lunes, 13 de abril de 2020

PÁGINA 159:



Nuevamente, una vieja amiga se apodera de mi. Me abraza fuerte como queriendo aplastar mis entrañas. Aprieta mi estómago cual si fuera una prensa demoledora. El silencio se apodera. Otra vez, como en los viejos tiempos, la depresión regresa con un ruido estremecedor.

No me gusta estacionarme mucho tiempo en un solo lugar porque no me siento bien. Tengo que moverme, caminar, conversar, viajar a otros lugares para que mis fantasmas no aparezcan, no regresen. Pero ahora, en este momento, en una cuarentena obligada, es muy complicado.

Felizmente, la única compañía que sé que nunca me va a faltar es la literatura, fiel como siempre, está cuando la necesito, no me reclama nada, me dice hola, conversemos un rato, y las letras me sumergen hacia otros mundos.

Aunque me di cuenta que es difícil leer cuando el tiempo te sobra. Ahora estoy en la página 159 de la novela "Retrato en Sepia" de Isabel Allende, la chilena que me hizo llorar con "Paula" cuando todavía era un mocoso de pantalón corto.

"Nuestra llegada coincidió con la presentación en el teatro de la incomparable Sarah Bernhart en su papel más célebre, La Dama de las Camelias", pág. 159, Retrato en Sepia, 2000.

El párrafo anterior, también me trae al recuerdo la historia de amor entre la hermosa y desgraciada Marguerite Gautier y Armand Duval, un clásico de Alexandre Dumas hijo, que si no fuera por esa historia nadie lo conocería. Hablaré de ello en su momento.

Escribir, leer, soñar, vivir, amar, reír, ..., he aprendido a controlar mis problemas psicológicos, podría decir que aprendí a vivir con ellos porque sé que nunca se van a alejar, sino solo reprimiéndolos. Es raro, soy feliz así, y me quiero demasiado cada día.

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