domingo, 28 de julio de 2019

TE IMAGINO:


Te imagino alta,
con ojos grandes,
con cerquillo,
cabellos largos y siempre sueltos.

Te imagino con una sonrisa
en esos gélidos labios,
de un rojo intenso,
o púrpura, o azul.

Te imagino mirándome,
como preguntándote
¿por qué no llegaste antes?

Te imagino escribiéndome,
escribiéndote,
uno de esos poemas que
están hechos justo como para tí,
o para mí,
-Me gusta sentirme importante, ¿sabes?-

Te imagino así y más,
mucho más,
perfecta a mis ojos.
Y sí,
desde los trece años,
busco conocerte,
el tiempo no me ha dado esa oportunidad,
tal vez la vida, yo que sé.

Te imagino mirándome así
desde que quise que fueras tú,
a veces pienso: ¿algún día la conoceré?
Otras, me pregunto:
¿Algún día te volverás realidad?

Solo quiero que sepas,
que tengo la canción y el poema,
ambas para ese gran día,
pero ahora no lo diré.

jueves, 4 de julio de 2019

ENTRE TU IRIS:


Te miro a los ojos y me pregunto:

¿Cómo puedes volverme loco si recién acabo de conocerte?

miércoles, 12 de junio de 2019

SIN TENERLO, CORAZÓN DE POEMA:



Escribo aquí, desde un lugar sin nombre,
eso que todavía no es noviembre.

Desde mi soledad en inmenso frío,
desde una calle con alumbrado sombrío.

Mi corazón, alma de poema, me incita con ímpetu, a coger un lápiz,
mejor sin punta fina, y escribir con mucha esperanza:

“No encontrarás respuestas en lugares
donde no hayan luces que te alumbren”.

Gorki Maquera

EN LA ETERNIDAD:



Hace 7 meses mi madre falleció víctima de cáncer,
una enfermedad que en su estado más avanzado sigue
cobrando la vida de miles de personas en todo el mundo,
como si fuera suya.

Supongo que las personas que se van hacia el más allá,
nunca se van del todo de aquí, siempre están,
siempre se quedan,
tal vez no de la manera que uno esperaría.

Están aquí sus sonrisas, sus llantos, sus miradas,
sus caminares cansinos, sus enseñanzas...
Están aquí todos sus recuerdos,
los que subsisten en la eternidad, en la memoria.
(G.M.)

domingo, 9 de junio de 2019

DÍA NÚMERO 14, SEMANA 2, JUNIO: la pena.




“No negar la emoción, expresarla y tomar contacto con la fragilidad para que desde ahí salga la fuerza para soportarlo” Pilar Sordo.


La otra vez, caí en la cuenta de que la extrañaba;
para qué decírselo si no le importo.

La otra vez, cuando viajaba,
vi un bonito reflejo en la ventana del auto, su rostro.

La otra vez, cuando caminaba,
escuché una canción en Spotify, me recordaba a ella.

La otra vez, me senté mirando el lago, el agua,
dejando pasar el tiempo para regresar a clases.

La otra vez, intenté no pensar en ella;
cada que lo intento empiezo a pensar(la).

La otra vez, la soñé, supongo que la extraño;
para qué decírselo, para qué,
está feliz cuando no la molesto.

La otra vez... sí, la otra vez.

sábado, 8 de junio de 2019

LA SEGUNDA VEZ:


¿Alguna vez mendigaste amor? Es la segunda vez que me pasa. Cuando te das cuenta no sabes si llorar o reír, una sensación extraña, pero duele, duele de verdad.

En un inicio parecía ir bien, bonitos mensajes, frases dedicadas, cosas sencillas. Ya es tarde cuando sabes que lo único que hacías era incrementar el ego de la otra persona.

Llega un punto en que sabes que estás hostigando, molestando, al punto de romper esa delgada línea entre el amor y el acoso, enviando mensajes todo el día. Quieres parar y no lo haces porque es tarde cuando te das cuenta que estás enamorado. Tratas de mostrar interés, te ilusionas sin motivo, pese a que de la otra parte no hay nada más que un no sé qué que tiende a ser un no, pero que para uno parece un sí, y termina siendo un no. Insistes.

Los halagos solo aumentan el ego de la otra persona, no es recíproco. Todo eso produce un desgaste emocional intenso, a tal punto que ya no vives, sino sobrevives. Te vuelves dependiente de esa persona.

Luego, todo empieza a volverse tóxico. Quieres hablar y no quiere, y sigues insistiendo, perdiendo el orgullo, la dignidad, el amor propio, la autoestima; en resumen, te pierdes en alguien porque parecía bonito.

Ya no escuchas consejos, te olvidas, quieres dejarlo atrás y ya no puedes, y luego ya te conviertes en un juguetito para la otra persona, y todo va y viene. Tiende a convertirse en obsesión porque no aceptas el rechazo.

¿Alguna vez te pasó?
Luego te preguntas si algo hiciste mal, te vas culpando sobre el hecho, como si tuvieras culpa, pero no ocurre nada de eso, tal vez hiciste bien. Quizás no con esa persona, sin embargo a alguien le vas a caer bien así, no tienes por qué cambiar tu manera de ser. Siempre hay alguien que te mueve, siempre aparece un arcoíris después de una torrencial lluvia.