Mi madre falleció de cáncer. Lo que recuerdo es que los últimos días ya no era la misma, tosía demasiado, le faltaba aire, comía poco, la veía nostálgica, sin ganas y dormía mucho.
Para el árbol genealógico ella sería mi abuela, pero en los documentos y papeles ella es mi madre, así lo dice mi partida de nacimiento. Mi mamá, mi madre biológica, y la que me cuidó desde pequeño está en la India.
Entonces a mi madre que falleció le debería llamar abuela o mejor mamá grande, pero no lo haría porque es mi madre. Cuando mi mamá biológica no estaba ella era la que me daba todo y siempre me acuerdo de ella con nostalgia, desazón, rabia, ira y cólera.
Han pasado dos años desde su partida, aquel sábado 10 de noviembre de 2018. La última semana en la que se puso mal era irreconocible, deliraba y no me gustaba verla. Por mi mente pasaban imágenes que recordaba de mi infancia, adolescencia, juventud. 'Hijo, estudia', 'hijo, vamos a sembrar papa, a cosechar cebada', 'hijo, come', 'mamá, mis manos se van a malograr, voy a tener ampollas', 'mamá, no puedo cargar ese costal con papa, pesa mucho', 'el Gorki siempre quiere gaseosa'... Duele, hay mucho que duele.
Aunque nunca pude decírtelo, gracias mamá. Y ese pollo a la brasa cuando termine de estudiar siempre quedará pendiente...
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