miércoles, 20 de mayo de 2020

MI 2019:


Recuerdo que cuando entré a trabajar a diario Los Andes, la decisión se debió más que nada con un propósito edificante para mí: tener la cabeza ocupada para olvidar a una chica. Lo conseguí.


Sin embargo, tuve que retirarme por tres motivos: la salud es primero, no me gusta quedarme en un lugar por mucho tiempo para no estancarme, y me di cuenta que no sabían cómo botarme por lo que decidí marcharme sin decir nada, solo un mensaje implícito:


"No creo que pueda seguir en el diario, al menos no por ahora. Gracias por la oportunidad. Saludos".


ANTES DE...


Cuando llegó mi cumpleaños, tenía dos opciones: continuar o dejar. Opté por lo segundo porque merecía mucho más de lo que había. Antes, en enero postulé nuevamente a la universidad y no ingresé, más que nada porque no podía concentrarme. Intentaba estudiar y aparecían imágenes en mi mente, y se me iba la idea.


Caminar sin saber a dónde ir. Querer y no poder. Varias veces subí al "Kuntur Wasi" (un mirador en la cima del cerro de mi ciudad). Miraba la ciudad con nostalgia, suspirando, soñando. Venía a mi mente suicidarme. Pedía a gritos olvidar y no había manera, no encontraba la forma.


CUMPLEAÑOS:


Me di cuenta que sabes que le importas a alguien cuando te da un bonito mensaje de cumpleaños, te abraza, te dice que estará siempre para tí, otras cosas 'cursis'. Es bonito soñarlo. Alguna vez sucederá, lo sé.


Así llegó mi cumple'; y deseé con todo mi corazón a que todo pasara: "solo quiero olvidar, nada más". Me forcé a olvidar. Luego en junio fue cuando comencé a reformular mi proyecto de tesis, estaba de cabeza. Iba a la biblioteca de la U', tomaba algunos libros, los leía, pensaba, comía, pensaba. Así subí el proyecto. Nuevamente ya no había nada que hacer y los recuerdos retornaron a mi mente, la rabia, la ira se apoderaba de mí. ¿Qué hacer? Estudiaría para postular.


TRABAJO:


También buscaría trabajo y le pedí a una compañera para que me buscara un empleo, cualquiera, para tener la mente ocupada. Yo también buscaba por mis propios medios. En serio lo deseaba tanto.


DIAGRAMACIÓN:


Me encanta la diagramación, en realidad todo lo que tiene que ver con darle forma a objetos, cosas. Una vez, cuando retornaba de mis clases de inglés, sonó mi celular, respondí y me dijeron al oído: ¿quieres ir a trabajar a diario Los Andes? Tenía que presentar mis documentos. Necesitaban un diagramador.


No lo pensé mucho y llevé mi folder a la oficina. Me dijeron que me llamarían, y me llamaron. El problema fue que ese día, a esa hora, tenía examen de inglés, y luego más tarde, debía ir a otra entrevista de trabajo. No fui a la entrevista para ser diagramador.


Quería ese puesto por varias razones: la hora de entrada iba a ser a las 4, si ingresaba a la U', me daría tiempo para mis clases. Así tendría la mente ocupada todo el día. Suena poético, pero siempre nada de lo que planeo funciona. Nunca nada funciona.


OTRA OPORTUNIDAD:


Tiempo después, nuevamente la llamada y la pregunta de si quería ir a diario Los Andes a trabajar. Decidí que no perdería esa oportunidad. Era para hacer prensa en deportes. Me presenté y acepté. No perdía nada. Lo único malo era que estaría todo el día ocupado y no podría estudiar. Pero lo hice, y eso es bueno.


Lo malo, es que anteriormente me había presentado a Electro Puno, y justo dos días después de haber aceptado el trabajo en el diario me iban a llamar. Le dije al jefe de prensa que no era seguro que me quedara en el medio, pero mientras tanto seguiré. Fue una de las decisiones más difíciles, no sabía qué trabajo elegir. Opté por el diario, no sé por qué. Siete meses duros había pasado de ese 2019.


ESTUDIANTE, OTRA VEZ:


Entraba al trabajo a las 9, buscaba notas por el estadio. Regresaba a redactar a las 3 y terminaba a las 8. No había tiempo ni para comer ya que lo que me preocupaba era no conseguir una nota y no saber con qué llenar las páginas. Eso fue duro.


Sin embargo, llegando a casa comenzaba a leer, estudiar para el examen general, que fue en agosto. Ese domingo fue complicado. Para el lunes tenía que sacar el suplemento que eran ocho páginas, y hacerlo me demandaba horas y horas. Ese día del examen terminé a las 11 de la noche. Los resultados del examen nunca salieron. Se anuló.


La segunda vez lo planeé muy bien. Terminé a las 10 de la noche las 8 páginas del suplemento deportivo. Estaba desesperado porque quería llegar a casa y revisar los resultados. Nunca había tenido tanta ansiedad, al menos hasta la fecha. En el diario nadie sabía que yo había dado el examen. Terminé, me despedí, fui a casa, y lo vi: había ingresado; estudiante, otra vez. Llamé a mamá, y ella ya lo sabía. Yo estaba feliz después de mucho tiempo, y no me daba cuenta.


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