**”No puedo evitar sonreír y
decirme a mí mismo: Sonríe pequeño, y lo de pequeño te lo digo en serio porque
lo sigues siendo. No entiendo por qué siempre andas triste”**
Hola, me hago llamar Lapislázuli. Leer me hizo un ser solitario, sensible, triste, intenso y egoísta. Todo sucedió por desamor. Cuando tenía 15 años dejaron mi corazón hecho pedazos y como consecuencia de ello encontré en la literatura mi vía de escape de un mundo que detesto. Escribo desde los 15 en hojas de mis cuadernos vacíos. Creo en el amor, en su fuerza, y así como el dolor, es un motor que nos mueve. Este espacio es la recuperación de todos mis escritos y un lugar para conocerme mejor.
jueves, 26 de diciembre de 2019
miércoles, 25 de diciembre de 2019
NAVIDAD 2019:
**“Otra vez navidad, la segunda navidad sin mamá”**
Tenía dos mamá's. Mi madre biológica
es la que sigue con vida, la que pese a todos mis arrebatos siempre ha confiado en mí y aún cree en mí.
La que me dio su apellido es la que se fue. Nunca
pregunté la razón de por qué lo hicieron así. Llevo un apellido distinto al que debería. Pero creo que no importa mucho. No soy
quién para juzgar a las personas, y mucho menos las decisiones de mi familia.
domingo, 22 de diciembre de 2019
MI NOMBRE ES GORKI MAQUERA:
(Cinco años después, cuando Facebook me
lo recuerde, también quisiera que esta micro-biografía se lea en otros
lugares aparte de este medio).
*******
Antes que nada, me encanta romantizar mi vida. Mi nombre es Gorki Maquera (da
igual con "y" o "i”, aunque la prefiero con la primera). Nací el
día número veintisiete del quinto mes del año 9-; así que tengo veinti-largos años
encima. Aunque escribo como si hubiese vivido al menos cuarenta o más.
No hablo por las experiencias sino por mi abundante sentimentalismo y
melancolía. Desbordo emociones desde la niñez y todavía no aprendo a
controlarlas. Soy originario de la región de Puno, aunque me hubiera gustado
nacer en la República Independiente de Arequipa.
Actualmente me encuentro estudiando
Literatura en la Universidad Nacional del Altiplano de Puno de la cual no puedo
estar más orgulloso. ¿Por qué Literatura? La respuesta a la pregunta del siglo
radica en dos décadas de un entorno cuadrado. No comparto las mismas ideas de
mi padre. Mi mamá es la mejor persona del mundo. Ella me apoya más, cree en mí
y eso es suficiente.
Sin embargo, preocupados por la
situación laboral del país, me pidieron un sustento aceptable: el título de una
carrera universitaria que, si bien no me apasionaba, al menos podía darme
trabajo. Me negué a estudiarla (solo diré eso aunque no es verdad). Fue
entonces cuando elegí Ciencias de la Comunicación Social, aunque antes concluí con
éxito y satisfacciones la..., la que estudié solo para autoafirmarme
que no necesitaba a nadie y menos un psicólogo para ponerme bien, y lo
conseguí... (También es otra mentira o yo qué sé).
Mi educación media superior
constituyó un debate entre “el qué quiero ser y el qué debo ser para tener
éxito en la vida”. Estudiar Medicina era mi fascinación y siempre
partía de la pregunta ¿Cómo podría alguien que de niño soñó con ser un gran
científico, director de la NASA, convertirse en un súper dotado y vivir en el Silicon
Valley, London o París? Nunca obtuve respuesta. Desistí cuando cursé el tercero
de media en mi último año del vocacional (otra mentira). La admiración que
sentí hacia la literatura francesa, sobre todo porque creí y creo en la tesis
de La Literatura Comprometida de Jean Paul Sartre y en la magia de la
Literatura inglesa, fue lo real. Eso terminó por convencerme de que estudiar
Comunicación era una buena idea.
Jamás pasó por mi cabeza dedicarme
a las letras. Siempre pensé que haciéndolo le perdería el gusto a la escritura.
Para empezar, porque me daría cuenta de lo malo que soy, y para terminar,
porque no me agradan los académicos, siempre me parecieron gente creída. Pero
cuando estudié Ciencias de la Comunicación Social, se fue esa magia que tanto
temía a que se separara de mí, y no pude evitarlo. Cuatro años y medio en los
que la Literatura no fue pan de cada día y el poco estímulo recibido (nulo),
hizo que mi gusto a las letras desapareciera.
A pesar de estar satisfecho con mi
carrera actual, apliqué a la Facultad de Ciencias Políticas y Jurídicas dos
veces para estudiar Derecho; no me quedé. En ese momento decidí invertir todo
mi empeño en la universidad sin dejar de lado la poesía y la novela, mis únicas
vías de salida.
Empecé a escribir textos en el año
2007, de ahí en cuanto mi número mágico: el siete; aunque ya llevaba bastante
tiempo deseando hacerlo. No conozco a jóvenes con los que quisiera compartir
mis sueños, pero sé que los hay y merecen todo mi respeto. Un tiempo atrás
quemé todo lo que había escrito por miedo a que alguien lo leyera, tampoco me
arrepiento, sé que estaban mal escritas esas antologías.
Tengo tanto en mente y en papel
que, cuando llegue el momento, será mi primera novela. Ojalá. Lo que comenzó
como una salida de emergencia para un adolescente de catorce años golpeado por
el desamor, ha desembocado en varias catarsis que he hecho y me ha regalado, en
privado, los mejores momentos de mi vida.
El que siempre lo da todo, termina perdiendo todo. Que muchas veces la vida no es justa con algunos. Que el para siempre no dura más que un suspiro. Que un te quiero, por más sincero que sea, no es creíble para quien lo escucha. Que hagas lo que hagas siempre va a ser un error para los demás. Que el hablar de más puede ser usado en tu contra. Que el dinero no lo es todo en la vida, pero es importante (otra mentira). Que el verbo amar no se conjuga en el pretérito pluscuamperfecto, sino en el presente simple del modo indicativo de la primera persona del plural. Que todo es relativo en la vida. Que nada dura para siempre aunque a veces así pareciera.
A lo largo de este tiempo he aprendido que nunca es tarde para lo que uno quiere hacer. Nunca es tarde para cambiar. Nunca es tarde para empezar de nuevo. Nunca es tarde para rendirse y dejarlo todo sin que nadie te exija explicaciones. Nunca es tarde insistir en lo que te apasiona. Nunca. El miedo siempre está.
El que siempre lo da todo, termina perdiendo todo. Que muchas veces la vida no es justa con algunos. Que el para siempre no dura más que un suspiro. Que un te quiero, por más sincero que sea, no es creíble para quien lo escucha. Que hagas lo que hagas siempre va a ser un error para los demás. Que el hablar de más puede ser usado en tu contra. Que el dinero no lo es todo en la vida, pero es importante (otra mentira). Que el verbo amar no se conjuga en el pretérito pluscuamperfecto, sino en el presente simple del modo indicativo de la primera persona del plural. Que todo es relativo en la vida. Que nada dura para siempre aunque a veces así pareciera.
A lo largo de este tiempo he aprendido que nunca es tarde para lo que uno quiere hacer. Nunca es tarde para cambiar. Nunca es tarde para empezar de nuevo. Nunca es tarde para rendirse y dejarlo todo sin que nadie te exija explicaciones. Nunca es tarde insistir en lo que te apasiona. Nunca. El miedo siempre está.
*******
(Gracias por leerlo, y si
puedes escríbeme en privado para escribirte algo bonito, de eso se trata la
Literatura, de dejar huella en personas que aún no conozco. No quiero morir sin
dejar algo aquí, y no moriré sin conocerte a ti).
martes, 17 de diciembre de 2019
EXTRACTO NÚMERO CINCO:
#mi_primera_novela
Ese día que hablaron sobre las
orcas parece que fue hace mucho, pero no lo es. Solo han pasado unas semanas y
fue en el parque Mariátegui, al frente de la escuela de arte.
No recuerda muy bien cómo empezó la
conversación sobre esos cetáceos, solo sabe que por alguna razón empezaron a
hablar sobre las ballenas y sobre el tamaño de su corazón.
Ese tipo de conversaciones es la
que recuerda más. Las que no parecen llevar a nada, pero en su simpleza guardan
todo lo que uno desea: estar cerca de ella y escucharla; después de todo había
un sentimiento expresamente claro para él, pero para ella no lo era. A veces el
tiempo se detiene en lugares y espacios que no se pueden evitar. 'La
relatividad de la que Einstein hablaba'. A veces todo era inevitable.
Internet fue quien dio las
respuestas a varias interrogantes. La ballena tiene un corazón del tamaño de
una de esas 'motitos torito'. Más de un metro desde todos los lados. Ese tamaño
parece pequeño para controlar un cetáceo de grandes dimensiones. ¿Cómo algo tan
chiquito puede hacer funcionar a un enorme mamífero? A veces tampoco hay
respuestas a varias interrogantes. Eso también lo sabe.
Él la mira y sonríe. Ella pregunta
por qué lo hace. Tampoco hay respuesta para eso. ¿Qué podría decir? 'Me gustas
y no sé por qué'. Ya, pero la sonrisa es más por nerviosismo que por otra cosa.
'Hay pocas personas que pueden hacer que uno se comporte como un estúpido.
Ella, era una de esas. Como alguna vez él lo dijo: ella era su pequeña
debilidad. A ella le daba igual. A veces no es bueno decir nada a nadie para
que no tenga poder sobre uno. Eso él también lo sabe, pero igual lo hace.
'Idealizas mucho a las personas; esperas mucho de las personas'. Eso también
era verdad.
Pero era feliz, ahí, ahora, aquí,
en este momento, en este instante. 'Era feliz después de mucho'. Siempre se
había preguntado si alguna vez en algún futuro iba a volver a sonreír: este,
tal vez lo era. 'Por favor, no malogres esto que siento por ti', se decía para
sí mismo. Tenía tanto miedo de perder a la persona que estaba a su lado, justo
ahora. Pero eso también parecía inevitable...
#mi_primera_novela
miércoles, 11 de diciembre de 2019
EXTRACTO NÚMERO CUATRO:
#miprimeranovela
Pero ya ha olvidado ese día que hablaron por primera vez. Esa
noche en el que le dijo a ella lo mucho que le gustaba. Ya no lo recuerda como
si hubiera sido hace poco, ni siquiera tiene en la mente los detalles ni el día
ni la hora ni lo que dijo ni lo que se dijeron.
Ella estaba saliendo de la universidad, y él le escribió para
que lo esperara. Se encontraron en la puerta principal a eso de las 5 de la
tarde. Hablaron. 'Hola, hola'. Caminaron en dirección hacia donde sale el sol,
como quien se va a la puerta de postgrado. Ambos parecían estar nerviosos, él
lo estaba más, seguro que sí. Ella era especial para él, tanto o más importante
que sus libros, y ella lo sabía.
'¿Cómo pasó esto? ¿Por qué te gusto? Dime'. Como exigiendo la
verdad, pero la verdad era esa si es que la había. 'Me gustas, me encantas,
eres hermosa, divertida, amable. ¿Qué más?'. A veces las emociones son
difíciles de exteriorizar y más cuando no sabes bien cómo sucedió, porque al
final solo parecen ser palabras vacías que no se muestran creíbles.
Esa vez que caminaron quería saberlo todo, absolutamente todo.
'¿Por qué? ¿Cuándo pasó? ¿Estás seguro?'. Cuando las luces parecían ya no
iluminar, desandaron el camino. Era un ir y venir que era hermoso. Nada se
interponía entre los dos, solo las circunstancias trágicas que luego se dieron,
pero ese momento, como lo dije, ya no lo recuerda mucho.
Él solo la miraba, buscando respuestas a las preguntas que ella
le hacía, no sabía qué decirle: tal vez no estaba seguro. 'No, si lo estaba: le
gustaba porque...'
No sabía el por qué y si lo sabía era muy tonto como para darse
cuenta. Su voz, tan áspera, tan fría. Sus ojos, tan brillantes y
resplandecientes, detrás de esos cristales. Su sonrisa, sus pecas, sus
cabellos. Y esos lunares que la hacían ver sexy, 'sí'. Físicamente atractiva y
emocionalmente hermosa.
Se supone que cuando alguien te gusta, no solo te atrae
emocionalmente, que quieres compartir un momento con esa persona, o se siente
lo que se conoce sobre las mariposas en el estómago. Tambien te atrae físicamente,
es decir siempre existirá ese deseo carnal o, en palabras simples, quieres
acostarte con la persona porque al final, se quiera o no aceptar, todo se
reduce a eso último. Lo otro, el momento, la diversión, el pasar momentos
juntos, todo lleva al mismo fin. No hay que tapar el sol con un dedo, aquí
nadie ha inventada la pólvora. '¿Cómo decirle que también le atraía sexualmente
sin esperar recibir una cachetada de ella?'
Sonríe, en algún lugar alguien piensa en ti. 'Ojalá nos
sentáramos, estrecharía sus manos, tocaría su rostro, me perdería en sus
ojos... Sentémonos allí'. En esos asientos de cemento cerca a la puya, ese
monumento de tamaño real en honor a esa planta que existe en el norte. Ella al
costado izquierdo de él. Se miraron y el tiempo se detuvo y su corazón pareció
explotar. 'Nunca antes había escrito tanto a alguien como a ti'.
También ha olvidado los bonitos mensajes que le escribió tiempo
atrás cuando aún tenía el corazón alborotado por ella. Su imagen siempre viva y
el hecho de verla todavía hasta en sus sueños. Ha olvidado todo y tampoco
quiere recordarlo, si es que aún lo recuerda.
Agarró las manos de ella. Frías, suaves, pequeñas. No sabía qué
decir. 'Era más fácil escribir que decirlo en voz alta, fuerte y clara: te
quiero'. Era verdad para él, pero ella lo dudaba: no podía sentir tanto en poco
tiempo, pero olvidaba lo relativo que a veces podía ser el tiempo. 'No quiero
darte falsas esperanzas porque me agradas. Seamos amigos'. Su voz, tan sincera,
mostraba tanta verdad. 'Déjame intentarlo'. Silencio.
De lo poco que recuerda es que había frío en ese espacio vacío
donde se encontraban. Nunca supo si el frío era por la respuesta de ella o
porque en verdad el clima estaba hacienda mella a su cuerpo. Lo único que
parecía notar era que nunca debió haberle dicho nada, ni una palabra porque lo
único que estaba logrando era que ella se suba en un pedestal tan alto y no
había forma de bajarla de allí. En ese tiempo se daba cuenta, pero no era muy
consciente de ello. Eso también lo ha olvidado.
#miprimeranovela
miércoles, 4 de diciembre de 2019
EXTRACTO NÚMERO TRES:
#miprimeranovela
Así sucede, a veces. Todo es cambiante. Tal vez pasa porque el
tiempo no se detiene, avanza cual si fuera un avión a su destino, recto, contra
corriente, fuerte, pero nunca se detiene. Enemigo mortal que aplasta cualquier
sueño o lo vuelve realidad.
Cuando creces, por lo general suceden dos cosas, o vas perdiendo
los recuerdos de tu infancia con bastante facilidad o vas recordando cada
momento como si fuera ayer. Cada persona tiene sus maneras para recordar y
depende sobre todo de la forma como guardaron esos momentos, pero nada se hace
con intención, sucede y ya.
Ella recordaba cada momento vivido como si fuera ayer. A sus 17
años recién cumplidos el pasado mes de octubre, ya era una chica capaz de tomar
sus propias decisiones. Era responsable con lo que hacía. Y ahora, a dos meses
de terminar el colegio, lo único que pensaba era en seguir estudiando.
Postularía a la universidad el año próximo en el examen general; Sin embargo,
ahora, nuevamente sucumbía a sus recuerdos, para ella hacer catarsis siempre
era importante. Era su palabra favorita.
'Mi madre siempre me golpeaba con una regla que teníamos en
casa. Yo creo que los golpes son buenos en la medida que sirven para corregir y
no abusar'. Tenía 9 años, cuando se quedó viendo en el televisor unos animes
que desde que aparecieron no había dejado de verlos. Su madre le había ordenado
que hiciera las tareas que le habían dejado en la escuela para luego tener
tiempo libre y poder hacer todo lo demás, pero no lo hizo. 'A veces los niños
no obedecen a sus mayores y eso está mal. Pienso que tenía bien merecido ese
golpe, solo ahora me doy cuenta'. A medida que vamos creciendo le damos más
valor a las cosas que suceden tiempo atrás. Siempre ha sido así, eso nunca
cambia.
Y así, sin darnos cuenta, crecemos. Inteligente, vivaz, risueña.
Su primer ejercicio de álgebra lo había resuelto antes de cumplir los 10, era
un ejercicio sobre inecuaciones de tercer grado. Todas las fórmulas algebraicas
estaban en su cabeza. No sólo memorizadas, sino que las sabía utilizar sin
problemas. Su amor a las matemáticas era tan igual como su amor al estudio,
pero el tiempo siempre cambia las cosas, los lugares, los momentos. 'No sé qué
pasó, pero de un momento a otro me dejó de gustar los números y me incliné por
las letras'. En realidad, lo recuerda muy bien, pero esos recuerdos fueron
obligados a no recordarse.
Cuando ingresó a tercero de media tuvo uno de los peores
docentes de matemática desde la primaria, aburrido, parco, sin ánimo, enfermo,
viejo, pesado, soso. A partir de esa fecha, la niña que aspiraba a dedicarse a
la ingeniería, se perdió, desapareció. 'Yo tenía 13 años y llegó. "Madame
Bovary" fue la novela que me hicieron leer en el curso de lengua y
literatura, traen un resumen, nos dijo nuestra profesora. Sin previo aviso y
sin darme cuenta, me encantaba leer y parecía que desde siempre'.
Ese momento es vivo en su memoria como otros tantos recuerdos.
Cada momento bueno para ella debe ser recordado y lo recuerda y lo guarda en su
memoria como algo valioso. Así se va formando su memoria, poco a poco.
#miprimeranovela
domingo, 1 de diciembre de 2019
EXTRACTO NÚMERO DOS:
#miprimeranovela
Nunca va a olvidar ese último día que hablaron porque hay
personas que se conservan hasta la eternidad y hay momentos que también lo son. Él supone que así será hasta el infinito, cabe decir hasta siempre. Para
ella, también es algo similar, solo que recuerda ese día de distinta manera, no
con nostalgia, sino con gratitud. Él creía que nadie puede llevarse mal con la persona
que quiere, nadie. Siempre ha sido de esa manera.
Esa vez, Jhosbenia lo esperó luego de salir de clases en esa
avenida larga que se encuentra de este a oeste, al norte del centro de la
ciudad. Hablaron, como dije, charlaron si a eso se puede decir hablar. 'Hola',
'Que tal', '¿Cómo estás?'. 'Ese abrazo que corta cualquier sin sabor del
tiempo. Y ese beso en la frente que no quiere olvidar'. Él le parecía un chico
agradable para conversar, le gustaba leer así como a ella, y sobre todo le
gustaba como escribía. 'Me gusta cómo escribes', solía decirle. 'Ya nada es
igual'.
Siempre había conversado con él por el WhatsApp y era un momento
único, pero él era muy obsesivo. Eso era fatal. Solo dos veces habían hablado
en persona antes de aquella noche. Solo dos, una cuando se declaró en persona y
la otra no lo recuerda bien, pero parecía que hubiesen conversado toda una
eternidad, toda una vida, como si fuera mil años, como nunca antes lo fue para
él.
Él era alto, cabello alborotado como si nunca se hubiera pasado
un peine, esponjoso y 'supongo que negro'. No era físicamente atractivo. 'Sí,
inteligente, medio tonto' porque parecía creerse el centro de atención de su
entorno, 'como si fuera la gran cosa'. Eso también era fatal. Nadie debería
creerse nada en esta vida, ni siquiera en la otra. Era orgulloso, insoportable,
pero de alguna manera era agradable, 'tal vez muy en el fondo'.
Se le había declarado un sábado a medianoche vía WhatsApp. A
ella le pareció algo tonto, pero lo había hecho de una manera bonita, con
palabras bonitas. Ella se sorprendió, y lo que le dijo fue que tenían que
hablar, pero tiempo después se dio cuenta que era imposible. 'Cuando dices a
alguien que te gusta, de alguna manera dependes emocionalmente de la otra
persona'. Eso no debería ser así, pero a veces lo es. No hay nada que se pueda
hacer cuando un corazón está enamorado.
Hasta ese entonces, por medio del WhatsApp, habían tenido
conversaciones interesantes, largas y sin final. Conversaban de libros, de lo
que les gustaba, de sus sueños, de sus miedos. 'Tengo miedo a morir', 'quiero
escribir'. Las palabras surgían como cuando es inevitable que la lluvia caiga
sin cesar mojando todo a su alrededor. 'El tiempo y el sueño' eran los únicos
que agotaban las conversaciones que siempre culminaban pasadas la medianoche.
Fluía como nunca antes había ocurrido en él y no podía evitarlo. Lo que ella
sentía era imposible de saber, menos conocer. Era cambiante, 'tal vez todos lo
somos'.
A veces, las conversaciones eran preguntas vagas, que no llevaban
a nada, pero que los hacía conocerse como personas, sobre todo cómo pensaban,
qué querían, qué soñaban. '¿Cuál es tu animal favorito?', '¿Tu color favorito?',
'¿Y qué harás luego de terminar la universidad?', y el siempre '¿Cómo estás?'.
Y todo fluía como una catarata cae hacia el abismo, si tener algo que lo pueda
detener. Simplemente se daba.
Luego de su declaración, las conversaciones ya no surgían de
manera natural. Parecía forzarse debido a las inseguridades que tenía él. Ella parecía
cansarse de leer todos sus mensajes a tempranas horas donde él le decía todo lo
que sentía de todas las formas posibles. Ese 'te quiero' a ratos ya sonaba
falso de tanto repetirlo. A veces inventaba, creaba versos bonitos; otras veces
copiaba y los adaptaba para el momento. Todo era así. Dicen que el que da todo
de sí también pierde todo sin darse cuenta, nadie es dueño de la verdad.
Al principio, para ella, cuando despertaba, el leer los primeros
mensajes fueron bonitos, pero a medida que aumentaban en intensidad le llegó a
cansar y solo los leía por compromiso más que por interés. 'El interés se nota,
siempre se nota'.
Y ahora, habían concertado en hablar. Ella tenía una decisión o
parecía tenerlo. Él solo pensaba en ella como cuando uno piensa en el helado: 'lo
quiero y ya'. A veces sucede así. Nadie debería juzgar nada.
Esa noche fue la primera vez que él la besó en la frente. La
abrazó con fuerza pese a la resistencia notoria que ella imponía. Ese
sentimiento no era correspondido de la misma manera ni con la misma intensidad.
Tal vez nunca debió de ser así, pero él se dio cuenta de la manera tan extraña
como ella le afectaba a todos sus sentidos. Temblaba, no respiraba bien, no
podía hablar, se comportaba torpe, sin tino. Era raro y el amor no era así, al
menos no para ella, pero él no se daba cuenta. Se estaba convirtiendo en
obsesivo y eso no llevaba a nada, a ningún lugar. No se daba cuenta. Otra vez
el rechazo. Era lo que más detestaba y sufría por dentro, pero por fuera
siempre mantenía una sonrisa. Socialmente estaba bien.
#miprimeranovela
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