lunes, 13 de abril de 2020

EL RUIDO Y LA FURIA:


Recuerdo lo emocionado que estaba cuando terminé "Cien Años de Soledad", fue la mejor sensación de mi vida, hasta que me enteré que la forma de escribir del autor colombiano había sido copiada de la literatura experimental de James Joyce y de William Faulkner (sobre todo de él). Al primero nunca lo busqué, al segundo lo leí maravillado.

Sublime, tal vez es esa palabra la que mejor define a esta novela: "El Ruido y La Furia". Un verdadero desafío en mi lectura, un viaje complicado, un viaje durante el cual muchas veces tenía que retornar varias páginas para confirmar algunos pasajes.

La leí en el verano de 2007, poco antes de cumplir 16 años, con un cuaderno y un lápiz en mano para hacer apuntes y así entenderla mejor y no dejar pasar ningún detalle. No solo requería concentración, sino paciencia.

La historia, los conflictos, pecados y perdiciones de la familia Compson no es muy importante. Lo magnífico en esta novela (y en otras de Faulkner) es la manera en el que la historia se nos presenta, donde con bastante destreza, William Faulkner utiliza diversas técnicas narrativas y estilísticas que se adaptan a la voz de los personajes, los que nos cuentan la historia.

Al inicio, todo es confuso, y en la segunda parte mucho más. Solo en el tercer capítulo, todo se vuelve claro. Yo comencé a leer con inocencia, y al poco tiempo me di cuenta que no comprendía nada de lo que leía. Durante buena parte del libro todo es un caos porque la narración no es convencional. Como lector, tenía que ir uniendo cada trozo para formar un argumento comprensible.

La libertad y maestría con la que se emplea el monólogo interior (stream of consciousness), el rompimiento del tiempo cronológico, el juego de perspectivas donde un mismo hecho puede ser contado varias veces desde distintos puntos de vista lo que hace difícil la comprensión de la historia.

No es una novela fácil ni para todos los gustos; no es una novela para leer mientras viajas al trabajo o a tu centro de estudios. Hay que tomarla con calma, con ganas y con tiempo, y sobre todo, si les gusta la innovadora técnica narrativa experimental en estado puro, es uno de los mayores placeres que como lectores pueden llevarse a los ojos.

El libro me enseñó, que no importa mucho la anécdota ni la historia, sino que, antes que nada, los buenos libros deben romper esquemas a los que el común de las personas siempre sigue al pie de la letra. Era verdad, la buena literatura te abre los ojos. Solamente ahora me doy cuenta que la buena literatura, la que siempre he admirado, al igual que la vida, es así. Sino, yo sólo leería novela rosa y no estoy para perder el tiempo.

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