domingo, 5 de abril de 2020

IDEAS II:


Pero, ¿qué escribir? Lo primero que pensé fue escribir sobre una niña de 13 años (la edad tiene mucho significado para mí). Sí, una niña porque como lo expresé en un post anterior (sorry si no lo hice) las mujeres me inspiran por el mismo hecho que crecí rodeado de muchas damas y quería expresar mi defensa hacia la mujer, ahí surgió mi enfoque hacia la literatura comprometida de uno de mis escritores franceses favoritos: Jean Paul Sartre. Lo otro, porque mi aventura con los libros inició con una escritora británica. Hay cosas inexplicables, yo que sé.

La niña de 13 años iba a ser curiosa, iba adorar las historias y leyendas del Altiplano. Las leyendas iban a ser una excusa para hablar sobre los misterios del lago titicaca porque de niño me contaron muchas historias sobre ese lugar y las iba a adaptar para mí. Siempre creí que en algún momento los puntos se unirían, y sigo creyendo que esos puntos están por unirse, o ya se unieron. Soy fiel a mis puntos, sé que existen.

La niña de ese entonces era de pelo corto y flequillo, (siempre he tenido debilidad por ese tipo de muchachas, siempre lucen hermosas). Usaría gafas, como yo. Le gustaría leer, como yo. Sensible, como yo. Soñadora, como yo. Su piel sería blanca y fina como la porcelana (no una chica de campo). Tal vez, en parte, esa niña era mi álter ego, pero nunca fue eso porque no le pude dar vida. 

Ahora que la imagino, me era imposible describirla en ese entonces. Yo tenía 15 años y a esa edad no hay madurez, no hay nada. Ni siquiera ahora mismo soy tan maduro porque sigo soñando como niño, creyendo como niño, siempre en mi burbuja, creyéndome superior a todos los que me rodean, aunque no lo soy, pero quiero serlo. 

Darle forma no era fácil y mucho menos crearle un mundo. La idea era hacerla vivir en un colegio (lo sé, cliché), y a través de allí hacerla caminar por la ciudad hasta llegar a esa transición entre la realidad y la fantasía (lo sé, cliché). ¿Cómo encontrar ese trance entre uno y otro mundo? (lo sé, cliché). El medio para cruzar ese límite siempre lo tuve claro. El lugar, también, pero cada vez que me sentaba a escribir no podía hacerlo.

Dicen que cuando uno ve una hoja en blanco se bloquea, lo llaman el síndrome del bloqueo (bueno, algo así). Siempre decía "esto no va a salir como yo quiero" y nunca salía. Hasta ahora la idea sigue rondando por mi cabeza. Cada vez está siendo más clara. Por el momento esa historia puede esperar. Le falta ese "algo" que no sé qué es.

En "Las Crónicas de Narnia", por ejemplo, lo niños viajan en dirección a ese lugar por distintos objetos (un ropero), y el tiempo es lento o no transcurre nada, a comparación de la realidad. En "Harry Potter", la transición era un andén de la estación de ferrocarril. En "La Historia Interminable", era un libro. ¿Cómo inventar una transición hacia mi mundo de fantasía?

miércoles, 1 de abril de 2020

IDEAS I:


Cuando salí del cole', incluso antes, ya tenía pensado en escribir una novela porque quería ser famoso. Parecía fácil en ese instante. Hubo tantas ideas que nunca pudieron plasmarse, principalmente porque al momento de sentarme a escribir, todo se volvía en blanco. No se podía. El motivo para escribir era porque yo deseaba respeto, y quería que supieran quién era yo. El niñito bien, con sus complejos y prejuicios, estaba creciendo.

Mi primera idea para escribir fue una historia meramente fantástica como Harry Potter. Ese libro, la forma, estaba en todos lados de mi vida, literalmente, yo respiraba a esos personajes. Sin embargo, fueron llegando novelas del boom latinoamericano, me sorprendieron gratamente.

Su escritura tan densa y difícil llamó mi atención. La manera en cómo escribían me atrapó. El tiempo fue lo primero. La línea argumental de Harry Potter es muy básica, plana, empieza y termina. No hay nada más que eso, y lo que importa es la anécdota antes que la escritura.

En cambio, cuando inicié con "Cien Años de Soledad" todo fue distinto. Los giros en el tiempo me parecieron increíbles. Los capítulos se van enredando a tal punto que no sabes muy bien por dónde andas y para no perderte tienes que concentrarte mucho para salir airoso del libro. Ellos no lo inventaron, aprendieron esa manera de narrar de los escritores norteamericanos, y tenía que leerlos, pero eso pasó después.

Así fue que por primera vez me dije que para escribir tenía que hurgar el pasado y partir desde los recuerdos. Es decir, que desde un futuro mis personajes viajen al pasado a través de recuerdos, enlazando historias, a la manera de un viaje en el tiempo, generando catarsis y expiación, otra idea tomada de una novela que me pareció genial por la manera en que está concebida. Sí se podía cambiar el pasado, sí había una manera y la encontré, otro descubrimiento que me llenó de felicidad.

El ritmo iba a ser lento, pero tendría que haber giros para no sonar seco. No es fácil escribir, eso fue lo primero que me di cuenta. Tenía que leer a los mejores escritores y a los que con su pluma innovaron la literatura y la manera de contar. Aprender de ellos. Por eso dejé Harry Potter un buen tiempo y comencé con los novelistas que no sólo escribieron, sino que al hacerlo, su prosa era exquisita.

"Madame Bovary", "Orgullo y Prejuicio", "Cumbres Borrascosas", "Narraciones Extraordinarias", "La Ciudad y los Perros", "El Sonido y la Furia", "Conversación en la Catedral", "Otra Vuelta de Tuerca", "Rojo y Negro", "La Casa de los Espíritus", "Veinte Poemas de Amor y Una Canción Desesperada", "La Náusea", entre muchos otros libros formaron ese mi gusto a la buena literatura. Me recomendaban autores peruanos (y no estoy en contra de ellos), pero me parecían un asco, lo mismo me pasaba con escritores que solo escribían bestseller; ese mi gusto a la literatura fina, clásica, me convirtió en un ser insoportable, solitario, aburrido. Pero me volvía más inteligente, pensaba, soñaba, vivía, era feliz así.

A medida que los leía fueron un golpe a mi vida. Y los leí, y los aprendí, descubriendo sus hermosas letras, que a veces me dejaban pensando horas, días, semanas, meses. Por lo menos, hasta ahora, mis ideas se fueron aclarando, y eso está bien.

domingo, 29 de marzo de 2020

MI RAZÓN DE LEER:


A diferencia de muchos, yo no leo porque me gusta leer, pero, al final, supongo que me gusta y por eso lo hago. Al inicio me sentía muy solo y la literatura apareció como para decirme "aquí estoy yo". Y siempre estuvo. Desde mis 14 años en adelante, la mitad de mi vida; desde el desamor, como suelo decir, hay un antes y un después.

Leía porque quería aprender a escribir para publicar y ser famoso, y callar la boca de muchas personas que se burlaban de mí. Esa es la única y verdadera razón. Lo demás se fue añadiendo a medida que crecía. Hay muchas cosas que duelen y que nunca perdonaré. Nunca lo haré porque ese rencor con personas del pasado, de mi adolescencia, me impulsa a seguir creyendo que aún se puede. Sé que se puede y lo haré.

En la literatura encontré una manera de superar mi soledad, una compañía que siempre está para ayudarme, y cuando más la necesitaba ha estado conmigo, acompañándome en mis días de soledad (ese era el nombre de mi blog), como un apoyo incondicional, sin reclamarme nada, solo escuchándome.

Leo porque por un momento, aunque breve, me olvido de todo lo que me rodea, y en ese pequeño espacio me siento feliz, muy feliz. Me sucede algo muy parecido a lo que les pasó a los niños de "Las Crónicas de Narnia", o a Bastian de "La Historia Interminable". La aventura tras ese armario siempre es la más bonita.

Leo a autores que nadie leería. No lo hago por diversión, quiero aprender a escribir. Esos escritores que con su pluma densa parecen aburridos, difíciles, complicados. En realidad, lo son, demasiado aburridos diría yo, pero de ellos sé que voy aprender y la verdad que lo hice. Nuevamente, los leo porque yo quiero aprender a escribir y para hacerlo ellos son los que están, no los autores fáciles. Lo difícil siempre cuesta, pero valen la pena.

Leo a escritores que revolucionaron la literatura, que hicieron experimentos en sus líneas, que no respetaron el tiempo, que fueron innovadores, que no les importó ser tachados de homosexuales, críticos, que no caían bien a nadie, pero que dejaron una huella imborrable en muchos lectores que como yo aprendieron de sus letras. Que transformaron la manera de contar.

Yo no quiero ser como ellos, quiero ser el mejor.

sábado, 28 de marzo de 2020

PERDÓN POR TANTO MIEDO:


Faltan dos meses para mi cumpleaños y en medio de esta crisis de cuarentena por ese bicho raro que arrasa con los seres humanos, me pregunto si llegaré a ese 27 de mayo próximo: mi cumpleaños. Todo me parece raro.

Y así voy creciendo. Qué no hice, qué hice, qué me falta por hacer, qué quiero para mi vida, hacia dónde voy, quién soy, en qué me he convertido, dónde estoy, por qué, por qué no, por qué sí, tantas preguntas rondan por mi cabeza, tantas respuestas surgen, y todo se resume en: otra vez me estoy fallando.

Me fallé porque no cumplí con mis promesas elegidas durante el 2019. Me fallé porque hasta ahora no puedo canalizar bien mis emociones. Me fallé porque sigo esperando mucho de las personas y siempre me decepcionan. Me fallé porque hasta ahora no sé cómo hacer lo que deseo tanto en mi vida. Me fallé y me sigo fallando. Me perdono por todo porque me lo merezco.

Pero no todo han sido fallos. Logré aumentar mi creatividad y con eso escribir mucho más en este blog, y por primera vez, líneas de algo que espero sea mi primera novela, el inicio de mi trilogía. Logré crear dos personajes a los que finalmente pude ponerles nombres: Jhosbenia y Levessy, cada uno tiene un significado dentro mío.

Logré ser feliz y también llorar. Logré caminar ya no como una sombra sin saber qué era lo mejor. Logré nuevamente amar, aunque otra vez... en fin. Logré levantarme de las cenizas. Logré caer y subir. Logré muchas experiencias, más de las que habría imaginado, y todas como siempre para mis novelas. ¿Por qué? Porque quiero ser escritor, ahora más que nunca. Quiero demostrarle al mundo que yo si pude y tenerlo a mis pies. Quiero demostrarme a mí que no estaba equivocado.

miércoles, 25 de marzo de 2020

INSTANTES:


Hace más de un mes, me atropelló un auto. Bueno, me empujó. Yo estaba caminando, escribiendo en mi celular uno de muchos post que hay aquí y de repente sucedió. Pum, un golpe y ya estaba en el suelo. Todo pasó rápido. Antes que la gente se juntara, me levanté y salí huyendo. Me dolía todo el cuerpo. Me asusté. A lo lejos, escuché gritos de las personas sobre el por qué no tenía más cuidado y otras tantas cosas que no recuerdo muy bien.

La muerte siempre ha rondado en mi vida. Otra vez me salvé y diré: por algo será. No creo en el destino, pero sé que existe, así como el amor a primera vista.

Ese momento del accidente, ese instante, mi vida transcurrió como una película, cuadro por cuadro. Tuve miedo, ese miedo que te comprime las tripas, esa sensación de vacío, de soledad.

La razón: hasta ahora, no cumplía mis sueños de adolescente. Dejar huella, ayudar, que todos conozcan mi nombre, tantas cosas que quiero, lo quiero todo, todo para mí. Sin embargo, hasta ahora, nada.

La verdad, y tengo que decirlo, no sé cómo conseguir lo que tanto deseo en mi vida. Tan difícil, pero supongo que lo difícil sí vale la pena. Esa fe ciega, esa pasión, esos sueños, no me dejan dormir tranquilo...

lunes, 23 de marzo de 2020

YO TAMBIÉN LO SÉ II:


Sé bien lo que es perderlo todo, lo sé, me pasó, lo viví. Recordarlo es como escarbar heridas profundas intentando retroceder el tiempo y no poder hacerlo. Duele, pero va sanando. Durante mi corta vida he perdido muchas cosas. Mi cámara fotográfica, también la perdí.

Cuando estudiaba Ciencias de la Comunicación Social, en el curso de Taller de Fotografía (o una cosa así se llamaba), compramos una cámara marca Canon T5i. Fuimos a Tacna para traer la cámara a un precio menor y la conseguimos. También era aprovechar el viaje. Me encanta viajar. Adoro los viajes largos, mirar por la ventana, hermoso espectáculo.

Nunca podemos saber lo que puede ocurrir en el futuro, es imposible ver lo que va a pasar, quizás por eso muchas veces tenemos miedo a elegir, porque no sabemos si esa elección será buena o mala. Arriesgarse, es también como una tela de araña, nunca se sabe. Pero si fuera fácil elegir, no habría chiste vivir.

Yo creo que al final es que la elección sí se realice, porque eso define quiénes somos, y eso nos hace grandes. Nosotros elegimos comprar la cámara porque sabíamos que era lo mejor. Sería conveniente para un aprendizaje profundo de la fotografía. El tiempo que la tuve, sin duda, lo fue.

Al año siguiente, llevé el curso de Producción Audiovisual; si recuerdo bien era en sexto semestre. Allí pasó todo. Por más que intento, es imposible retroceder al pasado y cambiarlo, no se puede. Nada se puede cambiar desde el pasado, nada, aunque luego encontré una manera para volver en el tiempo, pero eso será en otro post.

Perdí mi cámara, me la robaron. No sé realmente qué sucedió. Cuando salimos a rodar (filmar, grabar), dejé mi mochila en un banquito de un parque muy concurrido de mi ciudad. Dejé a alguien para que me la cuidara y nunca lo hizo, o si lo hizo, lo hizo mal. No es bueno confiar en las personas, ahora lo sé. Supongo que lección aprendida, puf, qué más da.

En pocos segundos la mochila y con todo lo que había dentro desapareció. Mi cámara, mi librito de Arguedas ("Todas las Sangres"), mi módem, mi tablet (7"), entre otras pequeñeces. No había mochila, no saber a dónde ir, a quién preguntar. Como si la tierra se la hubiera tragado. Nada.

Mi reacción no la voy a describir porque no me gusta recordar momentos que duelen, que aún no han sanado. Solo diré que no sabía qué hacer. Te quedas helado. Una sensación fría en el estómago, parecida al amor, pero su opuesto. Duele. Sé lo mucho que duele. Lo sé, yo también lo sé.

Dicen que ese tipo de sucesos son los que te hacen fuerte, ellos te definen y eso, en la medida que lo veamos con positivismo, nos hace ser mejores personas. Quién quiere ser fuerte, quién quiere ser mejor persona, ¿quién? Al diablo con eso. Autoayuda barata. En fin.

Lo que me duele es que nunca le pude decir a mi madre. Ni siquiera ahora lo sabe. Supongo que hay verdades que no se pueden ni deben decir. Es mejor una mentira a una verdad. Está mal, claro que lo está, pero qué más da, es mejor así, bueno, tal vez no. Lo que ella sabe es que con la "cámara" estoy haciendo fotos, fotos que supongo algún día va a querer que le muestre. Varias veces me preguntó sobre la cámara. Pienso que sospecha, pero trato de evitar en lo posible hacer referencia a ese objeto. Es complicado.

No soy bueno mintiendo, cualquiera se daría cuenta cuando lo hago, pero tengo que intentarlo porque si ella supiera la verdad se decepcionaría de mi. No quiero dar más decepciones, suficiente con lo que hice. Creo que nadie querría eso. Pero, justo para eso trabajo, para comprar una cámara y poder dormir tranquilo después de mucho tiempo. Lo haré, tengo que hacerlo. No tengo más opciones...

domingo, 22 de marzo de 2020

CURIOSIDADES:


Hoy quisiera hablar de ella, siempre la menciono en todos lados, pero creo que esta vez se merece todo: MI MADRE.

Ahora, ella está en Nueva Delhi, India. Su plan de vuelo fue así: viajó rumbo a Sao Paulo, Brazil, luego hizo escala en Dubái, Emiratos Árabes, y arribó a Nueva Delhi, India. Ni ella misma se imaginó llegar tan lejos.

Estará por cinco meses, desde marzo hasta agosto, en el Barefoot College India, una organización sin fines de lucro, gracias a la Universidad del Pacífico de Lima y el aporte de personas de buen corazón.

Hace como 8 años también viajó a España durante un mes, a compartir experiencias en ese país europeo. Y hace poco, también fue a Colombia y Ecuador, una visita guiada, durante 15 días.

Gracias a mi madre soy lo que soy, además cree en mí y eso es suficiente. Pero sus sueños para conmigo, cuando todavía era pequeño, eran brutales. Quería que lo tuviera todo.

Las mamás siempre quieren mucho para sus hijos. Quería que fuera piloto de avión, pero sus sueños fueron frustrados por el dinero y mi baja visión. "Me gustaría que viajaras por todo el mundo", solía decirme.

También quería que fuera futbolista, pero este niño no quería, sabía jugar, pero también hubo problemas con el talón y todo se vino abajo. "Quisiera verte en la televisión", una vez me dijo.

Quería que estudiara derecho, medicina o ingeniería, pero justo allí llegaron a mi los libros y me hicieron pensar diferente, me volví rebelde, muchas veces un rebelde sin causa, pero creyendo en nada y no sabiendo cómo hacerlo.

Hasta ahí todo bien. Pudo haber ido bien con sus sueños, pero lo que ella no esperaba era que a mí llegaran mis problemas personales. La depresión, la ansiedad y el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), me golpearon de tal manera que durante cinco años solo pensaba en morirme, no querer hacer nada, querer permanecer en casa, dormir mucho más tiempo. Pero aún así, caminando, creyendo en mis sueños, leyendo, estudiando, estar a punto del suicidio, pero la cobardía no me lo permitía. Pudo ser mejor, pudo ser peor, nunca lo sabré.

Mi madre también dice que yo solo viviré hasta los 33 años, vaya uno a saber por qué. Nunca me lo dice, pero la escuché, lo que sucede es que siempre estoy en lugares que no debo de estar. En realidad, creo que ella es muy consciente que cualquier cosa me puede suceder porque a mí me gusta viajar, y hacerlo es como andar sobre una telaraña. Siempre he creído que la vida es una fina y delgada telaraña, un pequeño movimiento en falso puede arruinarlo todo.

Todo pasa por algo, dicen. Yo creo que pasan porque uno decide lo que tiene que pasar. Mis malas decisiones me llevaron a cometer muchos errores, pero por algo estoy aquí. Soy creyente que los errores se pueden corregir. Eso es bueno. A lo largo de estos años lo único que he estado haciendo es corregir mi vida, no para mí, sino para lo que vendrá después.