martes, 1 de septiembre de 2020

UNA REALIDAD DE LA QUE ME GUSTARÍA ESCAPAR:


Alguna vez lo dije, me dije a mi mismo, el virus se está llevando a la mejor generación que conozco, la de nuestros padres y abuelos, los que para tenerlo todo tuvieron que sufrir, hacer grandes esfuerzos y así conseguirlo, los que tuvieron -al menos para mí- la mejor educación, la del respeto hacia los mayores, la del cuando es no es no, la del si no haces tu tarea te toca palo, la de que la educación entra con golpes.


Se está yendo esa generación, con miles de defectos, pero con muchas más virtudes. Y se está quedando -me da pena decirlo- los que ni siquiera debieron nacer. Es verdad, tal vez no fueron planificados, tal vez solo fueron un error en la cuenta del mes, una canita al aire, un se me escapó, el ¡uy! lo hice adentro, la calentura de una noche, y a pesar que bien podrían ser un error no deberían no merecen estar aquí.


Solo vean las noticias, esto yo no lo he inventado, la pólvora siempre ha existido. Jóvenes borrachos que viven por vivir, que no tienen sangre en la cara, que son verdaderos hijitos de mamá o papá, que no saben lo que les costó a sus padres llegar donde están.


Una sarta de babosos que lo único que hacen es gastar a diestra y siniestra lo que no es de ellos. Que entendieron mal, cual si fueran salvajes, el sentido de libertad. Los que dicen que solo viven en el presente y por ninguna razón piensan en un futuro y mucho menos en un pasado en el que no estuvieron, pero que son parte de él. Los que tienen un trabajo y todo lo que ganan lo van destruyendo, derrochando. Los que no entienden nada cuando se les dice algo... Los que...


No estoy en contra de nadie, no apunto con el dedo a un nombre propio. Solo estoy en contra de una generación que no sabe lo que es sufrir para tener lo que tienen, que lo único que sabe es gastar y derrochar vida. Estoy en contra de una generación de la que, lamentablemente, soy parte, pero con la que no me identifico para nada, y no porque me crea un ser superior, sino, simplemente, porque sé de dónde vengo, sé cuánto sufrí, sé qué es no tener nada, y de lo que me costó estudiar en una universidad que no me dio nada más que solo un cartón. Los libros, la literatura, me lo dieron todo, esa es la diferencia.


Se está yendo una generación que no tenía nada, pero que se lo ganó todo a base de esfuerzo. Se está yendo la generación de nuestros padres y abuelos, la generación que ya pasó la base 5, pero que la juventud la lleva por dentro.


Esta generación, mi generación, no merece la vida que tiene. Si he inventado algo, pido disculpas. Si estoy equivocado pueden encender el televisor, ver el noticiero. Hasta los medios y los que son parte de ello no merecen existir.


Ellos son los que deberían morir. Esa generación debería desaparecer. Pero como lo dije alguna vez: Las personas malas, que lo tienen todo fácil, siempre viven, y los que son buenos, los que no tienen nada, sufren, esa también es una realidad. Eso no es ser pesimista.


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