jueves, 30 de mayo de 2019

EN LAS VÍAS DE UN TREN:



Cuando llego a las vías de un tren, estas siempre me recuerdan a Anna Karenina, personaje central de la novela del mismo nombre, una trágica historia de amor entre el joven oficial Alekséi Vronski y la dama, cuyo final en la estación de ferrocarril todavía lo tengo en la memoria.

Yo la intenté leer en el invierno, cuando aún estaba en la secundaria, pero me aburrió. Ese entonces, pensaba que mi capacidad intelectual no me permitía procesar tanta información y lo dejé frustrado. Dos años más tarde cumplí mi objetivo y me encantó; leí el libro anonadado, estupefacto. Mi intención no es hacer una reseña, solo recordar el momento en que la leí.

El paso del tiempo fue determinante, pero las circunstancias vividas en lo posterior ayudaron mucho, maduraron al pequeño lector. Tal vez, leer un libro no es un logro significativo, para mí lo fue; hace poco la releí. El tiempo pasa, siempre pasa, y ayuda (siempre) no solo te hace madurar (obvio que sí lo hace), sino que también te da constancia para cumplir con lo que quieres (aunque sea terminar de leer un libro), al menos eso pasa en mí. Creo firmemente que soy un cúmulo de los libros que he leído, de lo poco que leo; cada libro tiene su historia conmigo.

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