Te miro y sonríes. Caminamos por la avenida Titicaca en dirección al muelle, directo al sol. Llegamos a la intersección con la avenida Costanera. Nos detenemos para esperar que el semáforo cambie a rojo y poder cruzar. Hace calor. Un bus azul y enorme apenas puede ganar al cambio de luz. Cruzamos la avenida Costanera. El asfalto no es uniforme. Cada vez que puedo te miro. Tu sonrisa es la luz que ilumina mi vida. Siempre lo tuve claro.
Compartimos un audífono, está conectado a tu celular que llevas en el bolso. Yo tengo un altavoz de goma en la oreja derecha y el tuyo en la izquierda. Acaba de terminar Trouble y se comienza a escuchar una intro hermosa, el inicio de Yellow de Coldplay, nuestra banda favorita.
Al cruzar la Costanera, todavía estamos en la avenida Titicaca, esta se extiende hasta la plaza del Faro, como a una cuadra y media todavía, pero ya estamos por el Lago Titicaca, ya que aquí termina la ciudad y comienza la inmensidad del lago. Look at the stars. Lo que debería ser agua limpia está verde, y tiene un olor a desagüe. Hay algunas instituciones sin fines de lucro que realizan campañas de limpieza, pero no sé consigue nada. And everything you do. El municipio de vez en cuando realiza limpieza, pero las lentejas verdes siguen sin desaparecer. Tal vez el hombre debería alejarse de la naturaleza.
Toda la parte izquierda ocupa una porción del lago que lo divide el malecón ecoturístico. I wrote a song for you. Ese trozo de lago es un área extensa que ocupa hasta media cuadra de la avenida Floral, detrás de las casas. Allí hay pequeñas balsitas tipo patito para pedalear que los jóvenes alquilan a 3 soles la media hora. And it was called yellow. A nuestra derecha la feria artesanal del puerto de la ciudad, comienza a tener vida. Las artesanas empiezan a dar vida a sus kioskos.
Your skin, oh yeah, your skin and bones. Tienes el cabello largo, desde la coronilla debe medir más de 50 centímetros, es lacio y suave, no es negro, más bien marrón oscuro, lo llevas suelto como la canción de Gloria Trevi. Tus ojos son redondos como las canicas que los niños suelen usar en los recreos para jugar, blancos como la leche y en el centro un círculo negro con transparencia, pareciera notarse desde afuera la inmensidad del universo, el espacio-tiempo, la vía Láctea. You know I love you so. Ambos luceros están protegidos por unos anteojos grandes y ovalados y una montura gruesa de color marrón con rayones en fucsia y azul. Te quedan bien. Se te ve preciosa. I swam across.
Tu nariz es pequeña y recta. Tus labios son algo gruesos y transparentes. Brillan cuando el sol cae y nunca están resecos. Tú frente es grande y tus cejas no son pobladas. Because you were all yellow. Tus cabellos no cubren tu rostro ni nada. Los tienes siempre libres, sueltos. Tú rostro redondo y radiante es de otra dimensión. En tu frente tampoco ocupa ningún flequillo. Cuando te pregunté el por qué, me dijiste que no hacía falta y no supe qué responder. Supongo que no te gusta. O más bien 'es muy molesto cuando te cubre los ojos'.
Mides un metro con 60 centímetros de estatura, y con tacos te elevas un poco más, pero te sobrepaso algo más de 20 centímetros. Cuando me abrazas tu cabeza siempre reposa sobre mi pecho y mi mentón se apoya sobre tu coronilla, el olor a flores que se desprende de tu cabello me hace perder la noción del tiempo. Eres música para mí. Eres arte. Eres poesía.
Ahora vistes un overol falda de color negro. En la parte superior, debajo del overol solo llevas un polo color verde azulado. En la muñeca de la mano izquierda tienes una pulsera artesanal roja con diseño de flores. Al centro, como siempre, a la altura de tu ombligo, llevas un cinturón que define muy bien tu cuerpo. Tampoco es que tengas una cintura de avispa, pero te queda bien. En la parte baja no llevas panties, es que no te gustan, sientes que no eres libre cuando los usas. Tus piernas se ven tersas y suaves, blancas como porcelana. Es verdad, en este lado del país es complicado usar ropa corta porque el sol te quema la piel, pero en tu caso debe haber alguna excepción, no se te quema, tu piel siempre está blanca. Your skin, oh yeah, your skin and bones. Por otro lado, lo curioso es que llevas zapatillas blancas de esas que usan los jugadores de baloncesto. Te ves genial. Estás hermosa. De tu hombro cuelga una cartera negra del tamaño de un cuaderno pequeño. Se te ve preciosa, parece un sueño, pero no lo es porque acabo de pellizcarme. Eres real como la brisa del lago a las tres de la tarde. Eres un sueño vivo.
La banda termina esa hermosa canción y te quitas el audífono. Ya es suficiente por hoy. Me lo quitas de mi oreja y te lo guardas en tu bolso. Tu mano es suave y tienes las uñas pintadas de color azul. Ya estamos, a escasos metros del Faro y por donde sale el sol durante las mañanas se aprecia la majestuosidad de un barco enorme que me hace recordar a la película Titanic; aunque a decir verdad exagero, no es tan grande, pero se ve imponente.
—Se me ocurre que esta semana leamos a Flaubert —Me dices con una sonrisa en la cara—. "Madame Bovary".
—Pensaba en una de las hermanas Brontë, pero está bien. Los franceses nunca fallan.
En realidad no quiero que leamos esa novela porque tal vez y aprendes las actitudes de Emma. Siempre estoy inseguro yo, aunque no lo manifiesto demasiado. A veces tú no te das cuenta, o si te das cuenta no me lo dices.
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Eran las diez y media. La mañana estaba soleada, el cielo despejado, el primer lunes del mes de abril, brotaba una brisa caliente del lago, pese a la época. Los patitos al lado izquierdo de la calle, sobre el agua, se movían al son de las pequeñas olas que provenían del lago. En la vereda de la calle un par de turistas de estilo rasta vendían pulseritas de todo tamaño y variedad. También había un señor de edad sentado en un banquito que tocaba el charango cada vez que las personas pasaban frente a él. En el suelo, frente a sus pies había un envase de plástico con monedas de todos los tamaños. Las personas que deseaban podían dejar algo de dinero. La pareja siguió camino de frente. Al lado derecho, los kioscos de las artesanas todavía estaban cerrados, aunque una que otra empezaba a abrir. La pareja llegó al pie del faro, es una enorme torre circular pintada de roja de unos diez metros de alto, conecta en forma de óvalo el muelle y el malecón, por el lado oeste hay un camino circular que conecta la calle con el malecón. Debajo del faro, al pie, hay unos banquitos que miran en dirección a la ciudad, es bonito ver el atardecer, aunque a esta hora apenas el sol daba su calor. Esos banquitos todavía estaban en la sombra, pero no hacía frío. Ambos se sentaron al mismo tiempo. El chico al lado izquierdo de la chica.
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—¿Recuerdas? Hace un año que nos conocimos aquí, —empiezas; en tu voz se siente un leve suspiro—. Te dije: "este faro, a partir de este momento, es parte de nosotros", ni siquiera soy consciente de lo que digo. ¿Te acuerdas cómo empezó? Ni siquiera nos conocíamos. Éramos completos desconocidos y, pum, y ahora no creo que pueda estar sin tí un solo minuto...
Y yo tampoco. ¿Cómo podría olvidarlo? Hace un año que nos conocimos en este lugar, el faro, nuestro faro. Estabas vestida de la misma manera como lo estás hoy, no se te escapa nada, nada lo haces así porque sí. Llegaste y no supe qué hacer y solo atiné a decir un 'hola' como para bajar la tensión. Fue la primera vez que nos conocimos en persona. Y tú dijiste 'vayamos allá, sentémonos al pie del faro'. También era el primer lunes de abril. El cielo estaba nublado. Eran las dos de la tarde. Lo recuerdo bien porque ese día tenía examen de fonología. Nos sentamos en el banquillo y no supimos de qué hablar. Y luego tú me dijiste '¿querías decirme algo?' y es que yo no sabía cómo empezar y te lo dije sin rodeos todo lo que pasaba en mi cabeza por ese entonces. Respiré profundamente y comencé:
—No creo en el amor, pero creo en lo que siento en este momento. No te digo que lo vaya a sentir toda mi vida, en algún momento de seguro será solo un recuerdo nada más, pero como te digo, quiero que lo sepas ahora a llevar toda una vida diciendo '¿por qué no se lo dije?'. Eres especial para mí, pienso en ti hasta en la sopa, tengo miedo a todo, pero no tengo miedo a confesarlo, eres la que ronda en mis sueños y a la que hago el amor en mis madrugadas de insomnio. Eres música para mí... Después de tanto pensarlo he llegado a la conclusión de que me gustas y no puedo reprimirlo más. Te pareces mucho a mí.
Solo me escuchabas en silencio hasta que dijiste 'quiero un helado'. ¿Qué cosas no? Llamamos a la señora que vende helados en la calle y nos trajo dos de un sol.
—También siento algo parecido, pero no quiero malograrlo. Lo que pasa es que cuando te metes, o bueno, cuando eres parte de una relación, las cosas siempre fallan, no funcionan como te lo imaginas. No necesitamos ser 'algo' para serlo todo —giraste tu mirada hacia mí—. Odio tu cara cuando me miras así.
—También me gustas.
Nuestras miradas se cruzaron como si buscáramos algo del interior. Nos acercamos poco a poco, pero no sé quién empezó, solo que fue incontenible. Hubo silencio y reímos a carcajadas. También fue la primera vez que te oí reír. Tu sonrisa era aguda y parecía una melodía natural, como cuando las aves cantan en el amanecer.
Mientras comíamos los helados, estábamos en silencio. Es que a ti no te gusta hablar cuando tienes comida en la boca, aunque de repente me preguntas:
—¿Por qué comenzamos a hablar? No lo recuerdo. ¿Cuándo comenzó todo esto Levy?
Todo comenzó con una historia de facebook, yo respondí a la foto que subiste en tu historia, lo hice con una carita sonriendo y el fueguito, ja, ja, ja, 'tu atrevimiento no tiene límites' y tú respondiste de la misma manera y decidí que lo mejor era empezar de nuevo, otra vez. Y te saludé.
—Si no te hubiera respondido, nada habría pasado —lo dices pensativa—. No creo en el destino, pero no sé, a veces...
Un rato te quedas con la mirada perdida en el horizonte, pero no dices nada más. Si no hubieras respondido, no te habría conocido. Se me hace nudo la garganta, solo de imaginarlo. Te miro, miro al cielo, miro la ciudad iluminada por el sol de las 11 de la mañana. Pienso. ¿Dónde estaríamos los dos si ninguno hubiera hecho algo para interactuar? ¿Dónde? No tengo respuesta. Creéme, la vida tiene muchos caminos por los que decidimos transitar. Nosotros los elegimos, no es que alguien tenga un plan y sigamos al pie de la letra. Está bien equivocarnos, una y otra vez, de eso trata, de salir adelante a pesar de los baches que haya en ese camino. De las miles de posibilidades que existen, tuve la suerte de coincidir contigo en tiempo y espacio. Es increíble.
—Hola, mi nombre es Levessy, —comencé. Era innecesario porque en Messenger ya aparece nuestro nombre, no completo, pero va, la idea es esa—. ¿Cómo estás?
Pulsé enviar. Un par de minutos después sonó mi celular, ese característico sonido predeterminado que tiene esa aplicación. Y desde el panel de notificaciones se podía leer todo el mensaje. Ahí empezó todo.
—Hola. Bien, atareada con los trabajos. ¿Y tú? Mi nombre es Jhosbenia Marett.