sábado, 8 de agosto de 2020

EXTRACTO NÚMERO QUINCE:

#miprimeranovela


-Gracias.


-¿Por qué?


-Por existir.


La brisa proveniente del lago la hizo estremecer. Era un día caluroso. El mediodía siempre era una hora difícil, el sol golpea fuerte de manera vertical y mucho más en verano. Alguna que otra nube se dispersaba por el cielo azul añil.


El amor no dura para siempre y no creo que sea eterno, debe tener un tiempo de caducidad, una fecha de vencimiento. En los libros, bueno, en el cine siempre nos han mostrado que el amor tiene 'un final feliz' o un 'es para toda la vida'. Podría ser cierto, pero químicamente, este sentimiento que uno siente, desaparece al cabo de dos o tres años, no depende de la intensidad con que se vive, simplemente se acaba, se termina.


-No sé qué decirte. Es difícil para mí. Lo que siempre te he dicho, no estoy preparada para tenerte, nunca he cambiado eso, desde un inicio te lo dije, cuando hablamos por primera vez en la riel. Me caes bien, pero de seguro encontrarás a alguien que te quiera como tú quieres, o quizás en algún momento... Eres un chico bueno a quien le han pasado cosas malas.


-¿Sabes? En tan poco tiempo me conociste mejor que nadie. Eres increíble. -Arrastró las últimas palabras.


-No voy a cerrar nada, si quieres alejarte no te detendré. Tal vez algún día pase algo, pero ahora no. Estoy bien así. Tener pareja es mucha responsabilidad, te llena de muchos problemas. Yo no puedo con eso, soy muy celosa, y así sola estoy mejor, más tranquila.


El amor es un subidón efímero de dopamina, noradrenalina, prolactina, luluberina y oxitocina. Existe una pequeña molécula, la feniletilamina, la que provoca sensaciones de alegría, euforia, exaltación; lo que se ha probado es que al cabo de unos mil días estas hormonas dejan de estar activas, como si se dejara de producir. Ahí termina todo.


-Siempre me hablabas de elecciones, quererte fue mi elección.


-No quise hacerte daño, nunca fue mi intención. Por todo eso lo siento.


-No puedo odiarte ni mucho menos vengarme, no lo haría, simplemente no sé qué hacer. Siempre he sabido cómo reaccionar, pero esta vez no puedo. Es como si se habría creado un vacío aquí dentro y no sé por qué. -Ambos miraban el horizonte. A lo lejos una lanchita se acercaba.


No recuerdo el año, pero un equipo de investigadores de la Universidad de Pisa en Italia aseguraba que todas las parejas que completen dos años de relación donde haya manifestación de felicidad, dolor y tristeza, verán, porque es inevitable, que su pasión sexual comienza a enfriarse, apagarse, sin ninguna explicación ni solución, como si de repente el palito de fósforo ya se habría terminado de consumir por el fuego.


-¿Te puedo abrazar? -La miró a los ojos.


-Tú puedes hacer todo lo que tú quieras. -Respondió.


Hay abrazos que nunca se olvidan, promesas que nunca se cumplen, sueños que nunca se realizan, palabras que se las lleva el viento.


-Me siento bien cuando estoy contigo.


Su olor. En algún lugar del mundo, otros mencionan que el proceso de enamoramiento inicia cuando conoces a una persona que te gusta físicamente, todo ingresa por afuera.


-Creer que podía gustarte cuando sabía muy bien que físicamente no soy atractivo. Eso es autoegañarse y decirse que todo está bien y que a las personas no les importa el físico cuando en realidad no es así, nunca lo es. Todo el mundo mira lo exterior porque la belleza radica allí. Mírame a mí.


-¡Cállate! Lo único que generas diciendo eso es autocompasión y lástima. Existen personas a quienes no les importa eso. Tal vez son pocas, pero sí las hay. Siempre miras muy cerca de tu nariz cuando el mundo es inmenso.


Me gustaría mencionar a la antropóloga Helen Fisher porque ella explica que las parejas repiten un ciclo: enamoramiento, cariño, crianza de hijos y/o separación. Todo es cíclico en nuestras vidas: nacemos, crecemos y morimos, los meses tienen un inicio y un final, las estaciones, los años, todo. Cuando pasa cierto tiempo, como máximo tres años, las personas comienzan a buscar esa sensación de placer, a veces carnal, que se genera cuando inicia una relación. Esto sucede con personas que no saben lo que quieren, los que terminan cayendo en ese famoso círculo vicioso.


Cuando era adolescente leí que Cindy Hazan, de la Universidad de Cornell en Nueva York en los Estados Unidos de norteamérica, entrevistó y estudió las reacciones químicas sexuales de unas 5 mil personas de unas 37 culturas distintas. El estudio reveló que el amor sí tiene un tiempo de vida tan duradero como para que dos personas se conozcan, se enamoren, copulen y tengan un hijo.


-A mí también me gusta estar contigo.


-Es bonito cuando sucede esa coincidencia. -Pensó, aunque ella lo escuchó.


Los seres humanos están biológicamente programados para sentir pasión mutua intensa entre los 18 y 30 meses luego de haber iniciado una relación. Sin embargo, para muchos, el amor va mucho más allá de una simple reacción química. En los dos años la pasión crece día a día. Y eso con el paso de los años va en aumento.


-No quiero perderte.


-Yo tampoco.


-Solo te tengo a tí.


#miprimeranovela


martes, 4 de agosto de 2020

DE REPENTE:


De repente la vi,

con esos ojos,

con esa mirada,

con esa sonrisa.


De repente la vi diferente,

me hizo soñar,

pensar,

entristecer.


De repente me hizo reír,

me sentí feliz;

y todo desapareció;

aumentó el ánimo,

las ganas de vivir.


¿Cómo una persona mejora todo?

¿Cómo?


domingo, 2 de agosto de 2020

AMOR AL ORDEN, MIEDO AL CAMBIO:


Quise guardar este acto repetitivo para otro post porque hasta ahora no puedo controlarlo aunque su intensidad ha bajado demasiado. Solía tomar pastillas para calmar la angustia, la ansiedad y el miedo, pero me dejaba muy golpeado físicamente. El dolor por dentro es el que duele más, lo que hay afuera no es nada comparado a lo que hay dentro.


Todos los actos mencionados comenzaron por el año 2009, o dentro de ese lapso. No tengo una clara certeza, pero en su apogeo por el 2012 fue una tortura que mi cuerpo tuvo que soportar, aguantando en silencio hasta finales de 2013. Dos años que parecían no tener fin porque esos actos me bloqueaban a tal punto de tener miedo a las personas, convirtiéndome en un fantasma en vida. No hablaba con nadie.


Fue por esos días que llegó el amor propio lo que me ayudó a sobrellevarlo. Me autoflagelaba para convencerme que lo que hacía estaba mal. Olvidar cada acto era muy complicado porque me generaba angustia y miedo, pánico a que algo malo sucediera. Empecé a estudiar en profundidad este trastorno y mediante duros castigos psicológicos y físicos lo superé en cierta medida. De esos castigos hablaré en otro post.


INICIO:


Siempre me dicen, como si no lo supiera, que las cosas cambian en el tiempo, pero para mí es muy difícil entenderlo debido a este trastorno. No soporto que algo cambie, no porque yo no quiera, sino porque al haber un cambio me da angustia y ansiedad a tal punto que lo único que sé es que me dan ganas de llorar, me desespero, y la angustia me mata aunque no lo muestre.


Debe haber iniciado junto con los demás actos, en algún momento en el tiempo que no recuerdo, aunque intento regresar al pasado y no logro encontrar ese punto de inicio. Cuando caminas, evitas pisar las rayitas de las veredas; ese fue el inicio. Ese hecho provocó grandes convulsiones y obsesiones en mi vida.


Lo que sé es que en algún momento comencé a organizar mi cama y me gustaba hacerlo porque me hacía bien. Una vez me llamaron y querían un objeto que había en mi cuarto, les dije que entraran para sacarlo. Eso cambió todo, ese pequeño cambio lo destruyó todo.


Cuando regresé, mi cuarto no estaba como lo dejé. Me molesté porque lo relacioné con el mal día que tuve y allí surgió ese miedo al cambio ya que un pequeño cambio podía ocasionar un caos en mi vida.


Este trastorno lo tengo hasta ahora. Me es difícil dejarlo de lado porque intenté de todo para olvidarlo y no puedo. Una temporada asistí con un psicólogo, pero no funcionó. Lo que siempre he hecho es convencerme a mí mismo que está mal. Hacerlo produce dolor y no es bonito vivir así, pero esa es la única opción que tengo. Por eso no me quedo mucho tiempo en un lugar porque tiendo a apegarme y luego me es difícil soltar, ese trastorno genera eso.


LA CAMA, EL CUARTO:


Una vez que despertaba empezaba a ordenar mi cama. Esto aquí, eso otro allá y luego salía. Hasta allí parece muy normal porque todo el mundo lo hace.


Pero mi sentido de orden era muy obsesivo. Si un día había colocado una llave en una mesita, al día siguiente tenía que dejarlo en ese mismo lugar y en esa misma posición.


La almohada en esa posición, la pijama en esa otra y doblada tal y como lo había hecho el día anterior. Esa obsesión a tenerlo así, organizado metódicamente, generaba una convulsión ya que si no lo hacía no me sentía bien, lo que daba paso a la angustia.


También la obsesión aumentaba en intensidad, solo cuando me observan detenidamente se dan cuenta de lo que me sucede. Hay pocas personas que se dan cuenta que algo me pasa, o de mis cambios repentinos de humor.


LA MISMA ROPA:


Una vez alguien me preguntó que porque usaba la misma ropa todos los días. Mi respuesta era un no sé rotundo. Yo tampoco lo sabía hasta que me di cuenta.


Empezaba a salir con un tipo de ropa y al día siguiente quería seguir poniéndome esa misma ropa, una y otra vez, si no lo hacía aparecía en mi mente esa ansiedad, angustia, desesperación.


La ropa se ensucia y yo las lavaba en las noches para que al día siguiente se pueda usar nuevamente. Si no secaba me las ponía así mojadas o en su defecto no salía, me quedaba en casa esperando a que secara. Tenía pánico usar otro tipo de ropa.


Durante el apogeo del trastorno, esos dos años no cambié de ropa. Seguía esa rutina como si fuera una regla de oro que no dejaba de cumplir.


Cuando abandoné el uso de la misma ropa tuve que seguir un ritual extenso donde me decía que nada malo pasaría y que ya era tiempo de dejarlo. No se podía. Hasta ahora, muchas veces continúa esa obsesión, intento controlarla, pero muchas veces me gana la convulsión.


LOS LIBROS, LA MOCHILA:


Si alguien me quitara mi mochila encontraría de todo, nunca saco nada. Todo tiene un orden y muchas cosas están allí solamente por si acaso, pero más que todo por miedo, ya que si sacara algún objeto me daría una ansiedad imposible de controlar. No tendría ganas de hacer nada.


Por otro lado, antes, cuando me compraba un libro, solía tenerlo junto a mí o llevarlo a todos lados, sin importarme si se maltrataban. Cuando los leía a veces los rayaba o doblaba algunas hojas. A veces los prestaba y no importaba cómo me lo devolvían. Era hermoso ver que alguien hiciera un rayón porque para esa persona ese punto en el texto significaba mucho.


Luego se creó una idea en mi mente. Debía tenerlos bien organizados, no ensuciarlos, cuidarlos como si fueran algo muy valioso. Cuando me decían que se los prestara me negaba diciendo que no tenía ese ejemplar o solo negaba porque creía que ellos no me los cuidarían como yo los hacía. "Cuídalos, no los maltrates", era mi frase favorita. Algunos se molestaban por eso, yo no sabía qué decir.


En mi mesa los tenía muy organizados, dependiendo de mi humor. Ya sea de grande a pequeño, o de acuerdo a cómo llegaron. Una vez que estaban ordenados no los movía nunca. Cuando los cogía los debía de regresar a su mismo sitio, tal como lo ordené.


Hacer eso era muy difícil porque mi mente tenía que recordar cómo estaba ese libro. Cómo dije, si no lo ponía como lo había alzado no me sentía bien y pasaba a un estado grave de convulsión que muchas veces me paralizaba ya que prefería no coger ningún libro para que no surgiera esa angustia.


*******


Poco a poco he ido superándolo. La angustia ya no sé apodera de mí y eso es bueno. Siempre tengo miedo que todo esto se manifieste cuando estoy con alguien, por eso tiendo a alejarme de las personas para que no me conozcan porque no quiero que me juzguen por cómo soy.


jueves, 30 de julio de 2020

SIEMPRE HAY UNA MANERA PARA REDIMIRSE:


Regresas a Puno ciudad después de mucho tiempo. El malecón, las calles, la ciudad, todo sigue igual, menos tú...


Hace meses atrás te fuiste por dos motivos edificantes; lo primero por salud, lo segundo te lo guardas para ti, y tal vez haya una tercera, pero esa queda para otro post.


Ha cambiado todo por aquí, pero no ha cambiado nada. No te gustan los cambios porque no te hacen bien, ¿por qué?, de eso hablarás en el siguiente post.


Ya nada es lo mismo. Viajar es una especie de vía crucis, más que todo por el miedo, pero sigue siendo divertido. El paisaje te da calma, quietud, soledad. La vida no es nada sin un poco de riesgo, eso lo dicen todos, eso también lo dices tú.


El pasaje cuesta el doble. Subir a un carro, llevar mascarilla que cubre la boca y nariz, y para los ojos un protector de plástico que parece de película de ciencia ficción. Nunca imaginé vestir así, pero me deja un bonito recuerdo. Alguien te dijo una vez en estos meses, podrías escribir algo sobre la pandemia. Le respondiste que no querías porque todos lo iban a hacer, que ese no era tu estilo, quieres algo diferente, original, y sobre todo, que merezca un premio Nobel, tú y tus locuras.


Ya nadie habla, todo es silencio, hay bulla, pero no es como la de antes. Llegas y no sabes a dónde ir, todo es inseguro, no saludas a nadie y vas de frente a casa. Te desnudas, te duchas, te pones otra ropa, y escribes estas líneas. Al menos algo no cambió, sigues siendo el mismo, el mismo soñador de siempre. El malecón, las calles, la ciudad, todo sigue igual, también tú... Duermes.


domingo, 26 de julio de 2020

ME DUELE ESCRIBIR ESTO, ME DUELE EN EL ALMA:


Hoy, quise escribir un texto largo... Estoy aquí, eso es lo que importa, después de tanto caos de tanta rabia que no sé cómo sacarlo... Me duele escribir esto, me duele en el alma... La soledad mata, nunca te quedes solo durante mucho tiempo, eso es muy cruel para ti... Todo duele querido blog... ¿Por qué nunca llega alguien que sea un soporte para mí y yo para ella? ¿Por qué nunca llega alguien que se quede, que me sonría, que me diga bajito qué lindo eres y me haga olvidar de todo? ¿Por qué nunca sucede nada? ¿Por qué todo lo que pido nunca se cumple? ¿Por quė?


Lo que sé es que tengo a la literatura como refugio, aunque no es igual. Ya no quiero en mi vida a nadie porque sin quererlo o queriéndolo todos te hacen daño de una manera u otra. Me duele escribir esto, me duele en el alma, pero solo quiero una persona que me haga feliz sin pedírselo, y hacer lo mismo yo.


Me duele escribir esto, me duele en el alma porque siento que cada vez me estoy destruyendo solo por esperar mucho de las personas cuando sé muy bien que nadie piensa igual que yo ni creo que exista alguien que sea ese apoyo que tanto he buscado en estos años de vida... Me duele escribir esto, me duele en el alma...


*******


Tuve un buen tiempo Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Sin duda lo fue y es lo más cruel, duro y difícil por lo que pasé. No me considero un héroe de guerra o intento victimizarme. En estas líneas describiré el tormento que es vivir con esa enfermedad, y es probable, y está bien, que me tilden de loco, pero no le deseo a nadie por lo que pasé, ni siquiera a mi peor enemigo.


Hay muchas personas que padecen el trastorno, y sé bien por lo que viven día a día. Felizmente, tuve la suerte de salir airoso, aunque no niego que aún hay rezagos de ese mal, ya que no tiene cura, solo queda convencerse que lo que se hace está mal porque está mal.


En palabras simples y comunes, el TOC son actos repetitivos compulsivos que realiza una persona y para ellas es muy normal porque así se sienten bien, afecta las actividades diarias y generan mucha angustia. Es posible eliminar estos pensamientos, pero vuelven una y otra vez hasta que se convierten en rituales que la mente obliga a cumplir para no sentirse mal. En un inicio parece bonito, pero a medida que la convulsión avanza se convierte en irritante, tanto para el que lo tiene como para los que lo rodean.


Nada de lo que está contado aquí es falso, me pasó, y creo que aún sigo con esto, pero ha bajado en intensidad. Al año se presenta una sola vez, cuando la soledad y el estrés tocan mi puerta. La razón de no querer estar solo es eso justamente, la compañía siempre hace bien.


ACTO REPETITIVO NÚMERO UNO:

Regresar por el mismo lugar:


No recuerdo cuando empezó, solo una vez comencé a regresar por el mismo camino por el que iba hacia un lugar. Cuando iba a clases, tenía que volver por el mismo sitio. Si pasaba por el lado derecho de un poste o de una piedra o de algún objeto, debía regresar por ese mismo lugar.


Si no lo hacía se apoderaba de mí la angustia y la ansiedad, empezaba a sudar y a culparme por no recordar por dónde debía regresar. Era traumático quedarse un buen tiempo para tomar una decisión. Ese instante recordaba por dónde había pasado horas antes hasta que me convencía que lo había hecho por ese lugar, y una vez realizado ello, seguía mi camino con tranquilidad, como si hubiera hecho algo bueno, por lo que no me pasaría nada malo durante el regreso.


Lo malo era cuando no recordaba por dónde había ido hacia un lugar. Era decidir pasar por uno u otro lado de un poste o piedra. Esa decisión me hacía sudar, renegar, desesperar, incluso llorar. Ya sea cualquier elección el resultado era el mismo: en mi cabeza estaba la pregunta: ¿era correcto pasar por ese lado? Lo que generaba angustia, ansiedad y desesperación.


Hasta ahora tengo este problema, pero lo que cambió es que cuando estoy acompañado me es más fácil sortear los caminos y no siempre regresar por el mismo lugar. En un principio solía irme solo para no dar explicaciones de mis actos. Es que cómo decirle a alguien que tenía que regresar por el lugar por el que anduve porque si no lo hacía me iba a sentir mal y luego iba a estar lleno de angustia, me tildarían de loco, pero en algún momento dejé de sentirme así. Incluso ya no me preocupo por dónde voy, simplemente me dejo llevar, a ratos aparece la angustia, y no le digo nada al otro. El problema es cuando estoy solo, pero he logrado sobrellevarlo. Digamos que durante un mes se presenta solo una vez y eso es bueno. 


ACTO REPETITIVO NÚMERO DOS:

Lavarse las manos:


Está es la más común en casi todos los que presentan TOC. Es normal lavarse las manos, ya sea cuando regresas del baño o después de desayunar o antes de dormir; es normal cuando las manos están realmente sucias. Lo preocupante es cuando lo haces para sentirte bien, para relajarte, para no estar angustiado, ansioso o culpable porque tu mente siente o cree que tus manos tienen gérmenes.


Solo sabía que debía lavarme las manos para sentirme bien. Tocaba cualquier objeto, cualquiera, desde una moneda hasta mi propia ropa y luego me lavaba las manos. Esa sensación de sentir sucia las manos era horrible. Debo haberme lavado las manos unas 300 veces durante un día, usando agua y jabón, en el apogeo de esta obsesión compulsiva.


Lo que pasaba por mi mente era una sensación de vacío, de insatisfacción, de ansiedad porque si no lo hacía solo estaba pensando en mis manos, lo que no me dejaba vivir una vida normal porque sentía desazón conmigo mismo, y una vez que me las lavaba sentía una paz interior. Incluso no me gustaba saludar a las personas, darles la mano quiero decir; muchos se molestaban por esto, pero para mí era normal no estrechar manos ajenas porque así me sentía bien.


Me di cuenta que era ridículo lo que hacía ya que sabía que los demás no lo hacían. Solo tuve que convencerme a mí mismo, por lo que pasé por varios momentos realmente tormentosos en mi vida. Siempre intentaba dejarlo, pero no podía vivir tranquilo. Era un tormento creado solo por mi mente.


Sin embargo pude paliar esto con una solución que también se volvió un acto repetitivo y necesario para mi: cubrir las manos con la manga de mi chompa y coger objetos de esa manera.


ACTO REPETITIVO NÚMERO TRES:

No ser tocado ni tocar:


Esta vino como consecuencia de la anterior. Para no lavarme las manos surgió una idea: usar las mangas de mi ropa para no ensuciarme las manos. Funcionó, pero ocasionó otros problemas: no quería que las personas me tocaran a mí en cualquier lugar del cuerpo, con ropa o sin ella.


Al usar las mangas hizo que la ropa empezara a desgastarse por ese lugar, siempre tenía mangas perforadas, nunca nadie me preguntó el por qué. Era la solución más que confortable ya que no tenía que lavarme las manos porque así las conservaba limpias. Obviamente me lavaba, como unas 10 veces al día y lo sigo haciendo.


Recuerdo que cuando iba a la universidad o a clases siempre me preguntaban que por qué cogía las cosas con mis mangas, yo solo atinaba a sonreír porque si les explicaba no me creerían.


Luego, en un momento dado me di cuenta que no quería que las personas me tocaran, si lo hacía sentía culpa y no sabía por qué. Fue ese momento en que surgió ese otro mal. Ya sea caminando en la calle, en el mercado, en la universidad, me alejaba de las personas para que no me chocaran. Llegó un punto en que evitaba lugares con bastante aglomeración ya que si alguien me rozaba, mi humor y mis ganas de hacer algo desaparecían y solo quería regresar a casa para lavarme las manos.


Nunca entendí porque sucedía. Lo que sé es que ahora eso ya no pasa. No voy a negar que a veces surge ese sentimiento de culpa, pero ya no es tan incesante. Aunque siempre evito que alguien me toque o roce, eso es lo que quedó de ese acto. Los que pueden tocarme son personas a quienes considero mucho y han pasado por lo que yo llamo mi burbuja de distancia.


ACTO REPETITIVO NÚMERO CUATRO:

Llamar a mi alma:


Tal vez esta fue la más difícil y dura por la que he pasado. Todo comenzó con la idea de que los objetos tenían alma, y obviamente yo también. He llegado a pensar que esto rompe la línea del TOC y se encuentra en la orilla de la esquizofrenia. Salí de esto gracias a que me di cuenta que todo era una locura porque nadie más lo hacía, a partir de allí comenzó un nuevo inicio. Duró más de cuatro o cinco años, y como dije líneas arriba, no se lo deseo a nadie, ni siquiera a mi peor enemigo.


Tampoco hay un inicio, solo sucedió. Cuando de repente sentía que mi alma se quedaba en los objetos y para que eso no sucediera tenía que 'llamar a mi alma' para que no se quedara en dicho objeto. ¿Cómo es esto? Cuando agarraba cualquier objeto con mis manos creía que yo me quedaría allí y por eso aplicaba eso de llamar.


Decía: "ven Gorki, sal de ese objeto". Si no lo hacía me daba un ataque de pánico, miedo, ansiedad, depresión, por lo que tenía que cumplir ese procedimiento.


Eso fue en un inicio, durante el primer año. Luego comenzó lo más duro ya que mi mente pensaba que ese llamado no era suficiente por lo que inventó otra repetición: cumplir siete veces una llamada. Eso de que el número siete era perfecto. Con eso se complicó mucho más.


Para no tener esa crisis mi cabeza inventó una manera de frenarlo: no tocar objetos con mis manos, sino con las manos cubiertas con mi ropa. Eso impedía a que yo llamara a mi alma porque mis manos no tocaban los objetos en forma directa.


Hasta ahí todo estaría bien, pero las repeticiones continuaron siendo más fuertes. El hecho de que esa alma se quedara en objetos pasó a un plano mucho mayor ya que mi mente inventó otro problema: que mi alma se quedaba en cualquier lugar sin tocarlo. Es decir, que salía a la calle y al regresar a casa tenía que hacer ese llamado. Hubo un buen tiempo en que mi mente me impedía salir hacia cualquier lugar y me quedaba encerrado en casa.


El simple hecho de moverse al baño ya implicaba un sufrimiento atroz. Me decían vamos a un lugar y no podía porque si lo hacía implicaba un dolor dentro de mí, un dolor que me carcomía las entrañas, pero cómo explicarlo, cómo decirle a alguien me pasa esto y no sé por qué. Si les decía me habrían tachado de loco.


Todo sucedía en mi mente, y como dije todavía hay rezagos de ese mal dentro de mí, pero ahora no es muy fuerte y eso está bien. Llevo una vida normal. El problema aparece cuando estoy solo en casa o no estoy haciendo nada. Si comienza algo parecido busco rápidamente un ruido que me ayude a paliar mejor esa ansiedad y angustia.


Me duele escribir esto, me duele en el alma...


jueves, 23 de julio de 2020

SOLEDAD:


Recuerdo una línea medio trillada: te das cuenta solo cuando te pasa a ti. Vaya que sí, es una verdad. No creía en eso de la pandemia hasta que me pasó.


Suena mi celular un 29 de abril de 2020. "Bro, la hermana dio positivo a Covid, ¿vamos a Arequipa?". Eso de tener contactos es muy bueno. Fue así como el sábado 2 de mayo salí raudo y perezoso rumbo a Arequipa, y vi a mi hermana, tranquila, serena, felizmente era un caso asintomático de la enfermedad. No quise acercarme, todos tenemos miedo, yo le tengo más. Dejamos algunas cosas y nos regresamos a Puno un día después.


No lo niego, hacer todo ello fue muy peligroso, ¿qué no haría por las personas que quiero?, pero fue muy bueno para mí. Recién ahora soy muy consciente que la enfermedad existe, y por la que escogí primero mi salud antes que cualquier otra cosa.


Me gustaría morir, no le tengo miedo a la muerte, pero no ahora, es más, cada día le pido a no sé quién para que no me suceda nada malo porque no quiero morir sin antes haber dejado huella, sido feliz y trascender, nada me importa más que todo ello.


domingo, 19 de julio de 2020

¿IGUALISMO?:


Espero no caer en un machismo barato, solo quisiera mostrar en pocas líneas lo que he visto en algunas organizaciones que pregonan la igualdad entre hombres y mujeres cuando son ellas mismas las que caen en la desigualdad.


El gran dilema del feminismo es que muchas se creen superiores a los varones, incluso a las mismas mujeres, y pregonan la igualdad como si ellas mismas la practicaran.


Más allá de solo hablar de feminismo y machismo, sería conveniente exigir un igualismo, donde las oportunidades sean iguales para hombres y mujeres, y no caer en exageraciones ridículas que no tienen nada que ver con el feminismo.