miércoles, 28 de julio de 2021

JE SUIS GORKY:


Je m'appelle Gorky Maquera. Je suis né le 27 mai. J'ai étudié la Communication Sociale et j'étudie actuellement la Littérature à l'Université Nationale de l'Altiplano de Puno.


Quand j'étais petit, j'aimais jouer au football. Je n'étais pas super douée, mais je pense que je suis intelligent et c'est pourquoi j'ai décidé d'investir tous mes efforts à l'université.


J'aimerais voyager à l'étranger. C'est un objectif que je me fixe depuis longtemps. Voyager, étudier, travailler, être heureux. Tout au long de ce temps, j'ai appris qu'il n'est jamais trop tard pour ce que vous voulez faire.


Finalement, une journée ordinaire, pour moi, commence très tôt, je me lève à 6h30, je me brosse les dents, et je suis en cours de français. A 8 heures, je vais à mon travail jusqu'à 13 heures puis je déjeune. L'après-midi, j'assiste virtuellement à mes cours universitaires jusqu'à 19h. À ce moment-là, j'étudie le portugais et deux heures plus tard, je commence à lire jusqu'à minuit passé, à ce moment-là je m'endors.


martes, 27 de julio de 2021

EXTRACTO NÚMERO DIECIOCHO:


—¿Quieres acostarte conmigo? —Repuso Jhos, no había nada de inocencia en esa pregunta. Al contrario, era provocadora, hasta cierto punto, inquietante.

—No, no lo haría —Respondió, inmediatamente, Levessy.

—¿Acaso no me deseas? —preguntó Jhos.

—No es eso.

—Entonces... ¿si me deseas? No te contengas —Jhos giró su cuerpo y se plantó de frente a Levessy. Se mordió el labio inferior. Su flequillo revoloteaba sobre su frente debido a la brisa del lago —Luego agregó: los hombres son raros. Siempre dicen que no les gustan las indirectas, pero cuando una es directa no saben qué hacer. Güey, no soy una chica fácil, solo quiero hacerlo y ya y qué mejor que contigo. ¿Qué dices?

—Claro que sí. Te deseo —repuso Lev. Se detuvo en seco frente a Jhos. Sus miradas se cruzaron en un universo sin fin, como si ambos estuvieran en una galaxia, solos, amándose. Ella lo miraba con curiosidad. Sus ojos, tras esos cristales, siempre resplandecientes, reflejaban el atardecer, su sonrisa perfecta, blanca, y su flequillo se sacudía sobre su frente. Sus labios eran color púrpura. "Es bellísima", pensó Levessy. "Qué afortunado de conocerla", se dijo para sí, en su fuero interno. Reinó el silencio unos segundos que parecieron interminables.

El cerquillo de Jhos revoloteaba constantemente a causa de la brisa que provenía del Lago Titicaca. El malecón estaba silencioso. Alrededor de la pareja, algunas personas iban al muelle o, en todo caso, regresaban en dirección a la universidad. Jhos y Levessy iban al faro, su lugar favorito de cuando se conocieron.

—¿Te masturbas? ¿Lo has hecho alguna vez? —la voz de Jhos sonó como profunda. Su mirada era penetrante.

—Si —respondió. Levessy no podía negarlo.


La primera vez que lo hizo tenía 13 años. A esa edad, en casa, había encontrado un VHS de una película para adultos. Una joven vestida de colegiala teniendo sexo con su profesor, un clásico, un tópico del cine porno desde tiempos inmemoriales. Lo había mirado sin pestañear, en el cuarto de sus padres. Por alguna razón, aquello que veía en la pantalla, no le pareció gran cosa, el hombre desnudo, parado, introduciendo su pene en la vagina de la joven cuya posición era en cuatro apoyando sus manos sobre la cama, pero se excitó lo suficiente como para estar tirado de espaldas sobre la cama, frotando con su mano su pene. Imaginando ese momento como si fuera real.


—¿Y alguna vez en este tiempo te has masturbado pensando en mí? —Jhos tenía una sonrisa pícara—. Respóndeme.

—No. Nunca lo he hecho pensando en ti.

—¿Acaso no te gusto? Ya, y luego dices que me deseas, no lo entiendo.

—Cuando me tocas, o bueno, cuando me abrazas, o cuando caminas delante mío, te imagino, o sea imagino un momento, ese momento, imagino que hacemos el amor. Pero trato de no pensarlo. Somos amigos, no creo que esté bien. Solo eso.

—¿Quieres acostarte conmigo? —dijo ella, mientras se acercaba, y de improviso selló un beso en el cuello de Levessy.

—Si —tampoco podía negarlo.

—Está bien. Yo también lo quiero —repuso ella.

—Pero... ¿y qué pasaría luego? No quiero que me odies, que te alejes y me digas algún día que te obligué a hacerlo porque es probable que me lo digas. Te quiero.

—Lo sé. Solo quiero que me hagas el amor, yo también quiero hacértelo. No me estás obligando. ¿Por qué dices eso? ¿O es que no se te pone dura conmigo?

—Preguntas demasiado y no sé qué responder; además, una pregunta no tiene nada que ver con la otra.

—Pero te deseo... yo... sentémonos en ese banquito. ¿Te la chupo ahora?


Ambos rieron a carcajadas. Ambos habían caminado de norte a sur por el malecón. Perder el tiempo, en el atardecer, ya se había hecho costumbre en los dos. Conversar, sobre todo de literatura, era su pasión. Ambos veían a la literatura como una vía de escape, pero tenían una visión distinta. Para Levessy, la literatura, era la búsqueda de sus sueños. Para Jhos, una forma de felicidad, de curiosidad. Les encantaba leer. Ambos leían de todo, autores franceses, rusos, alemanes, ingleses, pero mientras Jhos prefería los libros donde haya sexo explícito: qué, cómo, cuándo, dónde; Lev buscaba respuestas a su vida: qué, cómo, cuándo, dónde.

Desde que se conocieron empezaron a realizar lecturas conjuntas. Cada semana un libro, sea del tamaño que fuere, y el fin de semana se encontraban para debatir. Era una discusión sin cuartel, a veces habían ataques de ambos hacia el autor de alguna obra, que su final es muy predecible, que su prosa es simple, que su estructura es pésima. En ocasiones, algunos autores los deslumbraban, le llenaban de elogios y no sabían qué más decir porque les parecía perfecto. Una obra maestra.

Ese día, esa tarde, estuvieron debatiendo sobre un autor nipón, Haruki Murakami, hasta su nombre les parecía poético. Lo habían conocido por casualidad, solo que nunca le habían dado la oportunidad que se merecía. "Pero ya es tiempo", se dijeron; y así fue. Después de "La guerra del fin del mundo" de la anterior semana, fue un cambio radical, pero esos cambios lo disfrutaban mucho más. Les aburría lo monótono, lo simple, lo básico. Ahora, "1Q84", ocupaba sus mentes, no solo les encantó, sino que tenían la sensación, quizás la certeza, que en ese instante, de no saber en qué mundo se encontraban ahora. La realidad o la ficción. Ambos ansiaban tanto de no querer estar en este mundo. Se cuestionaban sobre la realidad. Amaban la referencia al hilo rojo del destino porque en el fondo ambos eran muy románticos, románticos por excelencia. A veces tenían vacíos existenciales, y como ellos decían, cuando terminaban su intercambio de opiniones, que qué sería el mundo sin la literatura, y regresaban a esta realidad con mucha pena. A esta puta realidad.


Ahora. Otra vez en el malecón. Se encontraban a casi una cuadra para llegar al faro. Levessy, usaba su habitual pantalón vaquero azul oscuro y una polera suelta. Jhos tenía un vestido beige floreado que le cubría solo sus piernas, y mostraba unas rodillas tersas y finas. El abrigo que llevaba y que se lo dió a Levessy lo puso sobre el banquito y se sentaron al lado derecho de la vía, dando sus espaldas al sol que poco a poco se iba a dormir. Recién eran las tres y cuarto de la tarde, no hacía frío, era un día común, un día cualquiera del mes de octubre. Pero las montañas querían esconder el sol, como siempre, como nunca. Quizás.


—¿Sabes? Yo también imagino que hago el amor contigo —Jhos continuó. Su mirada estaba clavada en el horizonte—. Que me dices que sin mí no vivirías, que soy tu reina, tu diosa, que me llevarás a París en un abrir y cerrar de ojos. Y yo te digo 'sigue, hazlo, no te contengas'. Que me quitas la ropa, lentamente. Que me besas la boca y desciendes por mi cuello, y recorres mi cuerpo, hasta los rincones más desconocidos de mi piel. Que solo imaginarlo me estremece —su mirada giró hacia Levessy. Continuó—. Que tu mano toca ahí abajo y me mojo toda. Llevo el interior color rosa, cortito. Introduces un dedo ahí dentro, mientras con los otros vas rozando mi pelvis, ese punto que me vuelve loca. Que solo imaginarlo hace que me ponga húmeda.

—Tienes buena imaginación.

—Que poco a poco tu boca va subiendo hasta mi cuello —haciendo caso omiso a lo que dijo él—. Me desabrochas el sostén rosa y chupas mi pezón, lo haces lentamente, como si el tiempo fuera eterno. Mientras yo solo disfruto. Que mi mano busca tu miembro, tengo miedo de que sea tan grande y no lo pueda soportar, lo agarro, lo sostengo, está caliente, está pequeño, flácido, lo miró con mis manos y lo presiono como a un plátano, fuerte, hasta que me digas que no lo haga, pero no me dices nada, lo muevo de arriba hacia abajo hasta que se te pone duro. Te digo en voz baja al oído "eso no va a entrar en mí". Y tú me dices que sí. Y me tumbas sobre la cama, yo mirándote, tú encima de mí. Yo tomo tu pene y lo acerco a mi vagina, y tú al sentir mi humedad empujas suave y poco a poco siento que va entrando. Doy un gemido y te digo que pares porque me duele, pero tú no me haces caso y de pronto, sin darme cuenta, lo introduces todo, y yo grito de placer. Lo vas sacando y metiendo cada vez con más fuerza, la cama chirría fuerte y nuestros gemidos cubren la habitación, nos olvidamos del tiempo, y de pronto, tres, diez, veinte minutos después, o quién sabe cuánto, te escucho gemir profundamente y se siente mucho más húmedo allí abajo. Terminas dentro de mí, yo también lo hago, me retuerzo de placer, y luego conversamos de literatura.

—¿Sabes por qué no quiero hacerlo? Tengo miedo de que luego de eso yo me sienta vacío, no sé por qué, como si no me llenara. Me calma, de seguro que sí, así como la masturbación, pero quisiera mucho más, quisiera que durara todo el día, y repetirlo vez tras vez.

—Y podríamos repetirlo toda la noche sin descanso —dijo ella.

—Es verdad. Pero el cuerpo no soporta más de lo que es suficiente. Igual no me sentiría satisfecho.

—Eres ninfómano —y río a carcajadas.

—En los hombres sería satiriasis.

—¿Qué importa?

—Por eso no quiero hacerlo, ya me pasó una vez, una temporada, y me costó superarlo, y no quiero que se repita.

—Yo lo haría contigo todos los días, a cada momento.

—No sabes cómo es. Es verdad, lo haríamos sin descanso, te desearía, te buscaría, pero poco a poco ya no me conformaría contigo. Buscaría otras mujeres, más y más. No es tan divertido como parece.

—Eso dices porque no quieres acostarte conmigo. No me deseas.

—Somos amigos. No puedo darte lo que quieres.

—Amigos. ¿Qué más da? Excusas, solo es eso —sonrió ella—. ¿Te la puedo chupar? ¿Te puedo hacer una felación?

—No metas tu mano ahí abajo, por favor. —Jhos puso su mano derecha sobre el muslo derecho de Levessy.

—No lo haré, pero me gusta ver que te pongas así porque yo sé que es por mí. Puedes mentirme todo lo que tú quieras, pero esto no. ¿Podrías dejar de actuar como si me respetaras? Es decir, siempre sé tú mismo conmigo. Yo sé que me respetas, pero... En serio te deseo. Quiero acostarme contigo. Quiero hacerte el amor yo sola, aunque solo seamos amigos, o lo otro, qué importan las definiciones, las etiquetas. Al diablo con todo eso.

—Yo también te deseo.

—¿Algún día me lo harás? ¿Algún día sucederá? —Jhos giró la mirada hacia el horizonte—. Dime algo bonito.

—Eres como mi libro favorito, así como la primera vez, todavía me sigues sorprendiendo.

—Por eso me gusta hablar contigo. A la mayoría no le gusta hablar sobre sexo. Les aburre, como si yo todo el tiempo estuviera pensando en sexo cuando no es así. Cuando me bajó mi primera regla lloré, pensé que nunca sucedería. Había pasado mis 15 sin nada, y solo después sucedió. Me dolía mucho el vientre y de pronto una noche me bajó. No supe qué hacer. Esa frase 'soy la excepción a la regla' era muy para mí. Y desde entonces siempre me bajó. Nunca se retrasó.

—Eres como la esquina doblada de una página de un libro: siempre querré volver allí, una y otra vez...


martes, 20 de julio de 2021

PUES SÍ:


Si algún día me preguntas sobre lo que significa la literatura para mí, te responderé sin dudarlo:


Así como la Coca-Cola, no sé qué sería de mí sin la literatura.


sábado, 10 de julio de 2021

SOLEDAD:


¿Qué haría sin escribir? Es como quitarme las alas, los sueños, la vida. Soy un ser solitario por naturaleza, los libros me hicieron así. Me siento bien así, pero...


Me gusta estar solo, me gusta la soledad, cuando estoy así puedo enfocar mis sentidos en un solo objetivo, una meta, un sueño, pero de repente surge lo imprevisible.


En este punto tal vez pienso como Julio Cortázar. Tengo algo de doctor Jekyll y míster Hide. De repente aparece esa sensación de querer compartir todo lo que hay en mi cabeza con otra persona y empiezo a contarle todo cuanto se me ocurre.


Me vuelvo como un libro abierto, pero, al otro lado, aparece esa vocecita que me dice que ya no lo haga y ahí, dentro, es una lucha entre mi amor a la soledad y mi miedo al hecho de que 'el otro' no llegue a entender cómo pienso.


Sartre se dio el lujo de rechazar un premio tan simple como el Nobel. Según él, y comparto tal premisa, el hombre es un ser libre por naturaleza, pero nadie me entiende, vivimos en un absurdo al que llamamos ciudad, personas que creemos conocer y al que todos llaman amigos. O como sustentó Virginia Woolf en sus hermosas novelas, el hombre es en sí mismo todo lo que internamente tiene y que no lo habla porque es solamente parte de su consciencia y debe quedarse allí.


James Joyce, uno de los últimos más grandes novelistas de la literatura universal mostró claramente nuestro más terrible miedo, el cómo pensamos desde nuestro interior, desde nuestra consciencia. "Ulises" lo leí a los 20 años, era un mocoso que quería aprender más y me tomó un año, intercalando otras novelas; casi 9 años después lo volví a releer en poco menos de dos semanas, tenía unos apuntes en un cuaderno que está en Perú y creo que fue el mejor libro que he leído en mi vida. Y no necesita tener un premio Nobel para serlo. A mí parecer, desde inicios del nuevo siglo, este premio ha ido decayendo.


sábado, 5 de junio de 2021

ASÍ ES:


En mi país, Perú, se va a elegir al presidente por los siguientes cinco años. Mi hermana, una de mis más fieles lectoras, me dice, tú serás profesor, entonces si estuvieras aquí, ¿votarías por él?

Es probable que gane, según vi, pero con la sinceridad e ingenuidad que a veces me caracteriza, le dije: no votaría nunca por un profesor mediocre y que no me llega ni a la punta del tobillo (no sé si el tobillo tiene punta). La educación está así por la cantidad de profesores mediocres.

Por una mujer, sea quien sea, de donde venga, y sin importar su pasado, sí, si lo haría...

Saluda a mamá. Ella ya está mejor, logró superar esa puta enfermedad.

Obviamente, ahora, no puedo votar.

sábado, 22 de mayo de 2021

THE NIGHTS:


THE NIGHTS



When I was sixteen my father said

You can do anything you want with your life

You decide what you want and work hard to get it

That's when I decided when I died

I would be remembered for the life I lived,

not for the money I made


Once upon a younger year

When all our shadows disappeared

The animals inside came out to play

When face to face with all our fears

Learned our lessons through the tears

Make memories we knew would never fade


One day my father he told me

Son, don't let it slip away

He took me in his arms

I heard him say

When you get older

Your wild heart will live for younger days

Think of me if ever you're afraid


He said, one day you'll leave this world behind

So live a life you will remember

My father told me when I was just a child

These are the nights that never die

My father told me


When thunder clouds start pouring down

Light a fire they can't put out

Carve your name into those shinning stars

He said, go venture far beyond these shores

Don't forsake this life of yours

I'll guide you home no matter where you are


One day my father he told me

Son, don't let it slip away

When I was just a kid, I heard him say

When you get older

Your wild heart will live for younger days

Think of me if ever you're afraid


He said one day you'll leave this world behind

So live a life you will remember

My father told me when I was just a child

These are the nights that never die

My father told me


These are the nights that never die

My father told me


viernes, 14 de mayo de 2021

TOKYO BLUES:


10 de abril de 2018.


SIGNIFICADO


Si hay libros buenos de literatura juvenil, este es uno de ellos, tiene todo y todo lo cuenta bien. El libro lo leí en el colegio cuando tenía 16 y tiene un significado especial para mí. Yo también tuve una pérdida a los 16 años de la persona que me regaló el libro. Todavía se conserva intacto y tiene una dedicatoria muy hermosa. Dicen que el pasado ya pasó, el presente se está haciendo, pero lo único que puede hacerse bien es el futuro porque está a nuestra disposición, intacto, virgen, lo único en el que tenemos control absoluto.



PARA PENSAR


La buena literatura, la de los clásicos, cuando la lees, cambia alguito en tu vida, al punto de que luego de terminar un libro te quedas pensando, vacío, filosofando, con cierta nostalgia, como si el libro hubiera robado algo de ti o tú habrías robado 'algo' de sus páginas.


La mala literatura son solo un montón de letras que no te dejan nada, la de los Best Seller y, por alguna razón que nunca comprendí hasta ahora, son del agrado del público. Está bien leer, pero está bien también buscar un libro mucho mejor. Hay libros para todos los gustos, así como peces en el océano. No puedo juzgar lo que las personas leen, cada quien es libre de elegir, pero si leería lo que todos leen pensaría igual a ellos y esa no es mi intención.


*******


Dentro de lo último, de esa 'mala' literatura, existen excepciones a la regla, como en todo, y tal vez, eso mismo ocurre con la novela realista más nostálgica de Haruki Murakami, convirtiéndose en un autor de culto para los jóvenes japoneses.


Para una mente que dice leer, pero que no sabe leer, tal vez en el libro no suceda nada, sea pobre, y es así, es verdad, no sucede nada, claro, a primera vista. Algunos dirán que solo se cuenta las aventuras amorosas de un joven japonés en la década de los años 70, contadas con orgullo y grandilocuencia, pero no lo es, va mucho más allá. Solo cuando la terminas empiezas a hacerte preguntas sobre lo ocurrido. Solo cuando te han sucedido situaciones parecidas es cuando empatizas con cada uno de los personajes, te identificas, incluso los amas, los adoras, te compadeces y enorgulleces de ellos. Hay que escarbar sus entrañas para poder disfrutarlo en toda su extensión.


TOKIO BLUES:

Más allá de una simple anécdota


"Noruwei no mori", conocida en el mundo occidental como "Tokio Blues. Norwegian Wood", es un libro nostálgico, melancólico, desborda sentimientos desde que lo abres hasta la última línea.


Hay en ella ese encuentro con el pasado, con las decisiones, con los adioses, con las pérdidas y frustraciones, y sobre todo, con el madurar, la transición entre la etapa última de la adolescencia y la juventud...


Entre los 17 y los 20 años todas las personas sin excepción descubren lo que van a ser cuando sean grandes. Allí aprenderemos o aprendimos a decidir lo que es bueno y lo que no. Sabrán de las decepciones y las malas elecciones. Depende de esta etapa el cómo vamos a afrontar la vida en un futuro que se avecina inevitablemente. O eres o no lo eres, es tan simple como eso.




No es la mejor novela de Murakami, ni siquiera está entre las cinco mejores, pero es la más vendida de todas y lo catapultó al reconocimiento, no sólo en Japón sino en el resto del mundo, convirtiéndolo en un autor de culto para los jóvenes asiáticos.


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Cuenta la historia de Tōru Watanabe, un adulto de 37 años, que cuando llega a Hamburgo en avión escucha desde los parlantes la canción de The Beatles, Norwegian Wood. Bajo esta melodía, la novela, está envuelta, evocando un pasado, 18 años atrás, cuando su vida quedó marcada por varios sucesos que poco a poco va olvidando, el recuerdo de Naoko, su amiga de la que estaba enamorado, pero que esta tenía su novio, Kizuki, que es su único mejor amigo. Esto pareciera soslayar a una historia de amor no correspondido o a un triángulo amoroso, pero no es nada parecido, ni siquiera en asomo, no se resume en ese tipo de burdo drama, es más, mucho más que un simple triángulo amoroso. La novela es un flashback y está narrada en primera persona porque nos va contando su vida, y quizás estamos supeditados solamente a su punto de ver las cosas porque no sabemos si lo que cuenta es verdad o no, pero le creemos.


"La historia toca, aunque solamente como si fuera la punta de un iceberg, temas muy profundos como el suicidio, el sexo, la incomprensión, la madurez, el amor, la inconsistencia, las decisiones".


Es que todas las personas que conocemos a lo largo de nuestra vida, y que se marcharon por algún u otro motivo, nos han dejado una huella imborrable en cada uno. Esa es la premisa de este libro. Lo marca clarísimamente en los personajes de Naoko, Midori, Hatsumi, Reiko y Kizuki.


Seres cuyo destino pareciera ser atraído por una fuerza imposible de detener, llevándolos muchas veces al abismo en el que luego terminan. 


Y no solo eso, estos personajes afrontan un miedo común, el de no estar preparados para una vida adulta, el de no querer crecer o no estar listos para afrontar la vida tal y como no nos la contaron. Ese miedo al avance del tiempo que es irremediablemente imposible de detener.


NAOKO


Naoko, de la que Watanabe está enamorado, es una bella adolescente, inestable y muy especial, con cierta tendencia esquizofrénica, al menos así parece serlo, de manos pequeñas y frías, de pelo liso, bonito y agradable al tacto; los lóbulos de sus orejas, suaves y carnosos, y el lunar que tenía debajo. Esa inestabilidad es muy notoria en ella, como su mirada perdida o cuando no se humedece (excita) al querer tener sexo. Pero ella no ama a Watanabe a quien considera solo un amigo; más bien ella está enamorada de Kizuki, el mejor amigo de Tōru; son novios, lo ama, pero un día sin más Kizuki se suicida.


La muerte de Kizuki y en el pasado el suicidio de su hermana, marcaron profundamente a Naoko, lo que la lleva a desaparecer. Tras ese vacío de un año entre Watanabe y Naoko, la relación entre ambos se hace mucho más estrecha. Sin embargo, lo que pareciera ser en ella una enfermedad mental va empeorando paulatinamente, por lo que se aísla en una especie de sanatorio donde parece haber mejoría, aunque nunca la habrá, nunca recobra la lucidez ni la realidad que para nosotros es normal y para ella, para su mundo, también lo es.


MIDORI KOBAYASHI


Por otro lado, está la pretenciosa Midori, quizás el personaje con más personalidad y lucidez que los otros tres, pero con cierta toxicidad, y habrá a quienes les guste y a quienes no. Ella también afrontó la pérdida de su madre y es una muchacha demasiado abierta y sin escrúpulos.


Todos los que la rodean, empezando por su novio, son personas que la reprimen demasiado, como si no tuviera esa libertad para expresar sus sentimientos o todo lo que piensa.


El único con el que se muestra libre es Watanabe, y las escenas que ellos viven, quizás para quienes tienen una mente cerrada podría ser chocante, pero es tan normal como cualquier otra situación de la vida. Ella dice a Tōru todo lo que piensa, lo que siente; van a mirar películas porno, hablan del sexo, de la masturbación, y de la curiosa manera que tiene Midori sobre su definición del amor, y si nos ceñimos a lo que el romanticismo pregona, sería un modelo ideal.


Midori es el lado opuesto de Naoko, son la cara y el sello de una moneda. Aunque Murakami no le hace justicia a las mujeres de esta novela, ya que estas pareciera que son sumisas, reprimidas por el entorno en el que viven, y quizás esto podría ser mal visto desde un punto de vista feminista mal entendido, pero tras conocer sus historias, sabemos qué es lo que influye en sus comportamientos, el por qué son así.


TŌRU WATANABE


Tōru es una hermosa copia del gran personaje de Salinger de la novela "El Guardián entre el centeno". Incluso en el mismo libro, Watanabe lo menciona, y hace referencias sutiles a libros que en algún momento de su vida leyó o está leyendo. Es un lector voraz, que lee "El Gran Gatsby".


Watanabe es una persona noble, paciente, pero esto solo pareciera una apariencia hacia el exterior. En el fondo él tiene el inicio de una depresión y esa falsa nobleza y paciencia son como síntomas de una pasividad excesiva y la falta de objetivos claros en la vida, como si no supiera qué es lo que quiere. Esa depresión contenida, poco a poco va aflorando, avizorando lo más temible: el suicidio.


EL SEXO


Es una de las grandes críticas que se le hace a Murakami, el de ser un tanto explícito con las escenas de sexo y abusar de ellas, pero como dije, es tan normal que suceda todo esto ya que los personajes son muy inestables, y esa falta de amor hace que se comporten así.


El sexo es la pérdida de la inocencia, el de cubrir una pérdida con el placer y buscarlo al mismo tiempo. Se da, no por amor, más bien los personajes justifican ese accionar buscando el calor de otros cuerpos porque lo necesitan.


SOUNDTRACK


Desde el título de la novela se aprecia el gran amor que Murakami tiene hacia la música. En el libro hay música, y de la buena, y sirve como fondo musical para acompañarnos mientras disfrutamos de la historia.


Cada canción muestra las emociones de los personajes, lo que están viviendo, así como el contexto en el que nos encontramos. Desde la versión orquestada de Norwegian Wood, pasando por la canción favorita de Naoko, Dear Heart, y la música de cuando fue su cumpleaños, hasta el miniconcierto de Reiko, al final, todo es bellísimo.


VACÍOS


Murakami es uno de los maestros de los finales abiertos, nos deja con un sabor de boca ya que muchas veces no da explicación a los hechos, deja a sus personajes sin decirnos nada sobre ellos; pero hay que agradecer que eso sea así porque como lectores tenemos un papel más activo y podemos interpretar los símbolos que nos deja el escritor. Habrá a quienes no nos guste el final del libro, donde todo se deja a nuestra imaginación. Solo nos queda pensar y darle un final de acuerdo a cómo entendemos la novela. 


No se sabe si Tōru retornó con Midori ni el futuro de Reiko. Incluso ni siquiera se regresa al inicio donde todo comenzó, solo nos queda construir esos vacíos y especular porque de eso también se trata la literatura.