viernes, 10 de abril de 2020

NUNCA PENSÉ QUE ME GUSTARÍAS TANTO I:


#PRÓLOGO:

Sonríe... esto es solo para ti.

Todo esto escribí para ti... Una semana sin saber de ti. Una semana sin poder escribirte. Una semana sin poder preguntarte ¿Estás abrigada? ¿Cómo estás? En realidad no ha sido tan bonito. Una semana en vacío inexplicable.

Debes saber que no sé exactamente cuando empecé a sentir esto por ti, tampoco me lo he preguntado porque no importa cuándo sucedió ni cómo, solamente lo siento en mi corazón; pero a pesar que muchas veces sí me haces daño (no lo niego, no tengo por qué), o sea cuando me ignoras, la mayor parte siempre me haces feliz. Como copié una frase de algún lugar: ningún “Escribiendo” me pone tan feliz, si no es el tuyo.

Lo sé, no somos nada, quizás nunca lo seamos porque siempre me has demostrado que no soy nada para ti. Ni el cero uno por ciento que alguna vez escribí. A veces no necesito que seamos nada, aunque siempre quiero todo.

Alguna vez se me pasó por la cabeza que tal vez sentías algo por mí, aunque solo fue una imaginación. Tal vez te preguntes si estoy confundiendo algunas cosas y quizás tengas razón, pero solo quiero decirte que así como te escribo también te pienso. Que así como me pongo nervioso a tu lado, también me he sentido tranquilo, como si me olvidara de todo. Tal vez lo entiendas, aunque no quiero que me entiendas. Todo eso es lo que me pasa contigo. 

Quizás piensas que te idealizo mucho, tal vez es así, aunque sinceramente no creo que eso me pase contigo. No creo que puedas entenderme porque, bueno, no sé cómo explicarlo (ridículo, ¿verdad?). No me gustaría que pienses así. Y no puedo explicarlo porque simplemente no sé cómo. No siempre hay respuestas para todo.

Esto nunca lo he hecho por alguna otra persona. Nunca había escrito tanto como lo estoy haciendo ahora. En este momento que te escribo ni siquiera soy muy consciente de lo que estoy haciendo, pero lo hago solo y exclusivamente para ti. ¿Por qué? Porque sí, porque eres tú. ¿Habría otro motivo en especial? Eres una buena persona, muy especial para mí. Eres tú, por eso lo hago...

Y así empieza esta semana...

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#Recuerdos:

¿Recuerdas que ayer te escribí y te pedí 'algo'? ¿Recuerdas que luego lo borré? ¿Recuerdas lo bonito que conversábamos hasta entonces? ¿Recuerdas que siempre me enojaba por tus constantes rechazos? No creo que lo recuerdes, pero yo sí. Aunque no soy bueno para memorizar fechas.

Pienso hacer algo bonito esta semana. Todo lo que escribiré lo hago para ti. No te lo enviaré cuando pase esta semana. No tengo pensado cuando enviártelo, pero si lo lees sabrás que te lo envié. Espero que lo leas. Pensaré muy en el fondo que lo leíste.

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#Obsesivo:

Todo está escrito con mucho amor. Quizás leerás lo que hice, lo que estuve a punto de hacer. Sabrás que eres poesía para mí. Sabrás que te amo con mi corazón y con mi cabeza. Sabrás que muchas cosas lo estoy haciendo por ti. Sabrás que si vivo, también está siendo por ti. Sabrás que tengo miedo, que tengo miedo de perderte y no tengo miedo de amarte. Solo imaginar que alguien está contigo, me dan ganas de...

martes, 7 de abril de 2020

IDEAS III:


Y justo un día llegó. Cuando caminaba por la Costanera, que por esos años no era como ahora, surgió la idea: el muelle. Mi transición a ese mundo de fantasía iba a ser el muelle de mi ciudad. A partir de allí se convirtió en mi lugar mágico.

Pero ¿cómo hacerlo? Mi cabeza empezó a ir y venir, buscando respuestas, sin encontrarlas, y sucedió. Ese lugar, justo donde empieza y termina todo, iba a funcionar como un puente entre mi realidad y la fantasía.

Hubo un momento en que mi heroína de 13 años tenía que morir, pero era muy descabellado, así que lo que hice fue otorgarle un motivo para tomar esa decisión. A toda acción hay una reacción. ¿Qué hicieron los padres para que eso sucediera?

En ese punto es donde tendría que hablar sobre las violaciones a menores de edad, lo que manifiesta mi repudio total sobre actos que se cometen y se siguen cometiendo contra mujeres, sobre todo a menores, donde nadie dice ni hace nada. Literatura comprometida, de la que Sartre siempre habló: mi tesis, tenía sentido.

A partir de allí, todo caminaría solo, pero nunca sucedió porque al intentar plasmar una idea en papel, este parecía morir en la hoja. ¿Quién me ayudaría? Supuse que solo leyendo a los mejores escritores de todos los tiempos lo conseguiría, pero no fue así, se necesitaba paciencia para madurar una idea. Tiempo después aprendí que no todo puede suceder rápido, toma su tiempo.

La idea quedó allí, pero quizás llegue un momento en que pueda darle forma a esa historia, mi primera historia. Por ahora, en realidad hace mucho, la dejé en un estado de reposo. Debo decir que con esa niña me encariñé, pero por el momento la dejaré descansando en paz, entre mis recuerdos.

domingo, 5 de abril de 2020

IDEAS II:


Pero, ¿qué escribir? Lo primero que pensé fue escribir sobre una niña de 13 años (la edad tiene mucho significado para mí). Sí, una niña porque como lo expresé en un post anterior (sorry si no lo hice) las mujeres me inspiran por el mismo hecho que crecí rodeado de muchas damas y quería expresar mi defensa hacia la mujer, ahí surgió mi enfoque hacia la literatura comprometida de uno de mis escritores franceses favoritos: Jean Paul Sartre. Lo otro, porque mi aventura con los libros inició con una escritora británica. Hay cosas inexplicables, yo que sé.

La niña de 13 años iba a ser curiosa, iba adorar las historias y leyendas del Altiplano. Las leyendas iban a ser una excusa para hablar sobre los misterios del lago titicaca porque de niño me contaron muchas historias sobre ese lugar y las iba a adaptar para mí. Siempre creí que en algún momento los puntos se unirían, y sigo creyendo que esos puntos están por unirse, o ya se unieron. Soy fiel a mis puntos, sé que existen.

La niña de ese entonces era de pelo corto y flequillo, (siempre he tenido debilidad por ese tipo de muchachas, siempre lucen hermosas). Usaría gafas, como yo. Le gustaría leer, como yo. Sensible, como yo. Soñadora, como yo. Su piel sería blanca y fina como la porcelana (no una chica de campo). Tal vez, en parte, esa niña era mi álter ego, pero nunca fue eso porque no le pude dar vida. 

Ahora que la imagino, me era imposible describirla en ese entonces. Yo tenía 15 años y a esa edad no hay madurez, no hay nada. Ni siquiera ahora mismo soy tan maduro porque sigo soñando como niño, creyendo como niño, siempre en mi burbuja, creyéndome superior a todos los que me rodean, aunque no lo soy, pero quiero serlo. 

Darle forma no era fácil y mucho menos crearle un mundo. La idea era hacerla vivir en un colegio (lo sé, cliché), y a través de allí hacerla caminar por la ciudad hasta llegar a esa transición entre la realidad y la fantasía (lo sé, cliché). ¿Cómo encontrar ese trance entre uno y otro mundo? (lo sé, cliché). El medio para cruzar ese límite siempre lo tuve claro. El lugar, también, pero cada vez que me sentaba a escribir no podía hacerlo.

Dicen que cuando uno ve una hoja en blanco se bloquea, lo llaman el síndrome del bloqueo (bueno, algo así). Siempre decía "esto no va a salir como yo quiero" y nunca salía. Hasta ahora la idea sigue rondando por mi cabeza. Cada vez está siendo más clara. Por el momento esa historia puede esperar. Le falta ese "algo" que no sé qué es.

En "Las Crónicas de Narnia", por ejemplo, lo niños viajan en dirección a ese lugar por distintos objetos (un ropero), y el tiempo es lento o no transcurre nada, a comparación de la realidad. En "Harry Potter", la transición era un andén de la estación de ferrocarril. En "La Historia Interminable", era un libro. ¿Cómo inventar una transición hacia mi mundo de fantasía?

miércoles, 1 de abril de 2020

IDEAS I:


Cuando salí del cole', incluso antes, ya tenía pensado en escribir una novela porque quería ser famoso. Parecía fácil en ese instante. Hubo tantas ideas que nunca pudieron plasmarse, principalmente porque al momento de sentarme a escribir, todo se volvía en blanco. No se podía. El motivo para escribir era porque yo deseaba respeto, y quería que supieran quién era yo. El niñito bien, con sus complejos y prejuicios, estaba creciendo.

Mi primera idea para escribir fue una historia meramente fantástica como Harry Potter. Ese libro, la forma, estaba en todos lados de mi vida, literalmente, yo respiraba a esos personajes. Sin embargo, fueron llegando novelas del boom latinoamericano, me sorprendieron gratamente.

Su escritura tan densa y difícil llamó mi atención. La manera en cómo escribían me atrapó. El tiempo fue lo primero. La línea argumental de Harry Potter es muy básica, plana, empieza y termina. No hay nada más que eso, y lo que importa es la anécdota antes que la escritura.

En cambio, cuando inicié con "Cien Años de Soledad" todo fue distinto. Los giros en el tiempo me parecieron increíbles. Los capítulos se van enredando a tal punto que no sabes muy bien por dónde andas y para no perderte tienes que concentrarte mucho para salir airoso del libro. Ellos no lo inventaron, aprendieron esa manera de narrar de los escritores norteamericanos, y tenía que leerlos, pero eso pasó después.

Así fue que por primera vez me dije que para escribir tenía que hurgar el pasado y partir desde los recuerdos. Es decir, que desde un futuro mis personajes viajen al pasado a través de recuerdos, enlazando historias, a la manera de un viaje en el tiempo, generando catarsis y expiación, otra idea tomada de una novela que me pareció genial por la manera en que está concebida. Sí se podía cambiar el pasado, sí había una manera y la encontré, otro descubrimiento que me llenó de felicidad.

El ritmo iba a ser lento, pero tendría que haber giros para no sonar seco. No es fácil escribir, eso fue lo primero que me di cuenta. Tenía que leer a los mejores escritores y a los que con su pluma innovaron la literatura y la manera de contar. Aprender de ellos. Por eso dejé Harry Potter un buen tiempo y comencé con los novelistas que no sólo escribieron, sino que al hacerlo, su prosa era exquisita.

"Madame Bovary", "Orgullo y Prejuicio", "Cumbres Borrascosas", "Narraciones Extraordinarias", "La Ciudad y los Perros", "El Sonido y la Furia", "Conversación en la Catedral", "Otra Vuelta de Tuerca", "Rojo y Negro", "La Casa de los Espíritus", "Veinte Poemas de Amor y Una Canción Desesperada", "La Náusea", entre muchos otros libros formaron ese mi gusto a la buena literatura. Me recomendaban autores peruanos (y no estoy en contra de ellos), pero me parecían un asco, lo mismo me pasaba con escritores que solo escribían bestseller; ese mi gusto a la literatura fina, clásica, me convirtió en un ser insoportable, solitario, aburrido. Pero me volvía más inteligente, pensaba, soñaba, vivía, era feliz así.

A medida que los leía fueron un golpe a mi vida. Y los leí, y los aprendí, descubriendo sus hermosas letras, que a veces me dejaban pensando horas, días, semanas, meses. Por lo menos, hasta ahora, mis ideas se fueron aclarando, y eso está bien.

domingo, 29 de marzo de 2020

MI RAZÓN DE LEER:


A diferencia de muchos, yo no leo porque me gusta leer, pero, al final, supongo que me gusta y por eso lo hago. Al inicio me sentía muy solo y la literatura apareció como para decirme "aquí estoy yo". Y siempre estuvo. Desde mis 14 años en adelante, la mitad de mi vida; desde el desamor, como suelo decir, hay un antes y un después.

Leía porque quería aprender a escribir para publicar y ser famoso, y callar la boca de muchas personas que se burlaban de mí. Esa es la única y verdadera razón. Lo demás se fue añadiendo a medida que crecía. Hay muchas cosas que duelen y que nunca perdonaré. Nunca lo haré porque ese rencor con personas del pasado, de mi adolescencia, me impulsa a seguir creyendo que aún se puede. Sé que se puede y lo haré.

En la literatura encontré una manera de superar mi soledad, una compañía que siempre está para ayudarme, y cuando más la necesitaba ha estado conmigo, acompañándome en mis días de soledad (ese era el nombre de mi blog), como un apoyo incondicional, sin reclamarme nada, solo escuchándome.

Leo porque por un momento, aunque breve, me olvido de todo lo que me rodea, y en ese pequeño espacio me siento feliz, muy feliz. Me sucede algo muy parecido a lo que les pasó a los niños de "Las Crónicas de Narnia", o a Bastian de "La Historia Interminable". La aventura tras ese armario siempre es la más bonita.

Leo a autores que nadie leería. No lo hago por diversión, quiero aprender a escribir. Esos escritores que con su pluma densa parecen aburridos, difíciles, complicados. En realidad, lo son, demasiado aburridos diría yo, pero de ellos sé que voy aprender y la verdad que lo hice. Nuevamente, los leo porque yo quiero aprender a escribir y para hacerlo ellos son los que están, no los autores fáciles. Lo difícil siempre cuesta, pero valen la pena.

Leo a escritores que revolucionaron la literatura, que hicieron experimentos en sus líneas, que no respetaron el tiempo, que fueron innovadores, que no les importó ser tachados de homosexuales, críticos, que no caían bien a nadie, pero que dejaron una huella imborrable en muchos lectores que como yo aprendieron de sus letras. Que transformaron la manera de contar.

Yo no quiero ser como ellos, quiero ser el mejor.

sábado, 28 de marzo de 2020

PERDÓN POR TANTO MIEDO:


Faltan dos meses para mi cumpleaños y en medio de esta crisis de cuarentena por ese bicho raro que arrasa con los seres humanos, me pregunto si llegaré a ese 27 de mayo próximo: mi cumpleaños. Todo me parece raro.

Y así voy creciendo. Qué no hice, qué hice, qué me falta por hacer, qué quiero para mi vida, hacia dónde voy, quién soy, en qué me he convertido, dónde estoy, por qué, por qué no, por qué sí, tantas preguntas rondan por mi cabeza, tantas respuestas surgen, y todo se resume en: otra vez me estoy fallando.

Me fallé porque no cumplí con mis promesas elegidas durante el 2019. Me fallé porque hasta ahora no puedo canalizar bien mis emociones. Me fallé porque sigo esperando mucho de las personas y siempre me decepcionan. Me fallé porque hasta ahora no sé cómo hacer lo que deseo tanto en mi vida. Me fallé y me sigo fallando. Me perdono por todo porque me lo merezco.

Pero no todo han sido fallos. Logré aumentar mi creatividad y con eso escribir mucho más en este blog, y por primera vez, líneas de algo que espero sea mi primera novela, el inicio de mi trilogía. Logré crear dos personajes a los que finalmente pude ponerles nombres: Jhosbenia y Levessy, cada uno tiene un significado dentro mío.

Logré ser feliz y también llorar. Logré caminar ya no como una sombra sin saber qué era lo mejor. Logré nuevamente amar, aunque otra vez... en fin. Logré levantarme de las cenizas. Logré caer y subir. Logré muchas experiencias, más de las que habría imaginado, y todas como siempre para mis novelas. ¿Por qué? Porque quiero ser escritor, ahora más que nunca. Quiero demostrarle al mundo que yo si pude y tenerlo a mis pies. Quiero demostrarme a mí que no estaba equivocado.

miércoles, 25 de marzo de 2020

INSTANTES:


Hace más de un mes, me atropelló un auto. Bueno, me empujó. Yo estaba caminando, escribiendo en mi celular uno de muchos post que hay aquí y de repente sucedió. Pum, un golpe y ya estaba en el suelo. Todo pasó rápido. Antes que la gente se juntara, me levanté y salí huyendo. Me dolía todo el cuerpo. Me asusté. A lo lejos, escuché gritos de las personas sobre el por qué no tenía más cuidado y otras tantas cosas que no recuerdo muy bien.

La muerte siempre ha rondado en mi vida. Otra vez me salvé y diré: por algo será. No creo en el destino, pero sé que existe, así como el amor a primera vista.

Ese momento del accidente, ese instante, mi vida transcurrió como una película, cuadro por cuadro. Tuve miedo, ese miedo que te comprime las tripas, esa sensación de vacío, de soledad.

La razón: hasta ahora, no cumplía mis sueños de adolescente. Dejar huella, ayudar, que todos conozcan mi nombre, tantas cosas que quiero, lo quiero todo, todo para mí. Sin embargo, hasta ahora, nada.

La verdad, y tengo que decirlo, no sé cómo conseguir lo que tanto deseo en mi vida. Tan difícil, pero supongo que lo difícil sí vale la pena. Esa fe ciega, esa pasión, esos sueños, no me dejan dormir tranquilo...