viernes, 14 de agosto de 2020

RELATOS MEMORABLES I - "El Perseguidor".


"Estoy solo como ese gato, y mucho más solo porque lo sé y él no”.

"El Perseguidor", Julio Cortázar, 1959.


La manera en cómo veo el tiempo fue cuando conocí al escritor argentino Julio Cortázar. El tiempo puede desdoblarse a tal punto que uno tiene una noción distinta del tiempo como lo conocemos y de su tiempo interno. Bueno, de allí que yo aprendí que el pasado, el presente y el futuro pueden vivirse al mismo instante, aunque siempre me dicen que eso es imposible.


Lo que más me gusta de escuchar algún vídeo suyo es ese dejo tan francés-argentino que me excita tanto, tan lindo, tan Cortázar. Y lo otro, porque a Cortázar le gusta hablar de literatura. Mucho de mí es admiración pura hacia los más grandes escritores de todos los tiempos porque quiero ser como ellos.


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Junto con Borges, Cortázar es otro de los escritores argentinos a quien admiro. Llegó a mi vida de pura casualidad, en los libros de literatura siempre aparece su nombre. Dice que fue un lector voraz, que leía a la vez que escribía poemas y relatos, que dio clases de literatura en colegios de provincias, que aprendió el inglés y el francés (la razón por la quiero aprender a hablar esos idiomas), que vivió en París (¡genial!), que amaba el jazz, que todo ello eran sus grandes pasiones.


"Rayuela" es mi gran deuda personal, la habré intentado leer tres veces: una cuando salí del colegio y no la pude terminar, la segunda entre el 2009 o 2010, y la tercera hace un par de meses. Espero mucho de este libro que para muchos es una antinovela ya que tuvo enorme repercusión en el mundo entero, además que se puede leer de dos maneras, hay poesía y hasta un lenguaje inventado; sin embargo, fue en el cuento que Cortázar alcanzó grandes logros. Escribió cuentos realistas y fantásticos, y en todos demostró toda su destreza narrativa.


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La leí en el 2007, en vacaciones de medio año, en un viaje que realicé a Arequipa. Esas seis horas se llenaron de vida, y parecieron una eternidad. Justamente de eso es lo que habla el libro, sobre la subjetividad y relatividad del tiempo.


"El Perseguidor" es quizás su mejor relato. Está inspirado en la vida del célebre saxofonista norteamericano Charlie Parker, creador del Be-bop, haciéndole un homenaje. En ella cuenta dos lados de la vida de este en el personaje de Johnny Carter, un saxofonista de jazz dotado de un talento y sensibilidad sin comparación y un hombre que vive una vida de excesos y adicciones en la París bohemia de la posguerra. Sí, en París, en el país de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir (dos intelectuales que me dieron mucho y de quienes hablaré en su momento) y otros grandes escritores.


"-(...) Dijo así, cuando uno se abstrae. Pero yo no me abstraigo cuando toco. Solamente cambio de lugar. Es como un ascensor, tú estás en el ascensor hablando con la gente, y no sientes nada rara, y entretanto pasa el primer piso, el décimo, el veintiuno, y la ciudad queda ahí abajo, y tú estás terminando la frase que habías empezado al entrar, y entre la primera frase y la última hay cincuenta y dos pisos. Yo me di cuenta cuando empecé a tocar que entraba en un ascensor, pero en un ascensor de tiempo”.

"El Perseguidor", Julio Cortázar, 1959.


SUBJETIVIDAD DEL TIEMPO:


Solía escuchar que el tiempo es un convencionalismo social, donde marcan los relojes, que está en todos lados y por medio del cual vivimos. Nos levantamos a una hora, miramos el reloj, salimos y miramos el reloj, llegamos a casa y miramos el reloj, es como si estuviéramos viviendo en función de un aparato que marca el tiempo y nos dice lo que debemos hacer. Siempre miramos el reloj, muchas veces a cada rato, cómo si nuestra vida dependiera de ese objeto. Por eso en algún momento dejé de mirar y usar mi reloj porque parecía su esclavo, solo lo miraba cuando en verdad era necesario hacerlo.


Siempre he cuestionado ese tiempo que marca cada instante de nuestras vidas, no es parte de nosotros, es de un contexto; sin embargo, existe un tiempo que experimentamos individualmente, ese tiempo interno que marca algo que no se puede explicar.


Justo de ello se habla en el cuento "El Perseguidor". La distorsión del tiempo en Johnny cuando toca el saxo es brutal, como si el mundo se detuviera, se ralentizara, se plegara o se comprimiera, como si al dedicarle tanta pasión al tocar Johnny se abstrayera de su entorno. Esa abstracción de la que se menciona es mental y no física, por lo que en un segundo bien puede caber una hora, un día o un mes.


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El libro me enseñó que no todo lo que brilla es oro, sino depende de cómo lo mires. Y justo allí nace aquella mi célebre frase: "uno tiene que pagar 'algo' de un valor para conseguir 'otro algo' del mismo valor".


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