domingo, 14 de noviembre de 2021

CAPÍTULO UNO: MI NOMBRE ES:


Te miro y sonríes. Caminamos por la avenida Titicaca en dirección al muelle, directo al sol. Llegamos a la intersección con la avenida Costanera. Nos detenemos para esperar que el semáforo cambie a rojo y poder cruzar. Hace calor. Un bus azul y enorme apenas puede ganar al cambio de luz. Cruzamos la avenida Costanera. El asfalto no es uniforme. Cada vez que puedo te miro. Tu sonrisa es la luz que ilumina mi vida. Siempre lo tuve claro.


Compartimos un audífono, está conectado a tu celular que llevas en el bolso. Yo tengo un altavoz de goma en la oreja derecha y el tuyo en la izquierda. Acaba de terminar Trouble y se comienza a escuchar una intro hermosa, el inicio de Yellow de Coldplay, nuestra banda favorita.


Al cruzar la Costanera, todavía estamos en la avenida Titicaca, esta se extiende hasta la plaza del Faro, como a una cuadra y media todavía, pero ya estamos por el Lago Titicaca, ya que aquí termina la ciudad y comienza la inmensidad del lago. Look at the stars. Lo que debería ser agua limpia está verde, y tiene un olor a desagüe. Hay algunas instituciones sin fines de lucro que realizan campañas de limpieza, pero no sé consigue nada. And everything you do. El municipio de vez en cuando realiza limpieza, pero las lentejas verdes siguen sin desaparecer. Tal vez el hombre debería alejarse de la naturaleza.


Toda la parte izquierda ocupa una porción del lago que lo divide el malecón ecoturístico. I wrote a song for you. Ese trozo de lago es un área extensa que ocupa hasta media cuadra de la avenida Floral, detrás de las casas. Allí hay pequeñas balsitas tipo patito para pedalear que los jóvenes alquilan a 3 soles la media hora. And it was called yellow. A nuestra derecha la feria artesanal del puerto de la ciudad, comienza a tener vida. Las artesanas empiezan a dar vida a sus kioskos.


Your skin, oh yeah, your skin and bones. Tienes el cabello largo, desde la coronilla debe medir más de 50 centímetros, es lacio y suave, no es negro, más bien marrón oscuro, lo llevas suelto como la canción de Gloria Trevi. Tus ojos son redondos como las canicas que los niños suelen usar en los recreos para jugar, blancos como la leche y en el centro un círculo negro con transparencia, pareciera notarse desde afuera la inmensidad del universo, el espacio-tiempo, la vía Láctea. You know I love you so. Ambos luceros están protegidos por unos anteojos grandes y ovalados y una montura gruesa de color marrón con rayones en fucsia y azul. Te quedan bien. Se te ve preciosa. I swam across.


Tu nariz es pequeña y recta. Tus labios son algo gruesos y transparentes. Brillan cuando el sol cae y nunca están resecos. Tú frente es grande y tus cejas no son pobladas. Because you were all yellow. Tus cabellos no cubren tu rostro ni nada. Los tienes siempre libres, sueltos. Tú rostro redondo y radiante es de otra dimensión. En tu frente tampoco ocupa ningún flequillo. Cuando te pregunté el por qué, me dijiste que no hacía falta y no supe qué responder. Supongo que no te gusta. O más bien 'es muy molesto cuando te cubre los ojos'.


Mides un metro con 60 centímetros de estatura, y con tacos te elevas un poco más, pero te sobrepaso algo más de 20 centímetros. Cuando me abrazas tu cabeza siempre reposa sobre mi pecho y mi mentón se apoya sobre tu coronilla, el olor a flores que se desprende de tu cabello me hace perder la noción del tiempo. Eres música para mí. Eres arte. Eres poesía.


Ahora vistes un overol falda de color negro. En la parte superior, debajo del overol solo llevas un polo color verde azulado. En la muñeca de la mano izquierda tienes una pulsera artesanal roja con diseño de flores. Al centro, como siempre, a la altura de tu ombligo, llevas un cinturón que define muy bien tu cuerpo. Tampoco es que tengas una cintura de avispa, pero te queda bien. En la parte baja no llevas panties, es que no te gustan, sientes que no eres libre cuando los usas. Tus piernas se ven tersas y suaves, blancas como porcelana. Es verdad, en este lado del país es complicado usar ropa corta porque el sol te quema la piel, pero en tu caso debe haber alguna excepción, no se te quema, tu piel siempre está blanca. Your skin, oh yeah, your skin and bones. Por otro lado, lo curioso es que llevas zapatillas blancas de esas que usan los jugadores de baloncesto. Te ves genial. Estás hermosa. De tu hombro cuelga una cartera negra del tamaño de un cuaderno pequeño. Se te ve preciosa, parece un sueño, pero no lo es porque acabo de pellizcarme. Eres real como la brisa del lago a las tres de la tarde. Eres un sueño vivo.


La banda termina esa hermosa canción y te quitas el audífono. Ya es suficiente por hoy. Me lo quitas de mi oreja y te lo guardas en tu bolso. Tu mano es suave y tienes las uñas pintadas de color azul. Ya estamos, a escasos metros del Faro y por donde sale el sol durante las mañanas se aprecia la majestuosidad de un barco enorme que me hace recordar a la película Titanic; aunque a decir verdad exagero, no es tan grande, pero se ve imponente.


—Se me ocurre que esta semana leamos a Flaubert —Me dices con una sonrisa en la cara—. "Madame Bovary".


—Pensaba en una de las hermanas Brontë, pero está bien. Los franceses nunca fallan.


En realidad no quiero que leamos esa novela porque tal vez y aprendes las actitudes de Emma. Siempre estoy inseguro yo, aunque no lo manifiesto demasiado. A veces tú no te das cuenta, o si te das cuenta no me lo dices.


*******


Eran las diez y media. La mañana estaba soleada, el cielo despejado, el primer lunes del mes de abril, brotaba una brisa caliente del lago, pese a la época. Los patitos al lado izquierdo de la calle, sobre el agua, se movían al son de las pequeñas olas que provenían del lago. En la vereda de la calle un par de turistas de estilo rasta vendían pulseritas de todo tamaño y variedad. También había un señor de edad sentado en un banquito que tocaba el charango cada vez que las personas pasaban frente a él. En el suelo, frente a sus pies había un envase de plástico con monedas de todos los tamaños. Las personas que deseaban podían dejar algo de dinero. La pareja siguió camino de frente. Al lado derecho, los kioscos de las artesanas todavía estaban cerrados, aunque una que otra empezaba a abrir. La pareja llegó al pie del faro, es una enorme torre circular pintada de roja de unos diez metros de alto, conecta en forma de óvalo el muelle y el malecón, por el lado oeste hay un camino circular que conecta la calle con el malecón. Debajo del faro, al pie, hay unos banquitos que miran en dirección a la ciudad, es bonito ver el atardecer, aunque a esta hora apenas el sol daba su calor. Esos banquitos todavía estaban en la sombra, pero no hacía frío. Ambos se sentaron al mismo tiempo. El chico al lado izquierdo de la chica.


*******


—¿Recuerdas? Hace un año que nos conocimos aquí, —empiezas; en tu voz se siente un leve suspiro—. Te dije: "este faro, a partir de este momento, es parte de nosotros", ni siquiera soy consciente de lo que digo. ¿Te acuerdas cómo empezó? Ni siquiera nos conocíamos. Éramos completos desconocidos y, pum, y ahora no creo que pueda estar sin tí un solo minuto...


Y yo tampoco. ¿Cómo podría olvidarlo? Hace un año que nos conocimos en este lugar, el faro, nuestro faro. Estabas vestida de la misma manera como lo estás hoy, no se te escapa nada, nada lo haces así porque sí. Llegaste y no supe qué hacer y solo atiné a decir un 'hola' como para bajar la tensión. Fue la primera vez que nos conocimos en persona. Y tú dijiste 'vayamos allá, sentémonos al pie del faro'. También era el primer lunes de abril. El cielo estaba nublado. Eran las dos de la tarde. Lo recuerdo bien porque ese día tenía examen de fonología. Nos sentamos en el banquillo y no supimos de qué hablar. Y luego tú me dijiste '¿querías decirme algo?' y es que yo no sabía cómo empezar y te lo dije sin rodeos todo lo que pasaba en mi cabeza por ese entonces. Respiré profundamente y comencé:


—No creo en el amor, pero creo en lo que siento en este momento. No te digo que lo vaya a sentir toda mi vida, en algún momento de seguro será solo un recuerdo nada más, pero como te digo, quiero que lo sepas ahora a llevar toda una vida diciendo '¿por qué no se lo dije?'. Eres especial para mí, pienso en ti hasta en la sopa, tengo miedo a todo, pero no tengo miedo a confesarlo, eres la que ronda en mis sueños y a la que hago el amor en mis madrugadas de insomnio. Eres música para mí... Después de tanto pensarlo he llegado a la conclusión de que me gustas y no puedo reprimirlo más. Te pareces mucho a mí.


Solo me escuchabas en silencio hasta que dijiste 'quiero un helado'. ¿Qué cosas no? Llamamos a la señora que vende helados en la calle y nos trajo dos de un sol. 


—También siento algo parecido, pero no quiero malograrlo. Lo que pasa es que cuando te metes, o bueno, cuando eres parte de una relación, las cosas siempre fallan, no funcionan como te lo imaginas. No necesitamos ser 'algo' para serlo todo —giraste tu mirada hacia mí—. Odio tu cara cuando me miras así.


—También me gustas.


Nuestras miradas se cruzaron como si buscáramos algo del interior. Nos acercamos poco a poco, pero no sé quién empezó, solo que fue incontenible. Hubo silencio y reímos a carcajadas. También fue la primera vez que te oí reír. Tu sonrisa era aguda y parecía una melodía natural, como cuando las aves cantan en el amanecer.


Mientras comíamos los helados, estábamos en silencio. Es que a ti no te gusta hablar cuando tienes comida en la boca, aunque de repente me preguntas:


—¿Por qué comenzamos a hablar? No lo recuerdo. ¿Cuándo comenzó todo esto Levy?


Todo comenzó con una historia de facebook, yo respondí a la foto que subiste en tu historia, lo hice con una carita sonriendo y el fueguito, ja, ja, ja, 'tu atrevimiento no tiene límites' y tú respondiste de la misma manera y decidí que lo mejor era empezar de nuevo, otra vez. Y te saludé.


—Si no te hubiera respondido, nada habría pasado —lo dices pensativa—. No creo en el destino, pero no sé, a veces...


Un rato te quedas con la mirada perdida en el horizonte, pero no dices nada más. Si no hubieras respondido, no te habría conocido. Se me hace nudo la garganta, solo de imaginarlo. Te miro, miro al cielo, miro la ciudad iluminada por el sol de las 11 de la mañana. Pienso. ¿Dónde estaríamos los dos si ninguno hubiera hecho algo para interactuar? ¿Dónde? No tengo respuesta. Creéme, la vida tiene muchos caminos por los que decidimos transitar. Nosotros los elegimos, no es que alguien tenga un plan y sigamos al pie de la letra. Está bien equivocarnos, una y otra vez, de eso trata, de salir adelante a pesar de los baches que haya en ese camino. De las miles de posibilidades que existen, tuve la suerte de coincidir contigo en tiempo y espacio. Es increíble.


—Hola, mi nombre es Levessy, —comencé. Era innecesario porque en Messenger ya aparece nuestro nombre, no completo, pero va, la idea es esa—. ¿Cómo estás?


Pulsé enviar. Un par de minutos después sonó mi celular, ese característico sonido predeterminado que tiene esa aplicación. Y desde el panel de notificaciones se podía leer todo el mensaje. Ahí empezó todo.


—Hola. Bien, atareada con los trabajos. ¿Y tú? Mi nombre es Jhosbenia Marett.


domingo, 7 de noviembre de 2021

VUELVO OTRA VEZ:


¡Hola! Bonjour!


Ha pasado tanto tiempo desde aquella vez. Ha pasado mucho tiempo desde ese último post, y hoy comienzo otra vez. Un día simplemente dejé de subir los posts. A lo largo de este tiempo miraba el último post y tenía mucho miedo de volver a publicar algo. No me sentía seguro, dudaba de mí. Tal vez porque me daba miedo, yo qué sé. Ahora que comienzo a escribir esto lo único que pienso es: no está tan mal volver a hacerlo.


Miro una ciudad que me da
todo lo que nunca pedí.


No recuerdo la última vez que escribí. Mucho de lo que hay aquí fue programado para que apareciese en una fecha, en cualquier fecha, indistintamente. Por eso, no recuerdo la última vez que escribí algo concreto. La memoria es frágil, débil.


Qué más da. Ahora vuelvo a escribir en este lugar que para ser sincero aguanta todo, como un hermoso bar donde con un buen vaso de una bebida alcoholizada se va perdiendo todo. Esta es mi habitación, mi cubículo, este es un diario donde los sueños nunca mueren y siguen vivos sin importar lo que me pase. Este es mi pequeño cuaderno de preguntas y respuestas. Este es mi Slam.


Este es mi pequeño Slam de sueños y promesas que todavía tengo por cumplir...


sábado, 31 de julio de 2021

MERCI BEAUCOUP À TOUS:


MERCI BEAUCOUP À TOUS:


Gorki,

Je te promets que

je vais te faire grand.

Gorki,

Je te promets que jamais,

jamais,

Je vais te faire tomber,

encore une fois.

Gorki,

tu ne doutes jamais de toi,

même si tu te trompes.

Je t'aime.


MUCHAS GRACIAS:


Gorki,

prometo

que te voy a hacer grande.

Gorki,

prometo que nunca,

jamás,

te voy a hacer caer,

otra vez.

Gorki,

nunca dudes de ti mismo,

incluso si te equivocas.

Te amo.


miércoles, 28 de julio de 2021

JE SUIS GORKY:


Je m'appelle Gorky Maquera. Je suis né le 27 mai. J'ai étudié la Communication Sociale et j'étudie actuellement la Littérature à l'Université Nationale de l'Altiplano de Puno.


Quand j'étais petit, j'aimais jouer au football. Je n'étais pas super douée, mais je pense que je suis intelligent et c'est pourquoi j'ai décidé d'investir tous mes efforts à l'université.


J'aimerais voyager à l'étranger. C'est un objectif que je me fixe depuis longtemps. Voyager, étudier, travailler, être heureux. Tout au long de ce temps, j'ai appris qu'il n'est jamais trop tard pour ce que vous voulez faire.


Finalement, une journée ordinaire, pour moi, commence très tôt, je me lève à 6h30, je me brosse les dents, et je suis en cours de français. A 8 heures, je vais à mon travail jusqu'à 13 heures puis je déjeune. L'après-midi, j'assiste virtuellement à mes cours universitaires jusqu'à 19h. À ce moment-là, j'étudie le portugais et deux heures plus tard, je commence à lire jusqu'à minuit passé, à ce moment-là je m'endors.


martes, 27 de julio de 2021

EXTRACTO NÚMERO DIECIOCHO:


—¿Quieres acostarte conmigo? —Repuso Jhos, no había nada de inocencia en esa pregunta. Al contrario, era provocadora, hasta cierto punto, inquietante.

—No, no lo haría —Respondió, inmediatamente, Levessy.

—¿Acaso no me deseas? —preguntó Jhos.

—No es eso.

—Entonces... ¿si me deseas? No te contengas —Jhos giró su cuerpo y se plantó de frente a Levessy. Se mordió el labio inferior. Su flequillo revoloteaba sobre su frente debido a la brisa del lago —Luego agregó: los hombres son raros. Siempre dicen que no les gustan las indirectas, pero cuando una es directa no saben qué hacer. Güey, no soy una chica fácil, solo quiero hacerlo y ya y qué mejor que contigo. ¿Qué dices?

—Claro que sí. Te deseo —repuso Lev. Se detuvo en seco frente a Jhos. Sus miradas se cruzaron en un universo sin fin, como si ambos estuvieran en una galaxia, solos, amándose. Ella lo miraba con curiosidad. Sus ojos, tras esos cristales, siempre resplandecientes, reflejaban el atardecer, su sonrisa perfecta, blanca, y su flequillo se sacudía sobre su frente. Sus labios eran color púrpura. "Es bellísima", pensó Levessy. "Qué afortunado de conocerla", se dijo para sí, en su fuero interno. Reinó el silencio unos segundos que parecieron interminables.

El cerquillo de Jhos revoloteaba constantemente a causa de la brisa que provenía del Lago Titicaca. El malecón estaba silencioso. Alrededor de la pareja, algunas personas iban al muelle o, en todo caso, regresaban en dirección a la universidad. Jhos y Levessy iban al faro, su lugar favorito de cuando se conocieron.

—¿Te masturbas? ¿Lo has hecho alguna vez? —la voz de Jhos sonó como profunda. Su mirada era penetrante.

—Si —respondió. Levessy no podía negarlo.


La primera vez que lo hizo tenía 13 años. A esa edad, en casa, había encontrado un VHS de una película para adultos. Una joven vestida de colegiala teniendo sexo con su profesor, un clásico, un tópico del cine porno desde tiempos inmemoriales. Lo había mirado sin pestañear, en el cuarto de sus padres. Por alguna razón, aquello que veía en la pantalla, no le pareció gran cosa, el hombre desnudo, parado, introduciendo su pene en la vagina de la joven cuya posición era en cuatro apoyando sus manos sobre la cama, pero se excitó lo suficiente como para estar tirado de espaldas sobre la cama, frotando con su mano su pene. Imaginando ese momento como si fuera real.


—¿Y alguna vez en este tiempo te has masturbado pensando en mí? —Jhos tenía una sonrisa pícara—. Respóndeme.

—No. Nunca lo he hecho pensando en ti.

—¿Acaso no te gusto? Ya, y luego dices que me deseas, no lo entiendo.

—Cuando me tocas, o bueno, cuando me abrazas, o cuando caminas delante mío, te imagino, o sea imagino un momento, ese momento, imagino que hacemos el amor. Pero trato de no pensarlo. Somos amigos, no creo que esté bien. Solo eso.

—¿Quieres acostarte conmigo? —dijo ella, mientras se acercaba, y de improviso selló un beso en el cuello de Levessy.

—Si —tampoco podía negarlo.

—Está bien. Yo también lo quiero —repuso ella.

—Pero... ¿y qué pasaría luego? No quiero que me odies, que te alejes y me digas algún día que te obligué a hacerlo porque es probable que me lo digas. Te quiero.

—Lo sé. Solo quiero que me hagas el amor, yo también quiero hacértelo. No me estás obligando. ¿Por qué dices eso? ¿O es que no se te pone dura conmigo?

—Preguntas demasiado y no sé qué responder; además, una pregunta no tiene nada que ver con la otra.

—Pero te deseo... yo... sentémonos en ese banquito. ¿Te la chupo ahora?


Ambos rieron a carcajadas. Ambos habían caminado de norte a sur por el malecón. Perder el tiempo, en el atardecer, ya se había hecho costumbre en los dos. Conversar, sobre todo de literatura, era su pasión. Ambos veían a la literatura como una vía de escape, pero tenían una visión distinta. Para Levessy, la literatura, era la búsqueda de sus sueños. Para Jhos, una forma de felicidad, de curiosidad. Les encantaba leer. Ambos leían de todo, autores franceses, rusos, alemanes, ingleses, pero mientras Jhos prefería los libros donde haya sexo explícito: qué, cómo, cuándo, dónde; Lev buscaba respuestas a su vida: qué, cómo, cuándo, dónde.

Desde que se conocieron empezaron a realizar lecturas conjuntas. Cada semana un libro, sea del tamaño que fuere, y el fin de semana se encontraban para debatir. Era una discusión sin cuartel, a veces habían ataques de ambos hacia el autor de alguna obra, que su final es muy predecible, que su prosa es simple, que su estructura es pésima. En ocasiones, algunos autores los deslumbraban, le llenaban de elogios y no sabían qué más decir porque les parecía perfecto. Una obra maestra.

Ese día, esa tarde, estuvieron debatiendo sobre un autor nipón, Haruki Murakami, hasta su nombre les parecía poético. Lo habían conocido por casualidad, solo que nunca le habían dado la oportunidad que se merecía. "Pero ya es tiempo", se dijeron; y así fue. Después de "La guerra del fin del mundo" de la anterior semana, fue un cambio radical, pero esos cambios lo disfrutaban mucho más. Les aburría lo monótono, lo simple, lo básico. Ahora, "1Q84", ocupaba sus mentes, no solo les encantó, sino que tenían la sensación, quizás la certeza, que en ese instante, de no saber en qué mundo se encontraban ahora. La realidad o la ficción. Ambos ansiaban tanto de no querer estar en este mundo. Se cuestionaban sobre la realidad. Amaban la referencia al hilo rojo del destino porque en el fondo ambos eran muy románticos, románticos por excelencia. A veces tenían vacíos existenciales, y como ellos decían, cuando terminaban su intercambio de opiniones, que qué sería el mundo sin la literatura, y regresaban a esta realidad con mucha pena. A esta puta realidad.


Ahora. Otra vez en el malecón. Se encontraban a casi una cuadra para llegar al faro. Levessy, usaba su habitual pantalón vaquero azul oscuro y una polera suelta. Jhos tenía un vestido beige floreado que le cubría solo sus piernas, y mostraba unas rodillas tersas y finas. El abrigo que llevaba y que se lo dió a Levessy lo puso sobre el banquito y se sentaron al lado derecho de la vía, dando sus espaldas al sol que poco a poco se iba a dormir. Recién eran las tres y cuarto de la tarde, no hacía frío, era un día común, un día cualquiera del mes de octubre. Pero las montañas querían esconder el sol, como siempre, como nunca. Quizás.


—¿Sabes? Yo también imagino que hago el amor contigo —Jhos continuó. Su mirada estaba clavada en el horizonte—. Que me dices que sin mí no vivirías, que soy tu reina, tu diosa, que me llevarás a París en un abrir y cerrar de ojos. Y yo te digo 'sigue, hazlo, no te contengas'. Que me quitas la ropa, lentamente. Que me besas la boca y desciendes por mi cuello, y recorres mi cuerpo, hasta los rincones más desconocidos de mi piel. Que solo imaginarlo me estremece —su mirada giró hacia Levessy. Continuó—. Que tu mano toca ahí abajo y me mojo toda. Llevo el interior color rosa, cortito. Introduces un dedo ahí dentro, mientras con los otros vas rozando mi pelvis, ese punto que me vuelve loca. Que solo imaginarlo hace que me ponga húmeda.

—Tienes buena imaginación.

—Que poco a poco tu boca va subiendo hasta mi cuello —haciendo caso omiso a lo que dijo él—. Me desabrochas el sostén rosa y chupas mi pezón, lo haces lentamente, como si el tiempo fuera eterno. Mientras yo solo disfruto. Que mi mano busca tu miembro, tengo miedo de que sea tan grande y no lo pueda soportar, lo agarro, lo sostengo, está caliente, está pequeño, flácido, lo miró con mis manos y lo presiono como a un plátano, fuerte, hasta que me digas que no lo haga, pero no me dices nada, lo muevo de arriba hacia abajo hasta que se te pone duro. Te digo en voz baja al oído "eso no va a entrar en mí". Y tú me dices que sí. Y me tumbas sobre la cama, yo mirándote, tú encima de mí. Yo tomo tu pene y lo acerco a mi vagina, y tú al sentir mi humedad empujas suave y poco a poco siento que va entrando. Doy un gemido y te digo que pares porque me duele, pero tú no me haces caso y de pronto, sin darme cuenta, lo introduces todo, y yo grito de placer. Lo vas sacando y metiendo cada vez con más fuerza, la cama chirría fuerte y nuestros gemidos cubren la habitación, nos olvidamos del tiempo, y de pronto, tres, diez, veinte minutos después, o quién sabe cuánto, te escucho gemir profundamente y se siente mucho más húmedo allí abajo. Terminas dentro de mí, yo también lo hago, me retuerzo de placer, y luego conversamos de literatura.

—¿Sabes por qué no quiero hacerlo? Tengo miedo de que luego de eso yo me sienta vacío, no sé por qué, como si no me llenara. Me calma, de seguro que sí, así como la masturbación, pero quisiera mucho más, quisiera que durara todo el día, y repetirlo vez tras vez.

—Y podríamos repetirlo toda la noche sin descanso —dijo ella.

—Es verdad. Pero el cuerpo no soporta más de lo que es suficiente. Igual no me sentiría satisfecho.

—Eres ninfómano —y río a carcajadas.

—En los hombres sería satiriasis.

—¿Qué importa?

—Por eso no quiero hacerlo, ya me pasó una vez, una temporada, y me costó superarlo, y no quiero que se repita.

—Yo lo haría contigo todos los días, a cada momento.

—No sabes cómo es. Es verdad, lo haríamos sin descanso, te desearía, te buscaría, pero poco a poco ya no me conformaría contigo. Buscaría otras mujeres, más y más. No es tan divertido como parece.

—Eso dices porque no quieres acostarte conmigo. No me deseas.

—Somos amigos. No puedo darte lo que quieres.

—Amigos. ¿Qué más da? Excusas, solo es eso —sonrió ella—. ¿Te la puedo chupar? ¿Te puedo hacer una felación?

—No metas tu mano ahí abajo, por favor. —Jhos puso su mano derecha sobre el muslo derecho de Levessy.

—No lo haré, pero me gusta ver que te pongas así porque yo sé que es por mí. Puedes mentirme todo lo que tú quieras, pero esto no. ¿Podrías dejar de actuar como si me respetaras? Es decir, siempre sé tú mismo conmigo. Yo sé que me respetas, pero... En serio te deseo. Quiero acostarme contigo. Quiero hacerte el amor yo sola, aunque solo seamos amigos, o lo otro, qué importan las definiciones, las etiquetas. Al diablo con todo eso.

—Yo también te deseo.

—¿Algún día me lo harás? ¿Algún día sucederá? —Jhos giró la mirada hacia el horizonte—. Dime algo bonito.

—Eres como mi libro favorito, así como la primera vez, todavía me sigues sorprendiendo.

—Por eso me gusta hablar contigo. A la mayoría no le gusta hablar sobre sexo. Les aburre, como si yo todo el tiempo estuviera pensando en sexo cuando no es así. Cuando me bajó mi primera regla lloré, pensé que nunca sucedería. Había pasado mis 15 sin nada, y solo después sucedió. Me dolía mucho el vientre y de pronto una noche me bajó. No supe qué hacer. Esa frase 'soy la excepción a la regla' era muy para mí. Y desde entonces siempre me bajó. Nunca se retrasó.

—Eres como la esquina doblada de una página de un libro: siempre querré volver allí, una y otra vez...


martes, 20 de julio de 2021

PUES SÍ:


Si algún día me preguntas sobre lo que significa la literatura para mí, te responderé sin dudarlo:


Así como la Coca-Cola, no sé qué sería de mí sin la literatura.


sábado, 10 de julio de 2021

SOLEDAD:


¿Qué haría sin escribir? Es como quitarme las alas, los sueños, la vida. Soy un ser solitario por naturaleza, los libros me hicieron así. Me siento bien así, pero...


Me gusta estar solo, me gusta la soledad, cuando estoy así puedo enfocar mis sentidos en un solo objetivo, una meta, un sueño, pero de repente surge lo imprevisible.


En este punto tal vez pienso como Julio Cortázar. Tengo algo de doctor Jekyll y míster Hide. De repente aparece esa sensación de querer compartir todo lo que hay en mi cabeza con otra persona y empiezo a contarle todo cuanto se me ocurre.


Me vuelvo como un libro abierto, pero, al otro lado, aparece esa vocecita que me dice que ya no lo haga y ahí, dentro, es una lucha entre mi amor a la soledad y mi miedo al hecho de que 'el otro' no llegue a entender cómo pienso.


Sartre se dio el lujo de rechazar un premio tan simple como el Nobel. Según él, y comparto tal premisa, el hombre es un ser libre por naturaleza, pero nadie me entiende, vivimos en un absurdo al que llamamos ciudad, personas que creemos conocer y al que todos llaman amigos. O como sustentó Virginia Woolf en sus hermosas novelas, el hombre es en sí mismo todo lo que internamente tiene y que no lo habla porque es solamente parte de su consciencia y debe quedarse allí.


James Joyce, uno de los últimos más grandes novelistas de la literatura universal mostró claramente nuestro más terrible miedo, el cómo pensamos desde nuestro interior, desde nuestra consciencia. "Ulises" lo leí a los 20 años, era un mocoso que quería aprender más y me tomó un año, intercalando otras novelas; casi 9 años después lo volví a releer en poco menos de dos semanas, tenía unos apuntes en un cuaderno que está en Perú y creo que fue el mejor libro que he leído en mi vida. Y no necesita tener un premio Nobel para serlo. A mí parecer, desde inicios del nuevo siglo, este premio ha ido decayendo.