sábado, 28 de diciembre de 2019

EXTRACTO NÚMERO SEIS:


#mi_primera_novela

Pimpinela como telón de fondo. La vida, una sucesión de hechos y acciones de mejora continua. El tiempo, siempre cambiante. El dolor, inevitable, pero el sufrimiento es opcional. La muerte, la mejor solución cuando no se puede hacer más de lo que ya se hizo. Y está bien, todo está bien en la medida que un acto no afecte a otros si se puede evitar.

Cuánto más te gusta alguien, más débil te muestras. Cuánta verdad hay en esas líneas. No hay mejor manera que vivir al límite de lo que está permitido. Hay gente tan simple que cualquier motivo lo convierte en un hecho digno de ser contado como un chisme. 'Y luego estoy yo, que a veces no sé lo que quiero, ni sé lo que debo hacer con mi vida, pero dando todo lo que puedo en la medida de mis posibilidades, porque creo que no hay mejor forma de vivir que eso, aunque luego el dolor me taladre, me estruje las piernas y no sepa a dónde ir'.

Ella a tu lado, echada en un banquito cerca de las calles Costanera y Carabaya. Tú, sentado, mirando el oriente, el lago, la vegetación, el destino cruel de los amores de primavera. Justo allí la vida es hermosa o parece serlo. El tema de conversación, algo. Después de todo, eso es lo que más te gusta: solo tener su compañía, mirarla, sonreír sin explicación y dejar que el tiempo pase; lo demás, es nada de lo que valga la pena ser contado.

Te acercas, 'te quiero', su fragancia es tan dulce como las flores de verano. La besas, su cuello es suave como la porcelana, sabe a droga y por un instante te olvidas de vivir. Pero con un giro de su cabeza, rompe esa chispa que crecía incontenible. Así siempre ha sido desde un inicio. Tu siempre tan predispuesto y ella sin desear nada de lo que tú quieres. Bueno, eso te parece.

La deseas más de lo que está permitido. Quieres tocarla. Se ha convertido en una droga. Quieres abrazarla hasta perder los estribos, el horizonte, el motivo... Perderte en su cintura, en su cuello, en sus labios... ¡Oh, París!...

Son las cuatro y once minutos de la mañana. Sudas. Llueve. Hay una sonrisa inexplicable en tu pecho. Calor en tu alma. Estás demasiado cansado como para salir a correr.  Piensas. Vuelves a dormir. 'No malogres esto que siento por ti'.

#mi_primera_novela

jueves, 26 de diciembre de 2019

TE LO DIGO EN SERIO:



**”No puedo evitar sonreír y decirme a mí mismo: Sonríe pequeño, y lo de pequeño te lo digo en serio porque lo sigues siendo. No entiendo por qué siempre andas triste”**

miércoles, 25 de diciembre de 2019

NAVIDAD 2019:


**“Otra vez navidad, la segunda navidad sin mamá”**

Tenía dos mamá's. Mi madre biológica es la que sigue con vida, la que pese a todos mis arrebatos siempre ha confiado en mí y aún cree en mí.

La que me dio su apellido es la que se fue. Nunca pregunté la razón de por qué lo hicieron así. Llevo un apellido distinto al que debería. Pero creo que no importa mucho. No soy quién para juzgar a las personas, y mucho menos las decisiones de mi familia.

domingo, 22 de diciembre de 2019

MI NOMBRE ES GORKI MAQUERA:



(Cinco años después, cuando Facebook me lo recuerde, también quisiera que esta micro-biografía se lea en otros lugares aparte de este medio).

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Antes que nada, me encanta romantizar mi vida. Mi nombre es Gorki Maquera (da igual con "y" o "i”, aunque la prefiero con la primera). Nací el día número veintisiete del quinto mes del año 9-; así que tengo veinti-largos años encima. Aunque escribo como si hubiese vivido al menos cuarenta o más. No hablo por las experiencias sino por mi abundante sentimentalismo y melancolía. Desbordo emociones desde la niñez y todavía no aprendo a controlarlas. Soy originario de la región de Puno, aunque me hubiera gustado nacer en la República Independiente de Arequipa.

Actualmente me encuentro estudiando Literatura en la Universidad Nacional del Altiplano de Puno de la cual no puedo estar más orgulloso. ¿Por qué Literatura? La respuesta a la pregunta del siglo radica en dos décadas de un entorno cuadrado. No comparto las mismas ideas de mi padre. Mi mamá es la mejor persona del mundo. Ella me apoya más, cree en mí y eso es suficiente.

Sin embargo, preocupados por la situación laboral del país, me pidieron un sustento aceptable: el título de una carrera universitaria que, si bien no me apasionaba, al menos podía darme trabajo. Me negué a estudiarla (solo diré eso aunque no es verdad). Fue entonces cuando elegí Ciencias de la Comunicación Social, aunque antes concluí con éxito y satisfacciones la..., la que estudié solo para autoafirmarme que no necesitaba a nadie y menos un psicólogo para ponerme bien, y lo conseguí... (También es otra mentira o yo qué sé).

Mi educación media superior constituyó un debate entre “el qué quiero ser y el qué debo ser para tener éxito en la vida”. Estudiar Medicina era mi fascinación y siempre partía de la pregunta ¿Cómo podría alguien que de niño soñó con ser un gran científico, director de la NASA, convertirse en un súper dotado y vivir en el Silicon Valley, London o París? Nunca obtuve respuesta. Desistí cuando cursé el tercero de media en mi último año del vocacional (otra mentira). La admiración que sentí hacia la literatura francesa, sobre todo porque creí y creo en la tesis de La Literatura Comprometida de Jean Paul Sartre y en la magia de la Literatura inglesa, fue lo real. Eso terminó por convencerme de que estudiar Comunicación era una buena idea.

Jamás pasó por mi cabeza dedicarme a las letras. Siempre pensé que haciéndolo le perdería el gusto a la escritura. Para empezar, porque me daría cuenta de lo malo que soy, y para terminar, porque no me agradan los académicos, siempre me parecieron gente creída. Pero cuando estudié Ciencias de la Comunicación Social, se fue esa magia que tanto temía a que se separara de mí, y no pude evitarlo. Cuatro años y medio en los que la Literatura no fue pan de cada día y el poco estímulo recibido (nulo), hizo que mi gusto a las letras desapareciera.

A pesar de estar satisfecho con mi carrera actual, apliqué a la Facultad de Ciencias Políticas y Jurídicas dos veces para estudiar Derecho; no me quedé. En ese momento decidí invertir todo mi empeño en la universidad sin dejar de lado la poesía y la novela, mis únicas vías de salida.

Empecé a escribir textos en el año 2007, de ahí en cuanto mi número mágico: el siete; aunque ya llevaba bastante tiempo deseando hacerlo. No conozco a jóvenes con los que quisiera compartir mis sueños, pero sé que los hay y merecen todo mi respeto. Un tiempo atrás quemé todo lo que había escrito por miedo a que alguien lo leyera, tampoco me arrepiento, sé que estaban mal escritas esas antologías.

Tengo tanto en mente y en papel que, cuando llegue el momento, será mi primera novela. Ojalá. Lo que comenzó como una salida de emergencia para un adolescente de catorce años golpeado por el desamor, ha desembocado en varias catarsis que he hecho y me ha regalado, en privado, los mejores momentos de mi vida.

El que siempre lo da todo, termina perdiendo todo. Que muchas veces la vida no es justa con algunos. Que el para siempre no dura más que un suspiro. Que un te quiero, por más sincero que sea, no es creíble para quien lo escucha. Que hagas lo que hagas siempre va a ser un error para los demás. Que el hablar de más puede ser usado en tu contra. Que el dinero no lo es todo en la vida, pero es importante (otra mentira). Que el verbo amar no se conjuga en el pretérito pluscuamperfecto, sino en el presente simple del modo indicativo de la primera persona del plural. Que todo es relativo en la vida. Que nada dura para siempre aunque a veces así pareciera.

A lo largo de este tiempo he aprendido que nunca es tarde para lo que uno quiere hacer. Nunca es tarde para cambiar. Nunca es tarde para empezar de nuevo. Nunca es tarde para rendirse y dejarlo todo sin que nadie te exija explicaciones. Nunca es tarde insistir en lo que te apasiona. Nunca. El miedo siempre está.


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(Gracias por leerlo, y si puedes escríbeme en privado para escribirte algo bonito, de eso se trata la Literatura, de dejar huella en personas que aún no conozco. No quiero morir sin dejar algo aquí, y no moriré sin conocerte a ti).

martes, 17 de diciembre de 2019

EXTRACTO NÚMERO CINCO:


#mi_primera_novela

Ese día que hablaron sobre las orcas parece que fue hace mucho, pero no lo es. Solo han pasado unas semanas y fue en el parque Mariátegui, al frente de la escuela de arte.

No recuerda muy bien cómo empezó la conversación sobre esos cetáceos, solo sabe que por alguna razón empezaron a hablar sobre las ballenas y sobre el tamaño de su corazón.

Ese tipo de conversaciones es la que recuerda más. Las que no parecen llevar a nada, pero en su simpleza guardan todo lo que uno desea: estar cerca de ella y escucharla; después de todo había un sentimiento expresamente claro para él, pero para ella no lo era. A veces el tiempo se detiene en lugares y espacios que no se pueden evitar. 'La relatividad de la que Einstein hablaba'. A veces todo era inevitable.

Internet fue quien dio las respuestas a varias interrogantes. La ballena tiene un corazón del tamaño de una de esas 'motitos torito'. Más de un metro desde todos los lados. Ese tamaño parece pequeño para controlar un cetáceo de grandes dimensiones. ¿Cómo algo tan chiquito puede hacer funcionar a un enorme mamífero? A veces tampoco hay respuestas a varias interrogantes. Eso también lo sabe.

Él la mira y sonríe. Ella pregunta por qué lo hace. Tampoco hay respuesta para eso. ¿Qué podría decir? 'Me gustas y no sé por qué'. Ya, pero la sonrisa es más por nerviosismo que por otra cosa. 'Hay pocas personas que pueden hacer que uno se comporte como un estúpido. Ella, era una de esas. Como alguna vez él lo dijo: ella era su pequeña debilidad. A ella le daba igual. A veces no es bueno decir nada a nadie para que no tenga poder sobre uno. Eso él también lo sabe, pero igual lo hace. 'Idealizas mucho a las personas; esperas mucho de las personas'. Eso también era verdad.

Pero era feliz, ahí, ahora, aquí, en este momento, en este instante. 'Era feliz después de mucho'. Siempre se había preguntado si alguna vez en algún futuro iba a volver a sonreír: este, tal vez lo era. 'Por favor, no malogres esto que siento por ti', se decía para sí mismo. Tenía tanto miedo de perder a la persona que estaba a su lado, justo ahora. Pero eso también parecía inevitable...

#mi_primera_novela

miércoles, 11 de diciembre de 2019

EXTRACTO NÚMERO CUATRO:


#miprimeranovela

Pero ya ha olvidado ese día que hablaron por primera vez. Esa noche en el que le dijo a ella lo mucho que le gustaba. Ya no lo recuerda como si hubiera sido hace poco, ni siquiera tiene en la mente los detalles ni el día ni la hora ni lo que dijo ni lo que se dijeron.

Ella estaba saliendo de la universidad, y él le escribió para que lo esperara. Se encontraron en la puerta principal a eso de las 5 de la tarde. Hablaron. 'Hola, hola'. Caminaron en dirección hacia donde sale el sol, como quien se va a la puerta de postgrado. Ambos parecían estar nerviosos, él lo estaba más, seguro que sí. Ella era especial para él, tanto o más importante que sus libros, y ella lo sabía.

'¿Cómo pasó esto? ¿Por qué te gusto? Dime'. Como exigiendo la verdad, pero la verdad era esa si es que la había. 'Me gustas, me encantas, eres hermosa, divertida, amable. ¿Qué más?'. A veces las emociones son difíciles de exteriorizar y más cuando no sabes bien cómo sucedió, porque al final solo parecen ser palabras vacías que no se muestran creíbles.

Esa vez que caminaron quería saberlo todo, absolutamente todo. '¿Por qué? ¿Cuándo pasó? ¿Estás seguro?'. Cuando las luces parecían ya no iluminar, desandaron el camino. Era un ir y venir que era hermoso. Nada se interponía entre los dos, solo las circunstancias trágicas que luego se dieron, pero ese momento, como lo dije, ya no lo recuerda mucho.

Él solo la miraba, buscando respuestas a las preguntas que ella le hacía, no sabía qué decirle: tal vez no estaba seguro. 'No, si lo estaba: le gustaba porque...'

No sabía el por qué y si lo sabía era muy tonto como para darse cuenta. Su voz, tan áspera, tan fría. Sus ojos, tan brillantes y resplandecientes, detrás de esos cristales. Su sonrisa, sus pecas, sus cabellos. Y esos lunares que la hacían ver sexy, 'sí'. Físicamente atractiva y emocionalmente hermosa.

Se supone que cuando alguien te gusta, no solo te atrae emocionalmente, que quieres compartir un momento con esa persona, o se siente lo que se conoce sobre las mariposas en el estómago. Tambien te atrae físicamente, es decir siempre existirá ese deseo carnal o, en palabras simples, quieres acostarte con la persona porque al final, se quiera o no aceptar, todo se reduce a eso último. Lo otro, el momento, la diversión, el pasar momentos juntos, todo lleva al mismo fin. No hay que tapar el sol con un dedo, aquí nadie ha inventada la pólvora. '¿Cómo decirle que también le atraía sexualmente sin esperar recibir una cachetada de ella?'

Sonríe, en algún lugar alguien piensa en ti. 'Ojalá nos sentáramos, estrecharía sus manos, tocaría su rostro, me perdería en sus ojos... Sentémonos allí'. En esos asientos de cemento cerca a la puya, ese monumento de tamaño real en honor a esa planta que existe en el norte. Ella al costado izquierdo de él. Se miraron y el tiempo se detuvo y su corazón pareció explotar. 'Nunca antes había escrito tanto a alguien como a ti'.

También ha olvidado los bonitos mensajes que le escribió tiempo atrás cuando aún tenía el corazón alborotado por ella. Su imagen siempre viva y el hecho de verla todavía hasta en sus sueños. Ha olvidado todo y tampoco quiere recordarlo, si es que aún lo recuerda.

Agarró las manos de ella. Frías, suaves, pequeñas. No sabía qué decir. 'Era más fácil escribir que decirlo en voz alta, fuerte y clara: te quiero'. Era verdad para él, pero ella lo dudaba: no podía sentir tanto en poco tiempo, pero olvidaba lo relativo que a veces podía ser el tiempo. 'No quiero darte falsas esperanzas porque me agradas. Seamos amigos'. Su voz, tan sincera, mostraba tanta verdad. 'Déjame intentarlo'. Silencio.

De lo poco que recuerda es que había frío en ese espacio vacío donde se encontraban. Nunca supo si el frío era por la respuesta de ella o porque en verdad el clima estaba hacienda mella a su cuerpo. Lo único que parecía notar era que nunca debió haberle dicho nada, ni una palabra porque lo único que estaba logrando era que ella se suba en un pedestal tan alto y no había forma de bajarla de allí. En ese tiempo se daba cuenta, pero no era muy consciente de ello. Eso también lo ha olvidado.

#miprimeranovela

miércoles, 4 de diciembre de 2019

EXTRACTO NÚMERO TRES:


#miprimeranovela

Así sucede, a veces. Todo es cambiante. Tal vez pasa porque el tiempo no se detiene, avanza cual si fuera un avión a su destino, recto, contra corriente, fuerte, pero nunca se detiene. Enemigo mortal que aplasta cualquier sueño o lo vuelve realidad.

Cuando creces, por lo general suceden dos cosas, o vas perdiendo los recuerdos de tu infancia con bastante facilidad o vas recordando cada momento como si fuera ayer. Cada persona tiene sus maneras para recordar y depende sobre todo de la forma como guardaron esos momentos, pero nada se hace con intención, sucede y ya.

Ella recordaba cada momento vivido como si fuera ayer. A sus 17 años recién cumplidos el pasado mes de octubre, ya era una chica capaz de tomar sus propias decisiones. Era responsable con lo que hacía. Y ahora, a dos meses de terminar el colegio, lo único que pensaba era en seguir estudiando. Postularía a la universidad el año próximo en el examen general; Sin embargo, ahora, nuevamente sucumbía a sus recuerdos, para ella hacer catarsis siempre era importante. Era su palabra favorita.

'Mi madre siempre me golpeaba con una regla que teníamos en casa. Yo creo que los golpes son buenos en la medida que sirven para corregir y no abusar'. Tenía 9 años, cuando se quedó viendo en el televisor unos animes que desde que aparecieron no había dejado de verlos. Su madre le había ordenado que hiciera las tareas que le habían dejado en la escuela para luego tener tiempo libre y poder hacer todo lo demás, pero no lo hizo. 'A veces los niños no obedecen a sus mayores y eso está mal. Pienso que tenía bien merecido ese golpe, solo ahora me doy cuenta'. A medida que vamos creciendo le damos más valor a las cosas que suceden tiempo atrás. Siempre ha sido así, eso nunca cambia.

Y así, sin darnos cuenta, crecemos. Inteligente, vivaz, risueña. Su primer ejercicio de álgebra lo había resuelto antes de cumplir los 10, era un ejercicio sobre inecuaciones de tercer grado. Todas las fórmulas algebraicas estaban en su cabeza. No sólo memorizadas, sino que las sabía utilizar sin problemas. Su amor a las matemáticas era tan igual como su amor al estudio, pero el tiempo siempre cambia las cosas, los lugares, los momentos. 'No sé qué pasó, pero de un momento a otro me dejó de gustar los números y me incliné por las letras'. En realidad, lo recuerda muy bien, pero esos recuerdos fueron obligados a no recordarse.

Cuando ingresó a tercero de media tuvo uno de los peores docentes de matemática desde la primaria, aburrido, parco, sin ánimo, enfermo, viejo, pesado, soso. A partir de esa fecha, la niña que aspiraba a dedicarse a la ingeniería, se perdió, desapareció. 'Yo tenía 13 años y llegó. "Madame Bovary" fue la novela que me hicieron leer en el curso de lengua y literatura, traen un resumen, nos dijo nuestra profesora. Sin previo aviso y sin darme cuenta, me encantaba leer y parecía que desde siempre'.

Ese momento es vivo en su memoria como otros tantos recuerdos. Cada momento bueno para ella debe ser recordado y lo recuerda y lo guarda en su memoria como algo valioso. Así se va formando su memoria, poco a poco.

#miprimeranovela