Hoy, quise escribir un texto largo... Estoy aquí, eso es lo que importa, después de tanto caos de tanta rabia que no sé cómo sacarlo... Me duele escribir esto, me duele en el alma... La soledad mata, nunca te quedes solo durante mucho tiempo, eso es muy cruel para ti... Todo duele querido blog... ¿Por qué nunca llega alguien que sea un soporte para mí y yo para ella? ¿Por qué nunca llega alguien que se quede, que me sonría, que me diga bajito qué lindo eres y me haga olvidar de todo? ¿Por qué nunca sucede nada? ¿Por qué todo lo que pido nunca se cumple? ¿Por quė?
Lo que sé es que tengo a la literatura como refugio, aunque no es igual. Ya no quiero en mi vida a nadie porque sin quererlo o queriéndolo todos te hacen daño de una manera u otra. Me duele escribir esto, me duele en el alma, pero solo quiero una persona que me haga feliz sin pedírselo, y hacer lo mismo yo.
Me duele escribir esto, me duele en el alma porque siento que cada vez me estoy destruyendo solo por esperar mucho de las personas cuando sé muy bien que nadie piensa igual que yo ni creo que exista alguien que sea ese apoyo que tanto he buscado en estos años de vida... Me duele escribir esto, me duele en el alma...
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Tuve un buen tiempo Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Sin duda lo fue y es lo más cruel, duro y difícil por lo que pasé. No me considero un héroe de guerra o intento victimizarme. En estas líneas describiré el tormento que es vivir con esa enfermedad, y es probable, y está bien, que me tilden de loco, pero no le deseo a nadie por lo que pasé, ni siquiera a mi peor enemigo.
Hay muchas personas que padecen el trastorno, y sé bien por lo que viven día a día. Felizmente, tuve la suerte de salir airoso, aunque no niego que aún hay rezagos de ese mal, ya que no tiene cura, solo queda convencerse que lo que se hace está mal porque está mal.
En palabras simples y comunes, el TOC son actos repetitivos compulsivos que realiza una persona y para ellas es muy normal porque así se sienten bien, afecta las actividades diarias y generan mucha angustia. Es posible eliminar estos pensamientos, pero vuelven una y otra vez hasta que se convierten en rituales que la mente obliga a cumplir para no sentirse mal. En un inicio parece bonito, pero a medida que la convulsión avanza se convierte en irritante, tanto para el que lo tiene como para los que lo rodean.
Nada de lo que está contado aquí es falso, me pasó, y creo que aún sigo con esto, pero ha bajado en intensidad. Al año se presenta una sola vez, cuando la soledad y el estrés tocan mi puerta. La razón de no querer estar solo es eso justamente, la compañía siempre hace bien.
ACTO REPETITIVO NÚMERO UNO:
Regresar por el mismo lugar:
No recuerdo cuando empezó, solo una vez comencé a regresar por el mismo camino por el que iba hacia un lugar. Cuando iba a clases, tenía que volver por el mismo sitio. Si pasaba por el lado derecho de un poste o de una piedra o de algún objeto, debía regresar por ese mismo lugar.
Si no lo hacía se apoderaba de mí la angustia y la ansiedad, empezaba a sudar y a culparme por no recordar por dónde debía regresar. Era traumático quedarse un buen tiempo para tomar una decisión. Ese instante recordaba por dónde había pasado horas antes hasta que me convencía que lo había hecho por ese lugar, y una vez realizado ello, seguía mi camino con tranquilidad, como si hubiera hecho algo bueno, por lo que no me pasaría nada malo durante el regreso.
Lo malo era cuando no recordaba por dónde había ido hacia un lugar. Era decidir pasar por uno u otro lado de un poste o piedra. Esa decisión me hacía sudar, renegar, desesperar, incluso llorar. Ya sea cualquier elección el resultado era el mismo: en mi cabeza estaba la pregunta: ¿era correcto pasar por ese lado? Lo que generaba angustia, ansiedad y desesperación.
Hasta ahora tengo este problema, pero lo que cambió es que cuando estoy acompañado me es más fácil sortear los caminos y no siempre regresar por el mismo lugar. En un principio solía irme solo para no dar explicaciones de mis actos. Es que cómo decirle a alguien que tenía que regresar por el lugar por el que anduve porque si no lo hacía me iba a sentir mal y luego iba a estar lleno de angustia, me tildarían de loco, pero en algún momento dejé de sentirme así. Incluso ya no me preocupo por dónde voy, simplemente me dejo llevar, a ratos aparece la angustia, y no le digo nada al otro. El problema es cuando estoy solo, pero he logrado sobrellevarlo. Digamos que durante un mes se presenta solo una vez y eso es bueno.
ACTO REPETITIVO NÚMERO DOS:
Lavarse las manos:
Está es la más común en casi todos los que presentan TOC. Es normal lavarse las manos, ya sea cuando regresas del baño o después de desayunar o antes de dormir; es normal cuando las manos están realmente sucias. Lo preocupante es cuando lo haces para sentirte bien, para relajarte, para no estar angustiado, ansioso o culpable porque tu mente siente o cree que tus manos tienen gérmenes.
Solo sabía que debía lavarme las manos para sentirme bien. Tocaba cualquier objeto, cualquiera, desde una moneda hasta mi propia ropa y luego me lavaba las manos. Esa sensación de sentir sucia las manos era horrible. Debo haberme lavado las manos unas 300 veces durante un día, usando agua y jabón, en el apogeo de esta obsesión compulsiva.
Lo que pasaba por mi mente era una sensación de vacío, de insatisfacción, de ansiedad porque si no lo hacía solo estaba pensando en mis manos, lo que no me dejaba vivir una vida normal porque sentía desazón conmigo mismo, y una vez que me las lavaba sentía una paz interior. Incluso no me gustaba saludar a las personas, darles la mano quiero decir; muchos se molestaban por esto, pero para mí era normal no estrechar manos ajenas porque así me sentía bien.
Me di cuenta que era ridículo lo que hacía ya que sabía que los demás no lo hacían. Solo tuve que convencerme a mí mismo, por lo que pasé por varios momentos realmente tormentosos en mi vida. Siempre intentaba dejarlo, pero no podía vivir tranquilo. Era un tormento creado solo por mi mente.
Sin embargo pude paliar esto con una solución que también se volvió un acto repetitivo y necesario para mi: cubrir las manos con la manga de mi chompa y coger objetos de esa manera.
ACTO REPETITIVO NÚMERO TRES:
No ser tocado ni tocar:
Esta vino como consecuencia de la anterior. Para no lavarme las manos surgió una idea: usar las mangas de mi ropa para no ensuciarme las manos. Funcionó, pero ocasionó otros problemas: no quería que las personas me tocaran a mí en cualquier lugar del cuerpo, con ropa o sin ella.
Al usar las mangas hizo que la ropa empezara a desgastarse por ese lugar, siempre tenía mangas perforadas, nunca nadie me preguntó el por qué. Era la solución más que confortable ya que no tenía que lavarme las manos porque así las conservaba limpias. Obviamente me lavaba, como unas 10 veces al día y lo sigo haciendo.
Recuerdo que cuando iba a la universidad o a clases siempre me preguntaban que por qué cogía las cosas con mis mangas, yo solo atinaba a sonreír porque si les explicaba no me creerían.
Luego, en un momento dado me di cuenta que no quería que las personas me tocaran, si lo hacía sentía culpa y no sabía por qué. Fue ese momento en que surgió ese otro mal. Ya sea caminando en la calle, en el mercado, en la universidad, me alejaba de las personas para que no me chocaran. Llegó un punto en que evitaba lugares con bastante aglomeración ya que si alguien me rozaba, mi humor y mis ganas de hacer algo desaparecían y solo quería regresar a casa para lavarme las manos.
Nunca entendí porque sucedía. Lo que sé es que ahora eso ya no pasa. No voy a negar que a veces surge ese sentimiento de culpa, pero ya no es tan incesante. Aunque siempre evito que alguien me toque o roce, eso es lo que quedó de ese acto. Los que pueden tocarme son personas a quienes considero mucho y han pasado por lo que yo llamo mi burbuja de distancia.
ACTO REPETITIVO NÚMERO CUATRO:
Llamar a mi alma:
Tal vez esta fue la más difícil y dura por la que he pasado. Todo comenzó con la idea de que los objetos tenían alma, y obviamente yo también. He llegado a pensar que esto rompe la línea del TOC y se encuentra en la orilla de la esquizofrenia. Salí de esto gracias a que me di cuenta que todo era una locura porque nadie más lo hacía, a partir de allí comenzó un nuevo inicio. Duró más de cuatro o cinco años, y como dije líneas arriba, no se lo deseo a nadie, ni siquiera a mi peor enemigo.
Tampoco hay un inicio, solo sucedió. Cuando de repente sentía que mi alma se quedaba en los objetos y para que eso no sucediera tenía que 'llamar a mi alma' para que no se quedara en dicho objeto. ¿Cómo es esto? Cuando agarraba cualquier objeto con mis manos creía que yo me quedaría allí y por eso aplicaba eso de llamar.
Decía: "ven Gorki, sal de ese objeto". Si no lo hacía me daba un ataque de pánico, miedo, ansiedad, depresión, por lo que tenía que cumplir ese procedimiento.
Eso fue en un inicio, durante el primer año. Luego comenzó lo más duro ya que mi mente pensaba que ese llamado no era suficiente por lo que inventó otra repetición: cumplir siete veces una llamada. Eso de que el número siete era perfecto. Con eso se complicó mucho más.
Para no tener esa crisis mi cabeza inventó una manera de frenarlo: no tocar objetos con mis manos, sino con las manos cubiertas con mi ropa. Eso impedía a que yo llamara a mi alma porque mis manos no tocaban los objetos en forma directa.
Hasta ahí todo estaría bien, pero las repeticiones continuaron siendo más fuertes. El hecho de que esa alma se quedara en objetos pasó a un plano mucho mayor ya que mi mente inventó otro problema: que mi alma se quedaba en cualquier lugar sin tocarlo. Es decir, que salía a la calle y al regresar a casa tenía que hacer ese llamado. Hubo un buen tiempo en que mi mente me impedía salir hacia cualquier lugar y me quedaba encerrado en casa.
El simple hecho de moverse al baño ya implicaba un sufrimiento atroz. Me decían vamos a un lugar y no podía porque si lo hacía implicaba un dolor dentro de mí, un dolor que me carcomía las entrañas, pero cómo explicarlo, cómo decirle a alguien me pasa esto y no sé por qué. Si les decía me habrían tachado de loco.
Todo sucedía en mi mente, y como dije todavía hay rezagos de ese mal dentro de mí, pero ahora no es muy fuerte y eso está bien. Llevo una vida normal. El problema aparece cuando estoy solo en casa o no estoy haciendo nada. Si comienza algo parecido busco rápidamente un ruido que me ayude a paliar mejor esa ansiedad y angustia.
Me duele escribir esto, me duele en el alma...
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