Tenía nueve
años cuando recité mi primer poema. Estaba en una escuela particular, la
pensión que se pagaba era cara, pero los resultados que dejaron en mí lo
valieron enormemente. En ese entonces era un niñito bien, de cabello
alborotado, cachetón, que jugaba a esos juegos antiguos que hoy desaparecieron
por la tecnología. Simplemente era yo.
Recité un
hermoso poema de Nicómedes Santa Cruz. Curiosamente un peruano, pero bueno,
aquella época fue efímera y desde luego he cambiado de gustos. Ese poema me ha
marcado mucho porque tan sencillo como es cuenta y dice mucho: “A Cocachos
Aprendí”.
Es verdad,
aprendí a cocachos, y todo lo que aprendí se lo debo principalmente a mi madre.
En segundo lugar a mis maestros. Si no hacías la tarea, te tocaba la palmeta.
Si no atendías a la clase, al rincón quita calzón. Faltabas a una clase te
cantaban esos versos que ahora parecen hermosos: faltón, chichón, saca tu
calzón para hacer chicharrón. Fue la época en la que todo era diversión y todo
funcionaba bien.
Cuando me
paré al frente, yo estaba en el quinto año. Me atreví a mí mismo a declamar ese
poema que me costó un tiempo en aprenderlo, pero hasta ahora no lo olvido.
Empecé
tembloroso, mi labor de colegial, cambié el nombre del colegio por el de mi
escuela, nos sentábamos de a tres en una sola carpeta, cuánta verdad en ese
poema, pero el estar así creaba lazos fuertes entre los estudiantes, A Cocachos
Aprendí, le di énfasis a esas letras.
De la
segunda estrofa no era fan porque yo era todo lo contrario, por dedicarme al
recreo, tanto en aseo y aprovechamiento era el mejor de todos, no tenía una
buena voz, ¡Chocalá pa’ la salida! Lo mejor siempre era la hora de ir a casa,
perdiendo mi labor de colegial.
Recuerdo
que jugábamos al lingo, ¡Rey del trompo con huaraca! Nunca me hice la “vaca”,
¡y en bolitas el primero! En aritmética tenía veinte, en geografía lo mismo, el
oral y el escrito eran fáciles, en ese
colegio del barrio donde nací. Era un niñito bien de cabello alborotado.
Terminé con
una nota decente, el quinto fue mi gran año, todo queda en bonitos recuerdos,
no perdí el tiempo, lo pasé mejor que ahora, le daba tiempo a mi
"intelectualidad", yo sí aproveché la escuela del lugar donde nací.
No era
un poema con el que me identificaba, pero había mucha verdad en él. Me sentí
emocionado al declamarlo, aunque el niñito bien ya no es el mismo. Ni en mis
más remotos sueños imaginé lo que ahora me gustaría llegar a ser.