Hoy quisiera hablar de ella, siempre la menciono en todos lados, pero creo que esta vez se merece todo: MI MADRE.
Ahora, ella está en Nueva Delhi, India. Su plan de vuelo fue así: viajó rumbo a Sao Paulo, Brazil, luego hizo escala en Dubái, Emiratos Árabes, y arribó a Nueva Delhi, India. Ni ella misma se imaginó llegar tan lejos.
Estará por cinco meses, desde marzo hasta agosto, en el Barefoot College India, una organización sin fines de lucro, gracias a la Universidad del Pacífico de Lima y el aporte de personas de buen corazón.
Hace como 8 años también viajó a España durante un mes, a compartir experiencias en ese país europeo. Y hace poco, también fue a Colombia y Ecuador, una visita guiada, durante 15 días.
Gracias a mi madre soy lo que soy, además cree en mí y eso es suficiente. Pero sus sueños para conmigo, cuando todavía era pequeño, eran brutales. Quería que lo tuviera todo.
Las mamás siempre quieren mucho para sus hijos. Quería que fuera piloto de avión, pero sus sueños fueron frustrados por el dinero y mi baja visión. "Me gustaría que viajaras por todo el mundo", solía decirme.
También quería que fuera futbolista, pero este niño no quería, sabía jugar, pero también hubo problemas con el talón y todo se vino abajo. "Quisiera verte en la televisión", una vez me dijo.
Quería que estudiara derecho, medicina o ingeniería, pero justo allí llegaron a mi los libros y me hicieron pensar diferente, me volví rebelde, muchas veces un rebelde sin causa, pero creyendo en nada y no sabiendo cómo hacerlo.
Hasta ahí todo bien. Pudo haber ido bien con sus sueños, pero lo que ella no esperaba era que a mí llegaran mis problemas personales. La depresión, la ansiedad y el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), me golpearon de tal manera que durante cinco años solo pensaba en morirme, no querer hacer nada, querer permanecer en casa, dormir mucho más tiempo. Pero aún así, caminando, creyendo en mis sueños, leyendo, estudiando, estar a punto del suicidio, pero la cobardía no me lo permitía. Pudo ser mejor, pudo ser peor, nunca lo sabré.
Mi madre también dice que yo solo viviré hasta los 33 años, vaya uno a saber por qué. Nunca me lo dice, pero la escuché, lo que sucede es que siempre estoy en lugares que no debo de estar. En realidad, creo que ella es muy consciente que cualquier cosa me puede suceder porque a mí me gusta viajar, y hacerlo es como andar sobre una telaraña. Siempre he creído que la vida es una fina y delgada telaraña, un pequeño movimiento en falso puede arruinarlo todo.
Todo pasa por algo, dicen. Yo creo que pasan porque uno decide lo que tiene que pasar. Mis malas decisiones me llevaron a cometer muchos errores, pero por algo estoy aquí. Soy creyente que los errores se pueden corregir. Eso es bueno. A lo largo de estos años lo único que he estado haciendo es corregir mi vida, no para mí, sino para lo que vendrá después.
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