domingo, 29 de marzo de 2020

MI RAZÓN DE LEER:


A diferencia de muchos, yo no leo porque me gusta leer, pero, al final, supongo que me gusta y por eso lo hago. Al inicio me sentía muy solo y la literatura apareció como para decirme "aquí estoy yo". Y siempre estuvo. Desde mis 14 años en adelante, la mitad de mi vida; desde el desamor, como suelo decir, hay un antes y un después.

Leía porque quería aprender a escribir para publicar y ser famoso, y callar la boca de muchas personas que se burlaban de mí. Esa es la única y verdadera razón. Lo demás se fue añadiendo a medida que crecía. Hay muchas cosas que duelen y que nunca perdonaré. Nunca lo haré porque ese rencor con personas del pasado, de mi adolescencia, me impulsa a seguir creyendo que aún se puede. Sé que se puede y lo haré.

En la literatura encontré una manera de superar mi soledad, una compañía que siempre está para ayudarme, y cuando más la necesitaba ha estado conmigo, acompañándome en mis días de soledad (ese era el nombre de mi blog), como un apoyo incondicional, sin reclamarme nada, solo escuchándome.

Leo porque por un momento, aunque breve, me olvido de todo lo que me rodea, y en ese pequeño espacio me siento feliz, muy feliz. Me sucede algo muy parecido a lo que les pasó a los niños de "Las Crónicas de Narnia", o a Bastian de "La Historia Interminable". La aventura tras ese armario siempre es la más bonita.

Leo a autores que nadie leería. No lo hago por diversión, quiero aprender a escribir. Esos escritores que con su pluma densa parecen aburridos, difíciles, complicados. En realidad, lo son, demasiado aburridos diría yo, pero de ellos sé que voy aprender y la verdad que lo hice. Nuevamente, los leo porque yo quiero aprender a escribir y para hacerlo ellos son los que están, no los autores fáciles. Lo difícil siempre cuesta, pero valen la pena.

Leo a escritores que revolucionaron la literatura, que hicieron experimentos en sus líneas, que no respetaron el tiempo, que fueron innovadores, que no les importó ser tachados de homosexuales, críticos, que no caían bien a nadie, pero que dejaron una huella imborrable en muchos lectores que como yo aprendieron de sus letras. Que transformaron la manera de contar.

Yo no quiero ser como ellos, quiero ser el mejor.

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