viernes, 9 de abril de 2021

"SANCTUARY":


(Escrito en agosto de 2020).



Lo compré en un viaje que realicé a Lima con unos compañeros de colegio, el motivo era el famoso viaje de cuarto año, como una previa del tan esperado viaje de promoción. Fue con este libro, con "Un cuarto propio" y "La señora Dalloway" que regresé a Arequipa. Allí se me ocurrió anotar el año y el mes en una hoja en la esquina inferior derecha de cada uno de mis libros. Esos datos no son del año en que lo compré o cuando lo leí; más bien tiene que ver con un momento importante de mi vida y está escrito al azar, ya sea de un pasado o un futuro, de un plan, de un objetivo, o simplemente ese libro me trae a la memoria alguna fecha en especial. Mis libros tienen memoria, por eso son especiales para mí.



Leí "Santuario" a los 17 años, la edad de Temple Drake, como tres veces porque no logré entenderla, y fue así que me enamoré más de todos los escritores de la generación perdida y a los que devoré como un niño disfruta de su helado. Con la historia de la bella Temple comprendí que en el fondo todos actuamos impulsados por nuestros instintos, aun sabiendo que lo que hacemos podría provocar un daño irreparable, tanto para quien lo hizo como para quien no. Aunque a decir verdad, el libro no tiene nada de moralista.



Cabría preguntarse: ¿Está bien que una muchachita que actúa con irresponsabilidad, sin ser consciente de sus actos o siéndola, sea ultrajada por unos seres que por el hecho de ser hombres aprovechen su fuerza? ¿Está bien que por el simple hecho de "provocar" a esos animales, estos se sientan con el derecho de cometer tal salvajismo contra una joven que no debió estar allí?



Violenta, dura e implacable, "Santuario" de William Faulkner fue publicado en 1931 y según el mismo escritor, solo la concibió para ganar dinero y a la que siempre calificó de "barata" y "enclenque". La primera versión fue rechazada porque el editor, pensó que entrarían a la cárcel si es que la publicarían. Además se cuenta, que la versión final, la que se corrigió y publicó, mantiene la esencia de la primera, sin ser tan explícita.



La novela profundiza, en un tono trágico, pesimista y desesperanzado, no exento de humor, en los aspectos más sombríos del alma humana, haciéndonos preguntar si esa realidad es igual a la nuestra, y desde luego, pareciera que es así.



El libro se resume magníficamente en el prólogo de Mario Vargas Llosa del año 1987: "En dos palabras, la siniestra aventura de Temple Drake, muchacha de diecisiete años, bonita, casquivana y niña bien, hija de un Juez, a la que un gángster impotente y psicópata —que es también asesino— desflora con una mazorca de maíz y recluye luego en un burdel de Memphis, donde la hace hacer el amor bajo sus ojos con un rufiancillo que él mismo se encarga de traerle y al que finalmente mata. Trenzada a esta historia, se desenvuelve otra, algo menos atroz: Lee Goodwin, asesino, fabricante y contrabandista de alcohol, es injustamente juzgado por la muerte de un débil mental, Tommy (víctima de Popeye), condenado y quemado vivo pese a los esfuerzos por salvarlo de Horace Benbow, un abogado bien intencionado pero incapaz de hacer triunfar el bien".



La hermosura de esta novela radica sobre todo en la forma en que está escrita, con una prosa densa, y en cada párrafo hay saltos de puntos de vista que si no andamos con cuidado, es posible que nos perdamos y odiemos la buena literatura solo porque no la entendemos.



El narrador nunca nos dice todo o nos despista para luego revelarnos algo a través del propio diálogo de los personajes, quienes como Ruby intentan ayudar a Temple, pero esa intención no se plasma como tal, se desvanece, se va, desaparece. La desfloración de Temple es inevitable y está implícita dentro del gran capítulo decimotercero, está allí, se siente, se lo ve venir, y nosotros como lectores quedamos anonadados y perplejos por tanta crueldad.



Popeye, Van, Tommy y Lee se sienten excitados y llenos de animalidad al ver la presencia de Temple, quien pese a sentir miedo, y sin ser consciente, provoca a esos seres que actúan por el dominio de sus más bajas pasiones. Y, aunque no es bueno juzgar, pareciera que Temple se lo merecía, por tanta irresponsabilidad que hay en ella.





No hay comentarios.:

Publicar un comentario