jueves, 30 de julio de 2020

SIEMPRE HAY UNA MANERA PARA REDIMIRSE:


Regresas a Puno ciudad después de mucho tiempo. El malecón, las calles, la ciudad, todo sigue igual, menos tú...


Hace meses atrás te fuiste por dos motivos edificantes; lo primero por salud, lo segundo te lo guardas para ti, y tal vez haya una tercera, pero esa queda para otro post.


Ha cambiado todo por aquí, pero no ha cambiado nada. No te gustan los cambios porque no te hacen bien, ¿por qué?, de eso hablarás en el siguiente post.


Ya nada es lo mismo. Viajar es una especie de vía crucis, más que todo por el miedo, pero sigue siendo divertido. El paisaje te da calma, quietud, soledad. La vida no es nada sin un poco de riesgo, eso lo dicen todos, eso también lo dices tú.


El pasaje cuesta el doble. Subir a un carro, llevar mascarilla que cubre la boca y nariz, y para los ojos un protector de plástico que parece de película de ciencia ficción. Nunca imaginé vestir así, pero me deja un bonito recuerdo. Alguien te dijo una vez en estos meses, podrías escribir algo sobre la pandemia. Le respondiste que no querías porque todos lo iban a hacer, que ese no era tu estilo, quieres algo diferente, original, y sobre todo, que merezca un premio Nobel, tú y tus locuras.


Ya nadie habla, todo es silencio, hay bulla, pero no es como la de antes. Llegas y no sabes a dónde ir, todo es inseguro, no saludas a nadie y vas de frente a casa. Te desnudas, te duchas, te pones otra ropa, y escribes estas líneas. Al menos algo no cambió, sigues siendo el mismo, el mismo soñador de siempre. El malecón, las calles, la ciudad, todo sigue igual, también tú... Duermes.


domingo, 26 de julio de 2020

ME DUELE ESCRIBIR ESTO, ME DUELE EN EL ALMA:


Hoy, quise escribir un texto largo... Estoy aquí, eso es lo que importa, después de tanto caos de tanta rabia que no sé cómo sacarlo... Me duele escribir esto, me duele en el alma... La soledad mata, nunca te quedes solo durante mucho tiempo, eso es muy cruel para ti... Todo duele querido blog... ¿Por qué nunca llega alguien que sea un soporte para mí y yo para ella? ¿Por qué nunca llega alguien que se quede, que me sonría, que me diga bajito qué lindo eres y me haga olvidar de todo? ¿Por qué nunca sucede nada? ¿Por qué todo lo que pido nunca se cumple? ¿Por quė?


Lo que sé es que tengo a la literatura como refugio, aunque no es igual. Ya no quiero en mi vida a nadie porque sin quererlo o queriéndolo todos te hacen daño de una manera u otra. Me duele escribir esto, me duele en el alma, pero solo quiero una persona que me haga feliz sin pedírselo, y hacer lo mismo yo.


Me duele escribir esto, me duele en el alma porque siento que cada vez me estoy destruyendo solo por esperar mucho de las personas cuando sé muy bien que nadie piensa igual que yo ni creo que exista alguien que sea ese apoyo que tanto he buscado en estos años de vida... Me duele escribir esto, me duele en el alma...


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Tuve un buen tiempo Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Sin duda lo fue y es lo más cruel, duro y difícil por lo que pasé. No me considero un héroe de guerra o intento victimizarme. En estas líneas describiré el tormento que es vivir con esa enfermedad, y es probable, y está bien, que me tilden de loco, pero no le deseo a nadie por lo que pasé, ni siquiera a mi peor enemigo.


Hay muchas personas que padecen el trastorno, y sé bien por lo que viven día a día. Felizmente, tuve la suerte de salir airoso, aunque no niego que aún hay rezagos de ese mal, ya que no tiene cura, solo queda convencerse que lo que se hace está mal porque está mal.


En palabras simples y comunes, el TOC son actos repetitivos compulsivos que realiza una persona y para ellas es muy normal porque así se sienten bien, afecta las actividades diarias y generan mucha angustia. Es posible eliminar estos pensamientos, pero vuelven una y otra vez hasta que se convierten en rituales que la mente obliga a cumplir para no sentirse mal. En un inicio parece bonito, pero a medida que la convulsión avanza se convierte en irritante, tanto para el que lo tiene como para los que lo rodean.


Nada de lo que está contado aquí es falso, me pasó, y creo que aún sigo con esto, pero ha bajado en intensidad. Al año se presenta una sola vez, cuando la soledad y el estrés tocan mi puerta. La razón de no querer estar solo es eso justamente, la compañía siempre hace bien.


ACTO REPETITIVO NÚMERO UNO:

Regresar por el mismo lugar:


No recuerdo cuando empezó, solo una vez comencé a regresar por el mismo camino por el que iba hacia un lugar. Cuando iba a clases, tenía que volver por el mismo sitio. Si pasaba por el lado derecho de un poste o de una piedra o de algún objeto, debía regresar por ese mismo lugar.


Si no lo hacía se apoderaba de mí la angustia y la ansiedad, empezaba a sudar y a culparme por no recordar por dónde debía regresar. Era traumático quedarse un buen tiempo para tomar una decisión. Ese instante recordaba por dónde había pasado horas antes hasta que me convencía que lo había hecho por ese lugar, y una vez realizado ello, seguía mi camino con tranquilidad, como si hubiera hecho algo bueno, por lo que no me pasaría nada malo durante el regreso.


Lo malo era cuando no recordaba por dónde había ido hacia un lugar. Era decidir pasar por uno u otro lado de un poste o piedra. Esa decisión me hacía sudar, renegar, desesperar, incluso llorar. Ya sea cualquier elección el resultado era el mismo: en mi cabeza estaba la pregunta: ¿era correcto pasar por ese lado? Lo que generaba angustia, ansiedad y desesperación.


Hasta ahora tengo este problema, pero lo que cambió es que cuando estoy acompañado me es más fácil sortear los caminos y no siempre regresar por el mismo lugar. En un principio solía irme solo para no dar explicaciones de mis actos. Es que cómo decirle a alguien que tenía que regresar por el lugar por el que anduve porque si no lo hacía me iba a sentir mal y luego iba a estar lleno de angustia, me tildarían de loco, pero en algún momento dejé de sentirme así. Incluso ya no me preocupo por dónde voy, simplemente me dejo llevar, a ratos aparece la angustia, y no le digo nada al otro. El problema es cuando estoy solo, pero he logrado sobrellevarlo. Digamos que durante un mes se presenta solo una vez y eso es bueno. 


ACTO REPETITIVO NÚMERO DOS:

Lavarse las manos:


Está es la más común en casi todos los que presentan TOC. Es normal lavarse las manos, ya sea cuando regresas del baño o después de desayunar o antes de dormir; es normal cuando las manos están realmente sucias. Lo preocupante es cuando lo haces para sentirte bien, para relajarte, para no estar angustiado, ansioso o culpable porque tu mente siente o cree que tus manos tienen gérmenes.


Solo sabía que debía lavarme las manos para sentirme bien. Tocaba cualquier objeto, cualquiera, desde una moneda hasta mi propia ropa y luego me lavaba las manos. Esa sensación de sentir sucia las manos era horrible. Debo haberme lavado las manos unas 300 veces durante un día, usando agua y jabón, en el apogeo de esta obsesión compulsiva.


Lo que pasaba por mi mente era una sensación de vacío, de insatisfacción, de ansiedad porque si no lo hacía solo estaba pensando en mis manos, lo que no me dejaba vivir una vida normal porque sentía desazón conmigo mismo, y una vez que me las lavaba sentía una paz interior. Incluso no me gustaba saludar a las personas, darles la mano quiero decir; muchos se molestaban por esto, pero para mí era normal no estrechar manos ajenas porque así me sentía bien.


Me di cuenta que era ridículo lo que hacía ya que sabía que los demás no lo hacían. Solo tuve que convencerme a mí mismo, por lo que pasé por varios momentos realmente tormentosos en mi vida. Siempre intentaba dejarlo, pero no podía vivir tranquilo. Era un tormento creado solo por mi mente.


Sin embargo pude paliar esto con una solución que también se volvió un acto repetitivo y necesario para mi: cubrir las manos con la manga de mi chompa y coger objetos de esa manera.


ACTO REPETITIVO NÚMERO TRES:

No ser tocado ni tocar:


Esta vino como consecuencia de la anterior. Para no lavarme las manos surgió una idea: usar las mangas de mi ropa para no ensuciarme las manos. Funcionó, pero ocasionó otros problemas: no quería que las personas me tocaran a mí en cualquier lugar del cuerpo, con ropa o sin ella.


Al usar las mangas hizo que la ropa empezara a desgastarse por ese lugar, siempre tenía mangas perforadas, nunca nadie me preguntó el por qué. Era la solución más que confortable ya que no tenía que lavarme las manos porque así las conservaba limpias. Obviamente me lavaba, como unas 10 veces al día y lo sigo haciendo.


Recuerdo que cuando iba a la universidad o a clases siempre me preguntaban que por qué cogía las cosas con mis mangas, yo solo atinaba a sonreír porque si les explicaba no me creerían.


Luego, en un momento dado me di cuenta que no quería que las personas me tocaran, si lo hacía sentía culpa y no sabía por qué. Fue ese momento en que surgió ese otro mal. Ya sea caminando en la calle, en el mercado, en la universidad, me alejaba de las personas para que no me chocaran. Llegó un punto en que evitaba lugares con bastante aglomeración ya que si alguien me rozaba, mi humor y mis ganas de hacer algo desaparecían y solo quería regresar a casa para lavarme las manos.


Nunca entendí porque sucedía. Lo que sé es que ahora eso ya no pasa. No voy a negar que a veces surge ese sentimiento de culpa, pero ya no es tan incesante. Aunque siempre evito que alguien me toque o roce, eso es lo que quedó de ese acto. Los que pueden tocarme son personas a quienes considero mucho y han pasado por lo que yo llamo mi burbuja de distancia.


ACTO REPETITIVO NÚMERO CUATRO:

Llamar a mi alma:


Tal vez esta fue la más difícil y dura por la que he pasado. Todo comenzó con la idea de que los objetos tenían alma, y obviamente yo también. He llegado a pensar que esto rompe la línea del TOC y se encuentra en la orilla de la esquizofrenia. Salí de esto gracias a que me di cuenta que todo era una locura porque nadie más lo hacía, a partir de allí comenzó un nuevo inicio. Duró más de cuatro o cinco años, y como dije líneas arriba, no se lo deseo a nadie, ni siquiera a mi peor enemigo.


Tampoco hay un inicio, solo sucedió. Cuando de repente sentía que mi alma se quedaba en los objetos y para que eso no sucediera tenía que 'llamar a mi alma' para que no se quedara en dicho objeto. ¿Cómo es esto? Cuando agarraba cualquier objeto con mis manos creía que yo me quedaría allí y por eso aplicaba eso de llamar.


Decía: "ven Gorki, sal de ese objeto". Si no lo hacía me daba un ataque de pánico, miedo, ansiedad, depresión, por lo que tenía que cumplir ese procedimiento.


Eso fue en un inicio, durante el primer año. Luego comenzó lo más duro ya que mi mente pensaba que ese llamado no era suficiente por lo que inventó otra repetición: cumplir siete veces una llamada. Eso de que el número siete era perfecto. Con eso se complicó mucho más.


Para no tener esa crisis mi cabeza inventó una manera de frenarlo: no tocar objetos con mis manos, sino con las manos cubiertas con mi ropa. Eso impedía a que yo llamara a mi alma porque mis manos no tocaban los objetos en forma directa.


Hasta ahí todo estaría bien, pero las repeticiones continuaron siendo más fuertes. El hecho de que esa alma se quedara en objetos pasó a un plano mucho mayor ya que mi mente inventó otro problema: que mi alma se quedaba en cualquier lugar sin tocarlo. Es decir, que salía a la calle y al regresar a casa tenía que hacer ese llamado. Hubo un buen tiempo en que mi mente me impedía salir hacia cualquier lugar y me quedaba encerrado en casa.


El simple hecho de moverse al baño ya implicaba un sufrimiento atroz. Me decían vamos a un lugar y no podía porque si lo hacía implicaba un dolor dentro de mí, un dolor que me carcomía las entrañas, pero cómo explicarlo, cómo decirle a alguien me pasa esto y no sé por qué. Si les decía me habrían tachado de loco.


Todo sucedía en mi mente, y como dije todavía hay rezagos de ese mal dentro de mí, pero ahora no es muy fuerte y eso está bien. Llevo una vida normal. El problema aparece cuando estoy solo en casa o no estoy haciendo nada. Si comienza algo parecido busco rápidamente un ruido que me ayude a paliar mejor esa ansiedad y angustia.


Me duele escribir esto, me duele en el alma...


jueves, 23 de julio de 2020

SOLEDAD:


Recuerdo una línea medio trillada: te das cuenta solo cuando te pasa a ti. Vaya que sí, es una verdad. No creía en eso de la pandemia hasta que me pasó.


Suena mi celular un 29 de abril de 2020. "Bro, la hermana dio positivo a Covid, ¿vamos a Arequipa?". Eso de tener contactos es muy bueno. Fue así como el sábado 2 de mayo salí raudo y perezoso rumbo a Arequipa, y vi a mi hermana, tranquila, serena, felizmente era un caso asintomático de la enfermedad. No quise acercarme, todos tenemos miedo, yo le tengo más. Dejamos algunas cosas y nos regresamos a Puno un día después.


No lo niego, hacer todo ello fue muy peligroso, ¿qué no haría por las personas que quiero?, pero fue muy bueno para mí. Recién ahora soy muy consciente que la enfermedad existe, y por la que escogí primero mi salud antes que cualquier otra cosa.


Me gustaría morir, no le tengo miedo a la muerte, pero no ahora, es más, cada día le pido a no sé quién para que no me suceda nada malo porque no quiero morir sin antes haber dejado huella, sido feliz y trascender, nada me importa más que todo ello.


domingo, 19 de julio de 2020

¿IGUALISMO?:


Espero no caer en un machismo barato, solo quisiera mostrar en pocas líneas lo que he visto en algunas organizaciones que pregonan la igualdad entre hombres y mujeres cuando son ellas mismas las que caen en la desigualdad.


El gran dilema del feminismo es que muchas se creen superiores a los varones, incluso a las mismas mujeres, y pregonan la igualdad como si ellas mismas la practicaran.


Más allá de solo hablar de feminismo y machismo, sería conveniente exigir un igualismo, donde las oportunidades sean iguales para hombres y mujeres, y no caer en exageraciones ridículas que no tienen nada que ver con el feminismo.


lunes, 13 de julio de 2020

EXTRACTO NÚMERO CATORCE:


#Mi_Primera_Novela


-Siempre...


Siempre. Siempre proviene de una palabra latina 'semper', que bien podría ser eterno, pero no es un adjetivo, sino más bien es un adverbio de tiempo de la categoría invariable que significa siempre, en español podría querer decir 'de una vez por todas, siempre, cada vez'.


-No creo que puedas cumplirlo. -Dijo ella.


-Solo el tiempo lo dirá. -Repuso él.


Para muchos un siempre dura menos que un suspiro, para otros dura más, por lo que no representa una totalidad, sino es relativo y depende sobre todo de cuánta voluntad tiene el que lo dice o afirma y de su capacidad para llevarlo a cabo.


Uno puede querer 'que algo se dé siempre por y para otro', pero puede que no haya los medios o algo se lo impida. Puede que 'siempre se haga algo', hasta que no sea irrelevante o sea desfavorable en un momento cuando se afirmó algo.


-Intentaré de todo. Es poco probable que consiga algo, pero al menos lo intentaré. -Repuso él.


-Haz lo que quieras. -Sonrió ella, desafiante.


-Si, pero no lo que tu quieres. -Agregó él.


'Semper' está compuesto por la raíz 'sem-' que expresa unidad (total) y por una partícula enclítica '-per' que es un formador de adverbios latinos como parumper, paulisper. Sin embargo, el '-per' de 'semper' no es el prefijo 'per-' ni la preposición 'per'.


-Siempre, lo prometo. Siempre estaré allí. A veces siento que alguna vez alguien te lo dijo y no lo cumplió. ¿Sabes?, las personas somos diferentes. No te digo que confíes en mí, solo que lo intentes. No me crees, ¿cierto?


-No te creo nada.


Nacemos, crecemos, morimos; es como una ley. Todo es cíclico, todo regresa al lugar donde debe estar, tarde o temprano, todo lo que va hacia arriba tiende a bajar, sí. La vida no es eterna, nada dura para siempre, excepto todo aquello por lo que luchamos. Una y otra vez. A esto se puede añadir, 'siempre' no es eterno, nosotros no duramos toda una vida (¿tal vez si?), por lo que 'siempre' puede ser todo el tiempo que lo queramos conservar, puede ser eterno, o no pasar más que de un suspiro.


-Solo dependerá de ti, no de mí.


-No lo entiendes, nunca es nunca.


-Lo sé, eso está bien.


Luego tenemos el 'siempre' condicional, 'siempre que hagas algo', 'lo haré siempre pero dame algo a cambio', ya hay una duración, un tiempo. Dentro de esto también se tiene el 'siempre' incondicional, y un bonito ejemplo se puede encontrar en "Harry Potter and The Deathly Hallows", capítulo 33: El Cuento del Príncipe; ese diálogo lo resume todo: '¿Después de todo este tiempo? Siempre'.


-Es que eso no es amor. Mira lo azul del lago, cómo el agua refleja la luz del sol. El amor es así, debe reflejarse. Das 'algo' de un valor para recibir 'algo', no tiene que ser del mismo valor, solo tiene que reflejarse...


Se puede agregar, si algo es relativo, también podría ser algo constante. Sin embargo, si nada dura para siempre, 'siempre' no existiría como tal porque no sería una constante y no ser una totalidad, sino algo fugaz.


-Y ¿por qué no te alejas? Sabes que no correspondo a lo que sientes, pero sigues aquí, conmigo. ¿Acaso no te lo he explicado de todas las maneras?


-No sé. No es fácil...


Hay muchos que parecieran hacerlo fácil, desde fuera parece fácil, pero quizás no, nunca lo es, lo bueno cuesta y lo que merece la pena más. Se trata de fluir, de ser una constante, antes que una estrella fugaz.


-Te hago daño. No te das cuenta, ¿verdad? -susurró Jhos.


-Tal vez eso es lo que busco. Duele, lo sė, pero me hace feliz. ¿Qué es el amor? No sé cómo explicarte. Pienso mucho en ti. Tenerte cerca es bonito, sentirte, desearte, mirarte. A veces solo pido esto: que estés a mi lado y no te alejes nunca... A veces no estás, qué más da... Yo siempre estaré...


'Siempre' puede durar lo que uno quiere que dure. Uno no debe hacer más de lo que no merece la pena porque aunque no se crea, el tiempo y la energía es algo muy valioso que nunca se puede recuperar. No rendirse ni echarse para atrás solo porque se complique, está bien, hasta no perder la dignidad. A lo mejor no sale bien, pero mejor intentarlo que quedarse con la duda. Resiste, ciegamente, si no se da, nunca regresarás a un lugar donde no te valoran. Siempre.


-Siempre.


#Mi_Primera_Novela


miércoles, 8 de julio de 2020

"EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA":


"Él era consciente de que no la amaba. Se había casado porque le gustaba su altivez, su seriedad, su fuerza, y también por una pizca de vanidad suya, pero mientras ella lo besaba por primera vez estaba seguro de que no habría ningún obstáculo para inventar un buen amor. No lo hablaron esa primera noche en que hablaron de todo hasta el amanecer, ni habían de hablarlo nunca. Pero a la larga, ninguno de los dos se equivocó". ("El Amor en los Tiempos del Cólera", 1985).


Recuerdo cuando la leí. Sentado en un ladrillo, en la azotea del segundo piso de la casa de mi madre. Hacía sol, corría viento, había ruido horrible en el ambiente, pero mi mente concentrada en las más de 500 páginas de esta novela que sin lugar a dudas me hizo amar mucho más la literatura. Me refiero a "El Amor en los Tiempos del Cólera", de uno de mis autores favoritos del boom latinoamericano: Gabriel García Márquez.


Se supone que debía leerlo en cuarto de media, en el curso de lengua y literatura, pero no fue así, recién lo leí el 2007, desde el 13 de marzo hasta el 27 de ese mes, 14 días en los que la aventura de esos tres personajes maravillosos me encandilaron enormemente, donde se muestra al amor en su máxima expresión.


A mis 16 años fue la primera vez que leí una escena erótica en un libro, de las muchas que hay en la novela, películas hay muchas, pero esta fue memorable, y lo recuerdo como si fuera ayer. Cuando, en su primera noche de bodas Fermina y el doctor, duermen. La descripción, las palabras, me excitaron como si yo estuviera viviendo ese pequeño momento, además que no puedo negar que la escena es muy graciosa, me da mucha risa ahora que la vuelvo a releer:



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No es un libro imprescindible ni muy importante, pero uno puede pensar que después de haber obtenido el máximo galardón de las letras, Gabo no sorprendería más, pero vaya que sí lo hizo. No está a la altura de "Cien Años de Soledad", pero lo vale, por la manera en cómo está contada la historia, en base a recuerdos del pasado tras un breve paso por el presente.


"Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados". En todos sus libros, García Márquez, comienza con una frase memorable que te insita a leerlo.


¿Cuánto esperarías por el amor de tu vida? ¿Qué es el amor? A lo largo de sus líneas vamos descubriendo el sentido y significado a esas preguntas. Una historia poco convencional, una historia de amor contrariado entre Florentino Ariza y Fermina Daza. Una bonita descripción del amor en las distintas etapas de la vida, donde lo romántico no llega a ser cursi.


Los personajes son construidos y concebidos con enorme maestría. Florentino es un muchacho escuálido y retraído, y Fermina Daza, una colegiala de andares altivos, o como dice el libro, de caminar de una gacela/venada. Él recita toda la poesía muy a lo romántico; ella lo escucha por las noches y roba tiempo a sus tareas para enviarle cartas de amor. El padre de Fermina será quien termine con esa alucinación de los enamorados y los separa durante casi toda la vida.


García Márquez logra lo impensado, usa todos los tópicos del amor romántico, pero la historia en sí misma no es nada cursi. Es una hermosa historia de amor y muy bien contada, de la categoría de un verdadero ganador del premio Nobel de Literatura.


El estilo de Gabo, al describir detalladamente todo lo que hay dentro de una escena no te aburre, pero el mismo texto te exige como lector a entregarle mucha concentración para no perderte en los laberintos de las descripciones y los distintos escenarios a los que te lleva.


El libro está dividido en seis partes, pero son como un todo ya que la prosa fluye como una catarata y sin darnos cuenta dentro de la historia transcurren 53 años, 7 meses y 11 días.


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El libro me enseñó a no ser conformista, a siempre querer más, que el amor existe y en cada momento es muy distinto, se vive de diferente manera. Pero sobre todo me enseñó a amar muchísimo más la literatura, la lectura y la escritura, porque usando bien las palabras se podía hacer magia.


martes, 30 de junio de 2020