lunes, 23 de marzo de 2020

YO TAMBIÉN LO SÉ II:


Sé bien lo que es perderlo todo, lo sé, me pasó, lo viví. Recordarlo es como escarbar heridas profundas intentando retroceder el tiempo y no poder hacerlo. Duele, pero va sanando. Durante mi corta vida he perdido muchas cosas. Mi cámara fotográfica, también la perdí.

Cuando estudiaba Ciencias de la Comunicación Social, en el curso de Taller de Fotografía (o una cosa así se llamaba), compramos una cámara marca Canon T5i. Fuimos a Tacna para traer la cámara a un precio menor y la conseguimos. También era aprovechar el viaje. Me encanta viajar. Adoro los viajes largos, mirar por la ventana, hermoso espectáculo.

Nunca podemos saber lo que puede ocurrir en el futuro, es imposible ver lo que va a pasar, quizás por eso muchas veces tenemos miedo a elegir, porque no sabemos si esa elección será buena o mala. Arriesgarse, es también como una tela de araña, nunca se sabe. Pero si fuera fácil elegir, no habría chiste vivir.

Yo creo que al final es que la elección sí se realice, porque eso define quiénes somos, y eso nos hace grandes. Nosotros elegimos comprar la cámara porque sabíamos que era lo mejor. Sería conveniente para un aprendizaje profundo de la fotografía. El tiempo que la tuve, sin duda, lo fue.

Al año siguiente, llevé el curso de Producción Audiovisual; si recuerdo bien era en sexto semestre. Allí pasó todo. Por más que intento, es imposible retroceder al pasado y cambiarlo, no se puede. Nada se puede cambiar desde el pasado, nada, aunque luego encontré una manera para volver en el tiempo, pero eso será en otro post.

Perdí mi cámara, me la robaron. No sé realmente qué sucedió. Cuando salimos a rodar (filmar, grabar), dejé mi mochila en un banquito de un parque muy concurrido de mi ciudad. Dejé a alguien para que me la cuidara y nunca lo hizo, o si lo hizo, lo hizo mal. No es bueno confiar en las personas, ahora lo sé. Supongo que lección aprendida, puf, qué más da.

En pocos segundos la mochila y con todo lo que había dentro desapareció. Mi cámara, mi librito de Arguedas ("Todas las Sangres"), mi módem, mi tablet (7"), entre otras pequeñeces. No había mochila, no saber a dónde ir, a quién preguntar. Como si la tierra se la hubiera tragado. Nada.

Mi reacción no la voy a describir porque no me gusta recordar momentos que duelen, que aún no han sanado. Solo diré que no sabía qué hacer. Te quedas helado. Una sensación fría en el estómago, parecida al amor, pero su opuesto. Duele. Sé lo mucho que duele. Lo sé, yo también lo sé.

Dicen que ese tipo de sucesos son los que te hacen fuerte, ellos te definen y eso, en la medida que lo veamos con positivismo, nos hace ser mejores personas. Quién quiere ser fuerte, quién quiere ser mejor persona, ¿quién? Al diablo con eso. Autoayuda barata. En fin.

Lo que me duele es que nunca le pude decir a mi madre. Ni siquiera ahora lo sabe. Supongo que hay verdades que no se pueden ni deben decir. Es mejor una mentira a una verdad. Está mal, claro que lo está, pero qué más da, es mejor así, bueno, tal vez no. Lo que ella sabe es que con la "cámara" estoy haciendo fotos, fotos que supongo algún día va a querer que le muestre. Varias veces me preguntó sobre la cámara. Pienso que sospecha, pero trato de evitar en lo posible hacer referencia a ese objeto. Es complicado.

No soy bueno mintiendo, cualquiera se daría cuenta cuando lo hago, pero tengo que intentarlo porque si ella supiera la verdad se decepcionaría de mi. No quiero dar más decepciones, suficiente con lo que hice. Creo que nadie querría eso. Pero, justo para eso trabajo, para comprar una cámara y poder dormir tranquilo después de mucho tiempo. Lo haré, tengo que hacerlo. No tengo más opciones...

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