jueves, 25 de junio de 2020

EXTRACTO NÚMERO TRECE:


#mi_primera_novela


Recuerdo esa vez, cómo olvidarlo. Yo estaba saliendo de la universidad y enviaste un mensaje diciéndome que me quedara. Te deseo. Justo donde salen los carros hacia el centro me encontraste. Estaba nerviosa, pero al parecer tú no lo estabas, luego me di cuenta que no era así. Controlas muy bien tus emociones, pero cuando se te desborda, eres muy evidente.


-Hola. -me dirás.


-Hola. ¿Cómo estás? -te sonreiré.


Ese entonces no era muy segura de mi misma. Tú me volviste fuerte. Aunque no me creas, cambiaste mucho en mí, eso te lo debo. Te debo tanto y no sé cómo pagarte ahora.


Al otro lado de la calle, hay un monumento en honor a las puyas de raimondi, son unas plantas enormes que crecen en forma recta. Se dice que tienen un centenar de flores. La que está allí es de cemento y fierro, mide como 10 metros de altura, es curioso que ningún estudiante sepa su historia, ya te lo contaré después, alrededor hay una especie de pileta, donde anteriormente circulaba el agua a chorros, era bonito, pero con el tiempo se fue malogrando.


No quisiste que nos sentáramos allí, yo tampoco lo quise, no quería que nos vieran, tenía miedo, asumo que era normal. Eran las 5 con 15 de la tarde. Hacía frío, el sol ya no iluminaba la calle, las bocinas de los autos, los estudiantes saliendo e ingresando atropelladamente hacia la universidad. El cielo estaba azul. Hay un momento en un mes cuando el sol y la luna se encuentran, por increíble que parezca, ese día sucedió eso. La luna aparecía, mientras el sol se despedía, el encuentro dura menos de un minuto, pero cuando lo presencias, nunca lo olvidas.


Te dije que caminemos en dirección oeste, siguiendo las rieles. Quería saberlo todo, quería saber si todo lo que me decías era verdad y no solo un sueño, quería sentir tu voz, quería tener la certeza que todo lo que me hacías vivir como en una novela fuera realidad. Eres lindo, inteligente, pero muy orgulloso.


Te preguntaré muchas cosas atropelladamente, cómo empezó, desde cuándo fue, qué era lo que viste en mí, quería saber qué es lo que un chico inteligente tenía que decirme, aparte de lo que ya me dijiste muchas veces. Esperaré atenta. Lo primero que confirmé es que no tenías mucha experiencia en esto.


Recuerdo que caminabas intentando no respirar mucho. ¿Sabes? Vale, no sabes controlar tu respiración cuando hablas, haces que te falte el aire, eso también sucedía cuando hablabas delante de las personas, yo también te observaba, aunque no me creas.


-¿Por qué? -continuaré. Yo mantendré el control de la situación. Tenía mucha curiosidad, nunca pensé que alguien como tú se fijara en mí, eso te lo dije muchas veces. Espero lo recuerdes siempre. Sé que lo recuerdas porque lo nuestro es eterno, estamos hechos el uno al otro, sé que no lo harás, aunque en tu vida encuentres a alguien más, como si pudieras hacerlo realmente. Estoy segura.


-Eres muy linda Jhos. -Concluirás con un suspiro. Ese momento eras mío. Cómo olvidarlo.


Me di cuenta que no habías preparado nada lindo, que solo improvisabas, y todo lo que me habías dicho ya, lo decías a tu manera. Estabas temblando. Tú, estabas temblando, ¿cómo era posible? Nunca me ha gustado este tipo de ceremonias, pero ese momento siempre lo guardaré en mi corazón. Pasó de todo, por eso.


Caminabas. Me decías que te mire, pero no podía hacerlo, si te miraba me delataría y no quería.


-Me gustas. Me gusta cuando bajas la cabeza y no sabes qué decir. -me dirás.


Es que era verdad, no sabía qué decirte. En mi mente pensaba en ti, pero tenía miedo, miedo a no sé qué. No era posible que alguien sintiera tanto por mí.


Luego me hablaste sobre lo que te gustaba hacer, mientras desandábamos todo lo que caminamos. Ya era de noche. Me preguntaste por qué es que miraba constantemente mi celular, y te dije que esperaba un mensaje. También me preguntaste sobre por qué miraba a todos lados. Te dije que no quería que nos vieran. Te expliqué la razón, ya habrá tiempo para contarte sobre ello.


Luego nos sentamos en los banquitos de cemento. La noche era larga. Me gustaba estar contigo, oírte, tenías miedo de acercarte a mí, y me preguntaba por qué si te había dado mucha confianza ya.


-Tengo las manos frías. -Suspiré.


-Guau... Están heladas.


Me cogiste las manos, las apachurraste. Pensé que querías comerme. Las tuyas, eran grandes y calientes e imaginé algo, y sonreí. No te diste cuenta, nunca te das cuenta de nada.


-No creo que pueda corresponder a lo que sientes. Al menos no ahora. No quisiera darte esperanzas. Me agradas, pero no sé, no estoy preparada para tenerte. No puedes querer a una persona de la noche a la mañana, así sin más, sin conocerla.


Te diré. Hubo un largo silencio hasta que me dijiste que no importaba, que lo intentarías, que si salía mal tu te hacías responsable de todo. Quise decirte cobarde, pero me contuve.


Recuerdo que hablamos de otras cosas. Cómo vas en tus cursos, terminarías la universidad y estudiarías una maestría, bien, qué harás después, no sé, a dónde irás, no sé. Me sentía especial porque me decías cosas que nunca le dijiste a nadie. Lo sé porque no eras mucho de hablar cosas personales con los demás. Te abriste a mí como nunca con nadie.


Te diré que ya tenía que irme. Sin notarlo habían pasado más de tres horas, eran las 8 y 30 de la noche. Incluso me olvidé de lo que tenía que hacer.


-Dame un abrazo. Solo te permitiré eso. -Te diré. En realidad hubiera querido que me besaras para saber si lo que tenía en mente era verdad. Nunca lo hiciste. Pasó mucho más que eso, luego, claro. No debías ser tan tímido conmigo, pero para qué decírtelo porque tampoco quería que avanzaras mucho. Lo que sucedió te lo recordaré después porque estoy convencida que no lo has olvidado, que lo recuerdas y que lo recordarás siempre.


Recuerdo ese abrazo, nunca lo olvidaré, sí. Nunca sucede con nadie más que con una sola persona. Sentí escalofríos, como si la corriente eléctrica recorriera todo mi cuerpo. Si no hubiera tenido control sobre mi, me habría derrumbado sobre tu cuerpo, dejado caer quiero decir.


Recuerdo. Tienes la espalda ancha, eres alto, me llevas unos 15 centímetros o menos, yo también soy alta, pa' que veas. Dejaré apoyar mi cabeza sobre tu hombro, fue la primera vez que sentí los pelos de tu barba sobre mi rostro, en verdad espinan mucho. Me dijiste que nunca te habías afeitado. Tenías olor a bebé. No podía perder el control, al menos no ahora. De mi parte, tus manos recorrieron mi espalda, me abrazaste fuerte, como si quisieras pegarte a mí. ¿Sabes qué piensan los hombres de las mujeres? Que nosotras no podemos desear. Ahí abajo sentí algo. Desgraciadamente, no directamente sobre mi cuerpo ya que mi cartera impedía un contacto cercano. No quería separarme de ti, no podía decírtelo. Mi mano descendió sin mi permiso.


Recuerdo tu voz muy cerca a mi oído, te amo, cada letra ingresó a mi cuerpo como si alguien me taladrara, bésame, recorrió todo mi interior, hazlo de una vez, y si hubiera podido gemir lo habría hecho, también me gustas, pero no estoy preparada para ti, lo siento.


Me gusta el francés desde que leí una frase de Sartre, me dirás. Me gusta su estructura, su forma y sobre todo su gramática, continuarás. Oh, sí, el idioma del amor. Siempre que puedes, también me hablabas de literatura: tu pasión. También me hablarás de tu música favorita en inglés y de que te gusta escribir. Me hablaste de París y de lo mucho que te gustaría ir allá. Pero aparte de la ciudad, también te referías a París en otro sentido que en ese entonces nunca entendí. París, para ti también era ese lugar al que te gustaría ir conmigo, no me lo dijiste explícitamente. Esa noche te seguí a París o hasta el más allá. No lo recuerdo bien, más bien, no quiero contártelo porque eso no se cuenta.


Que te gustaba mis labios de fresa, sí, ay, que te gustaba mi cabello, no, que te gustaría viajar a París, al país de Verne, ahhh. Que te gustaba decirme lo mucho que me querías, au, que yo era tu musa, ay, tu niña bonita, ay, a la que nunca diste un ramo de flores, ya-ya-ya, así-así-así, fuerte, no, para, pero diste mucho más que eso. Esa vez, lo recuerdo bien, yo también viajé a París, yaaa, sí, contigo.


#mi_primera_novela


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