Pero, ¿qué escribir? Lo primero que pensé fue escribir sobre una niña de 13 años (la edad tiene mucho significado para mí). Sí, una niña porque como lo expresé en un post anterior (sorry si no lo hice) las mujeres me inspiran por el mismo hecho que crecí rodeado de muchas damas y quería expresar mi defensa hacia la mujer, ahí surgió mi enfoque hacia la literatura comprometida de uno de mis escritores franceses favoritos: Jean Paul Sartre. Lo otro, porque mi aventura con los libros inició con una escritora británica. Hay cosas inexplicables, yo que sé.
La niña de 13 años iba a ser curiosa, iba adorar las historias y leyendas del Altiplano. Las leyendas iban a ser una excusa para hablar sobre los misterios del lago titicaca porque de niño me contaron muchas historias sobre ese lugar y las iba a adaptar para mí. Siempre creí que en algún momento los puntos se unirían, y sigo creyendo que esos puntos están por unirse, o ya se unieron. Soy fiel a mis puntos, sé que existen.
La niña de ese entonces era de pelo corto y flequillo, (siempre he tenido debilidad por ese tipo de muchachas, siempre lucen hermosas). Usaría gafas, como yo. Le gustaría leer, como yo. Sensible, como yo. Soñadora, como yo. Su piel sería blanca y fina como la porcelana (no una chica de campo). Tal vez, en parte, esa niña era mi álter ego, pero nunca fue eso porque no le pude dar vida.
Ahora que la imagino, me era imposible describirla en ese entonces. Yo tenía 15 años y a esa edad no hay madurez, no hay nada. Ni siquiera ahora mismo soy tan maduro porque sigo soñando como niño, creyendo como niño, siempre en mi burbuja, creyéndome superior a todos los que me rodean, aunque no lo soy, pero quiero serlo.
Darle forma no era fácil y mucho menos crearle un mundo. La idea era hacerla vivir en un colegio (lo sé, cliché), y a través de allí hacerla caminar por la ciudad hasta llegar a esa transición entre la realidad y la fantasía (lo sé, cliché). ¿Cómo encontrar ese trance entre uno y otro mundo? (lo sé, cliché). El medio para cruzar ese límite siempre lo tuve claro. El lugar, también, pero cada vez que me sentaba a escribir no podía hacerlo.
Dicen que cuando uno ve una hoja en blanco se bloquea, lo llaman el síndrome del bloqueo (bueno, algo así). Siempre decía "esto no va a salir como yo quiero" y nunca salía. Hasta ahora la idea sigue rondando por mi cabeza. Cada vez está siendo más clara. Por el momento esa historia puede esperar. Le falta ese "algo" que no sé qué es.
En "Las Crónicas de Narnia", por ejemplo, lo niños viajan en dirección a ese lugar por distintos objetos (un ropero), y el tiempo es lento o no transcurre nada, a comparación de la realidad. En "Harry Potter", la transición era un andén de la estación de ferrocarril. En "La Historia Interminable", era un libro. ¿Cómo inventar una transición hacia mi mundo de fantasía?
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