#miprimeranovela
-Quiero ser escritor. -Su voz, su mirada, fue la más sincera que tenía. -Esa es la meta para mi vida.
Ella lo miró y no supo qué decir.
-Todo el mundo sabe, indirectamente, que quiero escribir, pero eres la primera a la que le cuento esto. La razón de escribir es porque quiero ganarme el respeto de las personas, pero ante todo no quiero morir y desaparecer así sin más. He visto morir a muchas personas, he llorado muchas veces, pero quedó en eso, al cabo de unos días ya nadie se acuerda de ellos, como si no hubieran existido. Esa es la razón. Dejar un buen libro, solo uno donde se plasme todo lo que pienso. Solo uno.
-¿Crees que lo conseguirás?
-No lo sé. Por eso tengo miedo, miedo a que todo lo que hago no sea suficiente. No quiero volar y caer desde tan alto porque sé como duele, sé lo que se siente. Sin embargo, ¿sabes?, el dolor crea arte, no recuerdo donde lo leí, pero es verdad. Lo mejor que he escrito ha sido porque el dolor ha llegado a mi vida y por eso, como si fuera inspiración, todo fluye más rápido. Por eso muchas veces me autoflagelo, psicológicamente, claro.
En el parque Manuel Pino de la ciudad capital hay unos banquitos de madera. La mayoría de las personas, especialmente los adultos, son quienes disfrutan sentarse, hay como un aire de melancolía en sus rostros con mil arrugas. Hablan, sonríen, discuten; algunos leen sus periódicos, accidente en el sur mata a familia entera, y chisporrotean sobre el actual gobierno de nuestro país, o sin ir más lejos, sobre las autoridades locales. Los jóvenes van y vienen, la calle está repleta, vacía, solitaria; una mujer pasa vendiendo gelatina, sobre su espalda carga a su hijo, llora. Para los abuelos, los gobernantes de esa transición militar en los años sesenta fueron los mejores porque nunca se olvidaron de las zonas rurales ni de los pueblos alejados, eso dicen. El más desastroso fue el gobierno de la estrella solitaria. El mejor, nunca hubo mejores, aunque esos gobernantes de facto son los preferidos.
-¿Puedo? -Él agarró la mano izquierda de ella. Estaba fría. -Sé que no me vas a creer, pero la primera vez que toqué tus manos mi cuerpo se estremeció. Tan suaves, tan frías, tan tersas, tan lindas, como porcelana.
-Bueno...
-... ¿Crees que porque leo debo tener buena labia? Ni siquiera tengo un poema preparado, lo único que me sé es "A Cocachos Aprendí" de Nicómedes Santa Cruz. Para ti sería "Corazón Coraza" de Benedetti, pero no me la sé de memoria. O si prefieres, "si este fuera el último día de mi vida, sabría a ciencia cierta que conocí a felicidad, felicidad eres tú", acabo de inventarlo. Para qué decirte un verso si todos ya te habrán dedicado poemas. En realidad soy tímido, y es bueno que no se me note porque esas debilidades no deben conocer los demás. Todo se puede fingir...
-Eres tan... O sea, no haces nada solo porque te da miedo. A veces es bueno arriesgarse, y si pierdes pues bien, solo perdiste. La vida es así, injusta, eres feliz, triste, pierdes, ganas, no todo brilla, no siempre pueden pasarte cosas positivas.
-No solo pierdes, es algo que no entiendes. Pierdes todo, incluso tus sueños. Imagina que lo...
A veces, en esos banquitos, se sientan los jóvenes, quienes ni siquiera saben dónde están parados. Viven por vivir, toman, fuman, van de discoteca en discoteca, de cantina en cantina, de hotel en hotel, ya todo el mundo los conocen. Quizás los abuelos tienen razón. Nuestros padres recibieron la mejor educación, y tal vez no en un sentido intelectual, sino mas bien se educaron bajo regímenes que parecían dictatoriales, donde el respeto hacia los mayores era una norma general, era ley. Ahora ya nadie respeta a nadie, no hay un control, nos estamos perdiendo.
Y así...
#miprimeranovela
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