viernes, 14 de mayo de 2021

TOKYO BLUES:


10 de abril de 2018.


SIGNIFICADO


Si hay libros buenos de literatura juvenil, este es uno de ellos, tiene todo y todo lo cuenta bien. El libro lo leí en el colegio cuando tenía 16 y tiene un significado especial para mí. Yo también tuve una pérdida a los 16 años de la persona que me regaló el libro. Todavía se conserva intacto y tiene una dedicatoria muy hermosa. Dicen que el pasado ya pasó, el presente se está haciendo, pero lo único que puede hacerse bien es el futuro porque está a nuestra disposición, intacto, virgen, lo único en el que tenemos control absoluto.



PARA PENSAR


La buena literatura, la de los clásicos, cuando la lees, cambia alguito en tu vida, al punto de que luego de terminar un libro te quedas pensando, vacío, filosofando, con cierta nostalgia, como si el libro hubiera robado algo de ti o tú habrías robado 'algo' de sus páginas.


La mala literatura son solo un montón de letras que no te dejan nada, la de los Best Seller y, por alguna razón que nunca comprendí hasta ahora, son del agrado del público. Está bien leer, pero está bien también buscar un libro mucho mejor. Hay libros para todos los gustos, así como peces en el océano. No puedo juzgar lo que las personas leen, cada quien es libre de elegir, pero si leería lo que todos leen pensaría igual a ellos y esa no es mi intención.


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Dentro de lo último, de esa 'mala' literatura, existen excepciones a la regla, como en todo, y tal vez, eso mismo ocurre con la novela realista más nostálgica de Haruki Murakami, convirtiéndose en un autor de culto para los jóvenes japoneses.


Para una mente que dice leer, pero que no sabe leer, tal vez en el libro no suceda nada, sea pobre, y es así, es verdad, no sucede nada, claro, a primera vista. Algunos dirán que solo se cuenta las aventuras amorosas de un joven japonés en la década de los años 70, contadas con orgullo y grandilocuencia, pero no lo es, va mucho más allá. Solo cuando la terminas empiezas a hacerte preguntas sobre lo ocurrido. Solo cuando te han sucedido situaciones parecidas es cuando empatizas con cada uno de los personajes, te identificas, incluso los amas, los adoras, te compadeces y enorgulleces de ellos. Hay que escarbar sus entrañas para poder disfrutarlo en toda su extensión.


TOKIO BLUES:

Más allá de una simple anécdota


"Noruwei no mori", conocida en el mundo occidental como "Tokio Blues. Norwegian Wood", es un libro nostálgico, melancólico, desborda sentimientos desde que lo abres hasta la última línea.


Hay en ella ese encuentro con el pasado, con las decisiones, con los adioses, con las pérdidas y frustraciones, y sobre todo, con el madurar, la transición entre la etapa última de la adolescencia y la juventud...


Entre los 17 y los 20 años todas las personas sin excepción descubren lo que van a ser cuando sean grandes. Allí aprenderemos o aprendimos a decidir lo que es bueno y lo que no. Sabrán de las decepciones y las malas elecciones. Depende de esta etapa el cómo vamos a afrontar la vida en un futuro que se avecina inevitablemente. O eres o no lo eres, es tan simple como eso.




No es la mejor novela de Murakami, ni siquiera está entre las cinco mejores, pero es la más vendida de todas y lo catapultó al reconocimiento, no sólo en Japón sino en el resto del mundo, convirtiéndolo en un autor de culto para los jóvenes asiáticos.


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Cuenta la historia de Tōru Watanabe, un adulto de 37 años, que cuando llega a Hamburgo en avión escucha desde los parlantes la canción de The Beatles, Norwegian Wood. Bajo esta melodía, la novela, está envuelta, evocando un pasado, 18 años atrás, cuando su vida quedó marcada por varios sucesos que poco a poco va olvidando, el recuerdo de Naoko, su amiga de la que estaba enamorado, pero que esta tenía su novio, Kizuki, que es su único mejor amigo. Esto pareciera soslayar a una historia de amor no correspondido o a un triángulo amoroso, pero no es nada parecido, ni siquiera en asomo, no se resume en ese tipo de burdo drama, es más, mucho más que un simple triángulo amoroso. La novela es un flashback y está narrada en primera persona porque nos va contando su vida, y quizás estamos supeditados solamente a su punto de ver las cosas porque no sabemos si lo que cuenta es verdad o no, pero le creemos.


"La historia toca, aunque solamente como si fuera la punta de un iceberg, temas muy profundos como el suicidio, el sexo, la incomprensión, la madurez, el amor, la inconsistencia, las decisiones".


Es que todas las personas que conocemos a lo largo de nuestra vida, y que se marcharon por algún u otro motivo, nos han dejado una huella imborrable en cada uno. Esa es la premisa de este libro. Lo marca clarísimamente en los personajes de Naoko, Midori, Hatsumi, Reiko y Kizuki.


Seres cuyo destino pareciera ser atraído por una fuerza imposible de detener, llevándolos muchas veces al abismo en el que luego terminan. 


Y no solo eso, estos personajes afrontan un miedo común, el de no estar preparados para una vida adulta, el de no querer crecer o no estar listos para afrontar la vida tal y como no nos la contaron. Ese miedo al avance del tiempo que es irremediablemente imposible de detener.


NAOKO


Naoko, de la que Watanabe está enamorado, es una bella adolescente, inestable y muy especial, con cierta tendencia esquizofrénica, al menos así parece serlo, de manos pequeñas y frías, de pelo liso, bonito y agradable al tacto; los lóbulos de sus orejas, suaves y carnosos, y el lunar que tenía debajo. Esa inestabilidad es muy notoria en ella, como su mirada perdida o cuando no se humedece (excita) al querer tener sexo. Pero ella no ama a Watanabe a quien considera solo un amigo; más bien ella está enamorada de Kizuki, el mejor amigo de Tōru; son novios, lo ama, pero un día sin más Kizuki se suicida.


La muerte de Kizuki y en el pasado el suicidio de su hermana, marcaron profundamente a Naoko, lo que la lleva a desaparecer. Tras ese vacío de un año entre Watanabe y Naoko, la relación entre ambos se hace mucho más estrecha. Sin embargo, lo que pareciera ser en ella una enfermedad mental va empeorando paulatinamente, por lo que se aísla en una especie de sanatorio donde parece haber mejoría, aunque nunca la habrá, nunca recobra la lucidez ni la realidad que para nosotros es normal y para ella, para su mundo, también lo es.


MIDORI KOBAYASHI


Por otro lado, está la pretenciosa Midori, quizás el personaje con más personalidad y lucidez que los otros tres, pero con cierta toxicidad, y habrá a quienes les guste y a quienes no. Ella también afrontó la pérdida de su madre y es una muchacha demasiado abierta y sin escrúpulos.


Todos los que la rodean, empezando por su novio, son personas que la reprimen demasiado, como si no tuviera esa libertad para expresar sus sentimientos o todo lo que piensa.


El único con el que se muestra libre es Watanabe, y las escenas que ellos viven, quizás para quienes tienen una mente cerrada podría ser chocante, pero es tan normal como cualquier otra situación de la vida. Ella dice a Tōru todo lo que piensa, lo que siente; van a mirar películas porno, hablan del sexo, de la masturbación, y de la curiosa manera que tiene Midori sobre su definición del amor, y si nos ceñimos a lo que el romanticismo pregona, sería un modelo ideal.


Midori es el lado opuesto de Naoko, son la cara y el sello de una moneda. Aunque Murakami no le hace justicia a las mujeres de esta novela, ya que estas pareciera que son sumisas, reprimidas por el entorno en el que viven, y quizás esto podría ser mal visto desde un punto de vista feminista mal entendido, pero tras conocer sus historias, sabemos qué es lo que influye en sus comportamientos, el por qué son así.


TŌRU WATANABE


Tōru es una hermosa copia del gran personaje de Salinger de la novela "El Guardián entre el centeno". Incluso en el mismo libro, Watanabe lo menciona, y hace referencias sutiles a libros que en algún momento de su vida leyó o está leyendo. Es un lector voraz, que lee "El Gran Gatsby".


Watanabe es una persona noble, paciente, pero esto solo pareciera una apariencia hacia el exterior. En el fondo él tiene el inicio de una depresión y esa falsa nobleza y paciencia son como síntomas de una pasividad excesiva y la falta de objetivos claros en la vida, como si no supiera qué es lo que quiere. Esa depresión contenida, poco a poco va aflorando, avizorando lo más temible: el suicidio.


EL SEXO


Es una de las grandes críticas que se le hace a Murakami, el de ser un tanto explícito con las escenas de sexo y abusar de ellas, pero como dije, es tan normal que suceda todo esto ya que los personajes son muy inestables, y esa falta de amor hace que se comporten así.


El sexo es la pérdida de la inocencia, el de cubrir una pérdida con el placer y buscarlo al mismo tiempo. Se da, no por amor, más bien los personajes justifican ese accionar buscando el calor de otros cuerpos porque lo necesitan.


SOUNDTRACK


Desde el título de la novela se aprecia el gran amor que Murakami tiene hacia la música. En el libro hay música, y de la buena, y sirve como fondo musical para acompañarnos mientras disfrutamos de la historia.


Cada canción muestra las emociones de los personajes, lo que están viviendo, así como el contexto en el que nos encontramos. Desde la versión orquestada de Norwegian Wood, pasando por la canción favorita de Naoko, Dear Heart, y la música de cuando fue su cumpleaños, hasta el miniconcierto de Reiko, al final, todo es bellísimo.


VACÍOS


Murakami es uno de los maestros de los finales abiertos, nos deja con un sabor de boca ya que muchas veces no da explicación a los hechos, deja a sus personajes sin decirnos nada sobre ellos; pero hay que agradecer que eso sea así porque como lectores tenemos un papel más activo y podemos interpretar los símbolos que nos deja el escritor. Habrá a quienes no nos guste el final del libro, donde todo se deja a nuestra imaginación. Solo nos queda pensar y darle un final de acuerdo a cómo entendemos la novela. 


No se sabe si Tōru retornó con Midori ni el futuro de Reiko. Incluso ni siquiera se regresa al inicio donde todo comenzó, solo nos queda construir esos vacíos y especular porque de eso también se trata la literatura.


martes, 11 de mayo de 2021

MARIÁTEGUI:


Sé que no me encuentro bien de salud, pero hasta donde pueda lucharé por la única razón que tengo en esta vida: mis sueños. No hay nada más que solamente eso.


El pensamiento educativo de José Carlos Mariátegui.


Los Recuerdos de Solitude


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miércoles, 5 de mayo de 2021

REFLEXIONANDO:


10 de abril de 2021


Hola.


No puedo conmigo en muchos más sentidos de los que podría explicar, a veces ni siquiera quiero intentarlo. Estoy cansado de cuerpo y mente.


"Nadie puede dar lo que no tiene" me dicen muchas veces y en ocasiones me sentí tan vacío y perdido creyendo que no tenía nada, pero hay una cosa que ningún golpe puede quitarme: Un corazón lleno de amor por la gente que me importa.


¿Sabes? Siento tristeza y rabia y cólera e ira. Ahora estoy llorando y escribo en un cuaderno y las hojas se van llenando de lágrimas, se forman arrugas. Ese escrito le 'cuento' al Word 2016 y aparecen letras, la tecnología avanza cada vez más, no espera a nadie, así como el tiempo. Sin embargo, esto es lo que siento ahora.


Yo sé que todo lo que me está sucediendo ahora en algún momento va a pasar porque nada dura para siempre, todo pasa, todo, hasta la vida.


Sé de la vida más que cualquier otra persona. Sé su valor, su costo, sus exigencias, sus límites, su precio, y siempre he estado dispuesto a pagarlo. No soy perfecto, pero quisiera serlo. Lo sé todo. Sé lo que es tener y lo que no. Lo que es una promesa, un sueño, un deseo. Lo difícil que a veces es conseguir 'algo'. Lo sé todo de la vida porque me pasó a mí y me sigue pasando. Lo he vivido todo, me tocó todo y me golpeó todo, pero ves, estoy aquí, siempre estoy. No sé lo que significa la palabra rendirse porque nunca lo he hecho. Siempre estoy pisando el acelerador y chocando y viviendo. No conozco otra forma de vivir más que seguir pedaleando con un rumbo fijo, claro.


Lo que me duele es que luego de que pase todo esto no voy a ser el mismo. Ni siquiera ahora sé quién soy, pero tanto física y psicológicamente de seguro que voy a cambiar. Recuerdo, pero ya no tengo un pasado claro, solo hay una inmensa laguna. Si algo sé es que tengo un ideal de vida, una razón, el de ser siempre el mismo en todas las circunstancias, pero moldeable en toda su extensión. Y mira, es complicado. Ese "nunca voy a cambiar" se mantiene, pero inevitablemente, ya no voy a ser el mismo, ya no, lo sé.


Bye.


domingo, 25 de abril de 2021

PERDÓN:


10 de octubre de 2020.


Hoy sería tu vigésimo séptimo cumpleaños, me llevarías a tu cuarto y en vez de darte un abrazo me lo darías tú, como siempre, de fondo se escucharía esa vieja canción de The Beatles, Norwegian Wood, una de tus preferidas, y me dirías: 'gracias por estar, nunca te lo pedí, pero siempre estás aquí. Abrázame, por favor. Prométeme que nunca me dejarás. ¿Me recordarás siempre?' Y te respondería con algo trillado porque nunca sé qué decir: 'siempre estaré, lo prometo'. Y con una sonrisita, provocadora, fría y tierna me dirías: 'yo también estaré para ti, lo prometo cariño'. Pero ahora no estás. ¿Dónde está tu promesa? ¿Por qué no la cumples? ¿Por qué no mueren las personas malas? Sólo me has dejado un vacío que hasta ahora no puedo llenar, tal vez ese es mi error, intentar llenar tu vacío con otras personas.



Perdóname por no haber podido hacer nada y haberte dejado morir sin haber buscado un mejor doctor, un mejor hospital, aunque tal vez fue lo mejor, las secuelas en tu cuerpo habrían sido más insoportables para ti. Perdóname por no haber movido cielo y tierra para que mejores. Perdóname por todavía no ser quien quiero ser. Perdóname por no haber podido olvidarte. Perdóname por tanto miedo. Perdón. Ahora es cuando más me haces falta.


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Será la segunda vez que no iré a su tumba porque ahora estoy en Arequipa, a esa lápida que está en el cementerio Laykakota, a la altura del mercado del mismo nombre, a la que acudo cuando ya no puedo más con mi vida y me echo a llorar como un niño, y el guarda me dice 'qué pasó joven' y yo 'nada, todo está bien', cuando sé muy bien que nada está bien, hasta parece romántico, y ahora que escribo esto acabo de recordar esa frase, de aquel libro, que también está escrita en su lápida, tan para ella, tan para mí, me, you, us:


A la memoria de Sandra Raquel:


S.R.F.V.

1993 - 2009


"No te compadezcas de ti mismo.

Eso solo lo hacen los mediocres".


Q.E.P.D.


Y mira, durante este tiempo he estado haciendo lo que nunca debí hacer, eso, sentir lástima por mí mismo, sentir pena por mí mismo, compadecerme yo mismo, humillarme yo mismo, incluso al escribir esto también lo estoy haciendo. Pero yo no soy mediocre, 'no eres mediocre cariño, nunca lo olvides', sólo que a veces no puedo soportar todo lo que me pasa, porque en verdad me duele.


Adiós, cariño.


jueves, 22 de abril de 2021

martes, 20 de abril de 2021

MOMENTOS:


15 de agosto de 2019


Llego a mi trabajo, a los que están dentro de esa oficina de doce metros cuadrados, les doy un saludo de mano, sean hombres o mujeres, si por mi fuera no saludo a nadie, pero hay un 'acuerdo' entre las personas, el de guardar ciertos protocolos y cortesías, esas cosas que son absurdas, pero que a mi no se me da bien fingir, ser hipócrita, guardar las apariencias, pero tengo que hacerlo, no hay de otra, que uno no lo haga ya es criticado por otros, somos así y debemos aceptarlo como tal, pero nos 'obligan' a guardar las formas; luego me dirijo a la computadora que me facilitaron para redactar mis notas, coloco mi mochila sobre la mesa y me siento, saco los audífonos de 15 soles y me los pongo a las orejas, en mi celular busco mi playlist favorita, Coldplay, Linkin Park, Hannah Montana, sí, yo también la escucho, aunque esta vez me dispongo a escuchar una romántica o más bien una 'corta venas', doy un 'touch' en la opción repetir. Siento nostalgia. Suspiro. Quiero beber, tengo sed. Nadie sabe cómo me siento, estoy devastado y con ganas de rendirme, pero tengo que olvidar un rato todos mis temas personales y disimular, sonreír y hacer creer que todo va bien. Insertarme en ese entorno en el que estoy ahora, disimular. Se me da bien, nadie nota mi melancolía por dentro, mis frustraciones, mis errores, no soy transparente, y por supuesto, nadie me conoce aquí, prefiero que sea así, al menos por un buen tiempo. Ya pasará. ¿Cómo encontrar a alguien con quien ser yo mismo?, me pregunto. Como dijo Antón Chéjov, no sé por qué ahora lo recuerdo, si cuelgas una pistola en la pared, tiene que ser disparada, sino, no tiene sentido que esté allí. No hay armas aquí.


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En el jirón Cajamarca, a la altura de la segunda cuadra, llegando a la avenida Arequipa, en un edificio de 5 plantas que mira hacia el sur, en el segundo piso, está la oficina donde trabajo. La primera vez que estuve parado allí afuera pensé, mirando a aquel lugar, ¿aquí vendré cada día? ¿qué es lo que realmente quiero? ¿estás bien? no, pero espero que valga la pena. En la calle hay una puerta de un metro veinte de ancho que todos los que viven allí utilizan como puerta de calle y todos tienen llave.


Los que trabajamos en la oficina, si la puerta está cerrada, debemos tocar el timbre que está al lado derecho, y luego ya te abren la puerta los compañeros de trabajo. Si la puerta está abierta, puedes ingresar y subir por las escaleras que comienzan apenas das el primer paso, hay como 14 o 16 escalones hasta llegar al segundo piso, son cortos, con cobertura en cerámica, y hay que pisar bien para no tropezar. Subes. Apenas giras a la derecha, hay una puerta de madera que está bloqueada por una reja, la abres y entras sin ningún problema. Es un pasadizo amplio y cómodo para transitar. Lo primero que ves es un banner de 80 centímetros y uno ochenta de altura, color rojo y el nombre de la empresa. Al fondo, hay una puerta de madera.


Esa puerta, al frente, es la oficina de la administradora, y también está el que corrige la redacción del diario, parecen ser personas eficientes, en realidad es un trabajo suave, darle un estilo propio a cada nota es como hacer el amor con una chica fácil, no te cuesta trabajo porque todo ya está listo y preparado, solo necesitas empujar. Es un chico alto, no tan parecido, con ideas impresionantes y mujeriego, lo que le gustan a ciertas mujeres, a esas chicas fáciles, o bueno, algunas mujeres también buscan eso; tiene un aire de grandeza; tiene su hija pequeña de seis/siete años y su esposa es bien hermosa y seria, aunque amigable, y quizás no se merece que le hagan eso, o mas bien, no se merece el hombre que tiene, yo aquí juzgando desde fuera, vaya, en fin. En cuanto a la administradora del medio, la que también ocupa ese espacio, se puede decir que ser jefe es lo mismo que no hacer nada. Ordenar, criticar, hablar, eso lo hace cualquiera. Tiene buenas intenciones e ideas, pero carece de compromiso, hasta cierto punto es mezquina, no valora el esfuerzo de la gente y quiere que las cosas salgan bien sin hacer nada.


Caminas sobre el pasadizo. La primera puerta a la derecha es la que ocupa la secretaria, y también la tesorera o la que lleva la contabilidad de la empresa. Un trabajo en uno solo. La que atiende es una señorita alta, bien parecida, caderona y muy amable, sus pechos son grandes e iguales, lleva vaqueros ajustados y botas altas, a veces zapatillas, tiene la voz un tanto grave aunque sin exagerar, tal vez sea más profunda y fluida. Cuando la ves siempre sonríe. Se llama L. Es una profesional eficiente y atractiva. Una vez fuimos a beber, tomar unas copitas. Tengo sed, mi cuerpo necesita alcohol. Le conté sobre lo que me pasó hace mucho y me dijo que mi gran problema era que siempre me enamoraba. Tal vez sea así, yo soy muy enamoradizo. Me quedé pensando un buen sobre lo que me dijo. Me ayudaba en algunas cosas, y como agradecimiento a ella le invitaba o compraba algo. Una vez le llevé flores. Una vez me hizo comprar dos rollos, son una especie de pan enrollado con maní y azúcar, y encima de ellos azúcar flor, y creo que invitó a todos los compañeros. La verdad que me cae bastante bien.


Un paso de frente, hay otra puerta, también a la mano derecha, junto al lado de secretaría. En esa oficina trabajo yo. Un espacio de doce metros cuadrados, pequeño, pero con una distribución eficiente, no podría haberse hecho mejor. Hay ocho computadoras y todas son antiguas, lentas, con Windows 7, a excepción de dos. La puerta está mirando hacia el norte, y se abre hacia la pared, a la mano izquierda, justo a la entrada, hay una computadora y la ocupa un compañero demasiado responsable y cumplidor, y las demás máquinas se ubican también con el monitor de espaldas a la pared, tres al lado este, tres al lado sur, con vista a la calle para los que la utilizan ya que hay una ventana enorme, y una al lado oeste, allí me siento yo. Suspiro.


No tengo paz en la cabeza ni en el alma ni en ningún lugar, pero intento hacer el trabajo lo mejor que puedo. Tengo sed, mi cuerpo necesita alcohol. Cada vez que me siento allí, mirando la computadora, intento concentrarme en ese lugar, en ese espacio, pero no puedo. Escribo de manera artificial, sin ser consciente de lo que redacto, a veces fluyen bastante cantidad de palabras y otras no hay nada, por defecto, solo hay una página en blanco del word 2013, letras en calibri, tamaño 11. ¿Qué hacer? Empiezo a escribir. 


Todo esto que escribo sale desde que llegué a la oficina. Como no sé cómo empezar, solo escribo lo que viene a mi mente. En cada transición, cada que termina la misma canción que escucho por los audífonos, en esos tres o cuatro segundos, se oye el teclear de mis compañeros, tac, tac, tac. Volteo y los miro, todos concentrados en lo que hacen, viendo sus pantallas, escuchando sus entrevistas, buscando información en las redes sociales, algunos en YouTube viendo vídeos o escuchando música, otros conversando por WhatsApp o Messenger, la mensajería de Facebook. Todos hacen algo y yo me dedico por un momento a mí, lo necesito para poder avanzar. Suspiro. Vuelvo a mirar mi pantalla y continúo escribiendo.


Alguna vez Virginia Woolf dijo que uno no puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si no ha comido bien. Hoy no comí nada, no me gusta comer solo, ¿a quién? Sé tú mismo, no tienes que brillar, pues hay que serlo de vez en cuando. Creo que estoy al borde del suicidio, por eso la recuerdo ahora, Virginia Woolf. Escribiría una carta a alguien especial, igual que lo hizo ella, siento que voy a enloquecer de nuevo... Comienzo a oír voces, y no puedo concentrarme... Ya ves que no puedo ni siquiera escribir esto adecuadamente... Lo que quiero decir es que debo toda la felicidad de mi vida a ti... Y yo no tengo a nadie, eso me pone triste, al menos Virginia tuvo a alguien en su vida, ¿por qué metiste piedras en tus bolsillos y entraste al río? Cuánto valor tienen algunas personas. Una de las maestras del flujo de conciencia.


Llevo más de un mes aquí y parece que nada va bien. Quiero renunciar, pero necesito tener la mente ocupada. Es una cuestión de salud mental. Quiero beber, mi cuerpo necesita alcohol. Es una cuestión de salud mental. Si pudiera me iría a casa y trabajaría desde allí, no tengo ganas, estoy destrozado, estoy emocionalmente inestable. De seguro, otra vez terminaré a las diez de la noche, con los ojos cansados y con sueño, y con bastante hambre. Solo por la noche aprovecho para leer hasta bien de madrugada. Últimamente solo he dormido tres horas, desde las tres hasta las seis. Bueno, ahora empezaré a trabajar. Mañana tendré día libre. Algo haré.


Adiós.


martes, 13 de abril de 2021

"1Q84":


(Escrito en mayo de 2020).


Lo leí el año 2013, con los audífonos y el libro en la mano, lo llevaba como si fuera algo sagrado, incluso hasta en el baño. Murakami es para mí uno de esos escritores con los que más me identifico, sobre todo porque en sus novelas habla de temas que más me gustan, como la amistad, la melancolía, el sexo, la soledad, el dolor, el amor, la juventud, la violencia, entre otros, y temas para los que uno debe tener una mente abierta, sin juzgar en lo más mínimo lo que se muestra. Además agrega a su contenido sus lecturas, sus pasatiempos, sus hobbies; y se ubica dentro del género surrealista y realismo mágico, aprendido de Gabriel García Márquez y todos esos grandes escritores.



En la semana que me tomó leer las más de mil páginas de este libro, amé mucho a Aomame, como si realmente existiera, deseando que ella apareciese en mi vida y la sigo esperando. Y es que ella, pese a tener dominio propio, es un ser frágil en un entorno machista, pero con una personalidad única. No eres el mismo luego de haber leído la novela, no lo eres, algo cambia en ti, lo sientes, te mata, ya nada parece lo mismo.


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"1Q84" del eterno "nominado" al premio Nobel, Haruki Murakami, fue publicada entre los años 2009 y 2010, la misma que está dividida en tres partes, las dos primeras en un solo tomo y la tercera, por separado. Y esa división no es por un tema de marketing o para ganar más dinero, sino que es necesaria para el desarrollo de la trama y también porque es más cómodo tener en las manos un libro pequeño a uno de más de mil páginas. La historia comienza en un atasco vehicular, aunque muy diferente, te hace recordar el inicio de la novela/ensayo de José Saramago. En un auto, y teniendo como fondo musical a la Sinfonietta de Janacêk y es casi imposible leerla sin escucharla, ya que pareciera que los personajes se mueven al son de ese ritmo. Siempre la leí, sobre todo los capítulos de Aomame, escuchando aquella hermosa ópera, que se convirtió en mi favorita, y es quizás la favorita de todos los que la leyeron.


El libro es básico y rudimentario, lineal, pero despliega una soberbia imaginación, tan real/surreal, que se muestra ante nuestros ojos, y la creemos, nos convence. Sin ser una historia de amor, cuenta la historia de amor desde los dos puntos de vista de los personajes principales: Aomame y Tengo; que parecieran unidos por ese "hilo rojo del destino" que aparece en la cultura japonesa. Esa unión no es para nada artificial, se muestra real a nuestros ojos.



La novela tiene su lejana inspiración en el "1984" de George Orwell, aunque solo en algunos rasgos, como la aparición del Gran Hermano, pero no tienen nada que ver, ni en asomo. Es que la historia sucede en el año 1984, pero sin darse cuenta los personajes cruzan hacia un mundo alterno, el 1q84 (q en japonés se pronuncia como el 9), título de la novela. Ese mundo tiene sus propias características que la hacen única, como las dos lunas que flotan en el firmamento.


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El libro se resume en la "búsqueda" entre Aomame, una mujer independiente, liberal, instructora en un gimnasio y... asesina; y Tengo, un profesor de matemáticas y aspirante a escritor. Ambos tienen un pasado en común, ambos se alejaron de sus casas cuando eran pequeños, ambos tienen treinta años, ambos llevan vidas solitarias y sienten que "algo" sucede en el mundo en el que viven; ellos se buscan, se anhelan, se necesitan, se desean, pero no saben cómo encontrarse. Están cerca el uno al otro, pero bien lejos a la vez. Y esto no es un cliché ni nada parecido.



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Masami Aomame es quizás el personaje mejor logrado de la novela. Y está a la altura de grandes mujeres de la literatura, como Emma, Anna, Tristana, Catherine, Eugénie, Thérèse, Temple, Verena, Dolores, Addie, Olive, Jane, Clarissa, Sherezade, Briony, Elizabeth, Elinor, Marianne y muchas de quienes olvido sus nombres. Tiene una belleza única, además se parece a la Lisbeth Salander de la saga Millennium de Stieg Larsson, aunque guardando distancias ya que Aomame es mucho mejor. Tiene tendencias lésbicas, inclinada hacia la bisexualidad, pero no lo es, es frágil pese a tener un carácter fuerte. Alta, piernas fuertes, pelo corto hasta los hombros sin ningún complemento, labios cerrados, naricita fina, y con una expresión dura, sobre todo cuando frunce el ceño.



Frente a esas características, Aomame es una asesina de hombres maltratadores de mujeres, haciendo una especie de justicia con sus propias manos que el sistema no aplica, y lo hace con una habilidad única sin dejar rastros, como si el muerto hubiera padecido de manera natural; esto lo hace por encargo de una vieja a la que trata sus problemas físicos de la edad, y por la que recibe un salario; además, en Aomame se nota un aire de venganza, porque a las amigas que tuvo, las mataron esos hombres abusadores, y ella no supo cómo ayudarlas y siente desazón.


Pese a ese repudio Aomame tiene sexo sin amor con hombres, de preferencia calvos, pero solo lo hace como una vía de escape, como una fuente de liberación a lo que realiza, pero luego se siente vacía porque no tiene a nadie más que solo ella. Está sola, es frágil, pero esa fragilidad, como bien dice el libro, no se manifiesta al exterior como tal.



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Por otro lado, está la historia de Tengo Kawana. Le mandan a corregir la novela "La crisálida de aire", para que gane un concurso literario, escrito que fue enviado a ese concurso por una adolescente disléxica, Eriko Fukada, Fukaeri. Ella también es única, singular, hermosa, tiene un pasado inquietante y misterioso que a lo largo de la novela conocemos. Ella funciona como un enlace entre Aomame y Tengo.



Sin querer, Tengo le da a esa novela un toque más literario por lo que gana dicho concurso y se hace muy conocida, convirtiéndose en un best seller. A partir de allí todo se vuelve patas arriba, y las escenas son cada vez más intensas, sutiles, inexplicables, sin sentido, por lo que no quieres dejar de leerla. Inevitablemente quedas atrapado.


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Tal vez la crítica al libro sería que esta no concluye como uno quisiera, como si fuese artificial, como si Murakami no sabría qué hacer con la historia, y ese final sucede rápido. Dejando un final abierto, sintiéndonos nosotros mismos vacíos, queriendo más. Pero pese a esto la novela tiene un lugar en mi corazón, aunque me haya dejado con ganas de más, con una sensación que no desaparece con los años, la tengo dentro como si me hubieran roto/llenado algo que no sé bien qué es.