpo. Me asusté. A lo lejos, escuché gritos de las personas sobre el por qué no tenía más cuidado y otras tantas cosas que no recuerdo muy bien.

La muerte siempre ha rondado en mi vida. Otra vez me salvé y diré: por algo será. No creo en el destino, pero sé que existe, así como el amor a primera vista.

Ese momento del accidente, ese instante, mi vida transcurrió como una película, cuadro por cuadro. Tuve miedo, ese miedo que te comprime las tripas, esa sensación de vacío, de soledad.

La razón: hasta ahora, no cumplía mis sueños de adolescente. Dejar huella, ayudar, que todos conozcan mi nombre, tantas cosas que quiero, lo quiero todo, todo para mí. Sin embargo, hasta ahora, nada.

La verdad, y tengo que decirlo, no sé cómo conseguir lo que tanto deseo en mi vida. Tan difícil, pero supongo que lo difícil sí vale la pena. Esa fe ciega, esa pasión, esos sueños, no me dejan dormir tranquilo...

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