lunes, 6 de enero de 2020

HARRY POTTER 3:


#el_primer_libro_que_leí

“Soy un niño con piel de viejo; soy un pequeño con sueños de gigante”.

Aquí empezó todo:

“Harry Potter era, en muchos sentidos, un muchacho diferente”. Así inicia este hermoso tercer libro de la saga de J. K. Rowling y me enganchó. ¿Cuántos alguna vez nos sentimos diferentes o quisimos ser distintos al resto de las personas? ¿Cuántos alguna vez soñamos con poder tener la capacidad de mover las manos y pum, hacer magia? Yo siempre lo quise, sobre todo cuando en verdad necesitas con fuerza algo que te hace falta.

El libro nos presenta a un Harry Potter ya crecido y que va a cursar el tercer año en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, el mejor colegio según se cuenta. Un joven que al inicio se encuentra inseguro del cariño de sus amistades y que, como en los anteriores libros, también se encuentra solo, viviendo junto a sus tíos, insoportables.

Pienso que lo recomendable es leer la saga por el primer libro para entenderlo mejor; sino no tendría sentido. Yo no tuve la fortuna de leerlo así, aunque tiempo después lo pude hacer porque no sé cuántas veces la releí.

Leí el libro en el verano del año 2005, cuando todavía era un adolescente que vestía pantalón corto y zapato escolar; cuando en tercero de media pasó el peor momento de mi vida. Ahora que lo pienso, ¡uff! sí, de eso, hace bastante tiempo.

Es mi libro favorito de la saga, por excelencia, pero no sé bien por qué. Tal vez porque fue la primera vez que lo leí por placer, riendo a carcajadas por algún chiste dentro de él. Tal vez porque el libro tiene algunas cosas que son interesantes: es dinámico, hay viajes en el tiempo y los personajes ya han crecido lo suficiente. Quizás, simplemente, hay magia dentro.

Antes había leído libros porque me obligaban a leerlos en el colegio, cuando leí el libro de J. K. Rowling quedé maravillado. Creo firmemente que estamos condenados a obedecer una estructura que hace que leamos lo que no queremos y por tal motivo empezamos a odiar la literatura.

Prefiero escribir sobre cada tomo por separado porque cada libro tiene su historia conmigo y creo que merece ser contado así, uno tras otro, no en el orden en que aparecieron, sino en el orden que llegaron a mi vida.

Este fue el primer libro que leí y que no me obligaron a leer, yo lo compré (le dije a mi madre que me comprara y me dio 12 soles para conseguirlo) y lo leí a voluntad. Recuerdo la noche que lo tuve en mis manos. Fui a la tienda con el objetivo de comprar el primer libro, pero no lo encontré, pedí el segundo, tampoco había. Tal vez fue el destino, aunque no creo en él. Lo compré por desamor, pero lo leí porque fue la mejor compañía que encontré por esos años a mis días de soledad (anteriormente el blog se llamaba así: En Días de Soledad). Reí, soñé, amé, viví.

Tengo que decirlo, el libro cambió mi vida, la volvió patas arriba y lo digo en serio, aunque como digo siempre: quizás nunca sepa si ese cambio fue para bien o no. Lo primero por lo que vale, es que empecé a leer, no fue la primera vez que leía un libro, antes había leído varios cuentos de Valdelomar y César Vallejo, “Cien Años de Soledad”, “Madame Bovary” y otros tantos que conservo en la memoria, los que están en la estructura académica del nivel secundario, como ya lo mencioné.

En este libro disfruté las palabras, imaginé, soñé, viví enamorado de los personajes, gozando con las anécdotas, siendo feliz con ‘algo’ que nunca había conocido antes: literatura.

Lo otro, fue que empecé a usar gafas gracias a Harry Potter porque antes me sentía mal al llevarlas en mi rostro debido a ciertos prejuicios que creaba en mi mente y con los que crecí. También adopté un estilo que eliminó mi identidad, mis raíces. Pero creo que lo más importante de todo es que empecé a soñar. A soñar despierto. Cambiaron mis sueños que tenía de adolescente y la lectura se volvió mi prioridad, hasta la actualidad lo sigue siendo.

#el_primer_libro_que_leí


sábado, 4 de enero de 2020

NUNCA LO OLVIDES:



La foto es de un recuerdo de inicios del 19, cuando mi único objetivo era olvidar. Te vas, huyes, lees, te llenas de cosas. Regresas y caes en la cuenta que todo sigue igual. Pero eras feliz de esa manera, y eres feliz de esta otra, y eso está bien. No tienes todo lo que quisieras, pero vas en camino a tenerlo todo. Quizás de eso se trata la vida.

NUNCA LO OLVIDES:

Es muy posible que ustedes no lo sepan, pero mi sueño siempre ha sido publicar un libro. Eso vendrá, tarde o temprano. De alguna manera está implícito en mí.

Mi verdadera meta, con la que nunca dejaré de soñar (o al menos no hasta cumplirla) y por la cual me esforzaré como si mañana pudiese acabarse el mundo, es crear una Fundación, específicamente, para niños con algún trastorno y/o síndrome que impida su desarrollo. Así me lleve 60 años conseguirlo y no pueda verlo con mis propios ojos.

No quiero ser congresista, senador, presidente, ni anhelo ser la portada de ninguna importante revista de negocios o literatura. 

Quiero poder ayudar y que las personas me agradezcan sonriendo. Quiero ser la semilla que hará que el mundo florezca. Mejor y más bonito.

Una de muchas.

Es algo contradictorio porque siempre me ha gustado dejar huella, esa es una de las razones de querer publicar libros y escribir; pero también está el otro lado, lo que los textos me han enseñado, y todavía me enseñan: literatura comprometida; desde que escuché eso no he dejado de pensar en ello.

sábado, 28 de diciembre de 2019

EXTRACTO NÚMERO SEIS:


#mi_primera_novela

Pimpinela como telón de fondo. La vida, una sucesión de hechos y acciones de mejora continua. El tiempo, siempre cambiante. El dolor, inevitable, pero el sufrimiento es opcional. La muerte, la mejor solución cuando no se puede hacer más de lo que ya se hizo. Y está bien, todo está bien en la medida que un acto no afecte a otros si se puede evitar.

Cuánto más te gusta alguien, más débil te muestras. Cuánta verdad hay en esas líneas. No hay mejor manera que vivir al límite de lo que está permitido. Hay gente tan simple que cualquier motivo lo convierte en un hecho digno de ser contado como un chisme. 'Y luego estoy yo, que a veces no sé lo que quiero, ni sé lo que debo hacer con mi vida, pero dando todo lo que puedo en la medida de mis posibilidades, porque creo que no hay mejor forma de vivir que eso, aunque luego el dolor me taladre, me estruje las piernas y no sepa a dónde ir'.

Ella a tu lado, echada en un banquito cerca de las calles Costanera y Carabaya. Tú, sentado, mirando el oriente, el lago, la vegetación, el destino cruel de los amores de primavera. Justo allí la vida es hermosa o parece serlo. El tema de conversación, algo. Después de todo, eso es lo que más te gusta: solo tener su compañía, mirarla, sonreír sin explicación y dejar que el tiempo pase; lo demás, es nada de lo que valga la pena ser contado.

Te acercas, 'te quiero', su fragancia es tan dulce como las flores de verano. La besas, su cuello es suave como la porcelana, sabe a droga y por un instante te olvidas de vivir. Pero con un giro de su cabeza, rompe esa chispa que crecía incontenible. Así siempre ha sido desde un inicio. Tu siempre tan predispuesto y ella sin desear nada de lo que tú quieres. Bueno, eso te parece.

La deseas más de lo que está permitido. Quieres tocarla. Se ha convertido en una droga. Quieres abrazarla hasta perder los estribos, el horizonte, el motivo... Perderte en su cintura, en su cuello, en sus labios... ¡Oh, París!...

Son las cuatro y once minutos de la mañana. Sudas. Llueve. Hay una sonrisa inexplicable en tu pecho. Calor en tu alma. Estás demasiado cansado como para salir a correr.  Piensas. Vuelves a dormir. 'No malogres esto que siento por ti'.

#mi_primera_novela

jueves, 26 de diciembre de 2019

TE LO DIGO EN SERIO:



**”No puedo evitar sonreír y decirme a mí mismo: Sonríe pequeño, y lo de pequeño te lo digo en serio porque lo sigues siendo. No entiendo por qué siempre andas triste”**

miércoles, 25 de diciembre de 2019

NAVIDAD 2019:


**“Otra vez navidad, la segunda navidad sin mamá”**

Tenía dos mamá's. Mi madre biológica es la que sigue con vida, la que pese a todos mis arrebatos siempre ha confiado en mí y aún cree en mí.

La que me dio su apellido es la que se fue. Nunca pregunté la razón de por qué lo hicieron así. Llevo un apellido distinto al que debería. Pero creo que no importa mucho. No soy quién para juzgar a las personas, y mucho menos las decisiones de mi familia.

domingo, 22 de diciembre de 2019

MI NOMBRE ES GORKI MAQUERA:



(Cinco años después, cuando Facebook me lo recuerde, también quisiera que esta micro-biografía se lea en otros lugares aparte de este medio).

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Antes que nada, me encanta romantizar mi vida. Mi nombre es Gorki Maquera (da igual con "y" o "i”, aunque la prefiero con la primera). Nací el día número veintisiete del quinto mes del año 9-; así que tengo veinti-largos años encima. Aunque escribo como si hubiese vivido al menos cuarenta o más. No hablo por las experiencias sino por mi abundante sentimentalismo y melancolía. Desbordo emociones desde la niñez y todavía no aprendo a controlarlas. Soy originario de la región de Puno, aunque me hubiera gustado nacer en la República Independiente de Arequipa.

Actualmente me encuentro estudiando Literatura en la Universidad Nacional del Altiplano de Puno de la cual no puedo estar más orgulloso. ¿Por qué Literatura? La respuesta a la pregunta del siglo radica en dos décadas de un entorno cuadrado. No comparto las mismas ideas de mi padre. Mi mamá es la mejor persona del mundo. Ella me apoya más, cree en mí y eso es suficiente.

Sin embargo, preocupados por la situación laboral del país, me pidieron un sustento aceptable: el título de una carrera universitaria que, si bien no me apasionaba, al menos podía darme trabajo. Me negué a estudiarla (solo diré eso aunque no es verdad). Fue entonces cuando elegí Ciencias de la Comunicación Social, aunque antes concluí con éxito y satisfacciones la..., la que estudié solo para autoafirmarme que no necesitaba a nadie y menos un psicólogo para ponerme bien, y lo conseguí... (También es otra mentira o yo qué sé).

Mi educación media superior constituyó un debate entre “el qué quiero ser y el qué debo ser para tener éxito en la vida”. Estudiar Medicina era mi fascinación y siempre partía de la pregunta ¿Cómo podría alguien que de niño soñó con ser un gran científico, director de la NASA, convertirse en un súper dotado y vivir en el Silicon Valley, London o París? Nunca obtuve respuesta. Desistí cuando cursé el tercero de media en mi último año del vocacional (otra mentira). La admiración que sentí hacia la literatura francesa, sobre todo porque creí y creo en la tesis de La Literatura Comprometida de Jean Paul Sartre y en la magia de la Literatura inglesa, fue lo real. Eso terminó por convencerme de que estudiar Comunicación era una buena idea.

Jamás pasó por mi cabeza dedicarme a las letras. Siempre pensé que haciéndolo le perdería el gusto a la escritura. Para empezar, porque me daría cuenta de lo malo que soy, y para terminar, porque no me agradan los académicos, siempre me parecieron gente creída. Pero cuando estudié Ciencias de la Comunicación Social, se fue esa magia que tanto temía a que se separara de mí, y no pude evitarlo. Cuatro años y medio en los que la Literatura no fue pan de cada día y el poco estímulo recibido (nulo), hizo que mi gusto a las letras desapareciera.

A pesar de estar satisfecho con mi carrera actual, apliqué a la Facultad de Ciencias Políticas y Jurídicas dos veces para estudiar Derecho; no me quedé. En ese momento decidí invertir todo mi empeño en la universidad sin dejar de lado la poesía y la novela, mis únicas vías de salida.

Empecé a escribir textos en el año 2007, de ahí en cuanto mi número mágico: el siete; aunque ya llevaba bastante tiempo deseando hacerlo. No conozco a jóvenes con los que quisiera compartir mis sueños, pero sé que los hay y merecen todo mi respeto. Un tiempo atrás quemé todo lo que había escrito por miedo a que alguien lo leyera, tampoco me arrepiento, sé que estaban mal escritas esas antologías.

Tengo tanto en mente y en papel que, cuando llegue el momento, será mi primera novela. Ojalá. Lo que comenzó como una salida de emergencia para un adolescente de catorce años golpeado por el desamor, ha desembocado en varias catarsis que he hecho y me ha regalado, en privado, los mejores momentos de mi vida.

El que siempre lo da todo, termina perdiendo todo. Que muchas veces la vida no es justa con algunos. Que el para siempre no dura más que un suspiro. Que un te quiero, por más sincero que sea, no es creíble para quien lo escucha. Que hagas lo que hagas siempre va a ser un error para los demás. Que el hablar de más puede ser usado en tu contra. Que el dinero no lo es todo en la vida, pero es importante (otra mentira). Que el verbo amar no se conjuga en el pretérito pluscuamperfecto, sino en el presente simple del modo indicativo de la primera persona del plural. Que todo es relativo en la vida. Que nada dura para siempre aunque a veces así pareciera.

A lo largo de este tiempo he aprendido que nunca es tarde para lo que uno quiere hacer. Nunca es tarde para cambiar. Nunca es tarde para empezar de nuevo. Nunca es tarde para rendirse y dejarlo todo sin que nadie te exija explicaciones. Nunca es tarde insistir en lo que te apasiona. Nunca. El miedo siempre está.


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(Gracias por leerlo, y si puedes escríbeme en privado para escribirte algo bonito, de eso se trata la Literatura, de dejar huella en personas que aún no conozco. No quiero morir sin dejar algo aquí, y no moriré sin conocerte a ti).