sábado, 11 de enero de 2020

MADAME BOVARY:


#el_segundo_libro_que_leí

“¿Acaso un hombre no debía conocerlo todo, destacar en actividades múltiples, iniciar a la mujer en las energías de la pasión, en los refinamientos de la vida, en todos los misterios? Pero éste no enseñaba nada, no sabía nada, no deseaba nada. La creía feliz y ella le reprochaba aquella calma tan impasible, aquella pachorra apacible, hasta la felicidad que ella le proporcionaba”. (pág, 17; según la edición: Madame Bovary, 1857).

Se dice que en su idioma original, el francés, la novela es de una belleza única, donde nada le sobre ni nada le falta, cada palabra está allí por algo; llegando a la perfección narrativa. Hay música dentro de ella, hay poesía.

“Madame Bovary”, es considerada como la novela cumbre del realismo literario del siglo XIX, pero produjo tal escándalo que Flaubert fue procesado tras su publicación, debido a que Emma significó una ruptura con la tradición literaria existente durante esa época.

La novela es enorme porque hasta se inventó un nuevo término: Bovarismo; un síndrome de personas caprichosas (mujeres en su mayoría) que por idealizar el amor, se desilusionan al poco tiempo de empezar una relación, y van buscando por el mundo ‘ese gran amor’; lo que refleja el personaje de Emma.

El libro se publicó por entregas en el año 1856, pero la edición completa salió un año después. Mario Vargas Llosa, sostiene en “La Orgia Perpetua” que existe un paralelo entre Emma y el Quijote, una mujer que lee novelitas de amor y el otro, novelas de caballerías. Ambos tienen un final parecido, solo en esencia.

El valor de la novela radica en que Flaubert rompe con una tradición en la representación de la personalidad de la mujer: Emma nunca será una esposa y madre abnegada, sino una mujer que hace caso a sus pasiones, pero sin pensar en las consecuencias que podrían tener sus actos. Ella ansía la vida de un hombre.

Hay dos rasgos particulares en Madame Bovary: por un lado, Emma es una mujer adúltera, erotizada, con deseo sexual, las bajas pasiones. Por otro lado, el hecho de querer prestigio y poder, la aspiración a una vida con economía alta, pero que no pertenece a su realidad.

Pero no todo es Emma. Para Charles, ella es como un trofeo, como un bien acumulado por su estatus. Es un hombre ausente, perdido en su propio mundo. Ignora todo a su alrededor, y confía en Emma porque le cede todo el poder de la casa, que es habitada por dos soledades.

Yo leí el libro por primera vez, cuando tenía 12 años, obligado por la estructura curricular de educación secundaria, pero no la terminé, me aburrí desde las primeras páginas. Ese entonces me pareció complicado y pensé que no me iba a servir de nada. No me gustaba.

Luego de la magia que produjo “Harry Potter y el Prisionero de Azkaban”, algo cambió en mí, cambió todo desde que tenía entre 14 y 15 años. De pronto, es como si se hubiera abierto un espacio en mi vida y tenía curiosidad por seguir imaginando. De repente, las palabras se convirtieron como un deseo al que quería entregarme con pasión. Y ahora, así parece serlo.

La segunda vez que lo leí, fue muy diferente. Recuerdo que era abril o mayo del 2005, cuando estaba estudiando en Puno. Desde que se abrió esa necesidad de leer libros, luego de tres años desempolvé mi ejemplar añejo de “Madame Bovary”, lo abrí, me demoré una semana en terminarlo porque la belleza estilística de la prosa de Gustave Flaubert, me atrapó y me hizo adorar la poesía, sin ser poesía. Fue muy diferente a la primera vez, lo disfruté, cada palabra fue una delicia para mi imaginación.

Fue a partir de esta novela que empezó a gustarme la literatura francesa, la que admiro en demasía. La historia de Emma Rouault me dejó impactado. El estilo narrativo propio del romanticismo alimentó mi creencia en el amor, porque creo en él y en la fuerza que puede crear en las personas que lo tienen. Hasta ahora no he cambiado esa mi manera de ver las cosas, esa pasión por hacer bien las cosas, aunque a veces es difícil sostenerlo.

El libro es fácil. La bella Emma se casa con un médico y viven en un pueblito, pero ella no se siente conforme con su matrimonio y busca en otros hombres lo que no encuentra en su marido producto de las novelitas de amor que lee. Aspira a una vida distinta. Buscando ese amor ideal, ese gran amor que lo sacará de donde se encuentra, pero la realidad la golpea una y otra vez, haciendo de Emma una mujer vacía, sin un horizonte. El final que tiene, es cruel por donde se le mire y conmueve, aunque durante buena parte de la novela, el personaje es detestable.

Este fue mi primer acercamiento a la literatura francesa y a la que amo, y el libro me enseñó que el mundo no era eso que siempre miraba muy cerca de mi nariz, era inmenso. Había mucho por vivir, mucho por conocer. El niño de 15 años buscaba respuestas, por primera vez.

#el_segundo_libro_que_leí

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