Viajaré a Arequipa para un chequeo, pero tengo en mente otras cosas, también tengo miedo. Tal vez algún día me arrepienta de lo que quiero hacer, pero a veces lo más fácil siempre es buena opción. La muerte trae paz porque se supone que en ese momento no sientes nada, por uno, por ti, por nadie. Las personas mueren, los sentimientos mueren, el dolor también.
Cada vez que arribo a un lugar las personas cambian, supongo que eso está bien porque, o no sé, siento que muchas veces solo aparezco en un sitio o conozco personas para mejorar sus vidas y luego empeorar la mía, me gusta ser el centro de atención. Soy muy egocentrista. Siempre lo malogro todo, siempre.
Cuando era adolescente alguien me dijo: nunca cambies, nunca dejes de ser tú, nunca dejes de ser G. Siempre he intentado ser yo. Sin embargo, a veces me doy cuenta que ya no soy ese chico lleno de sueños, planes y metas, me pierdo en el camino. Solo cuando me enamoro aparece ese adolescente y me da coraje porque los sueños siempre deberían estar en/con uno. La vida es injusta.
A veces escucho a las personas sobre sus pérdidas. Perdí esto, aquello. No quiero ser narcisista, pero yo sí sé lo que es perder. Perder personas, cosas, metas, planes. Nunca dejaría de creer en el amor porque el amor no se ensucia, el amor es el motor que guía a las personas. A veces el vaso se desborda, te sirves gaseosa o cerveza y el vaso rebalsa, así es el amor.
Esa persona de aquel 'nunca cambies' ya no está aquí porque un trágico accidente me la robó. Maldita sea. Siempre supe que nunca me pasaría nada igual. Muchos me dicen amor de adolescente, nunca lo fue, fue amor de verdad, era Simone, Mercedes, Patricia. Era incondicional. Es malo traer personas al presente porque no te dejan avanzar, pero duele, duele mucho.
La vida siempre es injusta, nada es justo conmigo, siempre me quita lo que me hace feliz, y muchas veces pienso que conmigo ha sido mucho más cruel. Duele.
"Perdón por tanto miedo,
perdón porque te prometí que nunca lo tendría,
perdón porque lo tengo".
Estefanía Mitre.
Una vez, el 2007 y luego 2010, leí "Sense and Sensibility" de Jane Austen, siempre me pareció original. De la novela aprendí mucho, pero siempre lo olvido. ¿Cuántas veces me he ilusionado con una persona que al final me ha roto en pedazos? ¿cuántas veces he idealizado a alguien? ¿Cuántas?
La vida es así. Queremos a quien no nos quiere y nos enamoramos de alguien que no está disponible. No todo es felicidad; no siempre la persona que amamos es la indicada.
A veces soy demasiado Marianne. Romántico y me ilusiono con facilidad no sólo en el amor, sino en mi vida en general. Mis emociones rigen mi camino y me enfermo cuando las cosas no son como pensaba y mi alma se rompe en pedazos.
También soy Elinor. Sufro en silencio y no demuestro esos sentimientos que se desbordan dentro mío. La combinación entre ambas es un martirio para mí y hace de mi vida un suplicio porque espero mucho de las personas y no siempre encuentro a alguien que se parezca a mí, que piense como yo. Lo sé porque me pasa, porque soy así.
Y así... Supongo que es una despedida, un adiós, un hasta siempre, no un hasta luego. Dejar de hacer lo que más me gusta es complicado. Antes pensaba que escribir era una manera de hacer catarsis, cuidar mi salud mental, ahora pienso que no. Perdónenme por todo, yo siempre lo malogro todo, siempre la cago. Cuídense mucho. Au revoir.
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