miércoles, 1 de abril de 2020

IDEAS I:


Cuando salí del cole', incluso antes, ya tenía pensado en escribir una novela porque quería ser famoso. Parecía fácil en ese instante. Hubo tantas ideas que nunca pudieron plasmarse, principalmente porque al momento de sentarme a escribir, todo se volvía en blanco. No se podía. El motivo para escribir era porque yo deseaba respeto, y quería que supieran quién era yo. El niñito bien, con sus complejos y prejuicios, estaba creciendo.

Mi primera idea para escribir fue una historia meramente fantástica como Harry Potter. Ese libro, la forma, estaba en todos lados de mi vida, literalmente, yo respiraba a esos personajes. Sin embargo, fueron llegando novelas del boom latinoamericano, me sorprendieron gratamente.

Su escritura tan densa y difícil llamó mi atención. La manera en cómo escribían me atrapó. El tiempo fue lo primero. La línea argumental de Harry Potter es muy básica, plana, empieza y termina. No hay nada más que eso, y lo que importa es la anécdota antes que la escritura.

En cambio, cuando inicié con "Cien Años de Soledad" todo fue distinto. Los giros en el tiempo me parecieron increíbles. Los capítulos se van enredando a tal punto que no sabes muy bien por dónde andas y para no perderte tienes que concentrarte mucho para salir airoso del libro. Ellos no lo inventaron, aprendieron esa manera de narrar de los escritores norteamericanos, y tenía que leerlos, pero eso pasó después.

Así fue que por primera vez me dije que para escribir tenía que hurgar el pasado y partir desde los recuerdos. Es decir, que desde un futuro mis personajes viajen al pasado a través de recuerdos, enlazando historias, a la manera de un viaje en el tiempo, generando catarsis y expiación, otra idea tomada de una novela que me pareció genial por la manera en que está concebida. Sí se podía cambiar el pasado, sí había una manera y la encontré, otro descubrimiento que me llenó de felicidad.

El ritmo iba a ser lento, pero tendría que haber giros para no sonar seco. No es fácil escribir, eso fue lo primero que me di cuenta. Tenía que leer a los mejores escritores y a los que con su pluma innovaron la literatura y la manera de contar. Aprender de ellos. Por eso dejé Harry Potter un buen tiempo y comencé con los novelistas que no sólo escribieron, sino que al hacerlo, su prosa era exquisita.

"Madame Bovary", "Orgullo y Prejuicio", "Cumbres Borrascosas", "Narraciones Extraordinarias", "La Ciudad y los Perros", "El Sonido y la Furia", "Conversación en la Catedral", "Otra Vuelta de Tuerca", "Rojo y Negro", "La Casa de los Espíritus", "Veinte Poemas de Amor y Una Canción Desesperada", "La Náusea", entre muchos otros libros formaron ese mi gusto a la buena literatura. Me recomendaban autores peruanos (y no estoy en contra de ellos), pero me parecían un asco, lo mismo me pasaba con escritores que solo escribían bestseller; ese mi gusto a la literatura fina, clásica, me convirtió en un ser insoportable, solitario, aburrido. Pero me volvía más inteligente, pensaba, soñaba, vivía, era feliz así.

A medida que los leía fueron un golpe a mi vida. Y los leí, y los aprendí, descubriendo sus hermosas letras, que a veces me dejaban pensando horas, días, semanas, meses. Por lo menos, hasta ahora, mis ideas se fueron aclarando, y eso está bien.

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