martes, 17 de diciembre de 2019

EXTRACTO NÚMERO CINCO:


#mi_primera_novela

Ese día que hablaron sobre las orcas parece que fue hace mucho, pero no lo es. Solo han pasado unas semanas y fue en el parque Mariátegui, al frente de la escuela de arte.

No recuerda muy bien cómo empezó la conversación sobre esos cetáceos, solo sabe que por alguna razón empezaron a hablar sobre las ballenas y sobre el tamaño de su corazón.

Ese tipo de conversaciones es la que recuerda más. Las que no parecen llevar a nada, pero en su simpleza guardan todo lo que uno desea: estar cerca de ella y escucharla; después de todo había un sentimiento expresamente claro para él, pero para ella no lo era. A veces el tiempo se detiene en lugares y espacios que no se pueden evitar. 'La relatividad de la que Einstein hablaba'. A veces todo era inevitable.

Internet fue quien dio las respuestas a varias interrogantes. La ballena tiene un corazón del tamaño de una de esas 'motitos torito'. Más de un metro desde todos los lados. Ese tamaño parece pequeño para controlar un cetáceo de grandes dimensiones. ¿Cómo algo tan chiquito puede hacer funcionar a un enorme mamífero? A veces tampoco hay respuestas a varias interrogantes. Eso también lo sabe.

Él la mira y sonríe. Ella pregunta por qué lo hace. Tampoco hay respuesta para eso. ¿Qué podría decir? 'Me gustas y no sé por qué'. Ya, pero la sonrisa es más por nerviosismo que por otra cosa. 'Hay pocas personas que pueden hacer que uno se comporte como un estúpido. Ella, era una de esas. Como alguna vez él lo dijo: ella era su pequeña debilidad. A ella le daba igual. A veces no es bueno decir nada a nadie para que no tenga poder sobre uno. Eso él también lo sabe, pero igual lo hace. 'Idealizas mucho a las personas; esperas mucho de las personas'. Eso también era verdad.

Pero era feliz, ahí, ahora, aquí, en este momento, en este instante. 'Era feliz después de mucho'. Siempre se había preguntado si alguna vez en algún futuro iba a volver a sonreír: este, tal vez lo era. 'Por favor, no malogres esto que siento por ti', se decía para sí mismo. Tenía tanto miedo de perder a la persona que estaba a su lado, justo ahora. Pero eso también parecía inevitable...

#mi_primera_novela

miércoles, 11 de diciembre de 2019

EXTRACTO NÚMERO CUATRO:


#miprimeranovela

Pero ya ha olvidado ese día que hablaron por primera vez. Esa noche en el que le dijo a ella lo mucho que le gustaba. Ya no lo recuerda como si hubiera sido hace poco, ni siquiera tiene en la mente los detalles ni el día ni la hora ni lo que dijo ni lo que se dijeron.

Ella estaba saliendo de la universidad, y él le escribió para que lo esperara. Se encontraron en la puerta principal a eso de las 5 de la tarde. Hablaron. 'Hola, hola'. Caminaron en dirección hacia donde sale el sol, como quien se va a la puerta de postgrado. Ambos parecían estar nerviosos, él lo estaba más, seguro que sí. Ella era especial para él, tanto o más importante que sus libros, y ella lo sabía.

'¿Cómo pasó esto? ¿Por qué te gusto? Dime'. Como exigiendo la verdad, pero la verdad era esa si es que la había. 'Me gustas, me encantas, eres hermosa, divertida, amable. ¿Qué más?'. A veces las emociones son difíciles de exteriorizar y más cuando no sabes bien cómo sucedió, porque al final solo parecen ser palabras vacías que no se muestran creíbles.

Esa vez que caminaron quería saberlo todo, absolutamente todo. '¿Por qué? ¿Cuándo pasó? ¿Estás seguro?'. Cuando las luces parecían ya no iluminar, desandaron el camino. Era un ir y venir que era hermoso. Nada se interponía entre los dos, solo las circunstancias trágicas que luego se dieron, pero ese momento, como lo dije, ya no lo recuerda mucho.

Él solo la miraba, buscando respuestas a las preguntas que ella le hacía, no sabía qué decirle: tal vez no estaba seguro. 'No, si lo estaba: le gustaba porque...'

No sabía el por qué y si lo sabía era muy tonto como para darse cuenta. Su voz, tan áspera, tan fría. Sus ojos, tan brillantes y resplandecientes, detrás de esos cristales. Su sonrisa, sus pecas, sus cabellos. Y esos lunares que la hacían ver sexy, 'sí'. Físicamente atractiva y emocionalmente hermosa.

Se supone que cuando alguien te gusta, no solo te atrae emocionalmente, que quieres compartir un momento con esa persona, o se siente lo que se conoce sobre las mariposas en el estómago. Tambien te atrae físicamente, es decir siempre existirá ese deseo carnal o, en palabras simples, quieres acostarte con la persona porque al final, se quiera o no aceptar, todo se reduce a eso último. Lo otro, el momento, la diversión, el pasar momentos juntos, todo lleva al mismo fin. No hay que tapar el sol con un dedo, aquí nadie ha inventada la pólvora. '¿Cómo decirle que también le atraía sexualmente sin esperar recibir una cachetada de ella?'

Sonríe, en algún lugar alguien piensa en ti. 'Ojalá nos sentáramos, estrecharía sus manos, tocaría su rostro, me perdería en sus ojos... Sentémonos allí'. En esos asientos de cemento cerca a la puya, ese monumento de tamaño real en honor a esa planta que existe en el norte. Ella al costado izquierdo de él. Se miraron y el tiempo se detuvo y su corazón pareció explotar. 'Nunca antes había escrito tanto a alguien como a ti'.

También ha olvidado los bonitos mensajes que le escribió tiempo atrás cuando aún tenía el corazón alborotado por ella. Su imagen siempre viva y el hecho de verla todavía hasta en sus sueños. Ha olvidado todo y tampoco quiere recordarlo, si es que aún lo recuerda.

Agarró las manos de ella. Frías, suaves, pequeñas. No sabía qué decir. 'Era más fácil escribir que decirlo en voz alta, fuerte y clara: te quiero'. Era verdad para él, pero ella lo dudaba: no podía sentir tanto en poco tiempo, pero olvidaba lo relativo que a veces podía ser el tiempo. 'No quiero darte falsas esperanzas porque me agradas. Seamos amigos'. Su voz, tan sincera, mostraba tanta verdad. 'Déjame intentarlo'. Silencio.

De lo poco que recuerda es que había frío en ese espacio vacío donde se encontraban. Nunca supo si el frío era por la respuesta de ella o porque en verdad el clima estaba hacienda mella a su cuerpo. Lo único que parecía notar era que nunca debió haberle dicho nada, ni una palabra porque lo único que estaba logrando era que ella se suba en un pedestal tan alto y no había forma de bajarla de allí. En ese tiempo se daba cuenta, pero no era muy consciente de ello. Eso también lo ha olvidado.

#miprimeranovela

miércoles, 4 de diciembre de 2019

EXTRACTO NÚMERO TRES:


#miprimeranovela

Así sucede, a veces. Todo es cambiante. Tal vez pasa porque el tiempo no se detiene, avanza cual si fuera un avión a su destino, recto, contra corriente, fuerte, pero nunca se detiene. Enemigo mortal que aplasta cualquier sueño o lo vuelve realidad.

Cuando creces, por lo general suceden dos cosas, o vas perdiendo los recuerdos de tu infancia con bastante facilidad o vas recordando cada momento como si fuera ayer. Cada persona tiene sus maneras para recordar y depende sobre todo de la forma como guardaron esos momentos, pero nada se hace con intención, sucede y ya.

Ella recordaba cada momento vivido como si fuera ayer. A sus 17 años recién cumplidos el pasado mes de octubre, ya era una chica capaz de tomar sus propias decisiones. Era responsable con lo que hacía. Y ahora, a dos meses de terminar el colegio, lo único que pensaba era en seguir estudiando. Postularía a la universidad el año próximo en el examen general; Sin embargo, ahora, nuevamente sucumbía a sus recuerdos, para ella hacer catarsis siempre era importante. Era su palabra favorita.

'Mi madre siempre me golpeaba con una regla que teníamos en casa. Yo creo que los golpes son buenos en la medida que sirven para corregir y no abusar'. Tenía 9 años, cuando se quedó viendo en el televisor unos animes que desde que aparecieron no había dejado de verlos. Su madre le había ordenado que hiciera las tareas que le habían dejado en la escuela para luego tener tiempo libre y poder hacer todo lo demás, pero no lo hizo. 'A veces los niños no obedecen a sus mayores y eso está mal. Pienso que tenía bien merecido ese golpe, solo ahora me doy cuenta'. A medida que vamos creciendo le damos más valor a las cosas que suceden tiempo atrás. Siempre ha sido así, eso nunca cambia.

Y así, sin darnos cuenta, crecemos. Inteligente, vivaz, risueña. Su primer ejercicio de álgebra lo había resuelto antes de cumplir los 10, era un ejercicio sobre inecuaciones de tercer grado. Todas las fórmulas algebraicas estaban en su cabeza. No sólo memorizadas, sino que las sabía utilizar sin problemas. Su amor a las matemáticas era tan igual como su amor al estudio, pero el tiempo siempre cambia las cosas, los lugares, los momentos. 'No sé qué pasó, pero de un momento a otro me dejó de gustar los números y me incliné por las letras'. En realidad, lo recuerda muy bien, pero esos recuerdos fueron obligados a no recordarse.

Cuando ingresó a tercero de media tuvo uno de los peores docentes de matemática desde la primaria, aburrido, parco, sin ánimo, enfermo, viejo, pesado, soso. A partir de esa fecha, la niña que aspiraba a dedicarse a la ingeniería, se perdió, desapareció. 'Yo tenía 13 años y llegó. "Madame Bovary" fue la novela que me hicieron leer en el curso de lengua y literatura, traen un resumen, nos dijo nuestra profesora. Sin previo aviso y sin darme cuenta, me encantaba leer y parecía que desde siempre'.

Ese momento es vivo en su memoria como otros tantos recuerdos. Cada momento bueno para ella debe ser recordado y lo recuerda y lo guarda en su memoria como algo valioso. Así se va formando su memoria, poco a poco.

#miprimeranovela

domingo, 1 de diciembre de 2019

EXTRACTO NÚMERO DOS:


#miprimeranovela

Nunca va a olvidar ese último día que hablaron porque hay personas que se conservan hasta la eternidad y hay momentos que también lo son. Él supone que así será hasta el infinito, cabe decir hasta siempre. Para ella, también es algo similar, solo que recuerda ese día de distinta manera, no con nostalgia, sino con gratitud. Él creía que nadie puede llevarse mal con la persona que quiere, nadie. Siempre ha sido de esa manera.

Esa vez, Jhosbenia lo esperó luego de salir de clases en esa avenida larga que se encuentra de este a oeste, al norte del centro de la ciudad. Hablaron, como dije, charlaron si a eso se puede decir hablar. 'Hola', 'Que tal', '¿Cómo estás?'. 'Ese abrazo que corta cualquier sin sabor del tiempo. Y ese beso en la frente que no quiere olvidar'. Él le parecía un chico agradable para conversar, le gustaba leer así como a ella, y sobre todo le gustaba como escribía. 'Me gusta cómo escribes', solía decirle. 'Ya nada es igual'.

Siempre había conversado con él por el WhatsApp y era un momento único, pero él era muy obsesivo. Eso era fatal. Solo dos veces habían hablado en persona antes de aquella noche. Solo dos, una cuando se declaró en persona y la otra no lo recuerda bien, pero parecía que hubiesen conversado toda una eternidad, toda una vida, como si fuera mil años, como nunca antes lo fue para él.

Él era alto, cabello alborotado como si nunca se hubiera pasado un peine, esponjoso y 'supongo que negro'. No era físicamente atractivo. 'Sí, inteligente, medio tonto' porque parecía creerse el centro de atención de su entorno, 'como si fuera la gran cosa'. Eso también era fatal. Nadie debería creerse nada en esta vida, ni siquiera en la otra. Era orgulloso, insoportable, pero de alguna manera era agradable, 'tal vez muy en el fondo'.

Se le había declarado un sábado a medianoche vía WhatsApp. A ella le pareció algo tonto, pero lo había hecho de una manera bonita, con palabras bonitas. Ella se sorprendió, y lo que le dijo fue que tenían que hablar, pero tiempo después se dio cuenta que era imposible. 'Cuando dices a alguien que te gusta, de alguna manera dependes emocionalmente de la otra persona'. Eso no debería ser así, pero a veces lo es. No hay nada que se pueda hacer cuando un corazón está enamorado.

Hasta ese entonces, por medio del WhatsApp, habían tenido conversaciones interesantes, largas y sin final. Conversaban de libros, de lo que les gustaba, de sus sueños, de sus miedos. 'Tengo miedo a morir', 'quiero escribir'. Las palabras surgían como cuando es inevitable que la lluvia caiga sin cesar mojando todo a su alrededor. 'El tiempo y el sueño' eran los únicos que agotaban las conversaciones que siempre culminaban pasadas la medianoche. Fluía como nunca antes había ocurrido en él y no podía evitarlo. Lo que ella sentía era imposible de saber, menos conocer. Era cambiante, 'tal vez todos lo somos'.

A veces, las conversaciones eran preguntas vagas, que no llevaban a nada, pero que los hacía conocerse como personas, sobre todo cómo pensaban, qué querían, qué soñaban. '¿Cuál es tu animal favorito?', '¿Tu color favorito?', '¿Y qué harás luego de terminar la universidad?', y el siempre '¿Cómo estás?'. Y todo fluía como una catarata cae hacia el abismo, si tener algo que lo pueda detener. Simplemente se daba.

Luego de su declaración, las conversaciones ya no surgían de manera natural. Parecía forzarse debido a las inseguridades que tenía él. Ella parecía cansarse de leer todos sus mensajes a tempranas horas donde él le decía todo lo que sentía de todas las formas posibles. Ese 'te quiero' a ratos ya sonaba falso de tanto repetirlo. A veces inventaba, creaba versos bonitos; otras veces copiaba y los adaptaba para el momento. Todo era así. Dicen que el que da todo de sí también pierde todo sin darse cuenta, nadie es dueño de la verdad.

Al principio, para ella, cuando despertaba, el leer los primeros mensajes fueron bonitos, pero a medida que aumentaban en intensidad le llegó a cansar y solo los leía por compromiso más que por interés. 'El interés se nota, siempre se nota'.

Y ahora, habían concertado en hablar. Ella tenía una decisión o parecía tenerlo. Él solo pensaba en ella como cuando uno piensa en el helado: 'lo quiero y ya'. A veces sucede así. Nadie debería juzgar nada.

Esa noche fue la primera vez que él la besó en la frente. La abrazó con fuerza pese a la resistencia notoria que ella imponía. Ese sentimiento no era correspondido de la misma manera ni con la misma intensidad. Tal vez nunca debió de ser así, pero él se dio cuenta de la manera tan extraña como ella le afectaba a todos sus sentidos. Temblaba, no respiraba bien, no podía hablar, se comportaba torpe, sin tino. Era raro y el amor no era así, al menos no para ella, pero él no se daba cuenta. Se estaba convirtiendo en obsesivo y eso no llevaba a nada, a ningún lugar. No se daba cuenta. Otra vez el rechazo. Era lo que más detestaba y sufría por dentro, pero por fuera siempre mantenía una sonrisa. Socialmente estaba bien.

#miprimeranovela

domingo, 24 de noviembre de 2019

jueves, 14 de noviembre de 2019

EXTRACTO NÚMERO UNO:


#MiPrimeraNovela

La acompaño. Vamos a la feria del libro. Recorro cada stand, cada centímetro con un placer excitante. Miro, reviso. Mira, pregunta. Pienso. 'Demasiado cerca y tan lejos a la vez'. Suspiro. 'Un bonito regalo sería un libro, siempre que lo abra pensará en mí, pero... ¿cuál? "Las Mil y Una Noches", "Los Hermanos Karamazov", "El Amor en los Tiempos del Cólera", "Madame Bovary", o ese clásico de Jane Austen: "Orgullo y Prejuicio", 'costo: 70 soles, tapa dura'.

Los lunares en su mejilla derecha, rosada, blanca y suave, forman una constelación de cuatro estrellas a la que los astrónomos la llaman con el nombre de Cruz del Sur. ‘Es pecosa y se ve bien’. Su nariz respingada y pequeña parecía olfatear los buenos libros que nos gustaban, la buena literatura, como la llamábamos ese entonces. ‘Su voz’, suave, delicada, me hacía imaginar el destino cruel de los amoríos en luna llena, de las noches de placer desmedido, de los faroles que se prenden y apagan cuando te olvidas que aún estás vivo.

–Quisiera leer esta de Balzac, "Papá Goriot", sí. –Dijo con una hermosa sonrisa seductora, que formaban dos hoyuelos en sus mejillas, mirándome, a la vez que alzaba un librito en tapa dura y formato de bolsillo. '¿Cómo decirle que no?' –¿Qué opinas? ¿Qué te parece? El gran Balzac, retrato de toda la sociedad francesa de su época. La que nos gusta.

‘Sí, nos gustaba’. Me gustaba París desde que empecé a leer a Sartre. Creo que la vez que abrí "La Náusea" me sentí más... vivo y menos vivo a la vez. La cultura francesa que siempre imaginamos y que nunca conocimos más que solo en los libros que devorábamos. Ella hablaba. Parecía perfecta, ‘lo es’. Le gustaban las novelas, pero más que ellas, amaba leer. Sus gustos no eran cerrados a los grandes escritores de todos los tiempos. Leía toda la literatura existente, obviamente de la buena. 'Me acercaría, la abrazaría y quién sabe, iría un poco más'. No lo aparentaba, pero era muy sensual, al menos así la veía. Creo que cada uno ve lo que quiere ver. No era tan alta, medía 1:72 centímetros, solo le llevaba por media cabeza. Le gustaba usar taco alto porque se sentía orgullosa de ser como era y tenía porqué.

Sus ojos, tras esos cristales circulares y transparentes, se veían pardos, blancos y resplandecientes, eran grandes y redondos, con sus pestañas dobladas hacia el cielo de forma natural; me hacían preguntar sobre cuán perfecto podían ser algunas personas, pero todo cae en una imperfección: nadie es perfecto.

Sus cabellos, siempre sueltos, un poco más por debajo de los hombros, la hacían notar más bella que de costumbre. Era color negro. 'Sí', aunque una vez me preguntó sobre qué pasaría si se lo pintara de otro color y yo le dije que estaba bien, pero tal cual también le quedaba estupendo. Creo que una mala respuesta, 'sí'. Siempre he sido inseguro y se notaba tan clarito como lo es el agua cuando cae del cielo.

Yo siempre caminaba detrás de ella por dos razones. Una, era para no molestar a las demás personas que circulaban cuando íbamos a algún evento o ese en el que estábamos ahora, la feria de libros del parque Manuel Pino. 'Excusas, simplemente excusas'. Lo real, era que me gustaba verla por detrás, apreciar su silueta delgada no en un sentido sexual o 'tal vez sí', sino más bien porque era una forma de hacerla sentir que había alguien importante detrás de ella, cuidándola. Quería sentirme importante. En ese tiempo, tal vez lo era.

#MiPrimeraNovela

lunes, 11 de noviembre de 2019

RECUERDOS:


Quedan entre tanto y tanto, solo estos recuerdos de soledad porque nunca pensamos vivir una vida sin ella. Ayer es como si fuera anteayer, pero todo es hace un año atrás. Ese fatídico 11 de noviembre quedará en nuestras memorias en la que aunque no quisimos supimos darle una bonita despedida.

El cáncer no mata, nunca lo ha hecho, aunque solo cuando te toca nos damos cuenta que sí se puede hacer algo o mucho (en realidad quieres hacerlo y no hay la manera de lograrlo), y que muchas veces el silencio vale más que decir a tus seres queridos que mamá padece de cáncer terminal. Las mentiras nunca duelen como las verdades.

Ya es un año y sin darnos cuenta aún mantenemos a la familia unida, algo que ella siempre quería. Y las cuatro 'luces' de mi vida, mis hermanas, aunque no lo saben, son lo más importante para mí. Y luego están las que no y junto a mí, tenemos algo de luz en nuestras vidas.