**"Todo saldrá bien, por eso estoy aquí"**
Hola, me hago llamar Lapislázuli. Leer me hizo un ser solitario, sensible, triste, intenso y egoísta. Todo sucedió por desamor. Cuando tenía 15 años dejaron mi corazón hecho pedazos y como consecuencia de ello encontré en la literatura mi vía de escape de un mundo que detesto. Escribo desde los 15 en hojas de mis cuadernos vacíos. Creo en el amor, en su fuerza, y así como el dolor, es un motor que nos mueve. Este espacio es la recuperación de todos mis escritos y un lugar para conocerme mejor.
miércoles, 8 de enero de 2020
lunes, 6 de enero de 2020
HARRY POTTER 3:
#el_primer_libro_que_leí
“Soy un niño con piel de viejo; soy
un pequeño con sueños de gigante”.
Aquí empezó todo:
“Harry Potter era, en muchos
sentidos, un muchacho diferente”. Así inicia este hermoso tercer libro de la
saga de J. K. Rowling y me enganchó. ¿Cuántos alguna vez nos sentimos
diferentes o quisimos ser distintos al resto de las personas? ¿Cuántos alguna
vez soñamos con poder tener la capacidad de mover las manos y pum, hacer magia?
Yo siempre lo quise, sobre todo cuando en verdad necesitas con fuerza algo que
te hace falta.
El libro nos presenta a un Harry
Potter ya crecido y que va a cursar el tercer año en el colegio Hogwarts de
Magia y Hechicería, el mejor colegio según se cuenta. Un joven que al inicio se
encuentra inseguro del cariño de sus amistades y que, como en los anteriores
libros, también se encuentra solo, viviendo junto a sus tíos, insoportables.
Pienso que lo recomendable es leer
la saga por el primer libro para entenderlo mejor; sino no tendría sentido. Yo
no tuve la fortuna de leerlo así, aunque tiempo después lo pude hacer porque no
sé cuántas veces la releí.
Leí el libro en el verano del año
2005, cuando todavía era un adolescente que vestía pantalón corto y zapato
escolar; cuando en tercero de media pasó el peor momento de mi vida. Ahora que
lo pienso, ¡uff! sí, de eso, hace bastante tiempo.
Es mi libro favorito de la saga,
por excelencia, pero no sé bien por qué. Tal vez porque fue la primera vez que
lo leí por placer, riendo a carcajadas por algún chiste dentro de él. Tal vez
porque el libro tiene algunas cosas que son interesantes: es dinámico, hay
viajes en el tiempo y los personajes ya han crecido lo suficiente. Quizás, simplemente,
hay magia dentro.
Antes había leído libros porque me
obligaban a leerlos en el colegio, cuando leí el libro de J. K. Rowling quedé
maravillado. Creo firmemente que estamos condenados a obedecer una estructura
que hace que leamos lo que no queremos y por tal motivo empezamos a odiar la
literatura.
Prefiero escribir sobre cada tomo
por separado porque cada libro tiene su historia conmigo y creo que merece ser
contado así, uno tras otro, no en el orden en que aparecieron, sino en el orden
que llegaron a mi vida.
Este fue el primer libro que leí y
que no me obligaron a leer, yo lo compré (le dije a mi madre que me comprara y
me dio 12 soles para conseguirlo) y lo leí a voluntad. Recuerdo la noche que lo
tuve en mis manos. Fui a la tienda con el objetivo de comprar el primer libro,
pero no lo encontré, pedí el segundo, tampoco había. Tal vez fue el destino,
aunque no creo en él. Lo compré por desamor, pero lo leí porque fue la mejor
compañía que encontré por esos años a mis días de soledad (anteriormente el
blog se llamaba así: En Días de Soledad). Reí, soñé, amé, viví.
Tengo que decirlo, el libro cambió
mi vida, la volvió patas arriba y lo digo en serio, aunque como digo siempre:
quizás nunca sepa si ese cambio fue para bien o no. Lo primero por lo que vale,
es que empecé a leer, no fue la primera vez que leía un libro, antes había
leído varios cuentos de Valdelomar y César Vallejo, “Cien Años de Soledad”,
“Madame Bovary” y otros tantos que conservo en la memoria, los que están en la
estructura académica del nivel secundario, como ya lo mencioné.
En este libro disfruté las
palabras, imaginé, soñé, viví enamorado de los personajes, gozando con las
anécdotas, siendo feliz con ‘algo’ que nunca había conocido antes: literatura.
Lo otro, fue que empecé a usar
gafas gracias a Harry Potter porque antes me sentía mal al llevarlas en mi
rostro debido a ciertos prejuicios que creaba en mi mente y con los que crecí.
También adopté un estilo que eliminó mi identidad, mis raíces. Pero creo que lo
más importante de todo es que empecé a soñar. A soñar despierto. Cambiaron mis
sueños que tenía de adolescente y la lectura se volvió mi prioridad, hasta la
actualidad lo sigue siendo.
#el_primer_libro_que_leí
sábado, 4 de enero de 2020
NUNCA LO OLVIDES:
La foto es de un recuerdo de inicios del 19, cuando mi único objetivo era olvidar. Te vas, huyes, lees, te llenas de cosas. Regresas y caes en la cuenta que todo sigue igual. Pero eras feliz de esa manera, y eres feliz de esta otra, y eso está bien. No tienes todo lo que quisieras, pero vas en camino a tenerlo todo. Quizás de eso se trata la vida.
NUNCA LO OLVIDES:
Es muy posible que ustedes no lo sepan, pero mi sueño siempre ha sido publicar un libro. Eso vendrá, tarde o temprano. De alguna manera está implícito en mí.
Mi verdadera meta, con la que nunca dejaré de soñar (o al menos no hasta cumplirla) y por la cual me esforzaré como si mañana pudiese acabarse el mundo, es crear una Fundación, específicamente, para niños con algún trastorno y/o síndrome que impida su desarrollo. Así me lleve 60 años conseguirlo y no pueda verlo con mis propios ojos.
No quiero ser congresista, senador, presidente, ni anhelo ser la portada de ninguna importante revista de negocios o literatura.
Quiero poder ayudar y que las personas me agradezcan sonriendo. Quiero ser la semilla que hará que el mundo florezca. Mejor y más bonito.
Una de muchas.
Es algo contradictorio porque siempre me ha gustado dejar huella, esa es una de las razones de querer publicar libros y escribir; pero también está el otro lado, lo que los textos me han enseñado, y todavía me enseñan: literatura comprometida; desde que escuché eso no he dejado de pensar en ello.
sábado, 28 de diciembre de 2019
EXTRACTO NÚMERO SEIS:
#mi_primera_novela
Pimpinela como telón de
fondo. La vida, una sucesión de hechos y acciones de mejora continua. El
tiempo, siempre cambiante. El dolor, inevitable, pero el sufrimiento es
opcional. La muerte, la mejor solución cuando no se puede hacer más de lo que
ya se hizo. Y está bien, todo está bien en la medida que un acto no afecte a
otros si se puede evitar.
Cuánto más te gusta
alguien, más débil te muestras. Cuánta verdad hay en esas líneas. No hay mejor
manera que vivir al límite de lo que está permitido. Hay gente tan simple que
cualquier motivo lo convierte en un hecho digno de ser contado como un chisme.
'Y luego estoy yo, que a veces no sé lo que quiero, ni sé lo que debo hacer con
mi vida, pero dando todo lo que puedo en la medida de mis posibilidades, porque
creo que no hay mejor forma de vivir que eso, aunque luego el dolor me taladre,
me estruje las piernas y no sepa a dónde ir'.
Ella a tu lado, echada
en un banquito cerca de las calles Costanera y Carabaya. Tú, sentado, mirando
el oriente, el lago, la vegetación, el destino cruel de los amores de
primavera. Justo allí la vida es hermosa o parece serlo. El tema de
conversación, algo. Después de todo, eso es lo que más te gusta: solo tener su
compañía, mirarla, sonreír sin explicación y dejar que el tiempo pase; lo
demás, es nada de lo que valga la pena ser contado.
Te acercas, 'te
quiero', su fragancia es tan dulce como las flores de verano. La besas, su
cuello es suave como la porcelana, sabe a droga y por un instante te olvidas de
vivir. Pero con un giro de su cabeza, rompe esa chispa que crecía incontenible.
Así siempre ha sido desde un inicio. Tu siempre tan predispuesto y ella sin
desear nada de lo que tú quieres. Bueno, eso te parece.
La deseas más de lo que
está permitido. Quieres tocarla. Se ha convertido en una droga. Quieres
abrazarla hasta perder los estribos, el horizonte, el motivo... Perderte en su
cintura, en su cuello, en sus labios... ¡Oh, París!...
Son las cuatro y once
minutos de la mañana. Sudas. Llueve. Hay una sonrisa inexplicable en tu pecho.
Calor en tu alma. Estás demasiado cansado como para salir a correr.
Piensas. Vuelves a dormir. 'No malogres esto que siento por ti'.
#mi_primera_novela
jueves, 26 de diciembre de 2019
TE LO DIGO EN SERIO:
**”No puedo evitar sonreír y
decirme a mí mismo: Sonríe pequeño, y lo de pequeño te lo digo en serio porque
lo sigues siendo. No entiendo por qué siempre andas triste”**
miércoles, 25 de diciembre de 2019
NAVIDAD 2019:
**“Otra vez navidad, la segunda navidad sin mamá”**
Tenía dos mamá's. Mi madre biológica
es la que sigue con vida, la que pese a todos mis arrebatos siempre ha confiado en mí y aún cree en mí.
La que me dio su apellido es la que se fue. Nunca
pregunté la razón de por qué lo hicieron así. Llevo un apellido distinto al que debería. Pero creo que no importa mucho. No soy
quién para juzgar a las personas, y mucho menos las decisiones de mi familia.
domingo, 22 de diciembre de 2019
MI NOMBRE ES GORKI MAQUERA:
(Cinco años después, cuando Facebook me
lo recuerde, también quisiera que esta micro-biografía se lea en otros
lugares aparte de este medio).
*******
Antes que nada, me encanta romantizar mi vida. Mi nombre es Gorki Maquera (da
igual con "y" o "i”, aunque la prefiero con la primera). Nací el
día número veintisiete del quinto mes del año 9-; así que tengo veinti-largos años
encima. Aunque escribo como si hubiese vivido al menos cuarenta o más.
No hablo por las experiencias sino por mi abundante sentimentalismo y
melancolía. Desbordo emociones desde la niñez y todavía no aprendo a
controlarlas. Soy originario de la región de Puno, aunque me hubiera gustado
nacer en la República Independiente de Arequipa.
Actualmente me encuentro estudiando
Literatura en la Universidad Nacional del Altiplano de Puno de la cual no puedo
estar más orgulloso. ¿Por qué Literatura? La respuesta a la pregunta del siglo
radica en dos décadas de un entorno cuadrado. No comparto las mismas ideas de
mi padre. Mi mamá es la mejor persona del mundo. Ella me apoya más, cree en mí
y eso es suficiente.
Sin embargo, preocupados por la
situación laboral del país, me pidieron un sustento aceptable: el título de una
carrera universitaria que, si bien no me apasionaba, al menos podía darme
trabajo. Me negué a estudiarla (solo diré eso aunque no es verdad). Fue
entonces cuando elegí Ciencias de la Comunicación Social, aunque antes concluí con
éxito y satisfacciones la..., la que estudié solo para autoafirmarme
que no necesitaba a nadie y menos un psicólogo para ponerme bien, y lo
conseguí... (También es otra mentira o yo qué sé).
Mi educación media superior
constituyó un debate entre “el qué quiero ser y el qué debo ser para tener
éxito en la vida”. Estudiar Medicina era mi fascinación y siempre
partía de la pregunta ¿Cómo podría alguien que de niño soñó con ser un gran
científico, director de la NASA, convertirse en un súper dotado y vivir en el Silicon
Valley, London o París? Nunca obtuve respuesta. Desistí cuando cursé el tercero
de media en mi último año del vocacional (otra mentira). La admiración que
sentí hacia la literatura francesa, sobre todo porque creí y creo en la tesis
de La Literatura Comprometida de Jean Paul Sartre y en la magia de la
Literatura inglesa, fue lo real. Eso terminó por convencerme de que estudiar
Comunicación era una buena idea.
Jamás pasó por mi cabeza dedicarme
a las letras. Siempre pensé que haciéndolo le perdería el gusto a la escritura.
Para empezar, porque me daría cuenta de lo malo que soy, y para terminar,
porque no me agradan los académicos, siempre me parecieron gente creída. Pero
cuando estudié Ciencias de la Comunicación Social, se fue esa magia que tanto
temía a que se separara de mí, y no pude evitarlo. Cuatro años y medio en los
que la Literatura no fue pan de cada día y el poco estímulo recibido (nulo),
hizo que mi gusto a las letras desapareciera.
A pesar de estar satisfecho con mi
carrera actual, apliqué a la Facultad de Ciencias Políticas y Jurídicas dos
veces para estudiar Derecho; no me quedé. En ese momento decidí invertir todo
mi empeño en la universidad sin dejar de lado la poesía y la novela, mis únicas
vías de salida.
Empecé a escribir textos en el año
2007, de ahí en cuanto mi número mágico: el siete; aunque ya llevaba bastante
tiempo deseando hacerlo. No conozco a jóvenes con los que quisiera compartir
mis sueños, pero sé que los hay y merecen todo mi respeto. Un tiempo atrás
quemé todo lo que había escrito por miedo a que alguien lo leyera, tampoco me
arrepiento, sé que estaban mal escritas esas antologías.
Tengo tanto en mente y en papel
que, cuando llegue el momento, será mi primera novela. Ojalá. Lo que comenzó
como una salida de emergencia para un adolescente de catorce años golpeado por
el desamor, ha desembocado en varias catarsis que he hecho y me ha regalado, en
privado, los mejores momentos de mi vida.
El que siempre lo da todo, termina perdiendo todo. Que muchas veces la vida no es justa con algunos. Que el para siempre no dura más que un suspiro. Que un te quiero, por más sincero que sea, no es creíble para quien lo escucha. Que hagas lo que hagas siempre va a ser un error para los demás. Que el hablar de más puede ser usado en tu contra. Que el dinero no lo es todo en la vida, pero es importante (otra mentira). Que el verbo amar no se conjuga en el pretérito pluscuamperfecto, sino en el presente simple del modo indicativo de la primera persona del plural. Que todo es relativo en la vida. Que nada dura para siempre aunque a veces así pareciera.
A lo largo de este tiempo he aprendido que nunca es tarde para lo que uno quiere hacer. Nunca es tarde para cambiar. Nunca es tarde para empezar de nuevo. Nunca es tarde para rendirse y dejarlo todo sin que nadie te exija explicaciones. Nunca es tarde insistir en lo que te apasiona. Nunca. El miedo siempre está.
El que siempre lo da todo, termina perdiendo todo. Que muchas veces la vida no es justa con algunos. Que el para siempre no dura más que un suspiro. Que un te quiero, por más sincero que sea, no es creíble para quien lo escucha. Que hagas lo que hagas siempre va a ser un error para los demás. Que el hablar de más puede ser usado en tu contra. Que el dinero no lo es todo en la vida, pero es importante (otra mentira). Que el verbo amar no se conjuga en el pretérito pluscuamperfecto, sino en el presente simple del modo indicativo de la primera persona del plural. Que todo es relativo en la vida. Que nada dura para siempre aunque a veces así pareciera.
A lo largo de este tiempo he aprendido que nunca es tarde para lo que uno quiere hacer. Nunca es tarde para cambiar. Nunca es tarde para empezar de nuevo. Nunca es tarde para rendirse y dejarlo todo sin que nadie te exija explicaciones. Nunca es tarde insistir en lo que te apasiona. Nunca. El miedo siempre está.
*******
(Gracias por leerlo, y si
puedes escríbeme en privado para escribirte algo bonito, de eso se trata la
Literatura, de dejar huella en personas que aún no conozco. No quiero morir sin
dejar algo aquí, y no moriré sin conocerte a ti).
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