lunes, 2 de marzo de 2020

CIEN AÑOS DE SOLEDAD:


En la secundaria, cuando todavía estaba en tercer grado, mi profesora de lenguaje nos pidió que escogiéramos una novela para leer durante todo el año, para luego realizar una exposición sobre el texto. Mi primera elección fue “Madame Bovary” de Gustave Flaubert, pero desistí. Luego escogí “Cien Años de Soledad”, no logré terminar el texto, porque era muy complejo para un adolescente que todo lo quería rápido. Creo que quería que todo pasara rápido.

Junto a Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez es uno de mis autores favoritos de la generación conocida como el “boom” latinoamericano, escritores que lograron abrirse paso por el mundo y lo consiguieron. Escritores que tomaron como ejemplo a los grandes novelistas norteamericanos, los que en esas épocas realizaban una literatura experimental y algunos de ellos son parte de lo que se conoce como la “generación perdida”. Pero al que copiaron el estilo, sin lugar a dudas fue a William Faulkner, uno de los mejores de esos años.

*******

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Estoy seguro que nadie que haya leído la novela ha olvidado estas líneas que es considerado como uno de los mejores inicios de la literatura universal. Lo recuerdo tan bien porque las veces que lo intenté leer nunca pasé del primer capítulo de la novela ya que al ser un libro cuyos párrafos son inmensos de solo verlos ya me daba flojera continuar leyendo.

Desde que inicié mi aventura con la literatura, busqué los libros que tenía para seguir leyendo y llenar mi soledad porque era lo único que tenía: leer; por esta razón, buscando entre mis cosas encontré mi ejemplar de “Gabo” y lo leí.

Creo que era primavera y estaba en Puno, poco antes de terminar el cuarto de secundaria. Cuando uno es adolescente existe el tiempo suficiente para todo lo que uno quiere hacer, pero no nos damos cuenta. También recuerdo el viaje de cuarto año, fue bonito mientras duró, pero esa es otra historia.

Fue el primer libro grande que me compraron en la secundaria, pero eso sí, si mucho antes de intentar leer ese libro me habrían dicho que terminara de leer el primer episodio de la obra y continuara la segunda, tal vez hubiera leído desde los 12 años, no hubo nadie.

La segunda vez que lo leí, fue dos años después de mi fallido intento. Empecé con ganas de conquistar el mundo, con placer y miedo, luego de terminar el primer capítulo seguí sin importarme nada porque no había una secuencia entre lo narrado anteriormente y lo que seguía en el segundo capítulo. Quedé atrapado: realmente ahí es donde para mí comienza la novela, pero no por ello habría que dejar de leer el primer capítulo porque luego todo se enlaza, como un ciclo, algo que luego me dejó pensando durante mucho tiempo. Es que la vida siempre es como un círculo, como un ciclo, como un ir y venir.

Esos giros en el tiempo que tiene la estructura narrativa de los escritores del “boom” y la complejidad de su elaboración, fueron uno de los mejores descubrimientos que me han pasado en la vida porque luego del Harry Potter pensaba que los libros tenían esa estructura lineal, simple, recta, fácil de digerir, pero no siempre es así, hay obras maestras en la literatura, y no todo es como uno tiende a imaginar. Siempre mirando cerca de mi nariz, nunca más allá.

Lo que más recuerdo del libro son las escenas eróticas descritas detalladamente (de ahí tal vez mi perversión), así como la sublevación de los Aureliano Buendía o la huelga que se realiza contra una compañía bananera. Siempre hay una pisca de humor en medio, siempre hay algo que te hace perder la noción del tiempo.

La novela narra las muchas generaciones de la familia Buendía desde la fundación de Macondo, personaje central de la novela de Gabriel García Márquez, un pueblito inventado a la que lo explota al máximo, haciéndolo suyo.

Macondo va creciendo junto a nosotros, lo vemos surgir desde nada y de a pocos se va convirtiendo en moderno. Solía decir que yo tenía una mente abierta para todo, pero me sorprendió el libro ya que hay incesto, relaciones con niñas y son contadas sin ningún inconveniente.

Se espera que por esas razones habrá un castigo contra quienes lo hacen y ese castigo que generación tras generación es esperado, se veía venir, tal vez lo esperábamos y llega, sin darnos cuenta. La novela ronda en ciclos que se repiten continuamente desde los nombres de los personajes que a veces nos confunden, de la misma forma, el tiempo no es lineal, sino que se va enredando entre los párrafos y capítulos.

Los nombres se repiten por generaciones por lo que hay que tener un árbol genealógico para no perderse entre tantos nombre iguales y luego no entender bien el contenido del texto.

*******

Si algo me dejó esta novela y luego se acrecentó con otras más, fue que en ese entonces quise hacer lo que hasta ahora intento hacer: escribir. A partir de esta novela se hizo mucho más fuerte ese sueño que hasta ahora lo tengo: algún día, en el futuro, llegar a ser un escritor... Lo seré sin duda porque confío en mi.

jueves, 20 de febrero de 2020

EXTRACTO NÚMERO OCHO:


#mi_primera_novela

La primera vez que se conocieron fue en el parque de las aguas de la ciudad universitaria. Levessy estaba con su mejor amigo y Jhosbenia también con su amiguito. ‘¿Amiguito?, nada que ver’. El encuentro de ambos grupos fue raro, raro en el sentido que no hubo una conversación fluida, mas bien era como si no hubieran querido encontrarse. ‘Es que hay cosas que no se pueden explicar’. Holas, miradas, sonrisas, las preguntas eran cortadas por monólogos sin ton ni son. Nada fluía. Nada.

Levessy recuerda ese momento con nostalgia, ‘así es, porque no podemos regresar atrás para cambiarlo todo’, todavía conserva la foto de ese primer encuentro, el momento en cómo se dio y la sonrisa inolvidable de Jhosbenia. ‘Sí, cómo olvidarlo’.

—¡Qué bonito! —Levessy señaló con el índice la muñeca derecha de Jhosbenia. Un hermoso brazalete de color rosa aparecía por debajo de la manga de la blusa de Jhos. ‘No fue amor a primera vista, nunca lo fue’. Todos dirigieron la mirada hacia el objeto.

—Sí. Gracias. —Cortó Jhosbenia. La respuesta fría era sin querer. Su naturaleza era así. ‘Tal vez simplemente, era seria, ja, ja, ja, no lo sé; no creo que nunca lo sepa’. No lo supo en los años siguientes.

Tensión en el ambiente, ‘o algo así parecía’. No había ni una pizca de que en ese lugar surgiera una conversación. Esos silencios incómodos, esas miradas sin saber qué decir, todo era denso. ‘A nadie le gusta todo ello’.

Ella recuerda ese momento porque guarda cada instante importante dentro de su memoria. Recuerda fechas, lugares, personas, no porque en verdad le interese. Su buena memoria selectiva hacía que conservara esos momentos de manera que al vivir una situación parecida tendía a comparar un instante vivido anteriormente con uno que estaba viviendo ahora.

Sin embargo, esa primera vez, ella lo guarda como un recuerdo hermoso por la foto. Esa imagen que siempre quedará grabada para los cuatro, aunque ninguno sabe cómo se decidió tomarla.

‘¿Qué foto?’. Era una en el que aparecía la mano izquierda de Jhosbenia con su brazalete, la mano apoyada en la pequeña cartera color rosa al lado derecho de su cuerpo. Tenía una perspectiva amplia y un desenfoque hacia el horizonte. Todo eso con la cámara de un celular. Los celulares estaban mejorando mucho en los últimos años.

Jhosbenia vestía una hermosa falda color verde, con pliegues, y unos panties negros con zapatos oscuros, muy al estilo de los cantantes de rock. Levessy quedó impactado por tan atrevido look. Su imaginación no tenía límites. Su perversión tampoco. ‘Pervertido’.

Ella llevaba el cabello corto, unos centímetros por debajo del hombro, pintado de varios colores, pero el que más resaltaba era ese rojo intenso y amarillo. A ratos, su flequillo cubría buena parte de su frente y sus ojos. Las gafas delante de esos ojos pardos y brillantes, la hacían ver linda. Lo otro que resaltaba más eran sus pecas, no tan visibles, pero se distinguían de cerca. Sus lunares también hacían imaginar lo hermoso que era el mundo, porque formaban una bonita constelación que se ubica al sur. Ese momento Levessy no sabía cuál de todas era. Luego, al llegar a casa lo supo. 'Sí. Cruz del Sur'.

'¿Por qué no en ese entonces si todo era posible? ¿Por qué ahora? ¿Por qué cuando todo es más complicado?. Todo hubiera sido distinto contigo, estoy completamente segura. ¿Por qué decidiste cambiar? ¿Qué pasó contigo?’.

Nunca volvieron a hablar. Nunca el encuentro se repitió. No pasó nada en esos tres largos años. Solo unos holas cuando se cruzaban en el camino. Y siempre había tensión. ¿A quién le gusta eso? A nadie. 'Ni a ti, ni a mí. Esa es la diferencia. Si lo hubieras hecho en ese instante, todo habría sido diferente. No me voy a cansar de repetirlo. Ya nada es igual'. Nunca lo fue.

#mi_primera_novela

martes, 18 de febrero de 2020

domingo, 16 de febrero de 2020

HASTA DONDE PUEDA LLEGAR:


Para mí, con todo el amor del mundo...

Cuando tenía 16 años realicé una línea de tiempo, marcando metas y objetivos a lo largo de un futuro incierto: mi vida. Sí, mi vida que parecía ir por buen rumbo, pero por no poder canalizar mis emociones pudo terminar mal. Tan pequeño y tan inocente.

A esa edad, mi sueño para el 2012 era llegar a ser grande, que los niños conozcan mi nombre y sepan de mí. Soñando en grande, como siempre. Viajar lejos, a ese lugar donde gracias a la imaginación crecí, creyendo que los sueños podían materializarse. París. Escribir, pisar, sentir, respirar el aire que alguna vez Jean Paul Sartre lo hizo. Vivir allí, junto a esos escritores que me hicieron soñar.

¿Qué hice para lograrlo? Nada. Nada, porque la depresión, el estrés y algunos trastornos psicológicos me golpearon de tal manera que me era imposible moverme. Vivo, pero inmóvil, no le deseo a nadie nada de lo que me pasó. La baja autoestima, el miedo al qué dirán, soportando las humillaciones de algunas personas que consideraba familia y a los que decía amigos. ¿Amigos?, solo cuando te necesitan. ¿Familia?, solo la tuya.

Nadie se dio cuenta. Mi madre, la persona que mejor debía conocerme nunca lo supo y no se dio cuenta. Mis hermanas, lo propio. Nadie. Eso es sentir la más soledad de todas las que existen. Pero felizmente estaban los libros para hacerme soñar… y vivir.

Pensaban que yo no quería, que no me interesaba. Nunca que por qué tanto cambio, que por qué mostrando una sonrisa por fuera, siempre sonriente, y por dentro, cuando estaba a solas, los fantasmas aparecían. Torturándome sobre mis fallos, errores. La angustia, la ansiedad. Siendo una decepción para los que esperaban mucho de mí, incluso para mí porque yo quería más de lo que tenía. Lo quería todo y todavía lo quiero.

Pero justo allí apareció el amor. Un poco antes de ese año. Antes, el rechazo de algunas personas que se creían que por ser lindas podían pisotearme, pero mi agradecimiento profundo a ellas porque me di cuenta que haga lo que haga no debía importarme lo que los demás piensen, no importa cómo me veía, sino cómo yo lo hacía y cómo lo vivía yo y cómo lo entendía yo.

Creo en el amor, siempre lo haré, nunca me decepcionaría por un motivo como ese. Sin embargo, luego de mucho llegó el amor propio y justo antes del 2012 me ayudó a replantear mis metas, mis sueños, mi vida.

Siempre he creído que no se trata de ir cambiando sueños a cada rato, como si fuera la ropa que nos ponemos. Lo que se trata era de aprender a sostenerlos a lo largo del tiempo porque tarde o temprano se cumplen, al menos eso creo. Los míos, tal vez no ahora, pero estoy en camino para hacerlo. Ahora la paciencia, y el no esperar mucho (nada) de las personas, de los que te rodean, cambiaron mucho mi perspectiva de ver la vida. Pero el sueño está en mí y eso es lo más hermoso, y todavía lo tengo, pese a que nuevamente por cuatro años lo perdí y no me di cuenta. Pero...

Y aquí estoy, ocho años después de lo que debió haber sido la meta cumplida. La meta. Y soy consciente que todavía no hay nada, está más lejano de lo que pensé, pero está y eso vale mucho. Además el sueño no ha cambiado, sigue intacto, siendo el mismo de esos años, solo que ahora es más intenso.

Para mí, con todo el amor del mundo.

miércoles, 12 de febrero de 2020

LINDO:


Soñé que alguien me lo decía y ojalá fuera verdad:


**"Gorki, para lo único que sirves es para escribir"**

domingo, 2 de febrero de 2020

HARRY POTTER 1:


Tengo que decirlo, me dolió leer el libro cuando tenía 15 años. Lo mejor habría sido crecer con Harry y sus amigos desde más pequeño, pero tampoco es algo que me haga lamentar, ya está, así sucedió y, en cierta forma, soy feliz por ello.

Siempre lo digo: me enteré del libro por casualidad, por desamor, por pena y por soledad, aunque anteriormente había visto la Cámara de los Secretos en el televisor a blanco y negro que teníamos. Ese momento la magia no surgió.

No creo que haya alguien que no haya escuchado mencionar a Harry Potter. No quiero sonar exagerado, pero una gran mayoría escuchó alguna vez mencionar al niño huérfano que recibe una carta de aceptación por parte de un Colegio y que en ese otro mundo es más famoso que cualquier otro niño.

Leí este libro en paralelo con “Cien Años de Soledad”, la novela de Gabriel García Márquez, aunque mi lectura de esta tiene un final muy distinto. Comparar ambos es algo injusto porque siempre elegiría a Rowling, como autora favorita, aun sabiendo que en su saga no hay ni una chispa de literatura, es un libro básico en el sentido de que su estructura es simple, pero no me deja de sorprender.

“El señor y la señora Dursley, que vivían en el número 4 de Privet Drive, estaban orgullosos de decir que eran muy normales, afortunadamente. Eran las últimas personas que se esperaría encontrar relacionadas con algo extraño o misterioso, porque no estaban para tales tonterías”. (Harry Potter 1 - 1997. Pág. 07).

Así inicia esta novela y dentro de ella tiene de todo, desde un simple hechizo de levitación: ¡Wingardium leviosa!; hasta jugar al ajedrez mágico de tamaño real y ¡wow! el quidditch, siempre lo quise jugar.

Lord Voldemort es uno de los personajes que más temor causa en el mundo mágico del cual nunca se debe mencionar su nombre por el temor que produce por lo que en ese mundo se le dice: El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado.

Nunca pensé conocer algún otro deporte en mi vida o creí conocer todos los ya existentes; sin embargo la autora crea un nuevo deporte: El Quidditch; imposible de jugar aquí, pero fácil de imaginar.

¿Cómo voy a poder olvidar ese párrafo inicial con el que comienza esta gran aventura? ¿Cómo puedo hacerlo si cuando me encontraba solo estos libros eran los únicos que me acompañaron? ¿Cómo no llorar cada vez que a mi mente llega cada instante que he vivido? ¿Cómo hacerlo si gracias a esta saga creí que algún día los sueños se podían materializar?

Del libro aprendí a no soñar mucho porque te puedes perder en los sueños. A no esperar nada de nadie porque los demás lo único que hacen es decepcionarte, aunque siempre lo olvido. Aprendí que lo único que quiero es conocer a alguien que me demuestre que el amor no es difícil ni complicado y que la amistad es la cosa más preciada en el mundo. Tener una Hermione es un lujo y hasta ahora la busco... O tal vez ya la encontré y no me doy cuenta.

Leer es mi pasión, escribir, lo que más quiero en esta vida y en la otra también. Mi romanticismo a flor en piel. Formado de cada trocito de los libros que he leído, de lo poco que he leído.