Querido diario:
Viajando, hoy por la tarde, cuando miro por la
ventana del avión me pregunto: ¿Tengo amigos? La respuesta es sencilla: no tengo
amigos. Quiero
pensar que los tengo y los pocos que tengo están ocupados trabajando o estudiando,
uno siempre tiende a pensar en lo que le conviene. Estoy acostumbrado así, en
soledad, aunque no me hace bien, lo sé. Es rara esta sensación de querer estar
solo, pero en el fondo preguntarte ¿Por qué te haces tanto daño, pequeño?
No se me da bien encajar en grupos por mis características psicológicas
(falso, en realidad evito personas, o solo me acerco a los que se acercan a mí).
Si me preguntas por qué, no sé, tengo miedo; miedo de apegarme a las personas y acabo
haciendo eso mismo. Rarísimo. Soy raro de nacimiento, lo siento.
A menudo (muy a menudo diría yo) espero que todos hagan lo mismo
que hago yo por algunas personas, pero es verdad que todos somos diferentes. A veces
no espero nada de nadie, a veces espero todo, pero no puedes esperar que hagan por
ti lo que haces tú por ellos (una bonita frase de por ahí).
Esto no quiere decir que no sea feliz, lo que pasa es que soy
feliz a mi manera. Trato de no ser similar a otros aunque esa es mi tendencia,
un ir y venir del carajo, toda la vida (como en una novela de Gabriel García Márquez).
Si me preguntas qué es lo que espero de mi vida, te respondería
sin dudarlo: no quiero morir sin cumplir mis sueños y metas de adolescente, al
menos no ahora. Un poquito más, toda la vida. Cierro la ventana.
Hasta mañana.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario