domingo, 16 de febrero de 2020

HASTA DONDE PUEDA LLEGAR:


Para mí, con todo el amor del mundo...

Cuando tenía 16 años realicé una línea de tiempo, marcando metas y objetivos a lo largo de un futuro incierto: mi vida. Sí, mi vida que parecía ir por buen rumbo, pero por no poder canalizar mis emociones pudo terminar mal. Tan pequeño y tan inocente.

A esa edad, mi sueño para el 2012 era llegar a ser grande, que los niños conozcan mi nombre y sepan de mí. Soñando en grande, como siempre. Viajar lejos, a ese lugar donde gracias a la imaginación crecí, creyendo que los sueños podían materializarse. París. Escribir, pisar, sentir, respirar el aire que alguna vez Jean Paul Sartre lo hizo. Vivir allí, junto a esos escritores que me hicieron soñar.

¿Qué hice para lograrlo? Nada. Nada, porque la depresión, el estrés y algunos trastornos psicológicos me golpearon de tal manera que me era imposible moverme. Vivo, pero inmóvil, no le deseo a nadie nada de lo que me pasó. La baja autoestima, el miedo al qué dirán, soportando las humillaciones de algunas personas que consideraba familia y a los que decía amigos. ¿Amigos?, solo cuando te necesitan. ¿Familia?, solo la tuya.

Nadie se dio cuenta. Mi madre, la persona que mejor debía conocerme nunca lo supo y no se dio cuenta. Mis hermanas, lo propio. Nadie. Eso es sentir la más soledad de todas las que existen. Pero felizmente estaban los libros para hacerme soñar… y vivir.

Pensaban que yo no quería, que no me interesaba. Nunca que por qué tanto cambio, que por qué mostrando una sonrisa por fuera, siempre sonriente, y por dentro, cuando estaba a solas, los fantasmas aparecían. Torturándome sobre mis fallos, errores. La angustia, la ansiedad. Siendo una decepción para los que esperaban mucho de mí, incluso para mí porque yo quería más de lo que tenía. Lo quería todo y todavía lo quiero.

Pero justo allí apareció el amor. Un poco antes de ese año. Antes, el rechazo de algunas personas que se creían que por ser lindas podían pisotearme, pero mi agradecimiento profundo a ellas porque me di cuenta que haga lo que haga no debía importarme lo que los demás piensen, no importa cómo me veía, sino cómo yo lo hacía y cómo lo vivía yo y cómo lo entendía yo.

Creo en el amor, siempre lo haré, nunca me decepcionaría por un motivo como ese. Sin embargo, luego de mucho llegó el amor propio y justo antes del 2012 me ayudó a replantear mis metas, mis sueños, mi vida.

Siempre he creído que no se trata de ir cambiando sueños a cada rato, como si fuera la ropa que nos ponemos. Lo que se trata era de aprender a sostenerlos a lo largo del tiempo porque tarde o temprano se cumplen, al menos eso creo. Los míos, tal vez no ahora, pero estoy en camino para hacerlo. Ahora la paciencia, y el no esperar mucho (nada) de las personas, de los que te rodean, cambiaron mucho mi perspectiva de ver la vida. Pero el sueño está en mí y eso es lo más hermoso, y todavía lo tengo, pese a que nuevamente por cuatro años lo perdí y no me di cuenta. Pero...

Y aquí estoy, ocho años después de lo que debió haber sido la meta cumplida. La meta. Y soy consciente que todavía no hay nada, está más lejano de lo que pensé, pero está y eso vale mucho. Además el sueño no ha cambiado, sigue intacto, siendo el mismo de esos años, solo que ahora es más intenso.

Para mí, con todo el amor del mundo.

miércoles, 12 de febrero de 2020

LINDO:


Soñé que alguien me lo decía y ojalá fuera verdad:


**"Gorki, para lo único que sirves es para escribir"**

domingo, 2 de febrero de 2020

HARRY POTTER 1:


Tengo que decirlo, me dolió leer el libro cuando tenía 15 años. Lo mejor habría sido crecer con Harry y sus amigos desde más pequeño, pero tampoco es algo que me haga lamentar, ya está, así sucedió y, en cierta forma, soy feliz por ello.

Siempre lo digo: me enteré del libro por casualidad, por desamor, por pena y por soledad, aunque anteriormente había visto la Cámara de los Secretos en el televisor a blanco y negro que teníamos. Ese momento la magia no surgió.

No creo que haya alguien que no haya escuchado mencionar a Harry Potter. No quiero sonar exagerado, pero una gran mayoría escuchó alguna vez mencionar al niño huérfano que recibe una carta de aceptación por parte de un Colegio y que en ese otro mundo es más famoso que cualquier otro niño.

Leí este libro en paralelo con “Cien Años de Soledad”, la novela de Gabriel García Márquez, aunque mi lectura de esta tiene un final muy distinto. Comparar ambos es algo injusto porque siempre elegiría a Rowling, como autora favorita, aun sabiendo que en su saga no hay ni una chispa de literatura, es un libro básico en el sentido de que su estructura es simple, pero no me deja de sorprender.

“El señor y la señora Dursley, que vivían en el número 4 de Privet Drive, estaban orgullosos de decir que eran muy normales, afortunadamente. Eran las últimas personas que se esperaría encontrar relacionadas con algo extraño o misterioso, porque no estaban para tales tonterías”. (Harry Potter 1 - 1997. Pág. 07).

Así inicia esta novela y dentro de ella tiene de todo, desde un simple hechizo de levitación: ¡Wingardium leviosa!; hasta jugar al ajedrez mágico de tamaño real y ¡wow! el quidditch, siempre lo quise jugar.

Lord Voldemort es uno de los personajes que más temor causa en el mundo mágico del cual nunca se debe mencionar su nombre por el temor que produce por lo que en ese mundo se le dice: El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado.

Nunca pensé conocer algún otro deporte en mi vida o creí conocer todos los ya existentes; sin embargo la autora crea un nuevo deporte: El Quidditch; imposible de jugar aquí, pero fácil de imaginar.

¿Cómo voy a poder olvidar ese párrafo inicial con el que comienza esta gran aventura? ¿Cómo puedo hacerlo si cuando me encontraba solo estos libros eran los únicos que me acompañaron? ¿Cómo no llorar cada vez que a mi mente llega cada instante que he vivido? ¿Cómo hacerlo si gracias a esta saga creí que algún día los sueños se podían materializar?

Del libro aprendí a no soñar mucho porque te puedes perder en los sueños. A no esperar nada de nadie porque los demás lo único que hacen es decepcionarte, aunque siempre lo olvido. Aprendí que lo único que quiero es conocer a alguien que me demuestre que el amor no es difícil ni complicado y que la amistad es la cosa más preciada en el mundo. Tener una Hermione es un lujo y hasta ahora la busco... O tal vez ya la encontré y no me doy cuenta.

Leer es mi pasión, escribir, lo que más quiero en esta vida y en la otra también. Mi romanticismo a flor en piel. Formado de cada trocito de los libros que he leído, de lo poco que he leído.

martes, 28 de enero de 2020

A FLOR EN PIEL


Querido blog:
(como si existieras realmente).

Solo busco respuestas e intento saber quién soy, de dónde vengo, a dónde voy, qué quiero con mi vida, qué busco. A veces no sé lo que quiero, pierdo el horizonte, pero siempre lo encuentro.

Me considero un romántico por excelencia, pero no en el sentido de ser detallista, llevar flores o hacer cosas cursis, a lo que siempre se le relaciona. Lo haría, sí. ¿Por qué no?

Mi sentido romántico o como siempre lo he entendido es hacer las cosas con pasión, con locura, entregando todo, aun sabiendo que al hacerlo me produzca un desgaste emocional intenso, y a veces me golpee duro, chocando contra una pared, pero sigo vivo; además no conozco otra forma de hacer las cosas. Si las conociera seguiría siendo así, tan sangre en las venas, tan alma de poema, tan sensible, tan débil, tan frágil, tan imbécil porque lo soy, me conozco bien, vivo conmigo más de 20 años.

Es bonito cuando todo sale bien, siempre lo es.

sábado, 18 de enero de 2020

EXTRACTO NÚMERO SIETE:


#mi_primera_novela

Caminas por esa larga avenida que alguna vez fue uno de los mejores recuerdos de tu vida, y de repente sucede, esa es la primera de las muchas veces que ocurrieron. Todo se nubla y es como si retrocedieras en el tiempo y todo a tu alrededor desaparece...

—Sufro de ansiedad y lo sabes. De repente me da pánico, nerviosismo, sudoración, miedo, y luego se vuelve incontrolable y no puedo evitarlo —Levessy habló con la voz más calmada que tenía, pero las palabras se amontonaban por salir—. No son excusas. Empiezo a sentirme mal y ya no sé qué hacer. Si supieras cómo me siento en ese entonces, es raro... Gracias por ser así conmigo. Eres la mejor y en mi vida siempre estarás primero, aun sabiendo que nada dura para siempre.

–Lo sé, y no es por eso que me alejo. Te acepté tal y como eres. Nunca quise cambiarte. Eres el chico más maravilloso que conozco, pero... –hay pocas personas que al escuchar su voz suena muy sincera: Jhosbenia era una de ellas—. No podemos seguir porque somos la mejor pareja, nos llevamos bien, tenemos todo lo que nadie tiene. Eso me da miedo. Miedo a que alguna vez todo termine mal y por eso es mejor cortar ahora para tener un bonito recuerdo de los dos. Y no estoy haciendo drama.

Quien no podría entenderla, no la conocía: le encantaba conservar momentos, lugares y fechas en algo más que un simple papel: su memoria. Y esta vez, como muchas otras, su voz sonaba convincente pese a que parecía había algo de absurdo en lo que decía. Continuó.

–¿Recuerdas? –Cuando hablaba así era porque tenía algo serio en mente–. ¿Recuerdas que siempre te decía que nadie puede ser feliz sin pagar algo para serlo? Somos felices y mucho, pero tengo miedo a que esto se acabe tontamente y por eso prefiero que nos separemos y seremos felices así, eternamente. Estoy segura.

–Te quiero.

–Lo sé. Me lo has demostrado en todo este tiempo, pero...

–Hay mucho que podríamos compartir juntos, tenemos tanto por vivir, por hacer...

–Esta es mi decisión. –Una vez hace mucho Jhosbenia le dijo a Levessy que cada vez que le dijera que era su decisión, nunca la juzgara.

–No puedes dejarlo todo atrás así porque sí.

–Si puedo. ¿Recuerdas que cuando nos conocimos éramos libres y queríamos hacer muchas cosas juntos? Libres pero juntos. Y lo hicimos, hemos disfrutado el momento Levessy, el ahora, pero tú sabes bien que nada dura para siempre. El tiempo pasa, pero los momentos quedan para toda la vida. Todo está aquí —Jhosbenia señaló su propia sien con el dedo índice de su mano derecha—. No he olvidado nada de lo que ha pasado entre nosotros y no lo olvidaré.

–No sé qué decirte, siempre que hablas tienes razón en todo. Tampoco podría detenerte.

–¿Ves que sí? Y sabes, yo también te quiero, pero... Yo quiero salir adelante por mis propios medios y no depender de nadie. Y tú sabes muy bien que si acepto una vida feliz a tu lado no podré lograr lo que quiero. Un sacrificio implica otro, tú siempre solías decirlo. “Todos debemos pagar algo valioso para tener lo que queremos del mismo valor”. Esa es tu frase. Yo quiero pagar este amor por algo para mí. Es egoísta de mi parte, pero no tengo opciones y creo que es lo mejor.

Silencio... Solo el sonido de la lluvia en los techos de las casas hacía olvidar que estaban en la calle.

–No me gusta que llores. –Su voz tan suave rompía cualquier palabra que sonaba horrible en otros lugares—. Algún día, vas a encontrar a alguien mejor que yo y te hará la persona más feliz en esta vida. Lo sé.

–Ya soy feliz contigo.

Jhosbenia se acercó. Levessy tembló, como tantas veces en otro tiempo. Ella se acercó más y puso su mano en la mejilla fría de él y susurro.

–Nunca voy a olvidarte Levessy porque aunque no me creas siempre busqué a alguien como tú.

–No puedes irte así. Decir eso y ya, marcharte como si nada. No quiero perderte —habló Levessy y las palabras no salían como debían—. Quédate.

–Si el destino existe, siempre habrá la manera de encontrarnos, pero no en este momento. En otro tiempo y espacio. Aquí, ya te gustará alguien más, te abrazará y te amará así como eres, nunca dudes de lo que haces, controla esa tu ansiedad tan desesperante, tus locuras, tu ego tan alto que no te cabe en la cabeza. Ya habrá alguien que adore estar contigo y luego recordarás que todo lo oscuro al final tiene una luz. No me pierdes. Hay alguien mucho mejor esperándote...

–Se oye bonito cuando lo dices. No puedes conocer dos veces a la misma persona. Sé que suena tonto, pero es la verdad.

–Lo siento.

Y sin más, volvió la cabeza hacia el lado opuesto, como quien se va al oeste. Giró el cuerpo y se marchó. De espaldas era preciosa... realmente preciosa...

Lo siento, disculpa, gracias, son palabras llenas de mentira, de verdad y rechazo. Son fáciles de decir, son difíciles de asimilar, pero sobre todo nunca suenan convincentes cuando lo que uno quiere escuchar es solo sinceridad, no una verdad. Decir esas palabras para evitar comprometerse es más fácil que afrontar la verdad. Siempre ha sido así.

Dolor... Si alguna vez te punzaste con una aguja de punta bien fina o si por una casualidad del destino cruel se te introdujo una astilla en tu uña, no se compara con un dolor en el alma. Soportar esa sensación de vacío, en sí misma, es la cosa más dolorosa que existe, al menos en primera persona.

La luz del mediodía le hizo despertar de ese trance. Una lágrima salió de entre sus ojos y un pinchazón sintió en el corazón. Empezó a caminar por la misma dirección en la que ella se había ido tiempo atrás. 10 años habían pasado desde ese entonces y todavía parecía como ayer.

Dentro de una etapa de pérdida en general, así como por la separación afectiva de alguien, siempre hay cuatro momentos que aparecen sin un orden lógico, y pueden repetirse una y otra vez hasta el final, como en un círculo vicioso, hasta llegar a la depresión. Ese momento es cuando uno necesita ayuda, sobre todo de las personas que más cerca están. Para él, el primer momento que apareció fue la culpa, duró unos dos días en ese entonces. Pero no fueron los únicos. Sin aviso previo aparecían, azotaban con brusquedad, hacían lo que querían con su cuerpo y desaparecían, una y otra vez.

#mi_primera_novela


sábado, 11 de enero de 2020

MADAME BOVARY:


#el_segundo_libro_que_leí

“¿Acaso un hombre no debía conocerlo todo, destacar en actividades múltiples, iniciar a la mujer en las energías de la pasión, en los refinamientos de la vida, en todos los misterios? Pero éste no enseñaba nada, no sabía nada, no deseaba nada. La creía feliz y ella le reprochaba aquella calma tan impasible, aquella pachorra apacible, hasta la felicidad que ella le proporcionaba”. (pág, 17; según la edición: Madame Bovary, 1857).

Se dice que en su idioma original, el francés, la novela es de una belleza única, donde nada le sobre ni nada le falta, cada palabra está allí por algo; llegando a la perfección narrativa. Hay música dentro de ella, hay poesía.

“Madame Bovary”, es considerada como la novela cumbre del realismo literario del siglo XIX, pero produjo tal escándalo que Flaubert fue procesado tras su publicación, debido a que Emma significó una ruptura con la tradición literaria existente durante esa época.

La novela es enorme porque hasta se inventó un nuevo término: Bovarismo; un síndrome de personas caprichosas (mujeres en su mayoría) que por idealizar el amor, se desilusionan al poco tiempo de empezar una relación, y van buscando por el mundo ‘ese gran amor’; lo que refleja el personaje de Emma.

El libro se publicó por entregas en el año 1856, pero la edición completa salió un año después. Mario Vargas Llosa, sostiene en “La Orgia Perpetua” que existe un paralelo entre Emma y el Quijote, una mujer que lee novelitas de amor y el otro, novelas de caballerías. Ambos tienen un final parecido, solo en esencia.

El valor de la novela radica en que Flaubert rompe con una tradición en la representación de la personalidad de la mujer: Emma nunca será una esposa y madre abnegada, sino una mujer que hace caso a sus pasiones, pero sin pensar en las consecuencias que podrían tener sus actos. Ella ansía la vida de un hombre.

Hay dos rasgos particulares en Madame Bovary: por un lado, Emma es una mujer adúltera, erotizada, con deseo sexual, las bajas pasiones. Por otro lado, el hecho de querer prestigio y poder, la aspiración a una vida con economía alta, pero que no pertenece a su realidad.

Pero no todo es Emma. Para Charles, ella es como un trofeo, como un bien acumulado por su estatus. Es un hombre ausente, perdido en su propio mundo. Ignora todo a su alrededor, y confía en Emma porque le cede todo el poder de la casa, que es habitada por dos soledades.

Yo leí el libro por primera vez, cuando tenía 12 años, obligado por la estructura curricular de educación secundaria, pero no la terminé, me aburrí desde las primeras páginas. Ese entonces me pareció complicado y pensé que no me iba a servir de nada. No me gustaba.

Luego de la magia que produjo “Harry Potter y el Prisionero de Azkaban”, algo cambió en mí, cambió todo desde que tenía entre 14 y 15 años. De pronto, es como si se hubiera abierto un espacio en mi vida y tenía curiosidad por seguir imaginando. De repente, las palabras se convirtieron como un deseo al que quería entregarme con pasión. Y ahora, así parece serlo.

La segunda vez que lo leí, fue muy diferente. Recuerdo que era abril o mayo del 2005, cuando estaba estudiando en Puno. Desde que se abrió esa necesidad de leer libros, luego de tres años desempolvé mi ejemplar añejo de “Madame Bovary”, lo abrí, me demoré una semana en terminarlo porque la belleza estilística de la prosa de Gustave Flaubert, me atrapó y me hizo adorar la poesía, sin ser poesía. Fue muy diferente a la primera vez, lo disfruté, cada palabra fue una delicia para mi imaginación.

Fue a partir de esta novela que empezó a gustarme la literatura francesa, la que admiro en demasía. La historia de Emma Rouault me dejó impactado. El estilo narrativo propio del romanticismo alimentó mi creencia en el amor, porque creo en él y en la fuerza que puede crear en las personas que lo tienen. Hasta ahora no he cambiado esa mi manera de ver las cosas, esa pasión por hacer bien las cosas, aunque a veces es difícil sostenerlo.

El libro es fácil. La bella Emma se casa con un médico y viven en un pueblito, pero ella no se siente conforme con su matrimonio y busca en otros hombres lo que no encuentra en su marido producto de las novelitas de amor que lee. Aspira a una vida distinta. Buscando ese amor ideal, ese gran amor que lo sacará de donde se encuentra, pero la realidad la golpea una y otra vez, haciendo de Emma una mujer vacía, sin un horizonte. El final que tiene, es cruel por donde se le mire y conmueve, aunque durante buena parte de la novela, el personaje es detestable.

Este fue mi primer acercamiento a la literatura francesa y a la que amo, y el libro me enseñó que el mundo no era eso que siempre miraba muy cerca de mi nariz, era inmenso. Había mucho por vivir, mucho por conocer. El niño de 15 años buscaba respuestas, por primera vez.

#el_segundo_libro_que_leí