"Está bien soñar,
no está bien que te quiten los sueños".
Me encanta porque la escribió una niña de 17 años.
Me encanta porque está inspirada en una bonita novela que leí a los 17 años.
Me encanta porque desde que la escuché, el año 2017, la he tenido como un sueño, mis metas, mi vida:
"En un mundo paralelo, cuando me preguntan qué espero de la vida, respondo que una casa en las montañas, de tamaño promedio, fachada rústica, con chimenea y libros por doquier. Respondo que espero habitarla con alguien. Compartir las cervezas (y también el silencio mientras cada quien se dedica a lo suyo).
Bajar al mercadito, disfrutar del olor que expide el pan caliente y aprender a hacer el desayuno.
Escuchar las historias que cuentan los abuelos, remontar la colina, ver la puesta de sol y bailar al compás de la lluvia, no inhalar destrucción sino pureza, albergar en mi pecho los cantos de la tierra, hacerlos resonar desde cualquier rincón hasta poder ceñir la misma luna.
Vivir al compas de "So Long Marianne". Esa vieja canción de los años sesenta.
Trabajar, mas nunca consumirme. Escribir, pintar con acuarelas, hacer el amor a las seis de la tarde. En resumidas cuentas consagrarme a vivir, estar y siempre ser, y disfrutar de cada amanecer.
Sin embargo, en esta realidad, cuando me preguntan qué espero de la vida, lo único que pienso es... yo solamente espero que no me la arrebaten".
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