Cuando leas esto:
¡Sonríe!
En algún lugar del mundo,
hay alguien que siempre está pensando en ti.
Me considero autor de esta frase porque no la encontré en ningún
libro, hasta ahora, pero quiero pensar que es mía. Tiene su bonita historia
hacía bastante tiempo.
Recuerdo que era el verano del año 2010, exactamente el 7 de
febrero; quién diría que ese año uno de mis escritores favoritos ganaría el
premio Nobel de Literatura. Junto a unos compañeros de clase fuimos a Lima en
avión, me llevaron a la fuerza, a regañadientes; en ese entonces no era el que
soy ahora, tenía vida, pero emocionalmente era un fantasma.
Es que estaba pasando por una depresión que me tenía,
literalmente, seco; la causa, algo personal, pero de dos. Era la primera vez
que viajaba en avión, mi ticket indicaba al lado de la ventana. Recuerdo que
apoyé mi cabeza sobre la ventana y miré afuera. Mi reflejo indicaba que estaba
muy golpeado psicológicamente.
Tomé un libro, mi único refugio; leer era estar bien conmigo
mismo, la única vía de salida, hasta ahora.
A media hora de vuelo, o quizás más, nunca he sido consciente del
paso del tiempo ni antes ni ahora, quiero pensar que es relativo, una aeromoza
me preguntó con una sonrisa en los labios (¿Gaseosa? Sí, gracias); me dio el
envase y siempre con una sonrisa dijo antes de irse: Joven, sonría.
Desde entonces creo en el poder de las palabras. Así surgió la
frase, que en el tiempo fue cambiando su estructura, pero sigue siendo la
misma: “sonríe, hay alguien que piensa en ti”. Me la repito varias veces cuando
siento que empiezo a tocar fondo; realmente no sé si alguien piensa en mí, pero
reconforta creer que así sucede.
¡Ah! Hace un tiempo se la dediqué a una persona especial, modificándola
un poco, un hecho que quizás carece de importancia, tal vez.

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