#el_segundo_libro_que_leí
“¿Acaso un hombre no debía
conocerlo todo, destacar en actividades múltiples, iniciar a la mujer en las
energías de la pasión, en los refinamientos de la vida, en todos los misterios?
Pero éste no enseñaba nada, no sabía nada, no deseaba nada. La creía feliz y
ella le reprochaba aquella calma tan impasible, aquella pachorra apacible,
hasta la felicidad que ella le proporcionaba”. (pág, 17; según la edición: Madame Bovary, 1857).
Se dice que en su idioma original,
el francés, la novela es de una belleza única, donde nada le sobre ni nada le
falta, cada palabra está allí por algo; llegando a la perfección narrativa. Hay música dentro de ella, hay poesía.
“Madame Bovary”, es considerada
como la novela cumbre del realismo literario del siglo XIX, pero produjo tal
escándalo que Flaubert fue procesado tras su publicación, debido a que Emma
significó una ruptura con la tradición literaria existente durante esa época.
La novela es enorme porque hasta se
inventó un nuevo término: Bovarismo; un síndrome de personas caprichosas (mujeres
en su mayoría) que por idealizar el amor, se desilusionan al poco tiempo de
empezar una relación, y van buscando por el mundo ‘ese gran amor’; lo que refleja
el personaje de Emma.
El libro se publicó por entregas en
el año 1856, pero la edición completa salió un año después. Mario Vargas Llosa,
sostiene en “La Orgia Perpetua” que existe un paralelo entre Emma y el Quijote,
una mujer que lee novelitas de amor y el otro, novelas de caballerías. Ambos
tienen un final parecido, solo en esencia.
El valor de la novela radica en que
Flaubert rompe con una tradición en la representación de la personalidad de la
mujer: Emma nunca será una esposa y madre abnegada, sino una mujer que hace
caso a sus pasiones, pero sin pensar en las consecuencias que podrían tener sus
actos. Ella ansía la vida de un hombre.
Hay dos rasgos particulares en
Madame Bovary: por un lado, Emma es una mujer adúltera, erotizada, con deseo
sexual, las bajas pasiones. Por otro lado, el hecho de querer prestigio y
poder, la aspiración a una vida con economía alta, pero que no pertenece a su
realidad.
Pero no todo es Emma. Para Charles,
ella es como un trofeo, como un bien acumulado por su estatus. Es un hombre
ausente, perdido en su propio mundo. Ignora todo a su alrededor, y confía en Emma
porque le cede todo el poder de la casa, que es habitada por dos soledades.
Yo leí el libro por primera vez, cuando
tenía 12 años, obligado por la estructura curricular de educación secundaria,
pero no la terminé, me aburrí desde las primeras páginas. Ese entonces me
pareció complicado y pensé que no me iba a servir de nada. No me gustaba.
Luego de la magia que produjo “Harry
Potter y el Prisionero de Azkaban”, algo cambió en mí, cambió todo desde que
tenía entre 14 y 15 años. De pronto, es como si se hubiera abierto un espacio
en mi vida y tenía curiosidad por seguir imaginando. De repente, las palabras
se convirtieron como un deseo al que quería entregarme con pasión. Y ahora, así
parece serlo.
La segunda vez que lo leí, fue muy
diferente. Recuerdo que era abril o mayo del 2005, cuando estaba estudiando en Puno.
Desde que se abrió esa necesidad de leer libros, luego de tres años desempolvé
mi ejemplar añejo de “Madame Bovary”, lo abrí, me demoré una semana en
terminarlo porque la belleza estilística de la prosa de Gustave Flaubert, me
atrapó y me hizo adorar la poesía, sin ser poesía. Fue muy diferente a la
primera vez, lo disfruté, cada palabra fue una delicia para mi imaginación.
Fue a partir de esta novela que
empezó a gustarme la literatura francesa, la que admiro en demasía. La historia
de Emma Rouault me dejó impactado. El estilo narrativo propio del romanticismo
alimentó mi creencia en el amor, porque creo en él y en la fuerza que puede
crear en las personas que lo tienen. Hasta ahora no he cambiado esa mi manera
de ver las cosas, esa pasión por hacer bien las cosas, aunque a veces es
difícil sostenerlo.
El libro es fácil. La bella Emma se
casa con un médico y viven en un pueblito, pero ella no se siente conforme con
su matrimonio y busca en otros hombres lo que no encuentra en su marido
producto de las novelitas de amor que lee. Aspira a una vida distinta. Buscando
ese amor ideal, ese gran amor que lo sacará de donde se encuentra, pero la
realidad la golpea una y otra vez, haciendo de Emma una mujer vacía, sin un
horizonte. El final que tiene, es cruel por donde se le mire y conmueve, aunque
durante buena parte de la novela, el personaje es detestable.
Este fue mi primer acercamiento a
la literatura francesa y a la que amo, y el libro me enseñó que el mundo no era
eso que siempre miraba muy cerca de mi nariz, era inmenso. Había mucho por
vivir, mucho por conocer. El niño de 15 años buscaba respuestas, por primera
vez.
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