martes, 10 de julio de 2018

OJALÁ ME HICIERA CASO:


No recuerdo cuando la conocí. Tal vez fue un lunes, en algún lugar bonito, con lluvia, en verano. O quizás fue un martes de invierno, con frío y una taza de café. Pudo haber sido un miércoles cuando caminaba con la cabeza agachada, acostumbro caminar así. O pienso que fue un jueves cuando supe de su existencia, esos jueves de sol intenso y polvareda en las calles. O fue uno de esos días donde no sucede nada y ocurre todo, pudo haber sido así. Pero no fue viernes, a menos que yo haya salido de jarana y ahí sí encuentro a gente de todo tipo, pero nadie como ella, al menos no estaría allí.

Fin de semana no pudo ser. Esos días son los más monótonos de mi vida porque así lo quiero yo. Son días en que me encuentro conmigo mismo. Mis días en soledad.

Pero no importa qué día fue que la conocí. Solo importa que ella, esa niña hermosa, me mueve el piso, me hace temblar, me pone nervioso con su sola presencia. Y yo me siento tan débil frente a ella. Es bonito y solo importa que la estoy queriendo a mi manera, a mi estilo. Asumo que estoy perdidamente enamorado de ella. Ella lo sabe y me ignora, a veces es indiferente, pero la entiendo, no soy nada para ella. Pero ella es muy increíble; hasta haciendo eso es genial. Ojalá me hiciera caso. En serio que me gusta.

domingo, 20 de mayo de 2018

MIS PASIONES:


Me encanta leer poesía. A veces imagino el estado en el que se encontraba el que la escribió, debe ser genial poder verlo, aunque se hace en un ambiente privado, sin nadie observando. Una vez me contaron que algunos llegan a un estado de trance, somnolencia, de inspiración pura. También están los que escriben poesía estando cuerdos, racionales.

Existen los que generan arte por medio de palabras, sin esfuerzo alguno. No necesitan nada más que un lápiz y una hoja vacía. ¿Cómo lo hacen? Pienso que en primera instancia uno necesita constancia y determinación para lograr algo sublime. Otro motivo, es la disciplina. No hay creación sin tener la capacidad de entregarse en cuerpo y alma a ese bello arte que surge al sentarse en una silla y escribir. Todo se reduce a ello: escribir en soledad, sin saber lo que sucederá después.