DÍA 303:
**"Yo creo que tuve suerte de haberla conocido...
otra vez"**
Hola, me hago llamar Lapislázuli. Leer me hizo un ser solitario, sensible, triste, intenso y egoísta. Todo sucedió por desamor. Cuando tenía 15 años dejaron mi corazón hecho pedazos y como consecuencia de ello encontré en la literatura mi vía de escape de un mundo que detesto. Escribo desde los 15 en hojas de mis cuadernos vacíos. Creo en el amor, en su fuerza, y así como el dolor, es un motor que nos mueve. Este espacio es la recuperación de todos mis escritos y un lugar para conocerme mejor.
No creo que se lo haya contado a nadie porque no me gusta hablar de esto con ninguna otra persona más que solo yo. En realidad, es como un secreto para mí. Lo escribo aquí porque este lugar es mucho más privado que una red social, como las otras dos actividades que más me gustan hacer: escuchar música y leer. La tercera, es escribir.
Me gustaría tener una hija y que sea una nena linda. Obviamente no ahora, no estoy loco, un día lejano, en un momento, principalmente porque no estoy ni física ni emocionalmente preparado, ni mucho menos tengo una vida económicamente estable. Y por supuesto, tampoco tengo a alguien a quien contarle sobre esto, alguien con quien materializar ese deseo, alguien que comparta ese anhelo.
A eso también le llamo ser romántico. El romanticismo, como siempre lo he expresado, no solo tiene que ver con el amor, como muchos suelen pensar, es una parte, sí, pero es como el granito de arena de una montaña, nada. Mi sentido de romanticismo va un poco más lejos.
Hay muchas razones por las que tengo ese sueño, de que sea nena. Para empezar, diré que una mujer siempre le llena con un aura positiva a un determinado lugar. Le da vida a un espacio geográfico finito. Le da cierta esperanza, cierto matiz, le pone color a un ambiente.
Sin embargo, el que yo anhele que sea nena es porque me siento mucho más cercano a las mujeres. El mismo hecho de haber crecido rodeado de varias mujeres en mi vida, familia, es un indicador del porqué tengo ese sueño.
Detesto a los varones, quizás no debería generalizar, principalmente, porque tengo una buena relación con ellos, pero el llevarse bien no significa que comparta las ideas que tienen en referencia a las mujeres, o lo que piensen de ellas, o lo que hagan con ellas, es más, ese llevarse bien es más por cortesía, por caer bien, por estar bien con un entorno definido y socialmente caer bien y no ser grosero, por cortesía, hipocresía, como dije.
No quiero caer bien a todos, ese no es mi objetivo, siempre diré lo que pienso y eso está bien. Hay momentos en que no puedo ser hipócrita y tener cortesía, y me comporto como lo que soy: mostrar asco y repudio a gente que se cree que por tener un pene pueden hacer lo que quieran, y usen ese aparato para hacer daño a niñas que no tienen nada que ver en sus asuntos, a niñas inocentes. Hay mujeres y mujeres, algunas también me dan... uhmm... cierta repulsión, pero a las niñas no se les toca.
Por otro lado, me gustaría criar a una nena que sepa muy bien quién es y qué es lo que quiere para su vida, dándole todo, sin dar demasiado, lo que tengo como conocimientos adquiridos y haciéndole entender que ella es la mejor, y que no se sienta menos ante nadie, sobre todo este punto. Criarla no como fui criado, bajo estándares del pasado, sino evitar la violencia desde todo punto de vista (no es que en mi casa haya violencia, sino que ésta no conduce a nada bueno), pero que crezca bajo una estricta disciplina, temple, bondad, amor, y sobre todo respeto y constancia, algo que a mí me hace falta.
Hace tiempo, siempre pensaba solo en mí, era, algo así como 'todo yo', 'todo para mí', y por ende todo lo quería para mí. Una vez, el año 2013, cambié ese paradigma en el que me encontraba y desde ese entonces ya nada es para mí. Todo lo que hago, mis estudios, mis ganas de superación, mis metas, mis sueños, mi esfuerzo, mi vida, lo que aprendo, todo, es para esa personita que sé que algún día va a llegar, y también me estoy preparando para ese momento. Todo lo que hago es para lo que va a venir después. Veo el tiempo no en una perspectiva lineal, sino como un todo, de manera cíclica, como si el presente, pasado y futuro solo fueran uno, lo comprendo así, de esa manera.
En un post pasado mencioné que cometí y sigo cometiendo muchos errores, siempre esperando mucho de los demás, como si los demás pensaran lo mismo que yo pienso, eso es estúpido, y siempre preguntándome qué es lo que guardaba para el amor de mi vida; sin embargo, lo tengo muy en claro desde aquellos años. No es una fecha especial el 2013, es como otras tantas, sin importancia, sino que ahí fue que cambié mi manera de hacer las cosas, renuncié a aquello que quería para mí para que esa personita lo tuviera, reinicié mi vida. Es una locura, lo sé. No sé lo que vaya a pasar en el futuro, pero puedo decir que sé muy bien que tengo algo guardado dentro mío y quiero que solo esa personita lo tenga. Todo es para ella, todo hago por ella, absolutamente todo, aunque no exista y ni siquiera sea una realidad, ya nada es para mí...
#mi_primera_novela
Recuerdo esa vez, cómo olvidarlo. Yo estaba saliendo de la universidad y enviaste un mensaje diciéndome que me quedara. Te deseo. Justo donde salen los carros hacia el centro me encontraste. Estaba nerviosa, pero al parecer tú no lo estabas, luego me di cuenta que no era así. Controlas muy bien tus emociones, pero cuando se te desborda, eres muy evidente.
-Hola. -me dirás.
-Hola. ¿Cómo estás? -te sonreiré.
Ese entonces no era muy segura de mi misma. Tú me volviste fuerte. Aunque no me creas, cambiaste mucho en mí, eso te lo debo. Te debo tanto y no sé cómo pagarte ahora.
Al otro lado de la calle, hay un monumento en honor a las puyas de raimondi, son unas plantas enormes que crecen en forma recta. Se dice que tienen un centenar de flores. La que está allí es de cemento y fierro, mide como 10 metros de altura, es curioso que ningún estudiante sepa su historia, ya te lo contaré después, alrededor hay una especie de pileta, donde anteriormente circulaba el agua a chorros, era bonito, pero con el tiempo se fue malogrando.
No quisiste que nos sentáramos allí, yo tampoco lo quise, no quería que nos vieran, tenía miedo, asumo que era normal. Eran las 5 con 15 de la tarde. Hacía frío, el sol ya no iluminaba la calle, las bocinas de los autos, los estudiantes saliendo e ingresando atropelladamente hacia la universidad. El cielo estaba azul. Hay un momento en un mes cuando el sol y la luna se encuentran, por increíble que parezca, ese día sucedió eso. La luna aparecía, mientras el sol se despedía, el encuentro dura menos de un minuto, pero cuando lo presencias, nunca lo olvidas.
Te dije que caminemos en dirección oeste, siguiendo las rieles. Quería saberlo todo, quería saber si todo lo que me decías era verdad y no solo un sueño, quería sentir tu voz, quería tener la certeza que todo lo que me hacías vivir como en una novela fuera realidad. Eres lindo, inteligente, pero muy orgulloso.
Te preguntaré muchas cosas atropelladamente, cómo empezó, desde cuándo fue, qué era lo que viste en mí, quería saber qué es lo que un chico inteligente tenía que decirme, aparte de lo que ya me dijiste muchas veces. Esperaré atenta. Lo primero que confirmé es que no tenías mucha experiencia en esto.
Recuerdo que caminabas intentando no respirar mucho. ¿Sabes? Vale, no sabes controlar tu respiración cuando hablas, haces que te falte el aire, eso también sucedía cuando hablabas delante de las personas, yo también te observaba, aunque no me creas.
-¿Por qué? -continuaré. Yo mantendré el control de la situación. Tenía mucha curiosidad, nunca pensé que alguien como tú se fijara en mí, eso te lo dije muchas veces. Espero lo recuerdes siempre. Sé que lo recuerdas porque lo nuestro es eterno, estamos hechos el uno al otro, sé que no lo harás, aunque en tu vida encuentres a alguien más, como si pudieras hacerlo realmente. Estoy segura.
-Eres muy linda Jhos. -Concluirás con un suspiro. Ese momento eras mío. Cómo olvidarlo.
Me di cuenta que no habías preparado nada lindo, que solo improvisabas, y todo lo que me habías dicho ya, lo decías a tu manera. Estabas temblando. Tú, estabas temblando, ¿cómo era posible? Nunca me ha gustado este tipo de ceremonias, pero ese momento siempre lo guardaré en mi corazón. Pasó de todo, por eso.
Caminabas. Me decías que te mire, pero no podía hacerlo, si te miraba me delataría y no quería.
-Me gustas. Me gusta cuando bajas la cabeza y no sabes qué decir. -me dirás.
Es que era verdad, no sabía qué decirte. En mi mente pensaba en ti, pero tenía miedo, miedo a no sé qué. No era posible que alguien sintiera tanto por mí.
Luego me hablaste sobre lo que te gustaba hacer, mientras desandábamos todo lo que caminamos. Ya era de noche. Me preguntaste por qué es que miraba constantemente mi celular, y te dije que esperaba un mensaje. También me preguntaste sobre por qué miraba a todos lados. Te dije que no quería que nos vieran. Te expliqué la razón, ya habrá tiempo para contarte sobre ello.
Luego nos sentamos en los banquitos de cemento. La noche era larga. Me gustaba estar contigo, oírte, tenías miedo de acercarte a mí, y me preguntaba por qué si te había dado mucha confianza ya.
-Tengo las manos frías. -Suspiré.
-Guau... Están heladas.
Me cogiste las manos, las apachurraste. Pensé que querías comerme. Las tuyas, eran grandes y calientes e imaginé algo, y sonreí. No te diste cuenta, nunca te das cuenta de nada.
-No creo que pueda corresponder a lo que sientes. Al menos no ahora. No quisiera darte esperanzas. Me agradas, pero no sé, no estoy preparada para tenerte. No puedes querer a una persona de la noche a la mañana, así sin más, sin conocerla.
Te diré. Hubo un largo silencio hasta que me dijiste que no importaba, que lo intentarías, que si salía mal tu te hacías responsable de todo. Quise decirte cobarde, pero me contuve.
Recuerdo que hablamos de otras cosas. Cómo vas en tus cursos, terminarías la universidad y estudiarías una maestría, bien, qué harás después, no sé, a dónde irás, no sé. Me sentía especial porque me decías cosas que nunca le dijiste a nadie. Lo sé porque no eras mucho de hablar cosas personales con los demás. Te abriste a mí como nunca con nadie.
Te diré que ya tenía que irme. Sin notarlo habían pasado más de tres horas, eran las 8 y 30 de la noche. Incluso me olvidé de lo que tenía que hacer.
-Dame un abrazo. Solo te permitiré eso. -Te diré. En realidad hubiera querido que me besaras para saber si lo que tenía en mente era verdad. Nunca lo hiciste. Pasó mucho más que eso, luego, claro. No debías ser tan tímido conmigo, pero para qué decírtelo porque tampoco quería que avanzaras mucho. Lo que sucedió te lo recordaré después porque estoy convencida que no lo has olvidado, que lo recuerdas y que lo recordarás siempre.
Recuerdo ese abrazo, nunca lo olvidaré, sí. Nunca sucede con nadie más que con una sola persona. Sentí escalofríos, como si la corriente eléctrica recorriera todo mi cuerpo. Si no hubiera tenido control sobre mi, me habría derrumbado sobre tu cuerpo, dejado caer quiero decir.
Recuerdo. Tienes la espalda ancha, eres alto, me llevas unos 15 centímetros o menos, yo también soy alta, pa' que veas. Dejaré apoyar mi cabeza sobre tu hombro, fue la primera vez que sentí los pelos de tu barba sobre mi rostro, en verdad espinan mucho. Me dijiste que nunca te habías afeitado. Tenías olor a bebé. No podía perder el control, al menos no ahora. De mi parte, tus manos recorrieron mi espalda, me abrazaste fuerte, como si quisieras pegarte a mí. ¿Sabes qué piensan los hombres de las mujeres? Que nosotras no podemos desear. Ahí abajo sentí algo. Desgraciadamente, no directamente sobre mi cuerpo ya que mi cartera impedía un contacto cercano. No quería separarme de ti, no podía decírtelo. Mi mano descendió sin mi permiso.
Recuerdo tu voz muy cerca a mi oído, te amo, cada letra ingresó a mi cuerpo como si alguien me taladrara, bésame, recorrió todo mi interior, hazlo de una vez, y si hubiera podido gemir lo habría hecho, también me gustas, pero no estoy preparada para ti, lo siento.
Me gusta el francés desde que leí una frase de Sartre, me dirás. Me gusta su estructura, su forma y sobre todo su gramática, continuarás. Oh, sí, el idioma del amor. Siempre que puedes, también me hablabas de literatura: tu pasión. También me hablarás de tu música favorita en inglés y de que te gusta escribir. Me hablaste de París y de lo mucho que te gustaría ir allá. Pero aparte de la ciudad, también te referías a París en otro sentido que en ese entonces nunca entendí. París, para ti también era ese lugar al que te gustaría ir conmigo, no me lo dijiste explícitamente. Esa noche te seguí a París o hasta el más allá. No lo recuerdo bien, más bien, no quiero contártelo porque eso no se cuenta.
Que te gustaba mis labios de fresa, sí, ay, que te gustaba mi cabello, no, que te gustaría viajar a París, al país de Verne, ahhh. Que te gustaba decirme lo mucho que me querías, au, que yo era tu musa, ay, tu niña bonita, ay, a la que nunca diste un ramo de flores, ya-ya-ya, así-así-así, fuerte, no, para, pero diste mucho más que eso. Esa vez, lo recuerdo bien, yo también viajé a París, yaaa, sí, contigo.
#mi_primera_novela
**"Mientras se quiera, aunque no se pueda, todo es posible"**
Gorki Maquera.
Algún día voy a celebrar este día como si fuera el mío, como uno de esos momentos que realmente valen la pena. Sin embargo, he ido postergando esto cada vez, por lo que ya merece que le dé una fecha bien definida.
Por el momento marcaré en mi calendario: 13 de junio de 2021. Lo hago también para que facebook, instagram, whatsapp y este blog me lo recuerden, porque los recuerdos son siempre de Solitude (soledad en francés).
Un año a partir de ahora. Ya tengo nervios. Pasado ese tiempo quisiera decir: parecía imposible, pero lo conseguí. No tengo nada que perder. Quiero trascender, dejar huella. Quiero ser escritor.
#mi_primera_novela
-Te deseo. -Lo dijo mirándola a los ojos; su voz no era muy consistente. Temblaba-. Quisiera recorrer con mi boca cada centímetro de tu cuerpo, sentir el aroma de tu piel, escuchar tus gemidos, volverme loco con los pliegues de tus curvas.
Calló. Las últimas palabras solo fueron un susurro. Reinó el silencio. Era la cuarta vez que hablaban cara a cara. Solo la bocina de un taxi rompió el momento. La luna, en el oeste, brillaba en soledad. Los faroles de los postes no iluminaban toda esa avenida.
-Disculpa. -Continuó Levessy, con deseo, sus labios todavía estaban temblorosos-. Estoy excitado. Quizás tu sola presencia provoca todo. Pero en serio pienso en ese momento, los dos juntos, a solas, con una música de fondo. Lo siento.
Tanta sinceridad es abrumadora, todo el mundo lo sabe. Lo sabías tú, ¿cierto? Incluso aun cuando tú y yo no nos conocíamos tan bien. Pero, créeme, sinceridad no había. Siempre decías, tengo miedo. ¿Miedo a qué? ¿Miedo a sentir? ¿A enamorarte? Ahí no había sinceridad o ¿si?. Este mundo no nos pertenece. Lo sé. Pero podemos hacer que sea nuestro. Lo sé. Eres tan...
-Atrevido. -Jhosbenia también hablaba quedito. -Me siento acosada, no en un sentido malo. Que te sientas así por mí es agradable.
-Si te dijera que me tocaras, ¿lo harías? -Cortó Lev-. En realidad ya lo dije, ¿cierto?
-Sí, pero si lo haría, querrías avanzar más. -Repuso Jhos, con un tono provocador-. Yo también quiero... digo, imagino, bueno, no te voy a negar que a veces pienso en, no sé si en un momento juntos, pero más que todo en ti.
Ese momento será cuando nos demos un beso. No sentiremos nada porque habrá miedo en ambos, más en ti que en mí. Además, un beso no significa mucho, bueno tal vez sí. Vale, para ti si valdrá mucho, pero para mi solo será un beso o al menos eso creeré. Ay, Jhos, me dirás, porque luego, cuando nos besemos otra vez, te pondrás algo caliente, uhmm, sensible. Y lo sabré porque yo sentiré algo duro allí abajo cuando te apegues a mí. No te diré nada. Mas bien ese momento lo disfrutaré mucho, y tú no lo sabrás porque yo no te lo contaré. Generalmente no te das cuenta de nada. Ya te conozco más, para que sepas. Te conozco muy bien...
Tus labios estarán muy resecos, ni siquiera usaremos la lengua. Será un beso torpe, sin pasión porque te diré que no me gusta. Tanta sinceridad abruma. Nos parecemos demasiado, no sé quién primero lo dirá, pero será una verdad innegable. Me encantará esa semejanza. Es bonito, pensaré.
-Tócame. -Dijo Levessy-. Hazlo de una vez. Quiero sentir tu mano en todo mi cuerpo.
-No, no lo haré. -Lo detuvo provocadoramente Jhos-. Si lo hago, no podré detenerme. Además, este espacio no es un buen lugar.
Pero te tocaré. Iré lento, suave, porque tiempo siempre hay para todo. ¿Por qué apurarse si se puede disfrutar todo con más calma? Me acercaré a tu cuello, y me daré cuenta que mi respiración te pondrá mucho más sensible. El cuello es fuente de debilidad, pensaré, como si no lo supiera.
-¿Por qué no me besas? -Levessy había perdido el control.
-Porque no estoy apurada. -Jhos sonreía.
-Me vas a matar.
-No lo haré hoy.
Así será. Tendré todo el control de la situación. Estarás bajo mi dominio. Me encanta tenerte así, pensaré. Eso es todo lo que quiero ahora, me diré a mí misma. Lo que no sabrás en ese momento es que yo también te deseaba. Te lo diré mucho tiempo después, cuando ya tú y yo tengamos mucha más confianza, bueno, desde que nos conocimos ya la teníamos, eres adorable. Pasaremos muchas cosas, pero ya habrá tiempo para contártelo luego. Ahora solo pienso en ese día. Y ese día lo disfruté mucho, tengo que decirte.
-Si tu mano sigue descendiendo no sabré cómo voy a reaccionar. -Afirmó Levessy. Estaba sudoroso y ya demasiado excitado para negar que no lo estaba.
-Solo disfruta el momento. -Contestó Jhos.
-¿Qué crees que hago?
Sonreiré y justo en ese momento mi mano tocará ahí abajo. Te escucharé gemir y solo me dirás que siga. Intentarás que la meta al interior de tu ropa, pero la verdad es que no necesitaré un guía. Yo sabré lo que tendré que hacer. Quería hacerlo, pero sin recibir órdenes.
Y lentamente lo haré. La tendrás muy dura y mojada. No será tan grande como la imaginaba, pero será consistente. Cuando escribiré estas líneas me dará un ataque de risa, y te haré una llamada desde mi celular, ya que querré escucharte para serenarme. Y lo conseguiré, eres muy tierno, pero nunca lo escucharás de mi boca hasta que haya pasado tu cumpleaños, que será hasta dentro de cuatro meses.
#mi_primera_novela
Me encanta el fútbol, no jugarlo, más bien verlo. Siempre me pareció ridículo que 20 personas corrieran detrás de un balón y hubiera otras dos que impidan que la pelota ingrese a su arco.
Sin embargo, lo que me gusta del fútbol es lo que se vive afuera de ese rectángulo verde. La emoción de las personas cuando su equipo favorito sale al césped a buscar la victoria o salir derrotado.
El señor que mira atento cada jugada cada detalle. El joven que se agarra la cabeza cada vez que su equipo falla un gol. El niño que mira a sus ídolos porque de grande quiere ser como ellos. Y aquella chica, que tan igual que el hombre, disfruta de aquel espectáculo.
Ver a esos hombres y mujeres que se emocionan más que los que juegan es lo más bonito de este deporte que una gran mayoría lo practica.
Mi madre tenía un sueño para mí: quiero que seas futbolista para verte en la televisión. Es raro todo esto, ahora solo me gustaría ganar un premio Nóbel de Literatura.