10 de abril de 2018.
SIGNIFICADO
Si hay libros buenos de literatura juvenil, este es uno de ellos, tiene todo y todo lo cuenta bien. El libro lo leí en el colegio cuando tenía 16 y tiene un significado especial para mí. Yo también tuve una pérdida a los 16 años de la persona que me regaló el libro. Todavía se conserva intacto y tiene una dedicatoria muy hermosa. Dicen que el pasado ya pasó, el presente se está haciendo, pero lo único que puede hacerse bien es el futuro porque está a nuestra disposición, intacto, virgen, lo único en el que tenemos control absoluto.
PARA PENSAR
La buena literatura, la de los clásicos, cuando la lees, cambia alguito en tu vida, al punto de que luego de terminar un libro te quedas pensando, vacío, filosofando, con cierta nostalgia, como si el libro hubiera robado algo de ti o tú habrías robado 'algo' de sus páginas.
La mala literatura son solo un montón de letras que no te dejan nada, la de los Best Seller y, por alguna razón que nunca comprendí hasta ahora, son del agrado del público. Está bien leer, pero está bien también buscar un libro mucho mejor. Hay libros para todos los gustos, así como peces en el océano. No puedo juzgar lo que las personas leen, cada quien es libre de elegir, pero si leería lo que todos leen pensaría igual a ellos y esa no es mi intención.
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Dentro de lo último, de esa 'mala' literatura, existen excepciones a la regla, como en todo, y tal vez, eso mismo ocurre con la novela realista más nostálgica de Haruki Murakami, convirtiéndose en un autor de culto para los jóvenes japoneses.
Para una mente que dice leer, pero que no sabe leer, tal vez en el libro no suceda nada, sea pobre, y es así, es verdad, no sucede nada, claro, a primera vista. Algunos dirán que solo se cuenta las aventuras amorosas de un joven japonés en la década de los años 70, contadas con orgullo y grandilocuencia, pero no lo es, va mucho más allá. Solo cuando la terminas empiezas a hacerte preguntas sobre lo ocurrido. Solo cuando te han sucedido situaciones parecidas es cuando empatizas con cada uno de los personajes, te identificas, incluso los amas, los adoras, te compadeces y enorgulleces de ellos. Hay que escarbar sus entrañas para poder disfrutarlo en toda su extensión.
TOKIO BLUES:
Más allá de una simple anécdota
"Noruwei no mori", conocida en el mundo occidental como "Tokio Blues. Norwegian Wood", es un libro nostálgico, melancólico, desborda sentimientos desde que lo abres hasta la última línea.
Hay en ella ese encuentro con el pasado, con las decisiones, con los adioses, con las pérdidas y frustraciones, y sobre todo, con el madurar, la transición entre la etapa última de la adolescencia y la juventud...
Entre los 17 y los 20 años todas las personas sin excepción descubren lo que van a ser cuando sean grandes. Allí aprenderemos o aprendimos a decidir lo que es bueno y lo que no. Sabrán de las decepciones y las malas elecciones. Depende de esta etapa el cómo vamos a afrontar la vida en un futuro que se avecina inevitablemente. O eres o no lo eres, es tan simple como eso.
No es la mejor novela de Murakami, ni siquiera está entre las cinco mejores, pero es la más vendida de todas y lo catapultó al reconocimiento, no sólo en Japón sino en el resto del mundo, convirtiéndolo en un autor de culto para los jóvenes asiáticos.
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Cuenta la historia de Tōru Watanabe, un adulto de 37 años, que cuando llega a Hamburgo en avión escucha desde los parlantes la canción de The Beatles, Norwegian Wood. Bajo esta melodía, la novela, está envuelta, evocando un pasado, 18 años atrás, cuando su vida quedó marcada por varios sucesos que poco a poco va olvidando, el recuerdo de Naoko, su amiga de la que estaba enamorado, pero que esta tenía su novio, Kizuki, que es su único mejor amigo. Esto pareciera soslayar a una historia de amor no correspondido o a un triángulo amoroso, pero no es nada parecido, ni siquiera en asomo, no se resume en ese tipo de burdo drama, es más, mucho más que un simple triángulo amoroso. La novela es un flashback y está narrada en primera persona porque nos va contando su vida, y quizás estamos supeditados solamente a su punto de ver las cosas porque no sabemos si lo que cuenta es verdad o no, pero le creemos.
"La historia toca, aunque solamente como si fuera la punta de un iceberg, temas muy profundos como el suicidio, el sexo, la incomprensión, la madurez, el amor, la inconsistencia, las decisiones".
Es que todas las personas que conocemos a lo largo de nuestra vida, y que se marcharon por algún u otro motivo, nos han dejado una huella imborrable en cada uno. Esa es la premisa de este libro. Lo marca clarísimamente en los personajes de Naoko, Midori, Hatsumi, Reiko y Kizuki.
Seres cuyo destino pareciera ser atraído por una fuerza imposible de detener, llevándolos muchas veces al abismo en el que luego terminan.
Y no solo eso, estos personajes afrontan un miedo común, el de no estar preparados para una vida adulta, el de no querer crecer o no estar listos para afrontar la vida tal y como no nos la contaron. Ese miedo al avance del tiempo que es irremediablemente imposible de detener.
NAOKO
Naoko, de la que Watanabe está enamorado, es una bella adolescente, inestable y muy especial, con cierta tendencia esquizofrénica, al menos así parece serlo, de manos pequeñas y frías, de pelo liso, bonito y agradable al tacto; los lóbulos de sus orejas, suaves y carnosos, y el lunar que tenía debajo. Esa inestabilidad es muy notoria en ella, como su mirada perdida o cuando no se humedece (excita) al querer tener sexo. Pero ella no ama a Watanabe a quien considera solo un amigo; más bien ella está enamorada de Kizuki, el mejor amigo de Tōru; son novios, lo ama, pero un día sin más Kizuki se suicida.
La muerte de Kizuki y en el pasado el suicidio de su hermana, marcaron profundamente a Naoko, lo que la lleva a desaparecer. Tras ese vacío de un año entre Watanabe y Naoko, la relación entre ambos se hace mucho más estrecha. Sin embargo, lo que pareciera ser en ella una enfermedad mental va empeorando paulatinamente, por lo que se aísla en una especie de sanatorio donde parece haber mejoría, aunque nunca la habrá, nunca recobra la lucidez ni la realidad que para nosotros es normal y para ella, para su mundo, también lo es.
MIDORI KOBAYASHI
Por otro lado, está la pretenciosa Midori, quizás el personaje con más personalidad y lucidez que los otros tres, pero con cierta toxicidad, y habrá a quienes les guste y a quienes no. Ella también afrontó la pérdida de su madre y es una muchacha demasiado abierta y sin escrúpulos.
Todos los que la rodean, empezando por su novio, son personas que la reprimen demasiado, como si no tuviera esa libertad para expresar sus sentimientos o todo lo que piensa.
El único con el que se muestra libre es Watanabe, y las escenas que ellos viven, quizás para quienes tienen una mente cerrada podría ser chocante, pero es tan normal como cualquier otra situación de la vida. Ella dice a Tōru todo lo que piensa, lo que siente; van a mirar películas porno, hablan del sexo, de la masturbación, y de la curiosa manera que tiene Midori sobre su definición del amor, y si nos ceñimos a lo que el romanticismo pregona, sería un modelo ideal.
Midori es el lado opuesto de Naoko, son la cara y el sello de una moneda. Aunque Murakami no le hace justicia a las mujeres de esta novela, ya que estas pareciera que son sumisas, reprimidas por el entorno en el que viven, y quizás esto podría ser mal visto desde un punto de vista feminista mal entendido, pero tras conocer sus historias, sabemos qué es lo que influye en sus comportamientos, el por qué son así.
TŌRU WATANABE
Tōru es una hermosa copia del gran personaje de Salinger de la novela "El Guardián entre el centeno". Incluso en el mismo libro, Watanabe lo menciona, y hace referencias sutiles a libros que en algún momento de su vida leyó o está leyendo. Es un lector voraz, que lee "El Gran Gatsby".
Watanabe es una persona noble, paciente, pero esto solo pareciera una apariencia hacia el exterior. En el fondo él tiene el inicio de una depresión y esa falsa nobleza y paciencia son como síntomas de una pasividad excesiva y la falta de objetivos claros en la vida, como si no supiera qué es lo que quiere. Esa depresión contenida, poco a poco va aflorando, avizorando lo más temible: el suicidio.
EL SEXO
Es una de las grandes críticas que se le hace a Murakami, el de ser un tanto explícito con las escenas de sexo y abusar de ellas, pero como dije, es tan normal que suceda todo esto ya que los personajes son muy inestables, y esa falta de amor hace que se comporten así.
El sexo es la pérdida de la inocencia, el de cubrir una pérdida con el placer y buscarlo al mismo tiempo. Se da, no por amor, más bien los personajes justifican ese accionar buscando el calor de otros cuerpos porque lo necesitan.
SOUNDTRACK
Desde el título de la novela se aprecia el gran amor que Murakami tiene hacia la música. En el libro hay música, y de la buena, y sirve como fondo musical para acompañarnos mientras disfrutamos de la historia.
Cada canción muestra las emociones de los personajes, lo que están viviendo, así como el contexto en el que nos encontramos. Desde la versión orquestada de Norwegian Wood, pasando por la canción favorita de Naoko, Dear Heart, y la música de cuando fue su cumpleaños, hasta el miniconcierto de Reiko, al final, todo es bellísimo.
VACÍOS
Murakami es uno de los maestros de los finales abiertos, nos deja con un sabor de boca ya que muchas veces no da explicación a los hechos, deja a sus personajes sin decirnos nada sobre ellos; pero hay que agradecer que eso sea así porque como lectores tenemos un papel más activo y podemos interpretar los símbolos que nos deja el escritor. Habrá a quienes no nos guste el final del libro, donde todo se deja a nuestra imaginación. Solo nos queda pensar y darle un final de acuerdo a cómo entendemos la novela.
No se sabe si Tōru retornó con Midori ni el futuro de Reiko. Incluso ni siquiera se regresa al inicio donde todo comenzó, solo nos queda construir esos vacíos y especular porque de eso también se trata la literatura.


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